martes, agosto 31, 2010

Policía detiene a Explorando

El pasado domingo 22 de agosto, a las 13 horas con 13 minutos, fue intervenido por el efectivo que redacta este parte, el ciudadano identificado con iniciales R.V.CH., (a) Viajero o Explorando Perú, en el interior del coliseo multideportivo de la ciudad de Huaraz.

En circunstancias en las que me encontraba de servicio en el mencionado centro deportivo, sede del II Festival de Danzas Ancashinas 2010, fui alertado por numerosos ciudadanos del andar sospechoso de un individuo desaliñado y con pinta de "pirañita jubilado", según la descripción de varios testigos.

En cumplimiento de mi deber como custodio de la ley, el orden y las buenas costumbres, inicié un sigiloso seguimiento al presunto malechor. Este iba y venía por las tribunas del coloso ancashino, acercándose a los negritos, pallas, pastorcitos, moros, cristianos y demás personajes de las estampas folclóricas que colorean y alegran las distintas fiestas patronales y costumbristas de nuestra querida región.

Mi experiencia en la persecución de desalmados delincuentes, me permitió observar con detenimiento al fascineroso y descubrir su modus operandi, sorprendiéndome su sencillez y extrema eficacia. Y es que el sujeto en cuestión, demostraba una pericia y habilidad digna de mejores causas o emprendimientos, no de su oprobioso accionar, que mancilla la dignidad y el buen nombre de la patria.

Con total descaro y en presencia de decenas de persona, este mal elemento robaba y disparaba a diestra y siniestra, siendo sus víctimas principales los grupos de danzantes y músicos -aunque también se ensañó contra varios desprevenidos espectadores- que bailoteaban o hacián estallar sus instrumentos en la cancha, en las tribunas y en los alrededores del coliseo huaracino.

En ese estado de cosas era imperioso actuar e imponer el peso de la justicia. Fue entonces que, ignorando y poniendo en riesgo mi propia integridad física, decidí enfrentarme al indeseable, apuntándolo con mi arma de reglamento. Acción que suele atemorizar y disuadir a los delincuentes de poca monta, incapaces de enfrentarse a la autoridad, cuando esta se muestra firme y decidida.


Pero en vez de intimidarlo, mi acción avivó su rebeldía. Sin pizca de miedo y mostrando abiertamente su entraña antisocial, se negó en repetidas ocasiones a cumplir mi orden de levantar las manos y de guardar silencio. Como si eso fuera poco, el caradura tuvo el atrevimiento de dirigirse a mí persona en tono irónico, generando las carcajadas del gentío.

Envalentonado por el inexplicable apoyo del público, el intervenido me ordena -con absoluto descaro- que me mueva un poquito hacia la izquierda y que me acomode el uniforme para que, según sus palabras, el "jefe" salga más pintón. Luego, ya totalmente fuera de sí, tuvo la descabellada idea de retarme a un duelo, gritando a viva voz: a ver pues, quién dispara primero.

Ante la posibilidad de poner en riesgo la integridad de danzantes, músicos y de los inocentes espectadores y considerando que nuestra misión principal es la de ciudar al prójimo, desistí de semejante reto, el cual y no es por vanagloriarme, habría ganado sin dificultad alguna, casi sin despeinarme, como suele decirse.

Mi negativa pareció calmar los ánimos y el ímpetu del fascineroso que, ya más tranquilo, confesó sin empacho alguno que no era la primera vez que robaba y disparaba, que lo venía haciendo durante varios años y que en todo ese tiempo, ningún policía, de verdad o de mentira, -al pronunciar esto último me miró desafiante- había logrado detenerlo.

Herido en mi amor propio por aquello de policía de mentira, le dije que siempre hay una primera vez para todo. Y, sin dejar de apuntarlo, lo lleve a las afueras del coliseo, donde los negritos de Bolognesi, ensayaban su danza.

Allí, mientras yo preparaba este informe que dirijo a quién corresponda, él siguió robando -gestos y sonrisas- disparando, yendo y viniendo con esa actitud sospechosa y esa pinta de "piraña jubilado" que motivó la valerosa intervención y todos los pormenores que relato en este parte.

Sin otro particular, se despide atentamente,

El policía danzante

domingo, agosto 15, 2010

Clic de la semana

Resplandor marino
Veraneando en invierno. Lejos de Lima. Cerca de Tumbes y su calor persistente. Explorando se cansó de la humedad y los cielos grises. Explorando se fue al norte, muy al norte, más allá de Los Órganos y Máncora, más allá de la célebre Punta Sal.

Y llegó hasta Zorritos, un pueblo de animosos pescadores, una caleta sin muelle por culpa de El Niño... Y los hombres empujan sus botes en las orillas de arena. Se hacen a la mar para tender las redes en las que cosecharán los frutos del Pacífico o acercarse a las bolicheras con sus bodegas llenas de tunos, espejos y agujillas.

Y en el tórrido norte, encontró arenas tentadoras y aguas relajantes en playas desoladas y casi desiertas. Y es que, aunque no lo parezca, aquí también es invierno. Por eso hay pocos bañistas en el centro urbano y en la zona turística; entonces, es fácil creer que el mar es tuyo, que el mar es solo para ti.

Y el lente de Explorando camina sin prisa por las orillas desierta, fotagrafía con entusiasmo el mar y el horizonte, a las aves que revolotean cerca deo oceáno, a los acantilados y sus árboles resecos que se yerguen detrás de la carretera; pero también retrata -con encono, con indignación- los montones de botellas, papeles y otros desperdicios que afean la playa.

"Y es que en esta época nos dedicamos a la pesca, no al turismo", inventa una excusa, intenta una explicación fallida uno de los pobladores.

Y es que nada es perfecto en esta vida ni siquiera en este invierno que parece verano en Zorritos, un pueblo, una caleta, un balneario que le regaló clic's memorables al lente siempre viajero -y ahora también bronceado- de Explorando.