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Mostrando las entradas de diciembre, 2006

Anécdotas del camino

Donde el autor, quizás por falta de mejores ideas, narra los pormenores de una noche de obligado insomnio en su última travesía del año.

Sería un viaje largo y tortuoso. No tanto por las condiciones del camino, tampoco por las dudosas comodidades del bus, sino, más bien, por culpa del azar, la casualidad y la mala fortuna, por qué como podía imaginar, prever o sospechar siquiera, que el asiento número tres sería ocupado por un tipo enorme con dimensiones de ropero antiguo.

Y el gigante se acerca y se sienta y se desborda. Su cuerpo trasciende al asiento cuatro, ocupado por este humilde y chaparro servidor que, ante la invasión de su espacio vital, espera al menos una palabra o sonrisa a manera de excusa o un estratégico reacomodo o retirada de los rollos intrusos.

Pero no ocurre ni lo uno ni lo otro. ¡Qué lástima!, el ropero me obligaba a utilizar medidas extremas, a ponerme bravo, a hacerme respetar por las buenas o por las malas, caray, o acaso creía que me había amedrentado con su car…

Fin de Fiesta

Este año anduve en el norte y en el sur, en las orillas del Pacífico, en las islas del mítico lago Titicaca, en las faldas de los Andes y en los cauces de los ríos Amazónicos.

Sí, estuve aquí y allá, en ciudades y pueblos, en comunidades desconocidas, en caseríos aislados, para escribir historias y capturar imágenes que retraten el rostro de Perú actual, del Perú milenario.

También estuve en Ecuador, Bolivia y Chile. Descubriendo los Andes, andando y conociendo, borrando o tratando de borrar fronteras, rencores y desconfianzas históricas con mis andanzas, mis idas y venidas con la mochila al hombro, la libreta al ristre y la certeza inquebrantable de que el camino es bondadoso cuando uno lo recorre con humildad, respeto y buena fe.

Y en todos los lugares en los que estuve, atesoré las anécdotas y experiencias que nutren esta bitácora; y, de paso, guardé en una mochila imaginaria una gran cantidad de buenas vibraciones y energías positivas que hoy, a través de este post, comparto simbóli…

Clic de la Semana

Absorto ante el estruendoso poderíodela catarata de Koari (comunidad nativa de Mazaroveni, Satipo), un viajero detiene sus pasos para contemplar el impetuoso discurrir de las aguas por paredes rocosas y desafiantes, conquistadas por el verdor del monte.Koari es un gigante cubierto por un torrentoso velo cristalino que se deja ver -distante y tentador- desde el cauce del río Tambo, la "carretera" fluvial que une el rústico y caluroso Puerto Ocopa (región Junín) con la animada población de Atalaya (región Ucayali).Desde las "canoas colectivo" que surcan el río, la catarata parece ser un hilito de agua que humedece el manto del follaje; pero el "hilito" se convierte en chorro inmenso al llegar hasta ella, luego de varias horas de acrobático andar... y es por eso que se detienen los pasos y es por eso que se le contempla en silencio...

Algo de Lima...

En Explorando se ha escrito relativamente poco sobre Lima, la capital del Perú. Quizás sea por un afán descentralista o, tal vez, debido a esa relación de "amor-odio" que me enfrenta y me une con mi ciudad natal, la que me ha llevado a obviar -sin quererlo- sus atractivos y encantos.

Ayer, revisando en mis archivos, encontré una anécdota relacionada con la inauguración de la Plaza San Martín que, en su momento, me sirvió para nutrir los párrafos de un artículo sobre los principales espacios urbanos de esta "tres veces coronada villa".

En mi afán de saldar la deuda informativa que tengo con mi ciudad, me animo a compartir esta "perlita" con ustedes:

El tímido San Martín

En 1919, a dos años del centenario de la independencia del Perú, Agusto B. Leguía asume la Presidencia de la República.

El flamante mandatario encontró en la edificación de la Plaza San Martín, en los antiguos terrenos de la estación de San Juan, una vía de expresión de los nuevos vientos que…

Retorno... ¿triunfal?

Donde el autor trata de explicar a sus lectores -quizás sin conseguirlo- el por qué de la falta de post en los últimos días.

Días extraños, sin ganas de escribir o postear, sin historias que contar, sin clic de la semana. Días disfrazados de vacaciones, de pereza y abandono. Días inútiles, quizás perdidos, mirando la pantalla vacía y el teclado dormido. Días poco inspirados, carentes de palabras, desnudos de oraciones.

Quizás haya sido el inconsciente que exigía un descanso tras cinco años de viajar y escribir, de trabajar y no parar; o, tal vez, la culpa es del agotamiento de la última travesía -intensa, fragorosa, también emotiva por tierras ecuatorianas- la que desencadenó la para inesperada, el bloqueo mental, el silencio de Explorando Perú.

Pero como no hay mal que dure 100 años ni periodista-viajero que lo resista, hoy han retornado las ganas de escribir y de contar historias. Se acabó la sequía de palabras.

Y otra vez se impone el vibrar de las techas, la premura del cursor que no …