miércoles, mayo 31, 2006

Incendio en los Pantanos de Villa

Como si el descuido y la indiferencia de las autoridades y la población no fueran suficiente castigo para la flora y fauna de los Pantanos de Villa, la noche de ayer se produjo un dantesco y pavoroso incendio en la única área natural protegida de la ciudad de Lima.

Los primeros informes de prensa señalan que entre 3 y 5 hectáreas de esta Zona Reservada del distrito de Chorrillos, habrían sido devoradoras por las lenguas de fuego. Se cree, también, que el incendio tuvo su origen en una fogata encendida por pescadores o recolectores de juncos secos (utilizados en la fabricación de colchones).

Durante años este importante ecosistema ha sido acorralado por el avance devorador de la jungla de cemento. La metrópoli crece, se expande y amenaza con desaparecer estos valiosos pantanos y humedales que son parte de los ecosistemas acuáticos de la Región Neotropical, una de las Regiones Biogeográficas más ricas y de mayor biodiversidad biológica del mundo.

Declarada Zona Reservada en 1989, los pantanos y totorales son el refugio perfecto de varios tipos de aves, como zambullidores y garzas; además de yanavicos (Plagadis ridgwayii), flamencos (Phoenicopterus ruber chilensis), gallinazos: cabeza negra (Coragyps atratus) y águila pescadora (Pandeon heliatus), entre otras especies de flora y fauna.

La noticia del siniestro se olvidará pronto. E
l país está ad portas de una segunda vuelta electoral y, ahora, lo único que parece importar son los insultos, ataques y las decepcionantes promesas de los candidatos. Hoy, más que nunca, la ecología y la conservación parecen ser lo de menos.

viernes, mayo 26, 2006

Clic de la Semana


Sombra viajera en el ascenso a Pachatata, cumbre conquistable que permite otear el vivificante verdor de los campos de cultivo de la isla de Amantaní y la sagrada inmensidad del legendario Titicaca, el lago navegable más alto del mundo (3,810 m.s.n.m.).

Conocer el Titicaca y sus islas, es una experiencia cargada de misticismo y energía, también de historia. Aquí, cada rincón, cada surco labrado en la tierra o cada palabra pronunciada en quechua, parece transmitir un mensaje milenariamente profundo.

Amantaní -a 38 kilómetros del puerto lacustre de Puno- es, aún, una comunidad solidaria y tradicional que conserva y respeta sus atávicas costumbres. Sus pobladores -tímidamente amables- comparten sus vivencias y sabiduría con los trotamundo cansados de urbanidad que buscan un lugar sosegado y silencioso. Dormido en el tiempo.

viernes, mayo 19, 2006

Un cóctel de recuerdos

Ir y venir con la mochila al hombro y la cámara al ristre. Sentir que eres un visitante en tu propia casa. Entrar, desempacar, dormir, soñar con nuevas aventuras.

Volver a viajar, cerca o lejos, al frío o al sol, a la costa o la puna, en fin, adónde te lleve el camino, adónde te lleven tus ansias de aventura.

Vida de viajero. Existencia itinerante y libre en geografías diversas, variables, opuestas. Jornadas intensas, provechosas, inolvidables en pueblos andinos, comunidades amazónicas y caletas costeñas. Días de aprendizaje, de gozo, de querer conocerlo todo.

Andanzas en el altiplano y en el mar, también en un vallecito de cordillera. Ir al Titicaca, surcar sus aguas sagradas, caminar en islas inventadas y en islas de verdad, conversar con aimaras y quechuas, con bolivianos y peruanos, vecinos, hermanos, herederos de una misma cultura.

Retorno a Lima. Parada momentánea. Planificar y volver a partir. Rumbo norte, Ecuador, más al norte, Esmeraldas, la provincia verde, cerca de Colombia, lejos de mi tierra… bah, qué importa, igual me siento en casa, aunque el ceviche sea distinto, con ketchup y jugo de naranja y porp corn y hasta salsa tabasco o mostaza. ¡Qué horror!... y pruebo y me arriesgo. Extraño el sabor nacional.


