sábado, abril 19, 2008

Harto del crédito

De nada sirvió el mapa de Cochabamba. Por más que lo viera una y otra vez, siempre seguía el camino equivocado y, cuando estaba segurísimo que llegaría a una iglesia históricamente celestial, aparecía delante de mis ojos, una oficina bancaria y, para colmo de males, del Banco de Crédito; entonces, miraba el plano con renovado encono y me increpaba, irritado y derretido por el calor, que sólo un tarado viaja mil horas -disculpen la exageración, estoy sin almorzar- para visitar las agencias del BCP.

Sé que suena descabellado, pero cada uno de mis extravíos terminaba al frente -o al costadito- de una agencia o cajero automático de dicha entidad, como si el mismísimo Dionisio Romero hubiera trazado el mapa que tenía entre mis manos.

Eso era demasiado, no lo podía creer. ¿Sería una especie de trasnochado y velado nacionalismo el que me llevaba a aquellas oficinas?...

En verdad no tengo ni idea. Digamos que fue pura casualidad o chiripa la que me llevó a turistear por los locales del BCP, en los que, según pude observar, la atención es lenta, lentísima, a ritmo de tortuga, como ocurre en Lima o cualquier otra parte del Perú.

Total, para que apurarse si el negocio está asegurado y los clientes sólo se quejan un poquito, si encuentran una silla desocupada para matar el cansancio de la espera.

Y así como los ahorristas tarde o temprano serán atendidos, este viajero confía que ahora sí encontrará la iglesia que tanto busca, a pesar de ese mapa trucado que el mismísimo Dionisio elaboró.... bueno, al menos en mi hambrienta opinión.

jueves, abril 17, 2008

La Paz sea con todos

He vuelto a Bolivia después de un par de años. Todo parece estar tranquilo, al menos en Copacabana y La Paz, las dos ciudades que he visitado hasta ahora. Pero esa aparente serenidad, se quiebra al encender la televisión y observar los programas informativos, que revelan el álgido momento que atraviesa el país andino.

Insultos, diatribas, acusaciones. Empresarios que exigen la salida del presidente Evo Morales, políticos cruceños que preparan el ambiente para el referendum por la autonomía del 4 de mayo, obreros de La Paz y Santa Cruz que se acusan de traición, representantes del gobierno que aseguran que el país ha crecido y que la derecha quiere echar por la borda sus avances.

Todos dicen que es necesario el diálogo, sin embargo, nadie dialoga, sólo insultan y descalifican. Mientras eso sucede, un taxista paceño me asegura que aquí, la gente está dispuesta a dar su sangre en defensa de Evo.

Qué escucharé en el resto del país, me pregunto cuando me preparo para partir hacia Cochabamba. Allí, seguiré observando, oyendo, sintiendo el palpitar de la Bolivia de hoy, una Bolivia conflictuada que, esperemos, encuentre caminos de solución ajenos a la violencia y el enfrentamiento entre hermanos.

viernes, abril 11, 2008

Más de Áspero



Una es ninguna, afirma o sentencia la frase popular. Y aquí, en Explorando, somos entusiastas defensores de esa máxima, sobre todo cuando se trata de brin... perdón de fotografías.

Así que como nos dimos cuenta que el clic de Áspero no era suficiente, porque dejaba a los lectores con la miel en los labios, por decirlo de algun modo; decidimos publicar más imágenes de la ciudad pesquera de los hombres de Caral.

Y es que, como también se acostumbra decir, más vale tarde que nunca.

jueves, abril 10, 2008

Líneas de tristeza

Suele decirse que nadie está libre de un accidente. Y si bien la frase tiene algo de verdad, no puede servir como excusa o sentencia absoluta; aunque claro, siempre será más fácil echarle la culpa al azar y a los caprichos de la suerte, que aceptar alguna responsabilidad. Así, bajo el triste manto de la mala fortuna, se acostumbra ocultar desidias y negligencias.

Lo sucedido ayer en Nasca, donde una avioneta de la empresa Aeroica se precipitó a tierra causando la muerte de cinco turistas franceses, es una clara evidencia de lo descrito en el párrafo anterior.

Y es que es muy difícil hablar de accidente, cuando en el escenario del mismo, se han producido un rosario de ocurrencias previas en las que las naves que sobrevuelan los famosos geoglifos, tuvieron que aterrizar de emergencia en la Panamericana Sur.

Es su momento, aquellos incidentes fueron tomados, hasta cierto punto, como una curiosidad o una anécdota. Se resaltó el ingenio y la capacidad de los pilotos peruanos que se las arreglaron para convertir el asfalto de la carretera en una perfecta pista de aterrizaje.

Pero ayer no sirvió la destreza ni la habilidad. Ayer, según los reportes de prensa, falló un motor, como tantas otras veces en el cielo nasqueño, entonces, el piloto, tras diez minutos de vuelo, se vio obligado a retornar de emergencia al aeródromo María Reiche.

Al aproximarse a su destino, el tren de aterrizaje se enredó con unos cables de luz, colocados de manera inconsulta. Después, la pequeña avioneta colisionaría con muros y paredes levantadas sin autorización municipal. Los cinco ocupantes murieron. Sólo el aviador salió con vida.

¿Dónde está el accidente? o ¿el capricho del azar? Esos cables no los tendió la providencia, aquellas paredes no las erigió la mano de Dios en un par de segundo; no, todo lo contrario, fueron levantadas lenta y arriesgadamente por
Electro Sur Medio, ante la complaciente mirada de las autoridades, los encargados del aeródromo, los representantes de las aerolíneas y hasta de los propios pilotos.

¿Ellos hicieron algo para evitarlo? y, si lo hicieron, ¿se preocuparon para que su queja no quedara archivada en los estantes de alguna dependencia’. Preguntas similares deberían responder los funcionarios del ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) y de la Corporación Peruana de Aviación Comercial (Corpac), incapaces –a la luz de los hechos- de controlar rigurosamente a las empresas que sobrevuelan las líneas.

El aeródromo de Nasca no está en una zona inaccesible. Esta vez, el MTC no podrá escudarse, como lo hace con el transporte terrestre, en el desinterés de los gobiernos regionales por aplicar adecuadas medidas de seguridad, o, en la amplitud del parque automotor, que impide un control estricto de las unidades que brindan el servicio.

Por su condición de atractivo mundial, decenas de turistas se embarcan diariamente en las frágiles avionetas que sobrevuelan las líneas, con el deseo de admirar los impresionantes geoglifos prehispánicos.

Lo que ellos ignoran es la inseguridad y la falta de controles que, incrementan, los riesgos inherentes a toda travesía. Son esas omisiones y descuidos las causantes de acontecimientos trágicos y luctuosos, que muchos siguen calificando de “accidentes”, aunque todos los indicios nos llevan a pensar lo contrario.