lunes, octubre 31, 2005

Homenaje a los Difuntos

Brindis de Nostalgia

El 1ro de noviembre los cementerios del Perú se llenan de vida, porque miles de familias visitan y recuerdan a sus deudos. Flores y rezos, velas y responsos, pero también música y baile, brindis y comidas en honor al pariente desaparecido, son escenas comunes en los camposantos de todo el país.

La añoranza por el ser querido se convierte en un motivo de reencuentro y reunión, entonces, las penas se aminoran y por un horas -quizás mágicas, tal vez inexplicables- el dolor se atenúa, las cicatrices del alma desaparecen y las penas se convierten en un vendaval de recuerdos alegres, en un torbellino de añoranzas festivas.

Un camino tortuoso y serpenteante. Un caos de cruces y lápidas anónimas. Agitación, desorden, pregones y letanías. Gente que llora, gente que ríe, gente que intenta recordar...ay, pero los recuerdos son como las flores, se marchitan con el tiempo.

Y nunca el arpa derramó notas más tristes. Y nunca la cerveza fue más amarga. Penas, congoja y dolor; también breves espasmos de alegría en un cementerio maquillado de feria dominical, con maquinitas de pompas de jabón, manzanas dulces y hasta un carrusel de caballitos desportillados.

Peregrinación, movimiento, ir y venir de deudos que esquivan charlatanes de prodigiosa verborrea, ollas humeantes repletas de chanfainita y torres de cajas de cerveza, para llegar a la tumba de su ser querido; entonces, ellos se arrodillan, musitan una oración, brindan por la memoria del familiar o el amigo ausente.

Sentimientos encontrados. Tristezas y alegrías en el cementerio Nueva Esperanza en Villa María del Triunfo (Lima), donde un hombre enjuto y desaliñado enciende una vela en memoria de su amada y un anciano ahoga las penas en un vaso de cerveza, mientras su hija le da una “manito” de pintura a la tumba de su madre.

Y una banda de músicos arremete con una movida marinera y un viejecillo entona responsos en latín, "para darle una ayudadita a las almas que aún no llegan al cielo", anuncia al ofrecer sus servicios profesionales al módico precio de cinco soles... "casi un regalo, señor; además, su difunto bien se lo merece".

Los músicos cargan sus arpas, violines y bombos y van de tumba en tumba. ¿Quién quiere agasajar a su ser querido?, dicen con el hilillo de voz que les queda después de subir y bajar por los senderos empinados de un cementerio que se extiende por las faldas de un puñado de cerros.

Algunos aceptan, otros los rechazan porque prefieren el silencio o están a la espera de los danzantes de tijeras Arruzcha y Pachacutec que, con sus inspirados y mágicos movimientos, son capaces de emocionar y estremecer hasta los muertos.

"Nos quedaremos hasta las 8 de la noche, como todos los años", arregla, sacude, desempolva su gastada indumentaria el danzante Arruzcha, quien desde hace 20 años baila con tijeras y se tutea con los difuntos y las ánimas.

Los vivos visitan a los muertos... y familias enteras rodean las rústicas sepulturas, para adornarlas con flores, enderezar las cruces a punto de caer y, claro hablar con el difunto, hacerle preguntas y contarle tantísimas cosas, buenas o malas, cotidianas o extraordinarias y por qué no, invitarle un vasito de cerveza, chicha o aguardiente. Brindar por su memoria.

Un reencuentro para regar los recuerdos que comienzan a marchitarse, a volverse difusos, esquivos, cada vez más lejanos... y es por eso que los deudos contratan a los músicos que tocan las canciones favoritas del difunto o preparan o compran su platillo favorito.

Las horas se escapan. La tarde agoniza, también los responsos y los cantos. Los deudos retornan a sus casas. El cementerio vuelve a quedar vacío. Se imponen las sombras, la tristeza, el silencio de la muerte. (Rolly Valdivia).

*Esta nota fue publicada en el diario oficial El Peruano.

sábado, octubre 29, 2005

El Clic de la Semana


Un camión turístico con destino a la Reserva de Biosfera del Manu, se detiene al lado de un montoncito de hojas de coca, puestas a secar en la berma de una carretera sin asfalto.

La siembra de la coca es uno de los temas más controversiales en el Perú. La sombra perniciosa del narcotráfico y la producción de cocaína, la han convertido en un cultivo sospechoso y proscrito en muchos valles de la ceja de selva, lo que genera constantes disputas entre el gobierno y los agricultores.

Pero más allá de su "mala fama", la hoja es fundamental en los rituales del mundo andino. Con ella se paga a la tierra y se lee el futuro, también espanta el hambre, el cansancio y el frío, a través de la vieja costumbre del picchado o chacchado, que consite en colocar un puñado de hojas en uno de los carrilos de la boca y mantenerlo ahí durante horas.

La solución al problema parece aún muy lejana. El accionar dubitativo y la falta de ideas concretas por parte del gobierno, colisiona con la actitud beligerante de los agricultores, expresada en el lema "coca o muerte".

Mientras todo esto ocurre, los montoncitos a la vera del camino son un ineludible atractivo para los turistas que se dirigen al Manu.

jueves, octubre 27, 2005

Apunte Gastronómico

Al Pan, Pan y al Vino, Vino

Breve reflexión sobre un supuesto potaje “emblemático”

Con sorpresa acabo de enterarme que el quinotto de pato, es uno de los platos emblemáticos de la gastronomía peruana.

Luego de leer tan “reveladora” información, he empezado a preguntarme si realmente todos estos años he vivido en las antiguas tierras de los Incas, porque, en honor a la verdad, al “emblemático quinotto” no lo he oído mentar ni en pelea de perros, como decían antaño.

Y no es que uno sea un consumado sibarita, pero soy peruano –aunque los gastrónomos y sus quinottos quieran ponerlo en duda- y no recuerdo haber comido en la costa, sierra o selva, en carretilla, mercado, fiesta popular o restaurante, potaje de nombre tan extraño.

No pongo en tela de juicio las virtudes y bondades del platillo. Sí, debe ser riquísimo, pero lo que no me convence es que, de buenas a primeras, se le coloque la etiqueta de emblemático. Ese un despropósito, un auténtico sancochado, un exceso de entusiasmo de un voraz redactor.

Después de leer dicha información, consignada en una nota de prensa envida por la
Comisión de Promoción del Perú (PromPerú), traté de investigar que era el famoso quinotto; entonces, descubrí que el quinotto es similar al risotto pero de quinua y como no soy italiano tuve que buscar también que era el risotto.

Felizmente que al pato si lo conozco bien, sino la búsqueda por descifrar qué era el bendito plato, hubiera continuado por muchísimo tiempo más, amenazando la existencia de este post.

Al finalizar la pesquisa, llegué a la conclusión de que el refinado platillo es una especie de arroz con pato a la italiana, pero no con arroz de verdad sino con quinua disfrazada de arroz.


Lo bueno del asunto es que el pato si es pato, sino fuera así se armarían las de "san quintín" y la receta, más que una receta, sería un trabalenguas. Más enredado que solitaria en estómago de pigmeo.

Bueno, como decía al principio, todo esto comenzó con una nota de prensa sobre las Clases Magistrales de Gastronomía Peruana que el chef
Cucho La Rosa, dictó del 17 al 19 de octubre a los alumnos de las más importantes escuelas de cocina de París. La iniciativa fue impulsada por PromPerú y nuestra representación diplomática en Francia.

