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Un pedido al niño Manuelito

Niño Manuelito regálame muchos viajes pero haz que siempre vuelva a casa sano y salvo. Lo demás corre por mi cuenta. No te pido mucho... sólo que me libres de los choferes sin brevetes y sin experiencia, de los conductores cansados o demasiado achispados que pestañean en la noche o después de almorzar, de los que pisan con entusiasmo el acelerador y rebasan camiones en las curvas cerradas, de los que se detienen a recoger pasajeros en la mitad de la vía, sin orillarse ni salirse del carril. Sé que puedes alejarme de los buses sin frenos y con llantas a punto de reventarse, de las carcochas sin luces para la niebla y de las que se malogran en las curvas o subiendo una pendiente. Sálvame de las empresas piratas que carecen de permiso de circulación, de los policías que se hacen de la vista gorda o quedan cegados por el brillo de unos cuantos soles. También de los inspectores de tolerancia cero que al final lo toleran todo, de los viajeros inconscientes que siempre exigen ir más rápido, d...

Voces contra el cambio climático

Voces que te hablan de una tragedia que muchos no quieren ver o prefieren ignorar. Voces de tristeza en un campo yerto que siempre fue fértil y en las orillas de un gran lago que extraña la lluvia. Voces de indignación en un bosque de árboles quemados y en las faldas ahora grisis de una montaña que fuera de nieve. Voces del campo y el monte, de los valles y las cordilleras. Voces que no mienten porque narran lo que viven, lo que sienten los hombres y mujeres de un país que cambia dramáticamente. Voces que te llevan a pensar en un futuro incierto: sin agua en los ríos y lagunas, sin tierras que sembrar, de naturaleza enferma. Voces que escuchas y no olvidas. Voces que dicen: antes no era así, todo era verde... El agua llegaba hasta acá arriba, mire dónde está ahora... Cuando era joven había harta nieve, lindo se veía... Jamás caía granizo en esta época, el clima está loco... Ya debería venir la lluvia, sino nada crecerá en las chacras. Tantas voces expresando lo mismo. Tantas voces que...

Clic de la semana

La esplendora belleza del Titicaca se ve mancillada por la contaminación que afecta a la bahía de Puno. Descuido y desidia, daño ecológico que no se castiga ni se remedia, que se observa impune y dolorosamente en las orillas lacustres de la ciudad principal del altiplano peruano. Una terrible tragedia, un artero atentado contra la fuente generadora de vida en esta región del país. Evidencia clara de la ingratitud del hombre frente a su entorno, de su incapacidad de preservar su medio ambiente, de cuidar sus recursos naturales y económicos. El Titicaca está enfermo en Puno. Lo saben quienes viven en la ciudad, lo descubren con congoja los miles de turistas que zarpan del puerto, que recorren la bahía, que llegan hasta el hotel Sonesta Posada del Inca, para visitar el buque Museo Naval Yavarí, uno de los colosos de la llamada "flota de hierro", la poderosa escuadra que la Marina de Guerra mantuvo en las aguas del lago navegable más alto del mundo. La contaminación está en todos...

Clic de la semana

Nace el día. Se impone el sol. Las sombras se repliegan creando panoramas distintos, entonces, una cruz de camino "sembrada" en un pequeño promontorio, se convierte en una silueta insinuante que constrasta con la luz del horizonte, con su propio reflejo en un espejo de agua. Lugar de descanso para los andariegos, en este paraje que está detrás de un bofedal y al final de un senderito medianamente tortuoso, se realizan rituales cargados de sincretismo, para pedir la protección del apu Allincapac (5,877 m.s.n.m.), la montaña más alta de la cordillera de Carabaya, un deslumbrante ramal de la cadena oriental de los Andes. Durante el solaz y la reflexión casi mística, el camino regaló esta imagen al "lente cordillerano" de Explorando que despertó antes del alba, que partió antes del amanecer de Macusani, la capital provincial, para arribar motorizadamente a la pampa de Antajahua, donde inició su periplo -no muy largo, no muy corto- hacia el macizo congelado. Se termina e...

Tata Pancho, perdóname

No es fácil Tata Pancho. Entiéndeme, perdóname… todavía soy un alma débil. Créeme que lo intenté con todas mis fuerzas, que luché con férrea decisión y que, durante horas, resistí heroicamente los provocadores embates de aquellas huestes demoníacas que, valiéndose de sensuales argucias, buscaban afanosamente guiarme y perderme por el mal -¿o buen?- camino. Sabes que no miento. Tú lo ves todo desde tu anda florida y bendecida, esa que ahora está en el atrio de un templo que jamás será tuyo, aunque seas la imagen más querida, la que todos veneran y engríen en la primera quincena de octubre, cuando tu fiesta es lo más importante en la provincia fronteriza de Yunguyo (Puno) y centenares de hombres y mujeres te rezan, te cantan y hasta bailan en tu honor. A pesar de eso, la iglesia no lleva tu nombre sino el de Nuestra Señora de la Asunción. Ella ocupa el altar mayor. Quizás sea injusto… bah, pero tú eres un santo y no sientes ni celos ni envidia, tampoco te molestas. Y no creas que ...

Juguemos a la Oca

El tablero está ahí. No luce impecable ni reluciente, pero todavía se ve, aún podría ser utilizado si alguien quisiera hacerlo, aunque eso no ocurre desde hace lustros. Quizás porque los tiempos de boato y esplendor son parte del pasado, tal vez porque nadie en la ciudad se acuerda de las reglas. El último que las conoció no quiso revelarlas y ni siquiera se las contó a don Rolando Añasco, el propietario actual de la llamada Casa de la Oca, una de las tantas maravillas de Lampa, una ciudad que vivió envanecida por el animado derroche de hacendados y mineros de caudalosas fortunas. En aquella época -siglos pasado, milenio pasado-, la casa de don Rolando, que pertenecía a la familia Valdez Carrión, fue el escenario de intensas jornadas del juego de la Oca, divertimento de raíces españolas en el que se formaban equipos, se lanzaba un dado y se avanzaba por un camino numerado en el que no escaseaban los castigos y los premios. "Algo así como el ludo. Se formaban cuatro equipos: el có...

De celebraciones y puyas

Sí, lo sé, lo mejor sería decirle a mi jefe –ese renegón que se cree un gran periodista- que hoy nos olvidemos de los textos, las fotos, la búsqueda de información y que cerremos el quiosco hasta nuevo aviso, para irnos de pachanga con algunos colegas y varias coleguitas. Pero él quiere pegársela de santurrón y responsable, cuando en verdad es un plomazo; entonces, me sale con eso de que el periodismo es un apostolado y que la mejor forma de celebrar este día –o nuestro día- es escribiendo como locos; sobre todo, porque las últimas semanas por andar medios perdidos en las alturas puneñas, no se ha publicado ni una coma en Explorando . “El lector merece respeto”, sentencia con odioso aire dictatorial. Y como es inútil discutir con él -jura que es infalible- aquí me tienen golpeando el teclado, más que fastidiado a decir verdad, porque setiembre –a pesar de todos los anuncios (ver entrada anterior)- se pasó sin festejos y octubre, que empieza con un día de aspiraciones bailables, pinta...