lunes, diciembre 31, 2007

Extraño adiós al 2007

Dónde el autor se olvida de los buenos deseos y se despide con encono del año 2007, con la única intención de exorcizar a sus propios demonios.

Adiós 2007. Te despido sin nostalgia y sin alegría porque no fuiste un buen año. En verdad ni siquiera tengo ganas de hacer un balance de tus 12 meses. No quiero pensar en los chispazos de alegría ni en las sonrisas fugaces, tampoco en las frustraciones ni en el panorama tristemente gris que opacaron varios, muchos -quizás demasiados- de tus días.

Al fin te vas, 2007. Nada es eterno ni siquiera tú y tus desdichas, tú y tus tragedias, tú y tu obstinación por arrancarle centenares de vidas al sur del Perú, de enterrar esperanzas y futuros, de sumir en la desesperación y el dolor a miles de nuestros compatriotas, miles de nuestros hermanos.

Muchos se preparan a celebrar tu partida. Te quemarán simbólicamente y harán estallar bombardas y fuegos de artificio. Luego vendrán los abrazos, los buenos deseos, el correr con una maleta en la mano o el comer doce uvas, entre otros rituales en los que no participaré. Esta vez he decidido despedirte en solitario,
sin sonrisas ni lágrimas, sin encono ni deseos de venganza.

Te vas y eso es lo único que me importa. No te realzaré ni sentiré añoranza por ti; más bien, desearía borrarte u olvidarte por completo o casi enteramente. Sólo me quedaría con
esos momentos -escasos, breves- en los que me sentí pletórico de vida en algún lugar del Perú, lejos de mi fantasmas y soledades urbanas.

Sí, viajando y viviendo, buscando historias, imaginando relatos, perpetuando instantes sin pensar en los recibos vencidos, en los saldos pendientes, en las puertas que te cierran por el delito de querer “cobrar” por tu trabajo, en los amores que no llegan, en los amores que volvieron y se fueron, en la zozobra de andar siempre con las justas y con lo justo... en el temor de gastar porque hay que
ahorrar pan para mayo.

Ahora cuando el calendario me muestra su última página; ahora que estoy a pocas horas de arrancarla de una buena vez y para siempre, te puedo decir agonizante 2007, que a pesar de los ardides con los que quisiste sacarme de los caminos y de tu afán por despertarme de mis sueños itinerantes, mis ganas de viajar, escribir y captar miles de imágenes, siguen intactas, invictas, renovadas.

Y son esas ganas las que hoy, 31 de diciembre, me permiten decirte con orgullo que aguante todos tus golpes. No ha sido fácil y te confieso que en más de una ocasión -cuando las decepciones y las penas me tomaban por asalto- pensé que podías derrotarme.


Sin embargo resistí. Me mantengo en la ruta de mis anhelos. Estoy dolido y maltrecho, es cierto, pero porfiaré en mi decisión inquebrantable de continuar viajando, pase lo que pase y vengan como vengan los días y semanas del año que pronto empezará.

Te gané 2007; prepárate 2008... no la tendrás fácil conmigo si pretendes alejarme de los caminos.


*Más allá de sus lamentos, el autor les desea a sus lectores frecuentes y ocasionales, a sus amigos y enemigos, a las señoritas que le hacen caso y a las malvadas que lo rechazan, a quienes les debe unos cuantos soles y a los que le adeudan un montón de dólares y, a todos los que lean este mensaje y no pertenezcan a ninguna de las categorías mencionadas, un próspero, venturoso, inolvidable y viajerísimo 2008.

lunes, diciembre 24, 2007

Carta navideña

Cuando era un niño mis padres me decían que debía escribirle una carta a Papa Noel, indicándole que juguetes quería en la Navidad. Si me había portado bien durante el año, aquel anciano fortachón de tupidas barbas blancas, me traería el regalo anhelado, previa consulta y autorización del Niño Dios o Jesús o Manuelito.

La tarea era harto complicada.
Primero tenía que reflexionar, pensar, decidir que juguete “bueno con B de Basa” era el que más me impresionaba. Después, debía de convencer a alguno de mis hermanos, para que se encargara de la redacción de la misiva, la cual siempre comenzaba con un “Querido Papa Noel, en esta Navidad quisiera que me regales…”.

Años después, cuando aprendí a escribir en las
las aulas del Centro Educativo 1100, me libré de ese enojoso paso y solito nomás arrancaba una hoja de un cuaderno cualquiera, cogía un lápiz y despacito comenzaba a trazar cada una de las letras.

