lunes, enero 29, 2007

Cuándo aprenderemos...

Dejar hacer y dejar pasar, esa parece ser la consigna, el pecado original de todos los dramas y penurias que generan los desastres naturales en el Perú, especialmente en los meses de verano.

Y es que siempre ocurre lo mismo, como si fuera parte de un espiral trágico, de un guión perverso que se repite constantemente y se inicia con el argumento simple y llano de culpar a la inclemencia brutal de la naturaleza.

Sí, claro, la culpa es de la lluvia torrencial que ensancha los cauces de los ríos y debilita las quebradas; entonces, las aguas se desbordan beligerantes o se producen huaycos terribles que arrasan campos de cultivo, casas, comunidades enteras... Arrasan con la vida.

Un pueblo, una ciudad, quizás una región colapsada. Lágrimas y dolor. Estado de emergencia, alertas naranjas y rojas. Conmoción. Autoridades que piden ayuda e invocan a la histórica solidaridad de los peruanos. Y mientras esto ocurre, los reportes de prensa muestran imágenes y fotografías de nuestros hermanos caídos en desgracia.

Esas son las fases recurrentes del espiral perverso, las consecuencias de ese dejar hacer y dejar pasar que se ha convertido en una especie de deporte nacional. Total, siempre será mejor echarle la culpa a la naturaleza que asumir nuestros errores como sociedad, nuestro estrepitoso y permanente fracaso en las tareas de prevención de desastres.

¿Será que somos incapaces de aprender de las desgracias? o ¿acaso nos hemos acostumbrado –de una u otra manera- a este dolor cíclico y recurrente, a esos llamados a la solidaridad, a estos reportes con nombres de compatriotas muertos o desaparecidos?

Lo acaecido recientemente en el distrito de San Ramón (Chanchamayo, Junín), conocido como la Puerta de Oro de la Selva Central, es una muestra clara de esa incapacidad y de la desidia de las autoridades y la población en su conjunto, para prevenir y anticiparse a los desastres naturales.

Y es que autoridad que ahora pide ayuda con desesperación es la misma que no pudo o no quiso reubicar a los pobladores que habitan en las márgenes de los ríos; y aquellos pobladores que lloran amargamente sus desgracias son, en muchos casos, quienes talan impunemente los árboles de las laderas, sin considerar que son barreras naturales frente a los aludes y huaycos.

Ríos colmatados, poblaciones surgidas en áreas de alto riesgo y un proceso de tala indiscriminada para ganar zonas de cultivo, son algunas de las causas que contribuyeron a incrementar los daños en la Selva Central..

Hoy es San Ramón, ayer fue la selva de San Martín y Huánuco. Mañana podría ser cualquier lugar del país. ¿Hasta cuándo seguiremos de manos cruzadas y culpando de nuestra falta de previsión a la naturaleza?

viernes, enero 19, 2007

Lima... más vale tarde que nunca

Donde al autor pierde los estribos, olvida que es periodista y se pone bravo -con jergas incluidas- porque anda “misión imposible”. Y como después de toda tormenta viene la calma, confiesa mansamente su cariño por Lima, su cuidad, un día después de su 472 aniversario.

Pucha, estoy casi seguro que otro patita ya les ha ido con el chisme y les ha dicho lo mismo que yo quiero contarles. Bueno, así lo sepan igual se los cuento, total, tengo que hacer hora mientras me animo o desanimo de llamar a un cuerito de buen puntaje al que hace ratón mickey quiero caerle, aunque ella ni pelota me da.

Y así no es pe’, así no juega Perú. ¿No les parece?, porque yo le estoy poniendo empeño a la flaquita y esta nada de nada… caray, tiene razón mi hermano cuando me dice que ninguna chica se deja enamorar con gaseosita y galletas de soda.

Una vaina ser misio, por mi madrecita que quisiera invitarle otra cosa, llevarla a tonear a algún huarique del Barranco juerguero o al Yakana, un antro sombrío en los altos de un veterano edificio del jirón de La Unión, en el mismísimo corazón del Centro Histórico de Lima, la gran Lima, la vieja Lima, la Lima señorial y provinciana, la Lima en la que nací y crecí.

Mejor lo dejo ahí. Después van a estar creyendo que quiero ser poeta, novelista o, lo que es peor, ¡periodista!; no, pe’, no se confundan conmigo, yo no le entro a esas vainas raras.

Disculpen la distracción. Les iba diciendo que estoy "misión imposible", sin fichas, muca recordando una jerga de mi época de chibolo o como me dijo uno de mis yuntas con
voz cachacienta: “local, andas más arrancado que calendario del 2006”.

Completa y totalmente misio. Apenas un sol para la combi asesina. Por eso no me animo a llamar ni a meterle letra a la chicoca. Y es que es rochoso mandarse con un fonazo para decir:
o’e quiero verte pe’, pero eso sí flaquita, no me alcanza ni para un chancay de a medio.

Este tipo de situaciones marcan pica. Por eso estoy recontra asado y aburrido, tan aburrido, que me he puesto a escribir tontería y media o ¿será tontería completa?… hum, y de tanto tontear, se me ocurrió datearles que ayer fue el aniversario de Lima, su cumplemenos o, para decirlo como buen achorao, su santoyo.

Caramba, ahora si que se me salió el barrio enterito. Perdón por lo de santoyo, es una jeringa pe’, en verdad quise decir su santo, aunque pensándolo bien, ninguna ciudad - incluyendo a Lima- celebra su santo, sino, más bien, conmemora su fecha de fundación que, en el caso de esta tres veces coronada villa –vieron que también puedo ser elegante- acaeció –continúo con la finura- el 18 de enero de 1535.