Playas y sol. Costa bendita, exuberante, con árboles y vegetación; no desértica y arisca como nuestra franja costera. Atacames, Súa, Same y Muisne, rosario refrescante del Pacífico ecuatoriano, paraíso de olas y verdor, visitado por quiteños y guayaquileños, nunca o casi nunca por peruanos. Soy un bicho raro.

Del norte a la cordillera. Ayacucho, Perú, ciudad de artistas, de cantos y tristezas, también de anhelos. Iglesias, casonas coloniales, un hombre que esculpe en piedra de huamanga, varios jóvenes dándole vida a los telares.

Ciudad que crea y vuelve a creer, a soñar a ilusionarse, porque ya no hay guerra ni enfrentamientos fraticidas, tampoco bombazos ni apagones. Hay problemas aún, dolor, pobreza, heridas abiertas, pero, al menos, hoy se respira un sosegado aire de esperanza.

Ahora escribo sin saber cuál será mi próximo destino. Norte o sur, valle o cordillera. Otra vez el ir y venir, la vida itinerante, el disfrutar y aprender, siempre aprender.

sábado, mayo 13, 2006

Me voy... pero volveré

Dentro de un par de horas iniciaré el retorno. La travesía por Ayacucho se termina entre escolares que "arman" alfombras coloridas para una procesión y el cansancio de mis piernas, abatidas luego del ascenso a Pikimachay, la cueva en la que se encontraron los vestigios humanos más antiguos del continente (de 10 a 20 mil años a.C. aproximadamente) y a Huatuscalla, una colinita puntiagua desde la que se observa la confluencia de los ríos Huarpa y Mantaro.

Se extingue el tiempo. Debo preparar mis cosas y pegar la media vuelta. Adiós Ayacucho con sus iglesias y casonas coloniales, con su pan chapla y sus infinitos tunales; adiós también a Huamanguilla y su campiña prodiga y colorida, a Quinua con sus artesanos y sus casitas entejadas, a Cangallo encajonada por montañas robustas y el cauce vertiginoso del río Pampas, a Huanta con su apariencia de vallecito silencioso.

Tengo que irme. La carretera me espera. Hoy, como tantas otras noches, dormiré en un omnibus y, esta vez, presiento que soñaré con Ayacucho... será un lindo sueño.

miércoles, mayo 10, 2006

Reporte a la volada

Muchas buenas voluntades -dándole la vuelta a la letra de la conocídisima Adiós Pueblo de Ayacucho- me han traído a la vieja Humanga, ciudad de rasgos coloniales, famosa por sus prodigiosos músicos, sus carnavales y la abundancia de tunas, las mismas que crecen sin que nadie las siembre y, en algunos casos, también sin que nadie las coseche.

Es la cuarta o quinta vez que piso esta tierra y a diferencia de las visitas anteriores, ahora he encontrado una ciudad menos desconfiada, más tranquila y esperanzada.

Huamanga (capital de la región Ayacucho) me parece hoy más linda y señorial, con sus imponentes iglesias coloniales y sus barrios de artesanos, donde se dan forma a algunas de los trabajos artísticos de mayor calidad en el Perú.

Y es que Ayacucho fue el lugar de nacimiento de Sendero Luminoso y, quizás, la región más golpeada por la violencia política que vistió de luto al Perú en las últimas dos décadas del siglo pasado. Los tiempos han cambiado. Hay paz en este rinconcito andino -aunque aún se mantiene la pobreza- y eso se nota al recorrer sus calles y al conversar con su gente.

No tengo más tiempo. Debo retirarme y seguir con mis andanzas ayacuchanas. Andanzas en paz, sin bombas ni toques de queda. Sin matanzas ni inocentes torturados. Felizmente, eso es parte del pasado.

*Ayacucho en Explorando Perú