lunes, febrero 27, 2006

Clic de la Semana


Manos a la obra en la comunidad de Castillo (Huari, Ancash), donde todos o casi todos -miren a la señora de azul- dejan sus quehaceres cotidianos para descargar los postes de luz traídos en un veterano y rechinante camión.

El trabajo comunal y solidario es una antiquísima costumbre andina, que -felizmente- todavía se conserva en varios pueblos y caseríos de la sierra, demostrando que los preceptos sociales de las culturas prehispánicas, como la incaica, siguen vivos en el inconsciente colectivo.

La imagen marcó mis primeros pasos en el Inka Naani, una travesía andariega de cinco días que terminó en el complejo arqueológico de Huánuco Pampa.

miércoles, febrero 22, 2006

Explor...Agenda

A preparar la mochila, el morral, el cangurito y -bueno, que se va hacer, si no tiene otra- esa espantosa maletita con ruedas, porque este fin de semana es casi una obligación escaparse de Lima, para sentir la adrenalina en Lunahuaná y Marcona, lugares de encanto que se vestirán de fiesta y aventura.

Mar y arena, sandboard extremo en Marcona (provincia de Nasca, Ica). Un valle y un río, canotaje, ciclismo de montaña y palestra en Lunahuaná (provincia de Cañete, Lima).. en fin, un variado menú deportivo, un combo de diversión y de encuentro con la naturaleza al sur de la gran metrópoli y su caos nuestro de cada día.

Dejar atrás el bullicio y la estridencia urbana. Escapar, salir en búsqueda de días distintos, pintorescos, reconfortantes, sin conciertos de bocinazos, sin smog, sin las amenazantes sombras del estrés. Vamos, anímese, todos están invitados, es cuestión de decidirse y enrumbar por la Panamericana Sur.

Si va a Lunahuaná este 25 y 26 de febrero, no sólo degustará enormes camarones y los emblemáticos vinos y piscos que se elaboran en sus entrañables bodegas, sino, también de las actividades del XVII Festival de Deportes de Aventura, un clásico encuentro de adrenalina, a sólo tres horas de la capital.

Organizado por la Asociación Latinoamericana de Deportes de Aventura (Aldea), el certamen convoca a participantes peruanos y extranjeros, que se lucen en el torrente caudaloso del río Cañete, en los caminitos enterrados del valle y en la palestra artificial que se yergue en el camping San Jerónimo, donde la noche del sábado se realiza un tremendo fiestón de confraternidad.

Mucho más al sur, en la playa Las Loberas de Marcona (a 600 kilómetros de Lima), el team Sandboard Pro de Ica, liderado por Javier Valdez y Renzo Silva (El Duende), entre otros destacados deportistas, demostrarán su destreza y técnica en las espigadas pendientes de arena el domingo 26, en una exhibición organizada y promovida por Marcona Adventure.

Vamos al sur es la consigna para este fin de semana. Allá está la aventura y la diversión, también el sosiego, el relajo... la válvula de escape a las presiones urbanas.

*Sandboarding en Explorando Perú
*Marcona en Explorando Perú

lunes, febrero 20, 2006

Visiones de Chavín

Un sentimiento de nostalgia complica la partida. Es difícil abandonar el diminuto pueblo de rústicos encantos donde se encuentran los restos de Chavín de Huantar (provincia de Huari, Ancash).

No quieres marcharte, pero ahí estás, parado en un recodo del camino a la espera de un ómnibus reumático que quizás nunca llegará.

“Sí, va a venir”, contradice tus pensamientos un arriero que abanica con su látigo a un par de amodorradas acémilas. “Sí, va a venir”, repite varias veces, como si quisiera sacudirse de las sombras de soledad que lo acompañan en los senderos lejanos.

No quieres marcharte, pero ahí estás, solo, sucio, ojeroso y cansado, a la espera de un bus que quizás sufrió un “infarto” en la milésima curva de una carretera espeluznante.