Más allá del incidente quinnotto y su exagerada clasificación como plato emblemático, nos parece excelente que se difundan los sabores y aromas de nuestra tierra. Ojalá, nomás, que los muchachones franceses no se hayan comido el cuento ese del “platillo emblemático”. Podría darles una tremenda indigestión si alguna vez visitan el país o si encuentran con un peruano de pura cepa, devoto del cevichito, la pachamanca, el lomito saltado, entre otras delicias.

Imagínese la escena, el francés ufanándose de sus conocimientos de comida peruana y el compatriota con cara de dolor de estómago, respondiéndole o pensando “que se ha fumado este franchute”, porque más allá de los entusiastas de la llamada
cocina novoandina, la mayoría de los paladares de nuestra tierra, no ha probado los refinamientos de esta tendencia culinaria.

No estamos en desacuerdo con la creatividad de los chef peruanos. Al contrario, es muy loable sus esfuerzos por “reinventar” o “estilizar” la carta gastronómica; pero al “pan pan y al vino vino” y en estos tiempos, los quinnottos –por más exquisitos que puedan ser- no deberían ser presentados como un potaje emblemático. Así de simple.

*Foto: PromPerú.

martes, octubre 25, 2005

El Clic de la Semana


Vestidas con trajes tradicionales andinos, estas simpáticas muchachas esperan su turno para bailar en la plaza de Armas de Urubamba, en pleno corazón del Valle Sagrado de los Incas (Cusco).

El colorido de sus atuendos, sus tímidos mohínes, la frescura de sus voces y risas, despertaron la curiosidad fotográfica de Explorando Perú, en aquella mañana llena de luz y de fiesta.

La imagen es un tributo a los jóvenes peruanos que de una u otra manera, se esfuerzan por mantener las costumbres atávicas de sus pueblos y comunidades; un valioso legado cultural amenazado por el avance avasallador de la globalización.

lunes, octubre 24, 2005

Entrevista con Qori Sisicha (Parte II)

Los Misterios de las Tijeras

Hace varios años –quizás en el 99, tal vez en el 2000- Qori Sisicha (La Hormiguita de Oro), me contó una historia de connotaciones mágicas sobre un danzante que se escurría entre los estrechos agujeros de un arpa, durante las pruebas de valor o pasta del atipanakuy, el duelo entre los maestros de las tijeras.

¿Usted me está engañando?, o algo así le dije en tono de broma. Él no se molesto, sólo me miro con ojos de profundidad y certeza.

Ahora no recuerdo bien lo que me contestó, sólo recuerdo que le creí; como le volví a creer en esta entrevista realizada en la grisácea Lima, durante la preparación de un artículo sobre la Danzas de Tijeras, para la revista Rolling’s Stone Cono Norte.

En ambas ocasiones todo comenzó con una inocente pregunta:

-¿Cuál es la prueba que a usted lo ha impresionado más?
Recuerdo una en la zona de Huamanga. Era un maestro viejo, tendría unos 60 o 65 años, vino, muy delgadito, bailó la danza y luego se acercó al arpa y como las arpas tienen dos huecos, se metió por ahí y salió por el otro. Se metió como una culebra, así… Eso comúnmente no lo puede hacer una persona.

-¿Pero el hueco del arpa es bastante pequeño?
Claro, no entra ni la cabeza del danzante.

-Entonces ¿cómo lo hizo?, ¿hay alguna explicación?
Nosotros que conocemos el mundo oculto no soltamos nuestros secretos así nomás. Para mí este maestro conocía bastante. Por eso es que me impresionó. Otra cosa es que se pongan un sable, eso es común; pero hacer lo que hizo ese maestro lo veo bien difícil.

-¿Cómo aprenden las pruebas de valor o pastas?
Desde 1930, en la zona de Huancavelica, se comienza a recrear a los fakires. Ahí empezaron las pruebas. En realidad, la danza de tijeras en su contexto, no se centra en las pruebas.

Hoy por hoy se está destrozando la danza porque los jóvenes no conocen la otra parte (la ritual). Este es un problema delicado, porque los ejecutantes que están acá, en Lima, no conocen, son hijos de emigrantes y ellos simplemente ven la televisión, escuchan la radio, un disco y están ensayando.

No están conociendo la fuente en sí ni su contexto, entonces qué hacen: agarrar un sable y atravesárselo,

-Entonces ¿antes no habían pruebas de valor?
Sí, anteriormente hacíamos las pastas, pero no con esas cosas. Hacíamos la parte mágica, por ejemplo, jugar con la inercia. Por decirte, subíamos a la cima de la torre, poníamos una cuerda y caminábamos por la cuerda bailando con las tijeras; o, por ejemplo, agarrábamos dos calabazas, las colocábamos en el centro de la plaza y, cuando las señalábamos con las tijeras, estas calabazas se destrozaban por si solas.

También hacernos un daño como cargar cuatro barretas en la espalda o poner un huevo encima del arpa y que empiecen a romperse, abrirse y salir pollitos. Esas cosas se hacían pero no lo otro: comer sables, meterse cosas. Eso no.

-¿Ha hecho alguna de esas pruebas “nuevas”?
No, generalmente nunca he trabajado así, porque a mí los mayores me han dicho que hay que cuidar la danza en su contexto. Si yo hago eso, estoy invadiendo un espacio que no es el mío.

-¿Estas pruebas son una distorsión de la danza?
Sí, porque antes se jugaba más con todo lo que es de la naturaleza, por ejemplo, las espinas. Uno está educado dentro de la danza para no sentir el dolor, entonces una persona te tira desde lejos una espina, te cae y no pasa nada, sigue igual. Ni sangras. Cosas así. Todo es un dominio de la mente, es una preparación, pero, en los otros casos, es sólo una recreación de una costumbre foránea.
Lo que ocurre ahora es una deformación pues. Nosotros andamos cuidando esas cosas porque es nuestra responsabilidad. Si no la cuidamos nosotros, quien la va a cuidar.

-¿Cuál es la comunidad más exigente?
He andado en casi toda la provincia de Lucanas. Hay muchos lugares: Sucre, Querobamba, Puquio, Chilques, San Cristóbal, aquí no te dejan descansar, la gente es bastante exigente y la fiesta dura 7 días y 7 noche y hay que bailar. Tu periodo de descanso será media hora, una hora máximo, pero hay que seguir bailando.

-¿De dónde sacan tantas fuerzas para seguir bailando?
Por eso el danzante debe de prepararse. Si no puede hacerlo no es un buen danzante. Ahí solo van los danzantes que conocen todas las secuencias de la danza. No conozco jóvenes que hayan ido ahí.

-¿Por qué la danza de tijeras tiene tanto éxito fuera del Perú?
Particularmente y luego de haber visto representaciones artísticas de 90 países, me he dado cuenta que esta manifestación tiene un aura muy mística dentro de su forma de expresión, en los pasos, en la propia música. En la mirada.
Es ceremoniosa, no tan rápida ni tan lenta, sino un término medio. Cada paso que se da no deja de conjugar con el ritmo de la música, cada movimiento que se da es un movimiento que se hace para la tierra, el lago, el apu, al sol.

-¿Sigue acercándose a la tierra, al apu, para pedirle permiso cuando baila?
Cada año tengo que ir, sino no estaría siguiendo en esta tarea.

