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Mostrando las entradas de octubre, 2009

Tata Pancho, perdóname

No es fácil Tata Pancho. Entiéndeme, perdóname… todavía soy un alma débil. Créeme que lo intenté con todas mis fuerzas, que luché con férrea decisión y que, durante horas, resistí heroicamente los provocadores embates de aquellas huestes demoníacas que, valiéndose de sensuales argucias, buscaban afanosamente guiarme y perderme por el mal -¿o buen?- camino.

Sabes que no miento. Tú lo ves todo desde tu anda florida y bendecida, esa que ahora está en el atrio de un templo que jamás será tuyo, aunque seas la imagen más querida, la que todos veneran y engríen en la primera quincena de octubre, cuando tu fiesta es lo más importante en la provincia fronteriza de Yunguyo (Puno) y centenares de hombres y mujeres te rezan, te cantan y hasta bailan en tu honor.

A pesar de eso, la iglesia no lleva tu nombre sino el de Nuestra Señora de la Asunción. Ella ocupa el altar mayor. Quizás sea injusto… bah, pero tú eres un santo y no sientes ni celos ni envidia, tampoco te molestas. Y no creas que te adu…

Juguemos a la Oca

El tablero está ahí. No luce impecable ni reluciente, pero todavía se ve, aún podría ser utilizado si alguien quisiera hacerlo, aunque eso no ocurre desde hace lustros. Quizás porque los tiempos de boato y esplendor son parte del pasado, tal vez porque nadie en la ciudad se acuerda de las reglas.

El último que las conoció no quiso revelarlas y ni siquiera se las contó a don Rolando Añasco, el propietario actual de la llamada Casa de la Oca, una de las tantas maravillas de Lampa, una ciudad que vivió envanecida por el animado derroche de hacendados y mineros de caudalosas fortunas.

En aquella época -siglos pasado, milenio pasado-, la casa de don Rolando, que pertenecía a la familia Valdez Carrión, fue el escenario de intensas jornadas del juego de la Oca, divertimento de raíces españolas en el que se formaban equipos, se lanzaba un dado y se avanzaba por un camino numerado en el que no escaseaban los castigos y los premios.

"Algo así como el ludo. Se formaban cuatro equipos: el cóndo…

De celebraciones y puyas

Sí, lo sé, lo mejor sería decirle a mi jefe –ese renegón que se cree un gran periodista- que hoy nos olvidemos de los textos, las fotos, la búsqueda de información y que cerremos el quiosco hasta nuevo aviso, para irnos de pachanga con algunos colegas y varias coleguitas.

Pero él quiere pegársela de santurrón y responsable, cuando en verdad es un plomazo; entonces, me sale con eso de que el periodismo es un apostolado y que la mejor forma de celebrar este día –o nuestro día- es escribiendo como locos; sobre todo, porque las últimas semanas por andar medios perdidos en las alturas puneñas, no se ha publicado ni una coma en Explorando.

“El lector merece respeto”, sentencia con odioso aire dictatorial. Y como es inútil discutir con él -jura que es infalible- aquí me tienen golpeando el teclado, más que fastidiado a decir verdad, porque setiembre –a pesar de todos los anuncios (ver entrada anterior)- se pasó sin festejos y octubre, que empieza con un día de aspiraciones bailables, pinta igu…