Y ¿si volviera mis pasos? –piensas, dudas, reflexionas- y ¿si me quedara?... “ah, podría contemplar el cielo arropado de estrellas, escuchar los susurros del viento y tratar de interpretar, una vez más, los sueños de un pueblo campesino”.

Pero el arriero tenía razón. El vehículo se aproxima, se agiganta, escupe monóxido. Se burla del silencio con los chillidos persistentes de su bocina... y cada vez está más cerca. Se detiene. Abre la puerta. Ya no hay espacio para la incertidumbre...

Subes –acaso con cólera, tal vez con resignación- y te sientas al lado de la ventana; entonces, el motor estalla en alaridos metálicos para anunciar su triunfo sobre los baches y los ascensos interminables. Se echa a andar. Se encabrita el polvo del camino. El sol repliega sus últimos rayos. Se presume la noche en el pueblo de Chavín (provincia de Huari, Ancash) y sientes rabia porque ya no serás parte de ella.

Todo comienza a quedar atrás. La pileta bañada de bronce, las calles de barro, los niños risueños que juguetean con un par de perros chuscos mordedores del viento, los hombres encorvados que aran la tierra y saludan con palabras en quechua, las mujeres que hilan en majestuoso silencio, las chiquillas azoradas que se derriten de vergüenza y sonríen con infinita timidez.

En el Balcón

Sí, todo comienza a quedar atrás. Los caminos de serpiente, la cadena sinuosa de cerros empinados, la iglesia discreta de enhiestos campanarios, la cruz protectora que recoge las plegarias de los arrieros, las casas de adobe maquilladas con pintura al agua, y, claro, también el balcón, inolvidable a pesar de su frágil pequeñez de madera apolillada.

El camino es prisionero de la penumbra. La sierra oculta sus corrugados encantos bajo el manto protector de la oscuridad. No puedes ver nada, sólo el reflejo de tu rostro en la ventana. Te arrepientes de haber subido al ómnibus y piensas en las farolas de la Plaza de Armas de Chavín: ya estarán encendidas –susurras- ya estarán acuchillando, con su amarillento resplandor, el negro cuerpo de la noche.

Quisieras estar en el balcón y no en ese asiento desfondado que te maltrata la columna, pero es inútil, ya no puedes volver a esa atalaya de nocturnidad, a ese refugio contra el insomnio desde el cual pretendías intuir o develar los sueños de una comunidad, casi tan antigua como la civilización andina.

Misterios de la historia en los límites del pueblo: plazas, templos, galerías, pasajes subterráneos y cabezas clavas. Construcciones fabulosas en la zona arqueológica de Chavín de Huantar; tan fabulosas que, en 1553, el cronistas español Pedro Cieza de León, escribiría que semejante alarde arquitectónico, sólo pudo ser edificado por una “raza de gigantes”.

Vuelta en el tiempo. Los Andes hace tres mil años: cientos, quizás miles de peregrinos llegan al templo, localizado en el valle del río Mosna (3,150 m.s.n.m.). Ellos saben que su oráculo es preciso, certero, casi infalible. Esa es la razón de las ofrendas y los rituales; y, también, del poder religioso, cultural y político de Chavín, la primera gran civilización del Perú.

De todas las regiones llegaban al templo, que tenía dos sectores: el viejo, rectangular con dos alas que rodean una plaza circular, y el nuevo, llamado Castillo, fácilmente reconocible por su portada de piedra blanca y negra.

La ceremonia no empezaba. La gente estaba ansiosa, anhelante, fervorosa...mataba el tiempo de espera, observando a las cabezas clavas (litoesculturas con rasgos de humanos y felinos) prendidas de las paredes, hasta que los sacerdotes iniciaban el culto.

Esos hombres hablaban con los dioses, desaparecían de un lugar y aparecían en otro, ante la mirada atónita y perpleja de los fieles, quienes ni siquiera sospechaban que por debajo de los templos, existía una red de galerías y pasadizos ocultos, utilizados por los representantes divinos, en sus portentosos y sorprendentes actos ceremoniales.