-¿Usted no es cristiano?
He sido cristiano por mi mamá, pero me doy cuenta que cuando uno va conociendo más su verdad, es otra cosa. Yo respeto el catolicismo, entiendo que lo sucedido es parte de la historia, pero acá estamos presentes nosotros, nuestras almas, nuestras vidas siguen fuertes.
En este aspecto más me voy hacia la profundidad, hacia los apus, hacia los wamanis. Todos los pueblos tienen su apu, en el caso de mi pueblo es apu Chunta es el protector de la zona de San Antonio, ahí fui a hacer la entrega.

-¿Cómo nació la danza?
Hay varias versiones. Hasta cuatro o cinco. Los maestros viejos hablan una y otra cosa, también los investigadores académicos. En ese aspecto hay cosas que poner en claro, sin ánimo de revanchismo con la parte académica, pero el problema de sus análisis de su investigación, desde mi punto de vista, es que no pueden expresar algo que no sienten, simplemente lo miran como una parte de estudio.

El acercamiento más cercano de los investigadores, es el de Luis Millones cuando plantea que surge del movimiento Taqui Onkoy (enfermedad de la danza). Hay algunas cosas rescatables, otras no.

En esa época el movimiento Taqui Onkoy era otra cosa, no era de danzantes, era un movimiento de rebeldía. Las tijeras, el acero, no las conocíamos en la época del inca. Hay que tener bien en claro eso.

Por otro lado, la denominación Danzante de Tijeras es reciente, estamos hablando de 40 años y fue José María Arguedas quien planteó esto. La denominación varía, en Ayacucho son danza’q, galas en Huancavelica; en Apurímac sajras o huanaquillos, en Cotahuasi y La Unión en Arequipa son los villanos.

Sobre las raíces de la danza hay muchas cosas en discusión, porque nuestros viejos o nuestro mayores siempre han dicho que no se conocía el acero, sino el haqtirumi, que son las piedras alargadas de los ríos, con esas se hacía música; tampoco se conocía el arpa ni el violín que acompaña al danzante, sino el tojro, un instrumento que ha desaparecido y el pinkullo.

Hay una versión de que esto nace del zorrillo. En la época de febrero -y esto se da comúnmente-, los zorrinos bailan, agarran la bosta de la vaca, se la ponen como sombrero y comienzan a hacer sonar sus dientes. Ellos bailan agarrándose de las manos (patas). Dan vueltas y vueltas y uno entra y sale y entra otro, como si fuera una competencia. Hay versiones que dicen que por ahí nació la danza de tijeras.

-¿Esa es la única versión de los mayores?
No, otra versión recogida en la zona de Parinacochas es la del niño leñador. Dicen que había un niño que era hijo de una madre soltera que iba a recoger leña a un lugar que es el río Huanca Huanca Apumay. Repentinamente, en la orilla del río aparece un niño misterioso que empieza a bailar unos pasos encima de la piedra.

Los niños se hacen amigos y cada vez que él iba a la leña volvían a danzar. Hasta que un día le dijo sabes qué, a partir de ahora no quiero que comas sal, en tu alimento no debes comer sal, toma agua todo lo que quieras, pero no sal, porque eso puede ser fatal para ti.

Una tarde cuando regresa a la casa de su mamá, ella la había preparado su comida, su saralagua (sopa de maíz) y que ha pasado, este chico le dice mamá no puedo comer y se escapa al lugar donde se encontraba con el otro muchacho y comienzan a bailar otra vez y su mamá va a ver donde está su hijo y lo ve bailando; entonces, el niño misterioso se da cuenta que esta la señora y se avienta al río.

La madre vuelve a casa con su hijo. Este no dejaba de bailar, bailaba, bailaba y de ahí comenzó a proliferar por los pueblos de que había la danza de tijeras.

-¿Hasta que edad puede bailar un danzante, pero bailar bien, como lo exigen en las comunidades?
Generalmente hasta los 60 años, pero hay que saber cuidarse. Si no te cuidas vas a termina de acá a mañana.

-¿Cuántos años tiene usted?
Tengo 43. Todavía hay para rato

-¿Qué siente usted cuándo baila?
Yo le bailo a mi apu, al pueblo. Cuando estoy ejecutando la danza estoy pensando en ñahuinpuquio que es el agua, en mis chacras, en mi gente, para ellos estoy bailando yo. Me siento como si fuera uno de ellos.

-¿Alguna vez ha sentido que se le iban las fuerzas en una larga jornada de baile?
No, por el contrario, mientras más constante es, te sientes más capaz. Si dejas de bailar ahí pierdes espacio.

-¿Se necesita una alimentación especial para ser danzante?
En las competencias generalmente se come saralagua, sopa de maíz molido -no es el mote- con su haba, a veces con su arveja y con su quesito. A parte de eso, dentro de la secuencia de la danza de Ayacucho hay una que se llama el tipay tipay o wallpa huajay, momento en el que van a morir un montón de gallinas. Solamente el caldito tomas; pero mejor que la gallina es la perdiz que cazan para los danzantes. Esa es una vitalidad fuerte.

-¿La danza de tijeras se ha convertido en un negocio?
Negocio no podría decir. La danza no es negocio. No da dinero, si daría dinero pues estaría con un edificio, como usted (la entrevista se realizó en una oficina en Miraflores). El ejecutante del arte popular o de la cultura viva no está bien protegido o tratado. No hay una ley que lo proteja.

-¿Me imagino que muchos danzantes han abandonado la actividad por problemas económicos?
Por supuesto que sí. Pienso que nuestros hermanos danzantes de tijera tienen que sobrevivir en Lima haciendo actividades aparte de la danza. La migración es tan terrible que un montón de danzantes han dejado sus comunidades.

Son muy pocos los que viven allá, en las comunidades, porque acá hay más trabajo por parte de las instituciones regionales con sede en Lima. Son tan numerosas que cada semana vas a encontrar en 20 sitios bailando a danzantes de tijeras; entonces, faltan danzantes para que vayan a bailar a las comunidades.

-¿En las comunidades los niños tendrán el mismo interés en la danza que usted tuvo?
No creo, los pocos que quedan no se si les estarán enseñando. Cada vez que voy me siento más ausente, es un problema, es el caso del maestro Máximo Damián y de otros que hemos tenido que migrar.

Nuestra preocupación es proteger esta manifestación y es una tremenda responsabilidad; porque la danza tiene historia, tiene 500 años de resistencia, de permanencia. Es la danza peruana más representativa en el mundo y tiene muchas raíces, no es una expresión pasajera.

miércoles, octubre 19, 2005

Entrevista con Qori Sisicha (Parte I)

La Voz de las Tijeras

Nuestra danza no tiene ninguna relación con el diablo. Eso dicen los que quieren tergiversar las cosas, generalmente los curas, explica con severidad Rómulo Huamaní Janampa o Qori Sisicha (La Hormiguita de Oro), un conspicuo maestro de las tijeras que enfrentó al mismísimo Lucifer en las alturas andinas.

Sereno y parsimonioso, este hombre nacido en la comunidad de San Antonio, distrito de Chipao (Lucanas, Ayacucho), nos cuenta sus inicios en el arte, su entrega al apu (cerro sagrado) y su lucha por desvincular a la danza de sus sombras demoníacas.

