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Mostrando las entradas de enero, 2010

El abogado del diablo

Dónde el autor, para evitar los sapos y culebras y cuidar su hígado, funge de abogado del diablo y -con ironía, desvergüenza y argumentos falaces- trata de justificar un hecho sencillamente injustificable.

No son delincuentes ni vándalos, sólo chicos traviesos. Total, lo que hicieron no es tan malo, muchos lo hacen y quedan impunes. Su único error -el mismo que demuestra su inocencia e ingenuidad- fue el de filmar su divertidísima hazaña y, luego, llevados por la emoción y deseosos de difundirla en el mundo entero, la colgaron en la Internet.

Eso es todo. Mucho barullo por tan poco. Y, lo más grave, es que la gente insidiosa, en vez de mostrarse indulgente y aceptar que la juventud a veces es alocada, atrevida y hasta un poco tonta, se les prende y los llena de agravios e insultos. Qué no les han dicho a los pobrecitos.

Para colmo de males, quieren castigarlos como si fueran narcos o terrucos; como si meterle patadas y tirarle piedras a una de las paredes de adobes de la huaca Dragón,…

Relajo de diciembre

Donde el autor se revela contra las crónicas de viaje y, vaya uno a saber por qué, se manda con una larga añoranza sobra las raíces del espíritu de vagancia que lo embarga en diciembre...

Nunca he tenido ganas de hacer grandes cosas en diciembre. Me pasa desde el colegio, donde el aroma a las vacaciones próximas era una abierta invitación al relajo, avalada por los salvadores 42 puntos que convertían a los exámenes del cuarto trimestre en pura rutina porque levantar mi promedio o buscar un inédito diploma, no eran parte de mis planes de escolar mediocre.

Como los equipos chicos en el fútbol, mi único objetivo en las aulas era el de salvar la categoría, para jugar las últimas fechas con absoluta tranquilidad, sin sentir el acoso del fantasma de la baja. Libre de él, carecía de sentido tener el cuaderno al día, hacer las tareas y asignaciones con excesiva pulcritud o estudiar hasta el desvelo para los exámenes finales.

Aquellos trajines eran para los chancones impenitentes o los alumnos an…