domingo, octubre 19, 2008

Viajero en falta

Historias por contar. Anécdotas que se van quedando en el tintero por el fragoroso ir y venir de las últimas semanas.

Y es que caminé en las regiones de San Martín y Amazonas. Y sólo volví a Lima para saludar, despedirme, cambiar de mochila, reforzar el equipaje con polares y casacas. Debía partir con prisa hacia la altura, el frío, la lluvia y, quizás, hasta el granizo de la provincia de Espinar (Cusco).

De tanto viajar me olvidé de escribir. Me siento en falta con ustedes, abnegados y apreciados lectores de Explorando; y, también, estoy en deuda con la gente que conocí y me apoyó en mis últimas aventuras.

Y es que aún no cumplo con transmitir el mensaje de los pobladores de Galilea, El Dorado y Nueva Omia, caseríos a los que se llega sólo caminando, comunidades fundadas por emigrantes de las serranías de Piura y Cajamarca, que encontraron en la espesura del monte un lugar para cimentar sus anhelos y esperanzas.

Tampoco he escrito las palabras trajinadas de los arrieros con los que conversé, durante mi andar por aquella trocha enlodada y pantanosa que laceró las plantas de mis pies; esa trocha por la que retornaría a lomo de bestia, cuando mis ampollas ya no me permitían caminar; esa trocha que, algún día tal vez, se convertirá en carretera.

“En época de lluvia el barro llega hasta aquí” –se señala la cintura, aquieta a sus mulas, se acomoda la gorra un arriero que detiene sus pasos para conversar conmigo, para decirme que ya falta poco, aunque aún falta mucho. Nos despedimos. Se aleja. Sigo sufriendo con el lodo, con los charcos, con las bajadas resbalosas.

Sé que nunca es tarde y que todavìa estoy a tiempo para compartir mi experiencia en el monte y agradecer la calurosa acogida de Mauro Huamán Jiménez, Héctor Rojas y de la familia Jiménez – García. Ellos me invitaron a compartir su mesa y a pasar la noche en sus calurosas casas de madera.

Hay mucho más por decir y contar. Estos recuerdos son sólo el principio, la primera entrada sobre una travesía que la desidia o las premuras viajeras, casi condenan al olvido.

sábado, octubre 04, 2008

Orquídeas de fiesta


Estimados lectores de Explorando Perú, durante varios días -por no decir semanas- esta bitácora pundonorosamente viajera ha permanecido sin novedad en el frente. No por falta de travesías que contar, tampoco por un ataque de desidia por parte del autor de estas líneas, menos por unas ¿merecidas? vacaciones, sin cámara al ristre ni libreta de apuntes en el bolsillo.

Quizás alguno de los amables visitantes de este enrevesado blog, se habrán preocupado sinceramente por mi ausencia. De la misma manera, es bastante probable que otros cibernautas habituales, hayan creído que al fin conseguí un trabajo de verdad o que en algún recodo de la selva, ese jaguar -al que tanto quiero ver- me llevó al fin a mejor vida.

Dudo mucho que alguien haya pensado que fui secuestrado por una banda de insaciables y seductoras amazonas. Posibilidad que no me desagraría en absoluto pero que, lamentablemente, no tiene ninguna relación con mi imperdonable ausencia.

La verdad es que partí intempestivamente a Moyobamba, la capital de la región San Martín, en compañía de Felipe Varela, El Chasqui, quien decidió dejar por unos días las alturas cordilleranas y su ambicioso peregrinaje por el Qhapaq Ñan, para darse una vueltecita de 30 días -un poco más un poco menos- por las trochas del nororiente del país.

Antes de pisar la llamada "Ciudad de los Orquídeas", tuve que soportar más de 24 horas en un bus que cruzó más o menos medio Perú... bueno, sí, lo sé, estoy exagerando un poco, pero el vehículo en mención dio más vuelta que un yoyó, pasando por provincias limeñas, ancashinas, liberteñas, lambayequenas, cajamarquinas y amazonenses. Cansa leerlo. Cansa viajarlo.

En Moybamba me enteré que el 30 de octubre al 02 de noviembre se celebrará el XIII Festival Internacional de la Orquídea. Es curioso pero recién empezaba a recorrer la ciudad y ya me estaban diciendo de que vuelva para el evento. "Es lindo y colorido y hay exposiciones y ferias", me dicen con tanto entusiasmo que dan ganas de retornar sin haberse ido.

Hasta ese momento el viaje resultaba de lo más tranquilo. Quise escribir un post pero una inesperada interrupción del servicio de Internet frustó mis planes. En los días siguientes, mis intenciones se fueron al tacho por la ausencia de computadoras, porque mis pasos me llevaron por un rosario de pueblos remotos, alejados, de otro tiempo.

Y los días pasaron y el recorrido por Selva Alegre, Galilea, El Dorado y Nueva Omia (los dos últimos en la región Amazonas) se fue alargando más de lo previsto. Otra vez mis rebeldes ampollas estropearon mi camino.

Recién ayer regresé a Lima, después de tres días de convalecencia, ocho horas sobre el lomo de una mula y el interminable andar del bus yoyó.

Ahora que ya saben las razones de mi ausencia. Ahora que ven las primeras imágenes que capté en mi aventura, permítanme contarles que mañana vuelvo a la ruta. Esta vez iré a Espinar, en el Cusco, donde permanecerá por más de una semana.

Ojalá que mi camino esté libre de ampollas.