-¿Cómo se hizo danzante de tijeras?
Cuando era muy pequeño, mis padres entraron a hacer la fiesta patronal costumbrista. Mi papa era el carguyoc de la fiesta del agua que se realiza en septiembre en mi comunidad.


Mi papá contrató un danzante de tijeras muy reconocido en esa época, hace más de 34 años. Este danzante no cumplió, el pueblo desmereció, lo repudió, porque los músicos estaban, pero no estaba el danzante. Mi papá quedó mal.

A raíz de esto mi papá dijo que iba a volver a entrar de cargo, porque no podía quedar mal ante el pueblo. Ese año empiezo yo la danza.

Además en la familia por parte de mamá, teníamos un danzante que no era completo, sino un chagua, medio frío, crudo, que no frecuentaba las fiestas patronales. A él empiezo a pedirle las pautas para ser danzante.

-¿Cómo se llamaba?
Celestino Janampa, ya falleció. Era mi tío. De ahí como veía que me gustaba mucho la danza, mis padres me dicen "vamos a buscarte un maestro". Se llamaba Qori Jayto (pita de oro), un hombre fornido, alto, de mi pueblo. A él me encomendaron para estar un año completo aprendiendo. Es ahí que me hago danzante. Sólo tenía 8 años.

-¿Usted siempre se sintió atraído por la danza?
Sí, como te digo, durante todo un año se espera la fiesta para que llegue el danzante. Durante ese año para que no muera la danza, uno va a pastear sus ovejas, a cuidar las vacas y de juego en juego uno siempre danza, porque allá uno no puede recrearse con otras cosas. No hay juegos mecánicos, cosas así. No hay nada, sino tu ichu y tus ovejas y, bueno, a tu alrededor tu perro.
Con dos chicos, uno simula ser el violinista, el otro el arpista y el otro el danzante. Por ahí que empiezo.

-¿Cómo es el proceso de aprendizaje?
Uno tiene que convivir con el maestro. Yo vivía en su casa, él tenía que darme la alimentación, también el estudio. Soy como un hijo más de él y, en las tardes, cuando van a ensayar con el maestro, uno tiene que seguir los pasos.

Se reúnen entre músicos, el arpa, el violín y el maestro danzante una vez a la semana, pero los otros días practicas los pasos, aprendes a tocar la tijera y todo eso.

-¿Es muy complicado?
Para un hombre andino no creo. Rápido lo he asimilado yo.

-Hace un rato usted habló de un danzante no completo, ¿qué significa eso?
Es un danzante que no ha hecho todo el proceso de la ritualidad, es un danzante que se ha quedado a medio camino.

-¿Podrías ser más específico?
Sí, cuándo no toca bien la tijera, no baila bien... El danzante tiene que ser completo, en la forma de mirar, de ejecutar la danza, en su movimiento, sus gestos, en su compás de la música. Si se sale del compás de la música no está completo, ese no es un danzante. Falta práctica.

-¿Qué es lo principal en la danza?
Uno debe conocer todas las secuencias de la danza. Una fiesta patronal está dividida en víspera, antealba, día alba, doce alba, ricuy-ricuy, que es la despedida, y el despacho.
Dentro de estas secuencias hay 144 tonadas en la zona de Ayacucho y 300 pasos. Todo eso debe saber el dazante.

Además, tiene que conocer la ritualidad, la misma que está en función de conocer los 105 elementos de las plantas medicinales. Así puede hacer el rito a la hoja de coca.

-¿Entonces el danzante es alguien que conoce muy bien el mundo andino?
Claro, su pregunta me permite entrar a un tema muy interesante. El danzante de tijeras anteriormente era un sacerdote, el protegido por los waminis (espíritu de las montañas) y él, a su vez, protegía a la comunidad de las enfermedades y otras cosas. El danzante tenía que conocer todo. Era como una especie de shamán, un laica, un yacha.

-¿Usted habló de entregarse al apu, en qué consiste, a qué edad se hace, qué requisitos debe cumplir un danzante para llegar a ese momento?
Primero conocer la secuencia y los elementos de la naturaleza y del mundo andino. Sólo así se hace el “entrego” al apu.

Para este “entrego” uno tiene que ir a un lugar que nosotros le decimos Chiqni Orcco, una cueva tenebrosa, un cerro tenebroso. El danzante de tijeras y su maestro van en febrero, esa es la fecha indicada para hacer este “entrego”.

El maestro y su discípulo tienen que estar viviendo ahí tres días y tres noches, en ayunas completas. Y las hojas de acero de las tijeras que van hacer entregadas, tienen que ser colgadas en una soga de maguey, para que reciban la bendición del apu y el viento.

Recién ahí se hace el “entrego”, es decir depositar el pago a la madre tierra, para que ya este danzante sea un danzak’s para la fiesta.

El pago se hace antes de entrar a la cueva, después no tendría sentido. Primero es pedirle permiso a la madre tierra, al apu, para poder hacer esta ceremonia de ritualidad.

-¿Usted pasó por esta ceremonia?
Sí, eso lo hice a los 14 años.

-¿Cuánto tiempo tiene usted bailando?
Tengo 30 años bailando.

-Usted me dice que antes los danzantes eran sacerdotes. ¿Cree que de esa condición haya nacido la idea de que tenían cierta relación con el diablo?
En este contexto tengo que decirle que cuando España procede -no a la conquista, sino a la invasión- ellos buscan destrozar todos nuestros centros sagrados; entonces, estas personas extrañas querían que nosotros seamos católicos. Una imposición total del catolicismo y nosotros nunca aceptábamos eso.

Por ello es que a nosotros nos han satanizado los sacerdotes, los curas. En las comunidades campesinas las iglesias le dicen: ese danzante de tijeras tiene pacto con el diablo, debes de tener cuidado. No tienes que acercarte. Haciéndole odiar al danzante como si fuera un demonio; un poco para opacar su cultura, para que la mate un poco. Por esa razón lo hacen.

Ellos dicen que tenemos pacto con el diablo cuando hacemos nuestros rituales o pedimos permiso a un apu; cuando vamos a bailar y mucho más cuando nosotros subimos a la torre de la iglesia.

Nosotros no estamos subiendo a la cima de la torre para venerar al Dios católico, sino para venerar a los apus, desde ahí se hace la tinka, se hace la ofrenda para poder darle vitalidad, porque los cerros viven y ellos también necesitan beber.

Y es más, subimos para pisotear la torre, para decir que el hombre andino sigue permanente y fuerte. Ese es el simbolismo.

-¿El pacto es con la naturaleza, entonces?
Es el entendimiento entre el hombre y la naturaleza. No es un pacto que se hace para ser el mejor, sino es un entendimiento con los apus, los wamanis, la mamapacha, taita inti, con el agua que uno bebe. Para ellos bailamos.

-¿Pero hay danzantes con nombre demoníacos, como Lucifer?
El problema es que en la zona de Huancavelica, comenzaron a hacer cosas satánicas, meterse espadas y eso. No lo digo porque sea de Ayacucho, sino porque así están sucediendo las cosas. Yo he bailado ahí un montón de veces, en un montón de pueblos me conocen. Sé lo que pasa.


Los viejos danzantes tenían nombres que se relacionaban con la naturaleza, pero desde la década del 80 para adelante, encontramos Lucifer, Jarjaria (incestuoso), por qué, porque hay documentos que dicen que tenían pacto con el diablo.