Pero mi esmero era en vano. Mi caligrafía es un auténtico desastre -casi un jeroglifo- desde que escribí el
precursor “mi mamá me mima” del ya legendario libro Coquito. Sin duda, Papa Noel debe haber sufrido horrores tratando de entender mis garabatos.

Al terminar la carta, doblaba la hoja y sin ponerle sobre ni estampilla -la economía de un niño es siempre deficitaria- la colocaba en el nacimiento familiar varios días antes de la nochebuena. De esa manera, me protegía ante cualquier retraso o contratiempo del correo.

Ahora que me esfuerzo por recordar aquellos momentos, me doy cuenta que esas cartitas fueron los primeros textos que escribí en mi vida. Sencilla, directa, concisa, mi correspondencia navideña incluía una terna de posibles regalos, ordenados de mayor a menor interés. Así el destinatario sabía con absoluta certeza, cual era el objeto que más deseaba.

Durante años, el niño Jesús y Papa Noel cumplieron afanosa y religiosamente con su función, y siempre se dieron maña para dejarme un regalito, no en una media o debajo de un árbol como se estila en estos tiempos, sino escondido por algún lugar de la casa.

Sí, la ponían difícil y había que dar vueltas y vueltas hasta encontrarlo debajo del sillón o en las profundidades de un armario. Pero, la angustia era muchísima mayor cuando viajábamos a Chincha, para pasar la nochebuena con los hermanos y hermanas de mi madre.

En esas navidades,
nuestros regalos nunca llegaban a la “Cuna de Campeones” y teníamos que esperar el retorno a casa, el mismo que se alargaba de manera tortuosa, porque mis padres –muy respetuosos y formales- cumplían con el aburridísimo ritual de visitar a un puñado de tíos y tías que apenas conocía y a los que sólo veía en las fiestas de fin de año.

Sólo quedaba esperar, sonreír y mostrarse buenito nomás, porque como dice el dicho, en la puerta del horno se quema el pan y no fuera ser que por andar de berrinchudo, el Niño Dios y su socio se molestaran a última hora y ¡zas! me quitaran el regalo. Ya bastante habían hecho con perdonarme el pelotazo en la torta de bodas de uno de mis primos y el arrojo desde el balcón de los carritos de mi hermano.

Felizmente eso nunca ocurrió y siempre tuve la fortuna de abrir un obsequio el 25 de diciembre. Hoy -en la víspera de la navidad- espero que Papa Noel y el Niño Dios de mi infancia se acuerden de mí, aunque no les haya escrito una cartita.

Ojalá que ellos también se hayan modernizado y lean este post. Así me conceden lo que más deseo: viajar, escribir, fotografiar el Perú. Sólo eso, nada más que eso...

**Aprovecho esta entrada, para enviarle un abrazo virtual a todos los lectores de Explorando Perú y expresarles mi deseo ferviente que el 2008 sea un año extraordinario, con muchas alegrías y pocas tristezas. Salud amigos y amigas. Seco y volteado y sin olvidarse de que el que la seca la llena.

sábado, diciembre 22, 2007

La magia del presidente García

Donde el autor -enojado porque nadie le ha obsequiado ni la pasa de un panetón- se le prende al presidente de la República y a los mineros que se oponen a la creación de un ministerio del Medio Ambiente.

Cuando un país tiene un presidente como Alan García Pérez, el ejercicio del poder se convierte en un fabuloso espectáculo de magia, en el que cotidianamente se hipnotiza al público con palabras de artificio, se le entretiene sacando del sombrero palomas -¿apristas?- y rabiosos perros del hortelano, y se le hace soñar con un Perú distinto, gracias al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

Si el mago está particularmente inspirado, cierra su show con una danza exótica o un refrescante seco y volteado, que genera la hilaridad y la ovación plena de sus incondicionales –sinceros o pagados, vaya uno a saber-, que abarrotan la plaza mustia de un pueblo empobrecido, el auditorio de un hotel cinco estrellas repleto de empresarios o los suntuosos ambientes del Palacio de Gobierno.

Y es que el presidente tiene “trucos” para todos los públicos. Es un conocedor consumado del arte del engaño –no es casualidad que gobierne por segunda vez- y sus abracadabras varían dependiendo del gusto de la concurrencia. Y si algún perspicaz o taimado, le hace notar ese pequeño detalle, el asombroso García responde con un conjuro temible que, casi siempre, incluye la palabra comunista o resentido.

