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Clic de la semana

La esplendora belleza del Titicaca se ve mancillada por la contaminación que afecta a la bahía de Puno. Descuido y desidia, daño ecológico que no se castiga ni se remedia, que se observa impune y dolorosamente en las orillas lacustres de la ciudad principal del altiplano peruano. Una terrible tragedia, un artero atentado contra la fuente generadora de vida en esta región del país. Evidencia clara de la ingratitud del hombre frente a su entorno, de su incapacidad de preservar su medio ambiente, de cuidar sus recursos naturales y económicos. El Titicaca está enfermo en Puno. Lo saben quienes viven en la ciudad, lo descubren con congoja los miles de turistas que zarpan del puerto, que recorren la bahía, que llegan hasta el hotel Sonesta Posada del Inca, para visitar el buque Museo Naval Yavarí, uno de los colosos de la llamada "flota de hierro", la poderosa escuadra que la Marina de Guerra mantuvo en las aguas del lago navegable más alto del mundo. La contaminación está en todos...

Clic de la semana

Nace el día. Se impone el sol. Las sombras se repliegan creando panoramas distintos, entonces, una cruz de camino "sembrada" en un pequeño promontorio, se convierte en una silueta insinuante que constrasta con la luz del horizonte, con su propio reflejo en un espejo de agua. Lugar de descanso para los andariegos, en este paraje que está detrás de un bofedal y al final de un senderito medianamente tortuoso, se realizan rituales cargados de sincretismo, para pedir la protección del apu Allincapac (5,877 m.s.n.m.), la montaña más alta de la cordillera de Carabaya, un deslumbrante ramal de la cadena oriental de los Andes. Durante el solaz y la reflexión casi mística, el camino regaló esta imagen al "lente cordillerano" de Explorando que despertó antes del alba, que partió antes del amanecer de Macusani, la capital provincial, para arribar motorizadamente a la pampa de Antajahua, donde inició su periplo -no muy largo, no muy corto- hacia el macizo congelado. Se termina e...

Tata Pancho, perdóname

No es fácil Tata Pancho. Entiéndeme, perdóname… todavía soy un alma débil. Créeme que lo intenté con todas mis fuerzas, que luché con férrea decisión y que, durante horas, resistí heroicamente los provocadores embates de aquellas huestes demoníacas que, valiéndose de sensuales argucias, buscaban afanosamente guiarme y perderme por el mal -¿o buen?- camino. Sabes que no miento. Tú lo ves todo desde tu anda florida y bendecida, esa que ahora está en el atrio de un templo que jamás será tuyo, aunque seas la imagen más querida, la que todos veneran y engríen en la primera quincena de octubre, cuando tu fiesta es lo más importante en la provincia fronteriza de Yunguyo (Puno) y centenares de hombres y mujeres te rezan, te cantan y hasta bailan en tu honor. A pesar de eso, la iglesia no lleva tu nombre sino el de Nuestra Señora de la Asunción. Ella ocupa el altar mayor. Quizás sea injusto… bah, pero tú eres un santo y no sientes ni celos ni envidia, tampoco te molestas. Y no creas que ...

Juguemos a la Oca

El tablero está ahí. No luce impecable ni reluciente, pero todavía se ve, aún podría ser utilizado si alguien quisiera hacerlo, aunque eso no ocurre desde hace lustros. Quizás porque los tiempos de boato y esplendor son parte del pasado, tal vez porque nadie en la ciudad se acuerda de las reglas. El último que las conoció no quiso revelarlas y ni siquiera se las contó a don Rolando Añasco, el propietario actual de la llamada Casa de la Oca, una de las tantas maravillas de Lampa, una ciudad que vivió envanecida por el animado derroche de hacendados y mineros de caudalosas fortunas. En aquella época -siglos pasado, milenio pasado-, la casa de don Rolando, que pertenecía a la familia Valdez Carrión, fue el escenario de intensas jornadas del juego de la Oca, divertimento de raíces españolas en el que se formaban equipos, se lanzaba un dado y se avanzaba por un camino numerado en el que no escaseaban los castigos y los premios. "Algo así como el ludo. Se formaban cuatro equipos: el có...

De celebraciones y puyas

Sí, lo sé, lo mejor sería decirle a mi jefe –ese renegón que se cree un gran periodista- que hoy nos olvidemos de los textos, las fotos, la búsqueda de información y que cerremos el quiosco hasta nuevo aviso, para irnos de pachanga con algunos colegas y varias coleguitas. Pero él quiere pegársela de santurrón y responsable, cuando en verdad es un plomazo; entonces, me sale con eso de que el periodismo es un apostolado y que la mejor forma de celebrar este día –o nuestro día- es escribiendo como locos; sobre todo, porque las últimas semanas por andar medios perdidos en las alturas puneñas, no se ha publicado ni una coma en Explorando . “El lector merece respeto”, sentencia con odioso aire dictatorial. Y como es inútil discutir con él -jura que es infalible- aquí me tienen golpeando el teclado, más que fastidiado a decir verdad, porque setiembre –a pesar de todos los anuncios (ver entrada anterior)- se pasó sin festejos y octubre, que empieza con un día de aspiraciones bailables, pinta...

Invitación a mi quinceañero

Señoras y señores, lectores y lectoras, amigos y hasta enemigos, a través de estas líneas, tengo el agrado de comunicarle que el autor de Explorando –es decir, este guapo viajero, ah, cómo, quien dijo huaco- viene conmemorando sus 15 años de desempeño periodístico o, dicho en otras palabras, “es mi quinceañero”. Espero sepan disculpar mi última frase, bastante rosa para ser sincero. Aclaro, por si las moscas- que no habrá fiesta con bajadita de escaleras ni que estoy en busca de un “chambelán” –guarda ahí compadre-; eso sí, anuncio con bombos, platillos y hasta con rata blanca, que el programa de celebraciones se extenderá hasta fin de mes y no precisamente por querer emular a las grandiosas fiestas patronales que se realizan en el país. La amplitud del homenaje está más bien relacionada con una falla en mi memoria, porque aunque no lo parezca, este servidor ya tiene sus añitos y una que otra cosa se olvida. Una de ellas es la fecha exacta en que pisé por primera vez la desaparecida re...

Clic de la semana

En el resquicio de las sombras rocosas que flanquean las riberas de la laguna Parón (provincia de Huaylas, Áncash), se perfila el pico nevado del Chacraraju, creando una imagen contrastante, de luz y oscuridad, imposible de ser ignorada por el inquieto lente de Explorando . Parón (4,185 m.s.n.m.) es la laguna más grande del parque nacional Huascarán y, también, una de las de mayor belleza por estar rodeada de los nevados Huandoy, Pisco, Garcilaso (una perfecta pirámide de hielo), Paria, Artesonraju, Caraz y Aguja. Su cercanía a las ciudades de Caraz (32 kilómetros por una vía sin asfalto) y Huaraz (100 km), convierten a este espejo de agua en un potencial atractivo turístico que, manejado con inteligencia, puede ser un bastión ecológico y una fuente de ingresos para los poblaciones locales. Pero todo es una utopía. En Parón hay un conflicto entre las comunidades y la empresa Duke Energy Egenor. La tensión llegó a su límite el 29 de julio del 2008, cuando la población de Cruz de Mayo, ...