Un día nos sentamos: vamos a ver que pacto tienes con el diablo, hablemos las cosas como son. Si tú tienes un pacto con el diablo vamos a la competencia, nos vemos allá en tu pueblo. He ido a Rantay su pueblo de Lucifer, que es mi contemporáneo.

Ya en la competencia le dije: "si tienes pacto con el diablo, pues tírate esas doce barretas. Vamos a hacerlo". Ahí le he demostrado a él; entonces le pusimos en claro. (Continuará).

*Esta entrevista fue realizada para un reportaje sobre la danza de tijeras pubiclado en la revista Rolling's Stone Cono Norte.

lunes, octubre 17, 2005

Click de la Semana


El azul del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo (3810 m.s.n.m), contrasta con los colores urbanos de la entrañable ciudad de Puno, una tierra de aymaras, quechuas y mestizos, en las alturas altiplánicas del sur del Perú.

De estas aguas dormidas, habrían emergido Manco Capac y Mama Ocllo, quienes, según las versión difundida por Garcilaso de la Vega, fueron enviados por su padre el Sol, para fundar la civilización Inca.

Más allá de la leyenda, el Titicaca es un espacio mágico compartido por Perú y Bolivia. En su quieta y fría inmensidad, hay un rosario de islas pletóricas de tradición, como Los Uros, Taquile y Amantaní, pueblos antiguos que conservan sus costumbres ancentrales.

sábado, octubre 15, 2005

Las Crónicas sin Final



“Disculpa hermanito, ya no hay espacio. Tu texto no va”, con esa frase odiosa, certera, siempre inapelable, más de un editor ha frustrado varios intensos romances con mis musas inspiradoras.

No es justo, lo sé, pero muchas veces no hay más remdio que alejarse de los brazos ardientes de las musas y romperles el corazón con una frasecita del tipo “sabes, flaquita, hasta aquí nomás llegamos” y a otra cosa mariposa.

Y el texto –que en estos casos siempre “estaba saliendo bien bonito”- queda inconcluso, porque la frase lapidaria del director/editor frena los impulsos creativos de un solo porrazo.

Las neuronas se niegan a seguir escribiendo algo que jamás será publicado; entonces, esas crónicas pasan a una carpeta bautizada eufemísticamente con el nombre de “Borradores”, la cual es en realidad un cementerio de notas a medio hacer, de notas sin final.

Hace un par de días me puse a navegar en ese limbo de relatos y encontré unos cuantos párrafos que, en mi opinión –poco objetiva, claro está- merecieron mejor suerte.

Demás está decir que volvieron los sapos y culebras, las imprecaciones contra aquellos directores/editores que echando manos del edulcorado y meloso disculpa hermanito, rompieron mi romance con una diosa inspiradora que, dicho sea de paso, estaba muy pero muy buena.

Como en Explorando Perú no hay directores ni editores (¿habrán lectores?), vamos a publicar estas líneas que hasta hace algunos días estaban condenadas al olvido y, lo que es peor, a la extinción, la próxima vez que un ladino virus informático arrasara con información de mi disco duro.

La fe interrumpida

Pasos tortuosos, pasos fatigados, pasos descalzos. Peregrinos exánimes, lívidos, torturados por un calor insensato, persisten en su andar parsimonioso, en su andar en cámara lenta por esa senda de esperanzas, en la que cada movimiento se vuelve una plegaria, en la que cada gota de sudor sirve para borrar algún pecado o saldar una antigua deuda de fe.

Falta mucho para el final del camino. Eso no importa. Los peregrinos no descansan, no sonríen, no hablan, tampoco beben, sólo se acomodan la banda de letras amarillas que confirman su condición de devotos, de fieles agradecidos, de hombres atormentados que buscan un milagro; o el enterrado morral donde llevan su austero equipaje: una chompa, tal vez un pantalón, siempre una frazada.

“Tengo una deuda de fe”. Sudor, cansancio, un cirio apagado comienza a derretirse en una mano apergaminada por las arrugas: “lo prenderé allá arriba, va a brillar muchísimo, va a iluminar mis plegarias”…

*Relato inconcluso sobre la Fiesta de la Cruz de Motupe o Chalpón, una de las expresiones religiosas más conmovedoras del norte del Perú.

La Fe en el turismo

De aquí para allá, con prisa y sin descanso… una pestañeadita más, por favor… No, no hay tiempo, la distancia es larga y la agenda recargada. Vamos, vamos, todos a la combi… “nooooo, otra vez no, duele, golpea, tortura”. Se enciende el motor, primera y arranca: otra vez al camino desnudo de asfalto… qué horror, qué espanto, seguro lo trazo un ingeniero que sufría del pulso.

Combi licuadora –quiero bajar-, combi epiléptica –ay, me golpeé la cabeza- combi que nunca llega -¿falta mucho?- Mejor no quejarse, mejor ver el paisaje: verde y ondulante; mejor escuchar la historia del ingeniero enamorado que… ¡Llegamos!, al fin, bravo, hurra, yupi. Bajar, acercarse, mirar y preguntar, pero rapidito no más. No hay mucho tiempo.

¿Qué está haciendo señora?, ¿le gusta su labor?, ¿desde cuándo crea maravillas en el telar?... ¿me podría enseñar?... risas relampagueantes, abiertas, sinceras, también nerviosas-, “qué preguntas raras hace usted”… clic, una foto; una queja: “ay, joven, me agarró desprevenida”; una excusa: así sale más guapa, más natural; “pero al menos una peinadita, pues, hubiera avisado”, protesta final.

Vuela el tiempo como quincena en casino. Otra vez a la combi… ¡noooooo!; otra vez el camino, los golpes, la epilepsia y el paisaje: ah, simplemente bello, te reconcilia con el mundo, alivia la incomodidad… caramba, vale la pena tanto zarandeo. ¿Adónde vamos ahora?... ¿cómo?, ¿una faena comunal?... ah, hum, ohh, bacán, chévere compadrito. Ojalá lleguemos pronto.

Parada número… ¿qué parada es?: quinta, sexta, tal vez ¿la séptima?... bueno, disculpen, traten de comprender, cualquiera se equivoca con tantas vuelta, menos Dios, claro, si es que existe, pero en todo caso él está en los cielos, aunque en este azaroso viaje por la selva norte –pesado, extenuante, sufrido… caray, pero qué hermoso es- parecía estar más cerca que nunca.

*Hasta aquí llegó el relato de un intenso recorrido por varios pueblos de la costa norte del Perú (regiones Amazonas y San Martín), donde Caritas del Perú impulsa el llamado Turismo Solidario. La noticia de que la nota no sería publicada, impidió que escribiera sobre lugares como Kuelap, el monumento prehispánico que grafica este post.

Protesta Aventurera

Si fuera una marcha de protesta los deportistas gritarían –con el puño en alto y parapetados tras una bandera enormemente rojiblanca- “que aquí y allá el miedo se acabo”; pero, algunos, quizás los más osados o los más precisos, clamarían: “aquí, en Huaraz, el miedo se acabo”.

Y la proclama sería tan justa, que los mismísimos policías encargados de custodiar -o reprimir- el orden, dejarían sus varas de goma, sus escudos protectores y hasta sus bombas lacrimógenas, para unirse al improvisado y desentonado coro que decreta el fin del miedo con total desparpajo.