Así, entre engaños y cortinas de humo, entre propuestas sacadas bajo la manga en el último instante e improvisados embelecos retóricos, el primer fascinador de la República -disculpen el lapsus, debí escribir respetuosamente el primer mandatario-, dirige el país facilito nomás y sin mayor oposición.

Como todo mago que se respete, García tiene asistentes o compañeros de escena, dispuestos a exponerse a cualquier tipo de sacrificio o situación ridícula, con tal que el “truco” de su maestro y guía sea exitoso. Ni gráciles ni bella(o)s –para decepción del público- su principal virtud es la de buscar un sustento lógico o ideológico, a los disparatados actos de su gurú.

Además de sus asistentes del partido aprista, sus dotes de ilusionista le han permitido al inquilino de la Casa de Pizarro, ganarse la casi devota adhesión de los empresarios nacionales –incondicionales de cualquier líder que no toque sus billeteras-, de los dirigentes políticos que creen que las leyes del mercado son más sagradas que toditos los santos de las iglesias y de amplios sectores de la prensa.

Incansable en la renovación de su ya vasto y generalmente paradójico repertorio, el presidente aprovechó la juramentación de su ahora parchado gabinete, para anunciar –fanfarria y redoble de tambores por favor- la creación de un ministerio del Medio Ambiente.

El hecho, ocurrido el pasado jueves en el Salón Dorado del Palacio de Gobierno, dejó absortos, lívidos, patidifusos y hasta con la boca abierta, a quienes están a favor y en contra de dicha propuesta.

La reacción se justifica plenamente, porque en su casi año y medio de mandato, el líder aprista no ha demostrado mayor preocupación por la salud del planeta, el cuidado de los recursos no renovables y de la flora y fauna que convierten al Perú, en un auténtico bastión de la naturaleza.

Reponiéndose de shock inicial, los miembros de la Sociedad Nacional de Minería, fueron los primeros en poner el grito en el cielo y manifestar su contrariedad por el anuncio.
Ellos, que se jactan de la conciencia ecológica de la minería moderna, demostraron su fastidio, porque un ministerio politizaría los temas medioambientales, los cuales son eminentemente técnicos.

Lamentablemente, ningún peruano recuerda haber escuchado esos argumentos en contra de la politización, cuando los empresarios pedían y exigían a las autoridades nacionales que impongan el orden a sangre y fuego en los conflictos mineros de Cajamarca y prohibieran el referéndum en las comunidades de la provincia de Ayabaca (Piura).

Sin duda, el último pase mágico de García les debe parecer una traición, más aún cuando ellos, buenísimos e inspirados por altísimos sentimientos filantrópicos, decidieron de manera voluntaria sacrificar una parte de sus “exiguas” ganancias, para crear un “fondo” que permitiera hacer obras básicas en los pueblos circundantes a las zonas de extracción.

También se ha dicho que un nuevo despacho ministerial
aumentaría la burocracia y el gasto estatal. Es curioso, pero ese mismo argumento fue utilizado por otros sectores, cuando el ex presidente Alejandro Toledo –aquel que puso de moda la “hora Cabana” y las vacaciones en Punta Sal- planteó la creación del ministerio de la Cultura.

Aquella vez la idea se volatilizó. ¿Pasará lo mismo ahora? Con García nunca se sabe. Quizás estamos frente a una cortina de humo que sólo busca
asustar un poquito a los mineros; o, tal vez, el mandatario lo único que quiere es congraciarse con la Comunidad Europea, ahora que empezará a discutirse un TLC con los países del Viejo Continente.

Todas las dudas e interrogantes tienen asidero y sustento. La máxima autoridad del pais, como ya lo hemos dicho, se caracteriza por sus palabras de artificio, por su constante decir y no cumplir, por su afán de ganar titulares en la prensa. Total, los magos no son confiables, juegan con las percepciones y le sacan la vuelta a la realidad.

Ojalá que esta vez las cosas sean distintas y ese mismo gobernante que hace unas semanas dejó entrever que no sería mala idea lotizar la amazonía para venderla a pedacitos, no se deje intimidar ni arredrar por las presiones de sus amigos mineros.

En caso de ceder, García tendrá que recurrir a todos sus artilugios y asistentes, para demostrarle a los ciudadanos que nunca dijo lo que dijo y hacerles creer que en vez de la creación de un ministerio, el propuso el fortalecimiento del Consejo Nacional del Ambiente y el Instituto Nacional de Recursos Naturales.

