miércoles, abril 28, 2010

Clic de la semana



Emocionado y atentísimo, este niño observa con ojos de curiosidad y gesto de sorpresa, los afanes escaladores y acrobáticos de los deportistas peruanos y extranjeros que, el pasado fin de semana, mostraron toda su destreza en la asoleada plaza de Armas de la colorida ciudad de Tarma.

Con habilidad que causaría la envidia del mismisimo hombre araña y una persistencia a prueba de golpes y caídas, los participantes del Open Tarma - Copa Los Portales, intentaron una y otra vez, llegar a lo más alto del boulder levantado en el corazón urbano de la llamada "perla de los Andes".

La jornada deportiva despertó el interés de la población local, tanto, que este niño postergó los juegos domingueros, para no perderse ningún detalle de la 1ra Fecha del Campeonato Nacional de Escalada, organizado por la Asociación de Clubes de Montañismo del Perú, la Asociación de Escalada y Montañismo Huayllay, la Municipalidad Provincial y el Hotel Los Portales.

El lente de Explorando, que dista mucho de parecerse al hombre araña, estuvo en la plaza tarmeña, viviendo y disfrutando de esta competencia inédita. Y si bien no se animo a escalar, durante varios momentos estuvo igual de emocionado y absorto que el niño de este clic.

*Vea más imágenes del Open Tarma, haciendo clic aquí.

viernes, abril 23, 2010

De musarañas y damiselas

Me gana el tiempo. Debo viajar de nuevo y a pesar de eso sigo pensando en las musarañas. Tremendo desperdicio cuando podría o debería estar escribiendo como loco y, en el peor o mejor de los casos, pensando o buscando a alguna damisela de altas cualidades… -perdóname Alan por “piratear” u “homenajear” tu frase-; bah, pero ni lo uno ni lo otro, solo musarañas, muchas musarañas, tantas musarañas que las horas y los días volaron más rápido que sueldo mínimo.

Y eso me ha impedido hacer muchas cosas. No soy un vago o un perezoso. Sólo soy una víctima de las circunstancias. Las verdaderas culpables son nada más y nada menos que las musarañas. Lo digo sin duda ni murmuraciones y al estilo militar, ojalá nomás que a ningún generalote o almirante se le ocurra la peregrina idea de censurarme por dármelas de burlón.

Sé que muchos no me creerán. Tirarle dedo a las musarañas en vez de admitir mi supuesto relajo, como que no es muy frecuente, tal vez sea hasta insólito, pero repito, ellas, las musarañas, son las culpables. No las únicas porque también tienen vela en este entierro el tempo que pasa más apurado que de costumbre y las damiselas que no se dejan buscar y ni siquiera pensar -las muy sobradas, las muy choteadoras-. Y eso mata cualquier indicio de inspiración.

Por lo expuesto hasta aquí, si alguno de los perseverantes y heroicos lectores de Explorando, tiene reclamos o quejas por la demora en la publicación de la segunda entrada sobre los sucesos aventureros en el triple cañón de Suykutambo, no se desfoguen conmigo. Soy una inocente víctima de las circunstancias.

Con absoluta sinceridad, les cuento que me moría de ganas de describir todas las actividades deportivas y fiesteras, emocionantes y alborotadoras de un festival ecodeportivo que por cuarto año consecutivo, remeció las siempre exageradas y energéticas alturas de la provincia de Espinar (Cusco).

Mi propósito era contarles sobre la exhibición y competencia de canotaje desde Suykutambo hasta Machupuente, la cabalgata precursora que unió Toroyoc con el corazón de los tres cañones, justo donde nace el Apurímac, los vuelos en tirolesas hasta la ribera del río, los descensos a rapel en una pared rocosas que flanquea los cauces y el pedaleo incansable por una ruta polvorienta en la crecen los queñuales.

Todo eso quería compartir con ustedes pero no lo hice y ahora debo prepararme para viajar de nuevo. Estoy contra el tiempo y no les he dicho nada del concurso de danzas, de los comuneros que bailaban como en sus fiestas patronales; entonces, palpitan los bombos, las manos se entrelazan. Se zapatea, se goza. Se vive.

Qué lástima que no haya podido redactar sobre todo eso. Quizás lo haga cuando vuelva. Si no es así, ustedes ya saben a quiénes culpar.

*Vea más fotos del IV Festival Ecodeportivo, Turismo de Aventura y Danzas Tres Cañones Espinar, haciendo clic aquí.

lunes, abril 19, 2010

Desesperada espera en Tres Cañones









































En bus o en camión, en moto o en bicicleta, a caballo o a pie, también volando -qué, cómo, estás seguro-... Y es que todo vale, todo sirve para llegar prontito, rapidito nomás, papay, al cañón de Suykutambo o Tres Cañones, donde entre paredes rocosas, bosques de queñuas y cauces aparentemente perezosos, la mañana-tarde se ha puesto buena, buenaza, con danzas, con música, con tremendas aventuras en el río, en los caminitos cimbreantes, en los taludes pedregosos.

Y hay gente de cerca y de lejos. De Toroyoc, de Machupuente, de Coporaque, de Yauri -la capital de la provincia de Espinar- del Cusco monumental, de la blanca Arequipa, de la pisquera Lunahuaná, de Lima las tres veces coronada y hasta de las europas, señorcito...