Y después se plegaría todo el pueblo. El taxista que farfulla día y noche que no es justo, el bodeguero que masculla tras su mostrador que alguien quiere hacerles daño, el hotelero que se entristece de los pies a la cabeza al ver sus habitaciones vacías.

Pero como no es una marcha de protesta no hay gritos ni banderas rojiblancas; aunque si hay deportistas que levantan sus puños en señal de triunfo y policías que cambian las armas por alargados remos y, claro, también taxistas, bodegueros y hoteleros que hoy se muestran más optimistas y hasta sonríen un poquito.

Quizás porque todos se han dado cuenta que no hay mal que dure cien años, y que los estragos causados por aquella inesperada noticia, irían atenuándose de a pocos. Sin marchas, pero con acciones contundentes como la de aquellos chicos y chicas que llegaron a Huaraz a pesar del miedo.

Fue una cachetada al temor. Así se podría bautizar a la Semana del Andinismo 2003, porque días antes de su realización, la prensa difundió una nota informativa alarmante: una laguna amenazaba con desbordarse y ocasionar una terrible tragedia en Huaraz, la capital del Callejón de Huaylas.

*La laguna Palcacocha nunca se desbordó, pero la noticia espantó a los turistas que pensaban visitar Huaraz, y, aparentemente, también a los afanes creativos del redactor de esta nota. Quedó inconclusa. Gajes del oficio.

jueves, octubre 13, 2005

Entrevista a Máximo Damián (Parte Final)


El violinista de los Andes

Antes cada violinista sabía como dos mil tonadas, cambiaban de una a otra. No se repetían. ¿Ellos cómo sabían?, ¿de dónde sacaban tanta tonadas?, se pregunta Máximo Damián Huamaní, en la mañana sombría en la que el viejo maestro habla sobre su música sin pentagramas, su amistad con el célebre José María Arguedas y su molestia por la pérdida de muchas costumbres.

-Y dígame ¿de dónde la sacaban, don Máximo?
Eso estoy diciendo yo, salen de acá (don Máximo se toca el pecho a la altura del corazón)

-¿Sólo del corazón o de todo lo que uno escucha en el campo?
De acá sale (ahora se toca la cabeza y el corazón). Nosotros vamos escuchando a los pajaritos, escuchando cataratas, ríos y de ahí nomás sale, de ahí nomás tocamos sin pentagrama, sin nada, de oído, todo oído.

-En entrevistas anteriores, usted decía que hay gente que llora con su música.
Sí, gente un poco antigua, escuchar su recuerdo antiguo que están tocando, entonces comienza a llorar.

-¿Y usted alguna vez ha llorado al tocar?
No, yo toco nomás. Cuando me pegaban mi papá o mi mamá lloraba, pero no al tocar.

-¿Usted ya se siente cansado de tocar el violín?, ¿hasta cuándo seguirá haciéndolo?
No, si me gusta. Hasta 200 años. Sin el violín mi vida sería otra cosa. Violín nomás me gusta.

-¿De niño usted pensaba que se haría conocido tocando el violín?
No pensaba. Tocaba nomás. Tocaba en la sierra. Después vine a Lima, tocando también coliseo, después me encontré con José María Arguedas, ahí ya lo invito para fiesta costumbrista para que vea con la gente.
Él iba todos los domingos a varios coliseos, iba, cuando ya desapareció eso ya no iba, sólo a fiestas costumbristas, a tal pueblo, a tal pueblo.
Cuando el tenía reunión cualquiera, ahí también estoy yo, en su casa o otra casa.

-¿Extraña al señor José María?
Sí, siempre iba a verlo al cementerio, pero ahora lo han llevado a Andahuaylas. Lo visitaba, le iba a tocar, a él le gustaban huaynos, danzantes, varios costumbristas ha visto. Yo le he enseñado bastantes pueblos cuando iba a tocar. Conoce todas las costumbres de provincia Lucanas, el señor Arguedas.

-¿Para quién toca usted?
Yo toco para las comunidades, para todos los pueblos, para toda provincia de Lucanas, para el exterior, para todos pe’s.

-¿Cuándo toca en el exterior cómo lo recibe la gente?
Bastante me quieren el exterior. Más que acá. Algunos extranjeros lloran cuando toco algo triste y no sé como entienden.

-¿Qué tan importante es la música dentro de la danza de tijeras?
Danzante tijeras tiene que llevar violín y arpista. Los violinistas tienen que sacar tono, arpa sigue, danzante sigue.

-¿La música le marca el ritmo al danzante?
Comienza violín, después arpa, todo de oído. Violín tiene que cambiar, sin mirar, él sabe ya, todo oído, danzante también oído nomás.

-¿Por qué la gente en las comunidades no aplaude a los danzantes?
Así es, pues. Es costumbre. Nunca aplaude aunque sea el mejor, nada. Solamente adentro alaba, es bueno y ya están mirando para contratar para otra fiesta. Escogen ahí nomás. Acá en Lima nomás me aplauden, allá no aplauden; pero ahora jóvenes ya están empezando a aplaudir (en los pueblos), tanto que van de acá.

-¿A usted le sigue gustando la danza?
No me gusta tanto ya, cuando voy a la fiesta ya no lo veo. Ya no es como antes. Ni siquiera para copiar.

-Usted acompañó a muchos danzantes ¿desde qué año lo hizo?
Desde el año 50 hasta ahorita, pues. Acompaño a danzantes que en la sierra han aprendido y viven acá, como Basilio Pichigua, Carlos Medina Flores, entre otros.

-¿Qué es lo más impresionante que usted ha visto en la danza de tijeras?
En la sierra he visto cosas lindas. Acá en Lima las acrobacias que están haciendo cualquiera lo hace. Allá en la sierra, baile, baile nada más.

-Las pruebas de comer sapos vivos, clavarse espinas o comer vidrios, ¿son nuevas o siempre se han hecho?
Siempre se ha hecho, eso es el contrato de diablo, los que hacen contrato son los que hacen este tipo de pruebas.

-¿Un danzante es un personaje especial dentro de la comunidad?
Es un comunero, siempre está como comunero, él también está pasando cargo y trayendo a otro danzante, también, al mejor danzante para hacerlo bailar para él. Pasa cargo, va a faena, se junta con el cabildo. Todo va. Es normal, sólo cuando hay contrato es distinto.

-¿Qué pueblos son los mejores para ver danza de tijeras?
La gente exigente para hacer bailar, hay un pueblo que se llama Andamarca (Lucanas), Huacaca en Parinacochas, no te dejan ni dormir, tienes que bailar, tiene que bailar todo el día, aunque estés enfermo, tienes que bailar, para eso hacen la fiesta

-Y si uno no baila… ¿qué pasa?
No pagan.

-O ¿te sacan del pueblo?
Ja ja ja, ahí todo lo ven plata. No te pagan.

-¿Si yo llevo muchas veces al mismo danzante, la gente comienza a reclamar?
La gente siempre insulta, habla. Habrás traído con cebada, trigo, así nomás. No has pagado.

-¿Hay diferencia entre la danza de Huancavelica y la que se baila en Ayacucho?
Huancavelica ha copiado la vestimenta de Ayacucho. Ellos tienen más que tres música nomás, ahora tienen como Ayacucho, como Ayacucho ya están tocando bastante, ya. Se han copiado.
Pasos es diferente de Huancavelica. Música también, yo he ido cuando estaba más chico y era distinto, distinto. Ahora igualito de Ayacucho, vestimenta, algunas músicas están metiendo de Ayacucho. Únicamente diferente es su tijera, que tocan alto, nada más. La ropa es de Ayacucho.