Todo puede suceder en el Perú, más aún cuando el ejercicio del poder se ha convertido en un portentoso espectáculo de magia. Sólo queda aplaudir o tratar de desenmascarar a la estrella del show. Usted decide.

viernes, diciembre 14, 2007

Clic de la Semana


El fastuoso ajuar mortuorio del Señor de Sipán, el gobernante moche rescatado del olvido histórico por el arqueólogo peruano Walter Alva, es uno de las mayores muestras del esplendor y la sensibilidad artística de los antiguos pobladores del norte del país.

Descubierto hace veinte años en la Huaca Rajada -29 kilómetros de Chiclayo, la "Capital de la Amistad"- las joyas de oro y plata, las orejeras y pectorales, los collares y cetros del dignatario prehispánico, se atesoran en el magnífico museo Tumbas Reales de Sipán, en la acogedora localidad de Lambayeque, en la región del mismo nombre.

Hoy, cuando me preparo a volver en compañía de mis colegas y amigos, Luis Yupanqui e Iván Reyna, con quienes dictaré un Taller de Periodismo de Viaje en la universidad de Chiclayo, comparto con ustedes esta imagen que expresa la grandeza del Perú milenario, del Perú prehispánico, del Perú universal.

viernes, diciembre 07, 2007

Vuelos amazónicos








Esta vez en Explorando nos olvidamos de las palabras o, dicho de otra manera, las mandamos a volar, para andar más a tono con las imágenes que hoy publicamos.

Eso sí, esperamos que sea verdad aquello de que una foto vale más que mil palabras. De esa manera, mis estimados lectores tendrán bastante para leer (o imaginar) en este post.

Y así como he mandado a volar a las palabras, me atrevo a pedirles a ustedes que desplieguen las alas de su imaginación por un instante y vuelen por los cielos de Tambopata (Madre de Dios), sintiendo el calor de la selva y contemplando con ojos de pájaro la espesura del bosque, el furor impetuoso de los ríos, el estallido de diversidad de la Amazonía peruana.




martes, diciembre 04, 2007

Más vale tarde que nunca

Después de varias lunas (demasiadas para mi gusto), los créditos de Magaly Ramos Carrillo, directora de Punoinfo.com, y de Carmen Solís Paredes, practicante de dicho medio, fueron borrados de la crónica La procesión del Señor de los Milagros: “Un fenómeno social y religioso de grandes proporciones", texto que contenía varios párrafos copiados literalmente de Explorando Perú.

Ahora, el artículo consigna como fuente la dirección de esta bitácora. De esa manera, se reconoce mi autoría, aunque, para ser sincero, hubiera preferido que el texto fuera bajado definitivamente de la web puneña. Pero nada es perfecto...

Con este post, quiero poner punto final al enojoso suceso, lamentando una vez más, el doloso accionar de las "periodistas" mencionadas anteriormente, quienes sin un ápice de respeto por el trabajo de un colega, recurrieron al plagio con el único propósito de engañar a sus lectores.

jueves, noviembre 29, 2007

Clic de la Semana


Y un buen día volvió. Quizás algunos lectores lo hayan extrañado; otros, tal vez, ni se dieron cuenta de su ausencia. Sea como sea, el Clic de la Semana retorna -vigoroso, triunfal y renovado- a esta bitácora viajera..

Eso sí, no podemos afirmar tajantemente que aparezca puntualito todos los jueves. Es probable que salga antes o después, también se puede dar el caso que no se publique, porque este Clic es medio engreído y bastante caprichoso.

Lo importante es que la sección ha retornado, para mostrarnos -en señal de reencuentro- a dos mariposas descubiertas en "situación comprometedora", por el atrevido, irrespetuoso y poco discreto lente de Explorando Perú, en su travesía por las espesuras selváticas de Tambopata (Madre de Dios).

A pesar del fastidioso intruso, las mariposas siguieron en lo suyo... cosas de la naturaleza.

miércoles, noviembre 28, 2007

Mar sin piratas




Para no aburrir a mis lectores con mis desventuras y pleitos en defensa de mis derechos de autor, rescato estas imágenes de mi último viaje a Máncora (provincia de Talara, Piura), en las que -felizmente- no aparece ningún pirata, sólo un mar bello y prometedor, capaz de aliviar cualquier enojo. Relajémonos juntos y, por un momento, olvidemos las penas y tristezas.

De nunca acabar...

