lunes, agosto 31, 2009

Clic de la semana


En el resquicio de las sombras rocosas que flanquean las riberas de la laguna Parón (provincia de Huaylas, Áncash), se perfila el pico nevado del Chacraraju, creando una imagen contrastante, de luz y oscuridad, imposible de ser ignorada por el inquieto lente de Explorando.

Parón (4,185 m.s.n.m.) es la laguna más grande del parque nacional Huascarán y, también, una de las de mayor belleza por estar rodeada de los nevados Huandoy, Pisco, Garcilaso (una perfecta pirámide de hielo), Paria, Artesonraju, Caraz y Aguja.

Su cercanía a las ciudades de Caraz (32 kilómetros por una vía sin asfalto) y Huaraz (100 km), convierten a este espejo de agua en un potencial atractivo turístico que, manejado con inteligencia, puede ser un bastión ecológico y una fuente de ingresos para los poblaciones locales.

Pero todo es una utopía. En Parón hay un conflicto entre las comunidades y la empresa Duke Energy Egenor. La tensión llegó a su límite el 29 de julio del 2008, cuando la población de Cruz de Mayo, tomó la laguna, ante la dramática disminución del volumen de sus aguas, empleadas por la compañía en la operación de la central hidroeléctrica del Cañón del Pato.

No hay solución definitiva. Papeleos y juicios. Los comuneros controlan el acceso al lugar. Una garita, una tranquera, un aire de tensión. Luego, la paz de la naturaleza, el silencio, el viento helado, las aguas adormiladas y las cumbres de nieve que aparecen entre las sombras, creando este clic.

martes, agosto 18, 2009

Retratos de Puerto Inca


Rostros, miradas, gestos. Retratos de la selva. Gente del bosque. Nativos e inmigrantes. Yaneshas, ashaninkas y mestizos en Santa Teresa, hermanos de todas las regiones en Puerto Sira y hasta un descendiente de colonos tiroleses en un fundo ganadero.

Obviar el paisaje. Desdeñar el bosque, los quiebres del río, la cordillera que se dibuja en el horizonte, para fijar tu objetivo en los hombres barbados y pelilargos que adoran a Jehová, en las niñas que aprenden a rezar, en los jóvenes que le regalan melodías a Dios, con guitarras y un órgano electrónico.

Ofrendas y plegarias en Puerto Sira. Frontera viva, "lugar sagrado" para los israelitas del nuevo pacto universal, los seguidores del extinto Ezequiel Ataucusi, el "profeta" que reinterpretó las sagradas escrituras y los diez mandamientos. Él propagó su palabra en las zonas más deprimidas de un país doliente, sufrido, sin muchas esperanzas.

Se termina la luz, se avecina la noche. El jefe de la comunidad de Santa Teresa está molesto. "Los estábamos esperando, han llegado tarde", dice, refunfuña, espeta su cólera.

A su lado, un cazador con una cushma hecha de rafia, lo observa con absoluto respeto. Su rostro está pintado de rojo, como el de la mujer que aparece de pronto y nos da la bienvenida en su lengua materna.

El jefe se tranquiliza, se calma, pero jamás sonríe, sigue dolido mientras la mujer canta y baila, mientras el cazador tiempla su arco y exhibe sus flechas, mientras la gente sale a curiosear. Todos sonríen, saludan, no se molestan con las fotos.

Más rostros, más gestos. No en un "lugar sagrado" ni en una comunidad nativa, sino en un fundo ganadero, donde un descendiente de los colonos austro-alemanes -aquellos que llegaron a la selva de Pozuzo (región Pasco) hace 150 años- reposa en las cercanías de su casa con sus compañeros de faena.

También en Puerto Inca, la capital de la provincia del mismo nombre (Huánuco), donde una jovencita baila una danza tradicional cerca a una fogata, cuyas lenguas ígneas pretenden rasgar la oscuridad de una noche amazónica.

Sólo algunos rostros, miradas y gestos de los hombres y mujeres que habitan en el monte, en la selva siempre lejana, distante y olvidada. Siempre incomprendida.

lunes, agosto 10, 2009

Clic de la semana


Nunca hay que fiarse del todo. Siempre debe quedar un resquicio para la duda. ¿Cuánto hay que caminar?, ¿qué es lo que vamos a ver?. Las preguntas se repiten, se formulan una y otra vez.