-¿Tiene miedo que las costumbres se pierdan?
Ya está perdido ya, mucho se ha perdido. No debe ser eso. La música se pierde también, huayno ya no es huayno. Todo lo que tocan es otra cosa. Eso me molesta.

martes, octubre 11, 2005

Entrevista a Máximo Damián



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A fines del año pasado, mientras preparaba un reportaje sobre la danzas de tijeras para la revista Rolling’s Stone Cono Norte, entrevisté a Máximo Damián Huamaní, un respetado violinista y profuso conocedor de esta colorida estampa folclórica, cuyos orígenes mágicos y telúricos se remontan al tiempo de los mitos y leyendas.

Damián, nacido el 20 de diciembre de 1940,en el caserío de San Pedro de Ishua (Ayacucho), fue amigo de
José María Arguedas, el célebre antropólogo y escritor peruano, que una mañana de 1969 se quitó la vida de un balazo, atormentado por las contradicciones de su mundo interior: el andino y el mestizo. Ambos irreconciliables.

En la primera parte de esta entrevista, el maestro del violín nos habla sobre los supuestos pactos y contratos entre los
danzas’k y el diablo. En la trascripción, hemos tratado de respetar la forma de hablar de don Máximo. Una licencia que nos permite enriquecer el valor del personaje.

De Danzantes y Diablos

Reflexiones y recuerdos de Máximo Damián, el violinista de Arguedas

El danzante diablo es. El danzante lleva atrás una cola, por eso no puede comer en la mesa, asegura don Máximo Damián, un maestro de las cuerdas, un hombre de las serranías ayacuchanas que se hizo violinista a pesar de los berrinches y estallidos furiosos de su padre.

Sí, diablo es, repite y su voz, bajita pero certera, no deja resquicios para la duda, en su casa carente de maquillaje en el distrito limeño de San Miguel, cerquita del puerto del Callao y su mar Pacífico, lejos de los Andes y sus montañas sagradas, enhiestas, mil veces añoradas.

-¿Por qué los danzantes no comían en la mesa?
Ellos no están en la gracia de Dios, por eso no se acercan a la mesa. Tampoco pueden acompañar a la procesión ni oír misa.

-¿Y porque no están en la gracia de Dios bailan en la torre de la Iglesia?
Eso es sólo una prueba para que le digan mejor danzante. Ellos tienen contrato con el diablo, y cuando tienen contrato tienen que ser el mejor bailarín, el mejor músico.

-¿Cómo se hace ese contrato?
El danzante lleva un señor que sabe llamar al diablo, con rezo nomás. Y el diablo le hace caso a ese señor, a cualquiera no le hace caso. Él sabía su palabra, qué palabra será, entonces, sale ahí mismo (el diablo) y el hombre le dice: te presento a danzante, quiere hacer un contrato.
Ahí uno se puede equivocar, puede decir voy hacer 30 años el mejor maestro y mejor danzante, pero para ellos 30 años es 3 años nomás… Todo eso ya no hay nada, eso ya se ha perdido. Pero la idea queda.

-¿Para el diablo 30 años son tres años…?
Sí, entonces usted dice 30 años –yo hubiera dicho 100 años siquiera- pero a dicho 30 años; 3 años pasu mejor bailarín, mejor músico, a todos gana. Sube torre, hasta torre hace andar. Hace cosas increíbles.

-¿Cómo se paga ese contrato con el diablo?
Ese señor sabe, se entiende con el diablo. Deja un pago, un cuy, cigarro, papa, un montón de cositas, pues. Ahí lo dejan. Ese es el pago que recibe.

-¿Y usted ha participado en esa ceremonia?
No, nunca. Mi papá tampoco (el padre de Damían también fue músico de danzantes), porque más antiguos es que había eso.

-¿Y ahora se hace alguna ceremonia antes de bailar?
Sí, van, pero por gusto nomás. Van a dónde iban los danzantes antiguos, se ponen a bailar. Yo también he ido a tocar a las 12 de la noche, pero no, ya no es lo mismo ahora.

-¿Los danzantes que hacen pacto con el diablo, no creen en el Dios católico?
No, pero cuando no baila danzante, nada, nada, no tiene compromiso, nada, se va a la iglesia.

-¿Desde qué edad ha visto danza de tijeras?
A los siete años ya estaba viendo a los danzantes.

-De los danzantes de esa época a los de ahora ¿ha habido muchos cambios?
Sí, ha cambiado todo, todo. Ahora, por ejemplo, allá en el pueblo ni va la gente a ver, para que vamos a ver payasos, dicen, esos músicos… hasta los cargontes (los que organizan las fiestas) nomás van y ahí están bailando. Cuando son buenos danzantes vienen de otros pueblos, gente cualquier cantidad, cuatro días, cinco días bailando.

-¿A qué se debe que haya bajado la calidad?
Por la música de la televisión, los bailes de Michael Jackson. Hay montón que de ahí están tocando, ahora.

-¿Qué danzantes recuerda usted?
Paulo Sulca (Lalapaulo), él era de mi pueblo; Cicilio Sulca, también. Paulo creo que ha hablado con diablo.

-¿Hay mucha rivalidad entre los danzantes?
Sí, bastante, cuando hay buenos, buenos, también tiene que contratar otro bueno, aunque sea tres días, cuatro días, también; y traen para competir el otro, quien gana, quien toca bien, pero mientras tanto también hay envidias, brujerías entre ellos. Al danzante brujería, al violinista brujería, al arpista brujería.

-¿A usted le han hecho?
Acá en Lima me hicieron, pero allá (en su pueblo) no. Se ha parado mi mano, no quería tocar. No tenía dolor nada, solamente no podía tocar, y los otros iban ganando. Y yo no podía, con arpa nomás bailaba el danzante. Estuve varios días mal.
En la sierra, cuando están tocando el arpa, rompen con toditita, solita cuando están tocando. Se rompen las cuerdas. Danzante, también, se quedan dormidos; ya no levanta, ni más, hasta un día y medio o dos días. Eso es brujería. Esa es la rivalidad. (Rolly Valdivia) (Continuará)

*Lea la Agonía de Rasu Ñiti, un cuento de José María Arguedas sobre la muerte de un danzante de tijeras.

sábado, octubre 08, 2005

Click de la Semana

Balsas y lanchas reposan en la arena de Yacila (Paita, Piura), luego de una ardua jornada en las aguas del Pacífico. "El mar es nuestra vida", aseguran los pescadores artesanales de esta pintoresca caleta.

En los meses de verano, Yacila se convierte en un concurrido balneario por su cercanía a la ciudad de Piura, la capital regional; entonces, la caleta se llena de risas, juegos e inquietud.

"Viene mucha gente de la ciudad. Pobres y ricos. Todos vienen. Se divierten, nadan, se tiran en la arena. Nosotros no, nosotros seguimos pescando, ganándonos la vida", sentencian los curtidos hombre de mar.

jueves, octubre 06, 2005

Lima de Milagros

Lima no es gris en octubre. Es morada, moradísima y lleva un cordón blanco y un escapulario en su pecho de gran ciudad.