Cuando parecía que la Triste historia de un plagio había llegado a su fin, la crónica La procesión del Señor de los Milagros: “Un fenómeno social y religioso de grandes proporciones”, ha vuelto a ser publicada en Punoinfo.com, sin cambiar los créditos, eliminar los párrafos copiados o hacer mención del autor y la fuente original.

La única novedad es que Magaly Ramos, directora de dicho medio y, a la sazón, una de las firmantes del artículo plagiado, explica o intenta explicar en unas cuantas líneas, lo sucedido con la crónica en mención. De esa manera, responde o cree responder, a la serie de mensajes que denuncian la descarada copia.

Lamentablemente, sus argumentos son tan simples y manidos, digamos primariosos, que ni el bondadosísimo Señor de los Milagros, le otorgaría su indulgencia.

La ¿periodista? Ramos, tal vez inspirada por aquella frase de que la cuerda siempre se rompe por el lado más débil, arguye que fue la señorita Carmen Solís Paredes (la supuesta coautora de la nota), quien "me hizo llegar al artículo a mi correo, sin imaginar que lo haya plageado" (sic).

Luego, en una lavada de manos que dejaría turulato al mismísimo Pilatos, afirma que ella colocó su crédito, porque le "hize (sic) algunas correcciones y está bajo mi responsabilidad".

Pero, la ¿directora? Ramos falta a la verdad, al menos en los párrafos que son de mi autoría y que su publicación mantiene en la web desde el 23 de octubre. Basta con comparar mi post Lima de Milagros con el texto en mención, para darse cuenta que no existen "algunas correcciones" en las partes "robadas", excepto la eliminación total de la palabra Lima. (la borró Ramos o Solís... esa es la cuestión).

Además, es poco creíble que la señora Ramos no haya sospechado que algo raro había en el artículo, sobre todo cuando en el subtitulo Una voz en la multitud, una morena espigada narra que el Señor de los Milagros, salvó a su esposo e hijos de morir en el mar de la "Herradura". Sí, la Herradura, la popularísima playa limeña.

Cualquier director o editor perspicaz, se hubiera sorprendido -aunque sea un poquito- ante ese testimonio, porque la procesión que describe la practicante Solís, tiene como escenario a las calles de Puno, donde las posibilidades de encontrar a una morena espigada que relate un milagro ocurrido en las costas del Pacífico, es bastante remota.

Pero la "avispada" directora de Punoinfo.com no sospechó nadita y, como el texto le pareció bien escrito, no cambió ni un punto ni una coma. ¡Vaya trabajo de corrección!. Sin duda terminó agotadísima y, después de ese descomunal esfuerzo de creatividad, era justo y necesario que su crédito apareciera en esa crónica tan "original", cuyo título, primer párrafo y el subtítulo anteriormente mencionado, son de mi autoría.

En la misiva colgada en su web, la directora del plagio -perdón, del medio puneño- manifiesta estar muy apenada y que "desde el momento que nos enteramos... la señorita (Solís) dejó de laborar en este medio". Finaliza su penoso alegato, pidiendo las "disculpas del caso y ahora más que nunca tengo mayor cuidado con las practicantes".

Lo realmente curioso es que a pesar de reconocer que el artículo no es de su autoría y que buena parte del mismo fue "cortado y pegado" por una de sus practicantes, los créditos de Magaly Ramos y de la defenestrada Carmen Solís, siguen apareciendo en la nota, al igual que los párrafos birlados.

No sería más digno y ético que de una buena vez -y para siempre- eliminaran el texto. O es que la directora cree que con su tímida explicación borra la falta. No sé porque, pero al leer su mensaje (perdido entre las demás misivas de los lectores) pensé en las famosas lágrimas de los cocodrilos.

sábado, noviembre 24, 2007

Al fin...

El Semanario Punoinfo.com, acaba de retirar el artículo "La procesión del Señor de los Milagros: un fenómeno social y religioso de grandes proporciones", el mismo que, como expliqué en el post anterior, contenía párrafos enteros (incluyendo el titular) de una crónica de mi autoría.

El plagio se perpetró el 23 de octubre, pero sólo fui advertido del penoso suceso, el pasado miércoles, gracias al mensaje de uno de los lectores de Explorando.

A partir de ese momento, varios colegas y amigos de esta bitácora, me han expresado su solidaridad. Además, en la web puneña aparecieron sendos mensajes exhortando al retiro del texto y una disculpa pública por parte de las ¿periodistas? que firmaban la nota plagiada.