En la intersección de las galerías subterráneas, se encuentra el célebre Lanzón Monolítico, una escultura de más de 4 metros de altura. Tallado en granito, representa a un ser antropomorfo con colmillos de felino, que debió ser muy importante en el culto debido a la estratégica posición que tiene en el complejo.

Retorno a la noche eterna e inolvidable del pequeño balcón. Chavín duerme arrullado por el viento, protegido por los apus. Silencio, no hay que despertar a un pueblo que sueña con tiempos mejores: lejos del hambre y la miseria, cerca a su atávica grandeza de templos de piedra y cabezas clavas.

viernes, febrero 17, 2006

El Clic de la Semana


Atracción fatal en las alturas de Sacracocha (Huánuco), donde una querendona y robusta alpaca de nombre Tallasco, se deja "apapachar" por un viajero holandés que recorre el Inka Naani, un tramo de más de 100 kilómetros del fabuloso Qhapaq Ñan, el sistema vial que los hombres del Tawantinsuyo trazaron en los valles y montañas andinas.

La escena sorprende porque las alpacas son animales ariscos que suelen atacar -leáse escupir- a los extraños. Sin embargo, Tallasco y su socio Hubert (no aparece en la foto), son dóciles, curiosos y entrometidos. Ellos Hacen y deshacen libremente en la casa de piedra de doña Sofía, su encantadora propietaria.

Dejando a un lado las bromas e ironías, el affaire entre el andariego holandés y el camélido sudamericano -retratado por el curioso lente de Explorando Perú- es una de las tantas viviencias que los viajeros atesoran en cada uno de sus paso en el legendario camino.

jueves, febrero 16, 2006

Explorando en Perú.21

Contemplar el amanecer desde una laguna ignorada hasta en los mapas, es parte de la esencia de Explorando Perú, una excitante aventura periodística en la que los pasos y trajines viajeros se transforman en palabras y fotografías.

Con esta imagen que expresa el espíritu andariego que inspira nuestro blog, le damos la bienvenida a los lectores que visitan el paradero inicial de Explorando Perú, luego de hacer clic en el enlace que desde ayer aparece en la página web del diario Perú.21.

Me satisface tener nuevos compañeros de viaje. Así que preparen la mochila virtual, amarrense bien las zapatillas y comiencen a recorrer con nosotros los caminos costeros, andinos y amazónicos del Perú.... ¡Explorando invita!.

miércoles, febrero 15, 2006

Atentado contra el Patrimonio



Caminé cinco días. Soporté la lluvia y el granizo, vencí a la altura y al cansancio y le pedí permiso a los apus (montañas sagradas) y a las cochas (lagunas), para que me permitieran llegar a Huánuco Pampa, un espléndido legado arquitectónico de la cultura inca.

Y recorrí un kilométrico camino de piedra y barro y caminé al lado de un río enjundioso que entrega sus aguas a un tributario del Amazonas y comí cancha, mazamorra de papa y sopa de arvejas y me dolieron las rodillas y me salieron ampollas y recuperé mis fuerzas en una carpa con goteras; una carpa con complejo de balsa.

Todo por volver a Huánuco Pampa. Todo por revivir los recuerdos de mi visita anterior a finales del milenio pasado, cuando mis ojos vieron por vez primera sus paredes y portadas de piedra... y camino despacio y me deleito con su pétrea monumentalidad, con su austero entorno geográfico, agreste, de altura.

Pero durante el recorrido descubro algo que desgarra mis recuerdos, un horroroso detalle que me encrespa e indigna. Debe ser una broma, una pesadilla -digo, pienso, trato de creer- pero me equivoco, es real y enorme, un doloroso atentado contra el patrimonio arqueológico y cultural, un masazo de ignorancia que lacera nuestra memoria histórica, nuestras raíces como pueblo.

Quién fue el autor de semejante barbaridad, quién escribió La Horca y pintó aquella flecha en el primoroso muro inca. Pregunto e indago, encuentro respuestas... ¿cómo?, ¿un arqueólogo huanuqueño?, ¿contratado por el Instituto Nacional de Cultura?; ¿están seguros?...