Y es que Lima, en octubre, maquilla sus ímpetus urbanos, cambia su frenético andar por el paso sosegado, cortito, lleno de quietud de los devotos del Señor de los Milagros, el piadoso patrón de la ciudad que, hace siglos, fuera pintado por un mulato en un muro de Pachacamilla, un barrio desaparecido de la capital peruana.

La procesión del Cristo Moreno es un fenómeno social y religioso de grandes proporciones. Explorando Perú no podía ignorar esta fiesta religiosa y, tras una búsqueda rigurosa en nuestros archivos periodísticos, encontramos una crónica que redactáramos para el diario El Peruano.

Hoy la desempolvamos como un homenaje a los creyentes del Señor de los Milagros, quienes mantienen viva esta antigua tradición, en una ciudad cada vez más globalizada, cada vez menos limeña.

En busca de la Fe

Camino en busca del Señor de los Milagros y en cada paso me preguntó ¿dónde estará la fe?... y trato de ubicarla, pero sólo diviso hombres disfrazados de caricatura, vendedores de fritanguita y anticuchos y hasta un organillero que miente con la suerte, mientra engríe a un monito ensombrerado.

No, ahí no puede estar, entonces la busco en el rostro de los hermanos del hábito morado, pero tampoco la encuentro, porque ellos gritan, ordenan, manejan la soga, deciden quienes pueden acercarse: un pariente, un conocido del barrio, tal vez el amigo de farra. Los demás sólo pueden verte de lejos.

Pasos cortos por las calles de una ciudad que huele a sahumerio, a pancita y a rachi. Escucho rezos y plegarias, pregones y ofertas. Veo lluvias de pétalos de flores, humaredas de incienso, el desmayo de una mujer y manos diestras que hallan billeteras en bolsillos ajenos.

Encuentro de todo, pero no logró encontrar la fe; de pronto, la multitud se comprime, encabrita y arremete. Los hermanos se encolerizan. Hay empujones y manotazos, injurias e improperios: "no pueden pasar, no pueden pasar", ordena una voz destemplada.


"Cristo Moreno, ilumina nuestra vidas", clama una mujer con mantilla de encaje. Me acerco y le pregunto: ¿por favor, dígame en dónde está la fe?. No responde, sólo esboza una sonrisa iluminada e infinita, que se transforma en canto "Señor, sólo a tus pies quiero morir".

Y siento que la fe está oculta tras esa sonrisa convertida en canto... y la procesión --ese gigante morado de esperanzas infinitas-- vuelve a andar entre padres nuestros y aves marías y se prende una vela redentora, se cuelga un escapulario y se escuchan historias de palabras ahogadas en lágrimas.

Milagros y más milagros... enfermedades incurables que dejaron de serlo, un viejo rescatado de las garras del alcohol, una mujer que dejó las calles del pecado, un negociante en quiebra que se olvidó de las cuentas en rojo... "el Señor lo puede todo. Sólo hay que tenerle fe".

El Señor de los Milagros, salió temprano del templo de las Nazarenas para pasear por su ciudad. El arzobispo de Lima, monseñor Juan Luis Cipriani, le dio la despedida y bendijo a los devotos. En su recorrido, la imagen visitó a los enfermos del hospital Nacional Arzobispo Loayza y recibió diversos homenajes…


Una voz en la multitud

Cómo no va a creer en aquella imagen redentora que en octubre recorre en andas las calles de la ciudad. Cómo dudar de su poder, si durante su vida le ha concedido un rosario de milagros, "porque sanó a mi madre cuando estaba desahuciada, y salvó a mi esposo y mis hijos de morir en el mar de la Herradura.

A sus 64 años, doña Rosa Vértiz -morena espigada de semblante sereno- sólo espera poder acompañar hasta el día de su muerte al Señor de Los Milagros, al Cristo de Pachacamilla que desde 1687, esparce fe y esperanza en las calles de la ciudad.

"Desde los ocho años vengo a la procesión, porque la fe la heredé de mis abuelos y de mis padres, quienes siempre creyeron en el Nazareno", dice doña Rosa en tono de plegaria, antes de desaparecer entre los hábitos morados y las níveas­ mantillas de las Cantoras del Señor.

Cae la noche. Luces amarillentas maquillan la oscuridad. El gigante morado anda sin prisa, a paso lento, como si quisiera distinguir los rostros de cada uno de sus fieles. Avancen, avancen hermanos... La ciudad huela a sahumerio, turrón de miel, anticuchos y pancita. Aromas de fe. (Rolly Valdivia Chávez).


Más información:
*senordelosmilagros.perucultural.org.pe/inicio.html
*www.arzobispadodelima.org/mesmorado/
*www.hsmnazarenas.org

lunes, octubre 03, 2005

El Fin de la Resaca

Una supuesta o posible resaca no es la causante del silencio "bloggero" de los últimos días. El camino y las playas del norte -calurosas, candentes, sensuales- son las que me tuvieron y tienen secuestrado hasta hoy. Así que ustedes, estimados lectores, sabrán comprender mi ausencia.

Quería escribir, contarles que andaba haciendo pero el mar y sus olas refrescantes, la arena doradita y tibia, las chicas con bikinis más que microscópicos (ojo las damas que lean estas líneas deben saber que hay varios muchachotes con apariencia de Charles Atlas), me impidieron cruzar la carretera Panamericana Norte y sancocharme de calor en una cabina de internet.

Espero que no lo tomen como una traición, pero la playa jala, además no todo en la vida es escribir y contar historias, de vez en cuando hay que relajarse. Comerse un cevichito con delectación o un arroz con marisco con su respectiva cervecita helada, dejarse quemar por el sol portentoso de la costa piurana o compartir un "poto" de chicha (no sean mal pensados, así se llama el recipiente en el que se sirve la bebida) con los pescadores de la caleta El Ñuro (distrito de Los Órganos), siempre amigables, siempre dicharacheros, aunque -en honor a la verdad- un poco "fallucos" con sus predicciones.

Y les cuento el porqué, hace unos cinco meses estuve en esta caleta primorosa y uno de los hombres de mar pronosticó -imbuido por el halo mágico del cerro El Encanto, temido por navegantes por ser el causante de más de un naufragio- que volvería a su pedazo de costa para la fiesta de San Pedro, el 29 de junio. Eso no fue todo, el viejo pescador aseguró que iba a tener una aventurilla con una sirena.

Pero se equivocó de fecha. Volví a El Ñuro pero en octubre. Nada de fiesta, tampoco sirenitas, sólo un armador que se quejaba del patrón porque paga poco, unos niños que pelotean en la arena y tres princesitas que le llevan el almuerzo a sus extenuados padres.

El amor quedará -una vez más- para la próxima, porque a la tercera va la vencidada, como reza el dicho. Y es que ahora no necesito de un vaticinio o profecía para saber que volveré. Sé que encontraré una razón para hacerlo....uhmmm, será por la chicha que estaba muy rica, aunque el "potito" andaba miedo gastadito... huy que obsceno... Mejor corto este relato,desordenado y casi sin sentido. Otra vez les pido disculpa, es el calor, el mar... el norte. Sí, es el norte.

***Piura, 3 de octubre de 2005. En una cabina de internet sin nombre de la avenida Sánchez Cerro, hace algunos días tomada por los hinchas de Gambia que llegaron al mundial sub 17; hoy cruzada por puñados de peregrinos que se dirigen a la serranía de Ayabaca, para la fiesta del señor Cautivo.