No soy Tarzán ni pretendo serlo, pero por unos días me internaré en la selva, la amazónica no la africana, por si acaso, ya que el “presupuesto” de Explorando Perú –qué buena broma ¡cuál presupuesto!- no llega para tanto, con decirle que hay ocasiones en las que apenas si alcanza para pagar una chinita en la combi.
No gritaré ¡ooooooohhhhhhoooooo! ni estaré acompañado de ninguna muchachita con vocación de Jane, tampoco andaré medio calato por las trochas ni buscaré lianas para pasear por las copas de los árboles.
No tengo espíritu de exhibicionista ni quiero asustar a los animales que ya tienen suficiente con los peligros de extinción y las amenazas constantes de los hombres y las mujeres, porque en lo bueno y en lo malo, hay que aplicar la igualdad de género.
Así que durante varios días andaré perdido –o, mejor dicho, más perdido que de costumbre- en la selva calurosamente tupida de Tambopata, en Madre de Dios, buscando encuentros cercanos o lejanos, en fin, de cualquier tipo, con fieras que meten miedo y alimañas de todos los tamaños, con especimenes ponzoñosos y bichos horripilantes… con la naturaleza en todas sus formas, con toda su explosión de vida.
Así que mañana partiré hacia a Puerto Maldonado, donde me embarcaré hacia la espesura amazónica, en búsqueda de emociones y aventuras para envidia de Tarzán, que jamás reinó en la selva peruana.