Repregunto una y mil veces y el guardian del complejo arqueológico, el guía local y el que me acompaña desde el primer día de la caminata, me dicen que todo ocurrió hace un par de años y que el autor de semejante atentado cultural fue, horror de horrores, un arqueólogo.

El daño está hecho, pero quedan muchas interrogantes abiertas. ¿El responsable fue sancionado?, ¿las autoridades del INC investigaron el caso?, ¿qué medidas se han tomado para que el hecho no se repita? y lo que es más importante ¿existe algún plan para recuperar el muro?

Esperamos respuestas. Las autoridades tienen la palabra.

martes, febrero 14, 2006

Andanzas de barro y arena


Vencimos a la lluvia, al barro y al granizo, también a la altura asorochada. Enemigos o cómplices en nuestra empapada travesía por el Inka Naani, un ramal del monumental Qhapaq Ñan que conduce desde la Comunidad de Castillo (Ancash) hasta el fabuloso complejo arqueológico de Huánuco Pampa, la mítica capital del Chinchaysuyo (una de las cuatro regiones incaicas).

Cinco días de andar devorando kilómetros. De subir y bajar por caminos evocadores, de descubrir quebradas y lagunas, de compartir con los herederos del Camino Inca, gente de los valles y las pampas, gente solidaria y silenciosa que vive anclada en el tiempo, sin agua potable, sin luz eléctrica y, quizás, sin esperanzas de un cambio, de una renovación que vuelva provechosa su atávica comunión con la tierra, sus sembríos y sus lánguidos ganados.

Al andar sentimos el rigor de la pampa y su recurrente falta de aire. Y el corazón se desboca y las piernas se agarrotan y el barro se infiltra, fastidia, te hace trastabillar... ah, la lluvia lo empapa todo con su húmeda persistencia y esa escalera de piedra parece ser infinita y quieres descansar, pero aún falta mucho y sigues y das un paso y otro... continúas y llegas. Te sientes vencedor. Al tacho con el cansancio.

Con este pequeño relato, Explorando Perú inicia la publicación de una serie de post referidos a su travesía andariega por el Inka Naani y las arenas costeras de Huanchaco (La Libertad) y Pimentel (Lambayeque).

sábado, febrero 04, 2006

Pasos del 2006


La aventura se reinicia. Explorando Perú vuelve a la ruta, para descubrir con su afanes andariegos la magia de nuestra tierra, a veces extraña, complicada, también doliente, pero infinitamente hermosa.

Nos vamos con el único deseo de conocer, de nutrirnos de la antigua sabiduría de los pueblos del Ande y de la costa del Pacífico, allí donde los curtidos pescadores surcan el mar en sus invencibles caballitos de totora.

Esta nueva travesía -la primera del 2006- nos llevará a las alturas ancashinas, donde caminaremos 5 días para llegar a Huánuco Pampa o Huánuco Viejo, un fabuloso complejo arqueológico inca.

Sí, ya imagino el sendero kilométrico y serpenteante, las quebradas profundas, la imponente y cercana silueta de un nevado; también pienso en las lluvias que humedecerán nuestros pasos, en el cansancio, en el frío... en la felicidad que sentiré al estar allí, andando y viviendo.

Cuando el camino termine, volveremos a la costa en busca del calor y de la sabrosura de las caletas y playas norteñas. Pimentel en Chiclayo y Huanchaco en Trujillo, nos embrujarán con sus olas y la suavidad de su arena; entonces, nos darán ganas de quedarnos para siempre y envejecer sonriendo bajo los rayos del sol.

Volvemos al camino, al frío de los Andes y al calor del norte. Volvemos a Explorar el Perú y ustedes -estén donde estén- serán siempre nuestros mejores compañeros. Sigamos en la ruta.

*Explorando Perú no actualizará su contenido la próxima semana. Desde el lunes hasta el domingo, no podremos ingresar a internet para contarles nuestras aventuras.