Y por qué diablos no avanzamos... caray, quién trajo ese bus tan pituquito, tan bajito que no puede pasar, que se atolla, que a todos nos detiene y nos demora. Achachau, nos vamos a perder la fiesta.

Camino bloqueado. Un bus que no pasa; un bus que sufre. Tránsito detenido en el primer día del IV Festival Ecodeportivo, Turismo de Aventura y Danzas Tres Cañones, donde pasa de todo un poco entre el viernes 9 y el sábado 10 de abril; bueno, pasa casi todo, menos ese micro que parece atollado.

Suertudos los que van en moto, a caballo, en bicicleta o a pie. Los otros a esperar. Mucho o poco, quizás no tanto o, tal vez, siempre sea demasiado. La espera desespera y si lo duda y si nunca lo ha vivido, hoy lo experimentará, porque esta historia no tiene desenlace. Quizás aparezca mañana o pasado o dentro de una semana, en fin, hasta la próxima entrada de Explorando...

Por ahora, solo queda esperar, como esperamos en el camino a Tres Cañones, la Otra Maravilla del Cusco... (Continuará).

*Vea más fotos de Espinar haciendo clic aquí.

martes, abril 13, 2010

Explorando Choquequirao


No es fácil llegar hasta ti. Estás lejos, muy lejos para un caminante con más entusiasmo que energías, con más ganas que físico, con más temores que certezas.

¿Llegaré?, te preguntas en la víspera de la partida, cuando conversas con los pobladores de Cachora (Abancay, Apurímac): un profesor retirado, un comunero que ofrece vasitos de chicha, una mujer que sale del templo y te da la bienvenida.

¿Llegaré?, vuelves a preguntarte al partir en una madrugada de niebla, al escuchar a la señora que te increpa por no alquilar una mula. "No vas a poder", dice y te desanima y estás a punto de creerle.

Tal vez tiene la razón. Quizás 60 kilómetros (ida y vuelta) son demasiados para ti, un caminante de pasos inciertos, de pasos acalambrados, de pasos que casi siempre se convierten en ampollas.

Y seguiste dudando en las subidas a Santa Rosa -cuando creías que era imposible avanzar un metro más- y a Marampata -donde pensabas que el camino era injusto contigo por ser tan largo y no tener fin- y en el campamento del Instituto Nacional de Cultura (INC), tan cerca, tan lejos a Choquequirao, la Cuna de Oro, el último refugio de Manco II, el inca rebelde, el hijo del sol que luchó contra los españoles

Y tus dudas empiezan a convertirse en certezas en una noche sin sueño, de insomnio, de dolor en las rodillas; en un mediodía de sol taladrante y sin sombras que te tortura, te hiere, te consume; en el zigzag empinado que conduce a Capuliyoc, un abra de vientos encrespados y visiones fabulosas.

¿Llegaré? te lo preguntaste tantas veces en esos cuatro días de andar agotador, y cansancio tenaz; pero, también, de admiración de una geografía maravillosa: los andes, la amazonía, el cauce encañonado del Apurímac; de descubrimiento de una joya prehispánica: recintos de piedra, andenerías, colcas y plazas; de encuentro fraternal con hermanos comuneros y viajeros trotamundos.

Así, entre la fatiga y la contemplación, fuiste y volviste de Choquequirao, preguntándote en cada momento y hasta el último paso si es que llegarías.

Y lo hiciste y lo disfrutaste muchísimo y te sentiste un gran aventurero, tanto, que piensas retornar. ¿Llegarás?...

jueves, abril 01, 2010

Semana sin rezos ni desbandes

No rezaré ni me confesaré. Seguiré cargando mis pecados. No iré a misa ni recorreré iglesias modernas o coloniales. Las primeras por desgano, las segundas por temor, suelen venirse abajo cuando hay un terremoto.


No estaré en ninguna procesión. No subiré al cerro San Cristóbal. No comeré bacalao ni escucharé el sermón de las tres horas porque desconfió de quien lo pronuncia. Tampoco veré las películas en las que crucifican a Cristo. Me las sé de memoria. Siempre acaban en lo mismo.


No saldré de la ciudad. Nada de campamentos ni viajes aventureros. Nada de fogatas ni amanecidas ni bailes ni botellas borrachas en una playa, en un bosque, en la ribera de un río. Nada de fe compartida, de lecciones costumbristas en Ayacucho, Tarma, Huaraz o en cualquier otro lugar del país.


No rezos. No juerga. No seré santo ni diablo. Tranquilo en casa. Sin escuchar sermones, sin trasnochados yo te estimo, sin cargos de conciencia por no golpearme el pecho, sin dolor de cabeza por excesos de brindis. Días sin olor a sahumerio, sin aroma a parrilla que se enciende cerca al mar.... en fin, ni Semana Santa ni Semana Tranca.


No salvaré ni condenaré mi alma en estos días. Sólo redactaré textos como este, no, perdón, mejores que éste, menos enredados que éste. Al menos eso espero. Quizás así, escribiendo bonito, Dios me perdone por no rezar ni confesarme ni siquiera en Semana Santa.