Es cerca, dicen. Es bonito, se entusiasman. Es una catarata, te ilusionan. Sales temprano. Te guían, te acompañan. Tus pasos dejan huella en el barro, en la tierra fecunda, en los ejércitos de hormigas que tratas de esquivar... pero están en todos lados.

Oyes el rumor del agua. Estás cerca. Falta poco. Te apresuras. Te gana la ansiedad. "Hay que bajar", te dicen. Más barro, un senderito inclinado entre el follaje. Resbalones. Pasos en falso. No importa, hay que seguir. Son gajes del camino.

Llegas. Un espejo de agua en el verdor de la selva. Es vistoso, es lindo, es sosegado. ¿Y la catarata?... Nada, no existe, sólo pequeñísimas caídas de agua que se precipitan entre rocas humedecidas. "Más allá está", te explican. "Demora y hay que abrir trocha", agrega otra voz.

No hay cataratas ni cascadas en Sungarillo. Te tientan las ganas de renegar, de exigir una explicación, de hacer hasta un berrinche. No lo haces, te calma la belleza del primoroso balneario natural en el que los pobladores de Puerto Súngaro (provincia de Puerto Inca, Huánuco), ahogan al calor sofocante de la amazonía y refrescan sus ánimos festivos durante las celebraciones de San Juan.

Admiras. Contemplas. Te olvidas de la supuesta catarata. Será para la próxima, sentencias, como si tuvieras la certeza de que pronto volverás. Quizás suceda, tal vez nunca ocurra. Eso lo sabrás con el tiempo.

Por ahora sigues en Sungarillo, que realmente está cerca, que realmente es bonito, pero que -contrariamente a lo que te habían dicho- no tiene una catarata. Son cosas que pasan. Eso te ocurre por preguntón por querer siempre anticiparte a las sorpresas que deparan los caminos.

*Para ver más fotos de Puerto Súngaro y Puerto Inca haga clic aquí.

domingo, agosto 02, 2009

Con atraso también vale

Hace unas semanas -varias, muchas, quizás demasiadas- viajé hasta Pomabamba y Piscobamba (Áncash), para traerle a los lectores de Explorando, la historia escrita por los pasos presurosos y acrobáticos de decenas de chasquis, en los caminos agotadores, exigentes y a veces atemorizantes de su tierra, el Callejón de Conchucos.

Pero este vez he sido un pésimo mensajero. Escribí otras historias, publiqué otras imágenes, volví a alejarme de Lima y, al retornar, me tomé los feriados de las fiestas patrias con excesiva seriedad, tanta, que me olvidé de mi clásico mensaje por 28 de julio y de redactar alguna entrada sobre mi aventura en Puerto Inca, en la lejana selva de Huánuco.

Y antes de que los jóvenes mensajeros de Conchucos decidan emprender su marcha a Lima, para apanarme o agarrarme a huaracazos, publicó estas imágenes de la "Karrera de Chaskis" que unió el observatorio de Yaino (alturas de Pomabamba) con la plaza de Armas de Piscobamba. El recorrido superó los 30 kilómetros. Estos se cubrieron en dos jornadas, implantándose un sistema de postas similar al utilizado por los correos del inca.

Las andanzas de los jóvenes competidores de Pomabamba, Piscobamba, Musga, Conopa y Llama, coincidieron con las fiestas patronales de San Juan y de San Pedro y San Pablo. Ellos formaron equipos de 15 integrantes (hombres y mujeres).

Fue una prueba intensa, trepidante y emotiva. Todos lucharon con tenacidad por el triunfo, esforzándose al máximo para dejar en alto el nombre de su pueblo. Al final, la victoria le sonrió al equipo de Llama.

Risas, abrazos, un sinfín de bromas entre los participantes, marcó el colofón de una competencia inédita que, por culpa de este mensajero, parecía condenada al olvido.

*Una crónica sobre la carrera aquí (vea pag 12 y 13)