Y si bien el artículo ya ha sido retirado, hasta el momento no recibo ninguna comunicación de parte de ellas, excusándose por su flagrante violación a la ética periodística. Tampoco le han explicado a sus lectores, las razones por las que la nota ha sido levantada. Ahora, en vez del Cristo Moreno, ese espacio es ocupado por el anuncio de un festival de danzas.

Antes de ponerle punto final a este triste e indignante acontecimiento, aprovecho para agradecer el apoyo y la confianza de mis lectores. Es buenísimo saber que puedo contar con ustedes. No hay dudas, somos compañeros de viaje...

miércoles, noviembre 21, 2007

La triste historia de un plagio

Por respeto a mis lectores, me veo en la obligación de denunciar un suceso bastante desagradable del que acabo de enterarme, gracias a un mensaje recibido en el post Lima de Milagros, del 06 de octubre del 2005.

En la misiva me informan que parte de dicho artículo, aparecía en un texto firmado por Magaly Ramos y Carmen Solís. Como es lógico, el remitente del mensaje se pregunta: ¿alguien plagia a alguien?, aunque dice estar “casi seguro que el señor Valdivia es la víctima”.

Y no se equivoca al hacerlo. He sido plagiado de una forma burda y evidente, como lo comprobé al realizar una búsqueda de los nombres de las “periodistas” mencionadas.


Fue así que llegué al artículo: La procesión del Señor de los Milagros: “Un fenómeno social y religioso de grandes proporciones”, publicado el 23 de octubre del 2007, en el semanario Punoinfo.com.

Con sorpresa e indignación, descubrí el plagio desde el titular, el cual corresponde a una de las frases de mi texto. Eso no era todo, cinco de los once párrafos del artículo (incluyendo el contenido del subtítulo
Una voz en la multitud), son copia del post Lima de Milagros, el cual, como referí en su momento, es una crónica redactada originalmente para el diario oficial El Peruano. Allí fue publicada bajo mi autoría.

Con total y absoluto desparpajo y mostrando una destreza envidiable en el arte de copiar y pegar, las “autoras” Magaly Ramos y Carmen Solís, se apropian del texto sin citarme ni hacer la más remota mención de la fuente, sea esta Explorando Perú o el diario oficial.

Es probable que la única parte escrita por Ramos y Solís, sea la que narra la procesión del Señor de los Milagros por las calles de Puno (¿o se la habrán copiado también?). Su otro acto de suprema creativad, es el de haber borrado todas las referencias a Lima que consigna el original. El resto es una copia literal.


En el colmo de la desvergüenza, ellas publican la historia de la señora Rosa Vértiz, a la que entrevisté en la procesión hace más de seis años. Es muy probable que esa mujer devota que casi pierde a su esposo e hijos en el mar de ¡La Herradura!, nunca haya pisado Puno, aunque luego de leer el texto espurio se tenga esa impresión. Es decir, no sólo se plagia, sino, también, se engaña sin resquemor alguno.

Al comprobar el plagio, le he escrito un mensaje a la directora del semanario PunoInfo.com, pidiendo la aclaración pertinente y el retiro inmediato de la nota; aunque sospecho que no recibiré respuesta alguna, porque la directora de dicho medio es –nada más y nada menos- que la licenciada Magaly Ramos. Una de las firmantes del artículo.

Y pensar que en otra sección del semanario, se da cátedra sobre la necesidad de “contribuir al desarrollo de la sociedad con la verdad y sobre todo con ética” y de “hacer de la honestidad la pluma del periodista”.


Me pregunto donde quedaron todos estos principios, cuando Magaly Ramos y Carmen Solís, pusieron sus nombre –muy “honestamente”- sobre un texto que ellas no habían escrito.

sábado, noviembre 17, 2007

Ni muerto ni de pachanga...

Quienes pensaban que este aguerrido blog ya era historia ... están equivocados. También caen en un craso error, los que creían que el autor de esta bitácora, se había dejado engatuzar por una sirenita norteña o continuaba desparramado en las arenas de Máncora.

Ni lo uno ni lo otro, Explorando vive y palpita, a pesar de que su autor hace tiempo no redacta ni una línea ni publica una foto tamaño carné. En el colmo del desparpajo, ese flojonazo justifica su sequía bloggera con el cuento de que no tiene tiempo, como si sus lectores no supieran su condición de "vagabundo profesional".