Soy sincero al decirles que me gustaría brindar por Lima. Un par de chelitas bien helenas o un buen pisquito sour en el hotel Bolívar, justo al frente de la plaza San Martín… y es que frente a un San Martín sólo puede haber un Bolívar, como dicen que dijo hace un montón de años el presidente Augusto B. Leguía, uno de los tantos mandatarios con ganas de eternizarse en el poder que adornan las páginas de la historia del Perú.

De pensar en el brindis ya me voy poniendo alegrón, aunque el cielo de Lima, como siempre o casi siempre, persista con su gris tristeza. Pero así es la ciudad y así la queremos o al menos la aguantamos, porque Lima no es un paraíso pe’ y los limeños no somos angelitos, con el perdón de Santa Rosita, el mulatito San Martín de Porres y el Señor de los Milagros.

En honor a la verdad, Lima es una ciudad que siempre parece andar de patas para arriba. Y es que marca pica observar comos sus casonas históricas se vienen abajo de pura vejez y dan ganas de meterle un cabezazo a los choros y pandilleros que atacan en mancha para llevarse lo poco que uno tiene y también a los choferes que pisan el acelerador como si fueran suicidas o asesinos.

Y la capital peruana es tan extraña y diversa que casi la mitad o, acaso, más de la mitad de sus habitantes no nacieron en esta metrópoli que mira con pasión o, acaso, con desinterés, el vaivén del Pacífico.

Otro buen
porcentaje son -o somos- limeños de primera generación, hijos de migrantes que por esas cosas del centralismo perverso, vinieron a buscar un futuro mejor en este pedazo de desierto costero, convertido casi por milagro en una enmarañada urbe de cemento y esteras, en la que viven, sueñan, sufren, más de siete millones de personas.

Es curioso, pero escribir me ha quitado el fastidio. Ahora ya no pienso en llamar al cuerito de buen puntaje ni me preocupa el vacío en el bolsillo.
Ahora pienso en Lima, como lo he hecho tantas otras veces, siempre odiándola y queriéndola, siempre sintiéndome parte de ella, de sus cosas buenas y malas, de sus alegrías y dramas cotidianos.

Lima dista mucho de ser perfecta pero es mi casa y... por eso la quiero. Y aunque sé que no es y quizás nunca será la ciudad más bonita, ordenada y ejemplar del mundo, la seguiré queriendo, porque es mi hogar, el único que he tenido, el único que deseo habitar...
al menos por ahora.

miércoles, enero 10, 2007

El Último Clic del 2006

El sombrío panorama de Quito en una mañana sedienta de lluvia, fue la última imagen captada por nuestro lente viajero en el 2006, un año hasta cierto punto insólito, porque Explorando Perú cruzó las fronteras varias veces, para descubrir otros rincones de los Andes.

Y estuve en la Mitad del Mundo y me crucé con un oso de anteojos en el bosque de Mindo, luego me encaramé en el techo de un tren serrano que llega hasta las narices del diablo y me acarqué al Pacífico en Manabí y Esmeraldas, rincones verdes de la costa ecuatoriana.

Y volví a Tiahuanaco y Copacabana y navegué en las aguas del Titicaca, para desembarcar en la isla del Sol y de la Luna. Y vi ocultarse el sol y vi lucecitas trémulas en la noche que me recordaban que mi país, el Perú, estaba al frente, allacito nomás, señor.

Y conocí el sur del continente. Y devoré un par de completos en la plaza de Armas de Santiago y cruce en ferry hasta la isla de Chiloé y recordé la vieja canción de los Iracundos en un atardecer en Puerto Montt y caminé por las calles de Valdivia, sintiendo -o creyendo- que era mi ciudad, total, mi apellido es su nombre.

Las rutas y los caminos se ampliaron. Se multiplicaron las historias y las imágenes, la sonrisas solidarias y los sinceros apretones de manos... y, claro, también las ganas de continuar viajando en el 2007, para seguir con Explorando Perú y, quien sabe, por qué no, crear la bitácora Explorando los Andes.

lunes, enero 08, 2007

¡Libertad!

Se acabó la angustiante espera. El colega Jaime Rázuri fue liberado ayer en la Franja de Gaza (Palestina), luego de siete días de cautiverio en manos del clan familiar Durmush.

Explorando Perú expresa su satisfacción por la liberación de Rázuri y agradece a todas las personas que se solidarizaron con el periodista peruano que, en las próximas horas, volverá al país. Esta vez, la noticia tuvo un final feliz.

Si busca más información, haga clic aquí.

miércoles, enero 03, 2007

Solidaridad periodística

Explorando Perú se solidariza con el fotógrafo peruano Jaime Rázuri, secuestrado el 31 de diciembre en la Franja de Gaza (Palestina), mientras cumplía con su labor periodística en esa convulsionada región del planeta, para la agencia de noticias France Presse.

Si bien no conozco a Rázuri personalmente, sé de su capacidad profesional y de la calidad de su trabajo, cualidades que lo convierten en uno de los más respetados reporteros gráficos del país y un testigo presencial de los acontecimientos de mayor interés noticioso de los últimos tiempos.

Esperamos que en las próximas horas, la noticia de su liberación corra el velo de tristeza que hoy se impone en las diversas redacciones del Perú, incluyendo esta modesta trinchera viajera.

Fuerza Jaime Rázuri. Sabemos que muy pronto tu lente seguirá registrando el palpitar noticioso del Perú y el mundo entero.

Si desea solidarizarse con Jaime Rázuri, haga clic aquí