El mismo se calificó de esa manera, mientras esperaba un bus en el Cusco. Por esa razón nadie o muy pocos le creen, cuando dice que está trabajando, escribiendo, editando hasta altísimas horas de la noche. Así que ya estás frito pescadito y mejor cuenta una de vaqueros.

Pero más allá de las razones del silencio, el responsable -o irresponsable- de esta bitácora, se compromete a volver por sus fueros y publicar de cuando en vez o de vez en cuando, sus relatos, crónicas y fotografías de viaje, incluyendo el extrañado clic de la semana, que hace tanto tiempo no aperece, que ya se habrá convertido en el clic del año o algo parecido.

Una vez más, bienvenidos al camino. Explorando sigue en la ruta. Acompáñenos.

jueves, noviembre 01, 2007

Máncora...

Calor. Mar. Arena. Máncora. Ceviche, arroz con mariscos, jalea, chicharrón de pescado. Olas, siluetas bronceadas, tablistas, muchas tablistas. Mototaxis, restaurantes, cabinas de Internet. Vendedores de chucherías, mochileros, hippies. Gringas tostadas, rastras desgreñados, limeñitas pitucas, alzadas, dizque fashion.

Bikinis y tangas. Castillos de arena. Cervecita helada. Fulbito playero. Pelícanos y garzas. Sube la marea. Baja la marea. Crecen las olas, se achican las olas. Se corre o no se corre. Se intenta. Se puede... Un chapuzón. Una siesta en la arena. Más calor, más bikinis y tangas, más chelas. Más Máncora.

Hora de irse. De volver al mar. Máncora sin Internet, sin post, sin bitácoras. Sólo playas, olas, diversión. Es dura la vida del viajero.

sábado, octubre 27, 2007

De lluvias y tierras fecundadas

Se extinguen los colores y la luz vivaracha del sol. Llueve con furor o con furia en la selva de Tambopata (Madre de Dios), imponiéndose sobre el cielo límpido y de ensoñadoras nubes esponjosas, un velo plúmbeo que convierte al follaje, a las aguas laberintosas y a las canoas que surcan el río, en siluetas borrosas, espectrales, acaso fantasmagóricas.

Lluvia, tormenta, aguacero, chaparrón o chubasco; jamás una tímida garúa o una ridícula llovizna. Las gotas -gruesas, rápidas constantes- nutren el caudal de los ríos y refrescan las raíces de los árboles... un aroma a vida, una fragancia de tierra fecundada se expande en el ambiente.

Ahora, el cielo de nubes nigérrimas parece estar a punto de venirse abajo, de caerse a pedacitos o de estar derritiéndose; entonces, sólo queda esperar, refugiarse bajo el toldo de la canoa y contemplar maravillado el espectáculo de la lluvia amazónica.

Los animales se espantan, desaparecen, algunos acallan sus voces. La selva se hace distinta, se vuelve sombría y gris, pero no pierde su encanto, su feracidad, su rostro salvaje. Avanzamos con la lluvia, surcamos el río bajo la metralla de sus gotas. No se extraña ni al sol ni a la luz. Por ahora nos basta con las sombras, la humedad y la fragancia de la tierra fecundada.

jueves, octubre 18, 2007

La envidia de Tarzán

No soy Tarzán ni pretendo serlo, pero por unos días me internaré en la selva, la amazónica no la africana, por si acaso, ya que el “presupuesto” de Explorando Perú –qué buena broma ¡cuál presupuesto!- no llega para tanto, con decirle que hay ocasiones en las que apenas si alcanza para pagar una chinita en la combi.

No gritaré ¡ooooooohhhhhhoooooo! ni estaré acompañado de ninguna muchachita con vocación de Jane, tampoco andaré medio calato por las trochas ni buscaré lianas para pasear por las copas de los árboles.

No tengo espíritu de exhibicionista ni quiero asustar a los animales que ya tienen suficiente con los peligros de extinción y las amenazas constantes de los hombres y las mujeres, porque en lo bueno y en lo malo, hay que aplicar la igualdad de género.

Así que durante varios días andaré perdido –o, mejor dicho, más perdido que de costumbre- en la selva calurosamente tupida de Tambopata, en Madre de Dios, buscando encuentros cercanos o lejanos, en fin, de cualquier tipo, con fieras que meten miedo y alimañas de todos los tamaños, con especimenes ponzoñosos y bichos horripilantes… con la naturaleza en todas sus formas, con toda su explosión de vida.

Así que mañana partiré hacia a Puerto Maldonado, donde me embarcaré hacia la espesura amazónica, en búsqueda de emociones y aventuras para envidia de Tarzán, que jamás reinó en la selva peruana.

viernes, octubre 05, 2007

Volver y partir

Volví. Sólo traje recuerdos y fotos, también un libro. Parece poco o casi nada, pero es más que suficiente, al menos para un viajero cuya única pretensión es la de descubrir y conocer.
Por ahora no le pido más a los caminos. Me conformó con estar en ellos, yendo y viniendo, atesorando añoranzas, sembrando amistades, cosechando sonrisas, como ocurrió en Huamachuco, la capital de la provincia Sánchez Carrión, un rinconcito inspirador de la sierra liberteña.

Volví pero no sé por cuanto tiempo. Volví pero anhelo retornar pronto al camino. Cerca o lejos, al norte o al sur. No lo sé. Por ahora, es mejor pensar que sigo en Huamachuco...

lunes, octubre 01, 2007

Amenaza de retorno

Me acerco a Lima otra vez. Ahora estoy en Trujillo, ciudad a la que llegué a las cuatro de la madrugada desde Huamachuco, después de varias horas de curvas y remezones, cortesía de una carretera a medio hacer que parece debatirse entre el asfalto y el afirmado polvoriente, entre la comodidad y la tortura.

Lo bueno del asunto es que mi sueño viajero es cada vez más resistente, digamos que a pruebas de baches, asientos desfondados, vecinos gordos, niños berrinchudos y demás situaciones que atentan contra el merecido descanso en un vehículo interprovincial.

Así que el peregrinaje de la sierra a la costa liberteña, apenas si lo sentí, lo que hoy me permite estar lúcido, bueno, tampoco debo exagerar, me permite estar despierto y escribir estas líneas, mientras hago tiempo para el tramo final Trujillo - Lima, un viajecito de 8 horitas nomás, en el que espero que mi sueño se imponga -como tantas otra veces- a los avatares del camino, para llegar fresquito a la capital.

Bueno, se acaba mi tiempo. Tengo que preparar la mochila y dar unas vueltas por la ciudad que, espero, me regale un solcito acogedor, un solcito que me convenza de que Trujillo es la "Ciudad de la Eterna Primavera".

jueves, setiembre 27, 2007

Viajar...

Viajar, viajar, viajar, viajar, viajar… y un viajar más por si acaso, para que no quepan dudas, para que quede claro que vuelvo a explorar el Perú después de muchas lunas, demasiadas lunas, tantas, que ya pensaba cambiar el “y a veces vivo en Lima” de mis datos personales, por el de “y a veces, muy pocas veces, casi nunca salgo de Lima”.

Pero no lo haré (¡bravo!, ¡hurra!, ¡redoble de tambores!). Se acabo la mala racha, el anclaje urbano, la retahíla de salidas postergadas. Y es que no hay mal que dure cien año ni viajero que lo resista, así que hoy, sí, hoy en la noche, partiré hacia Huamachuco, en la sierra de La Libertad, un destino pendiente en mi agenda andariega.

Rencuentro con la aventura, con los caprichos del camino, con el palpitar de una travesía inédita. Me voy contento. Me despido feliz, tan feliz, que ahora solo tengo ganas de escribir: viajar, viajar, viajar, viajar, viajar… y un viajar más por si acaso. Vuelvo al camino.

viernes, setiembre 14, 2007

Conozca Pacaipampa

“Un lugar que no aparece en el mapa ni en la carta nacional”, esa fue una de las frases que escribí en noviembre del 2005, al volver de la laguna el Páramo, en el distrito de Pacaipampa (Ayabaca, Piura).

Lo más probable es que la laguna sigue estando ausente en los mapas y en la carta nacional. Pero, a diferencia del 2005, el nombre de Pacaipampa se publica ahora con frecuencia en la prensa, aunque la mayoría de quienes lo mencionan ni siquiera saben muy bien donde se encuentra y jamás han hablado con uno de sus pobladores.

Quizás, si hubieran visitado la zona o compartido con su gente, su opinión respecto a los campesinos y comuneros de la sierra piurana, sería totalmente distinta.


Sin duda, lo pensarían mil veces antes de escribir o decir con tanta ligereza, que ellos son violentos, intransigentes, opositores del progreso y fácilmente manipulables.

Es curioso, pero antes de que surgiera un movimiento ambientalista contrario a la ejecución del proyecto minero Río Blanco, se sabía muy poco de la provincia de Ayabaca y sus distritos. A nadie le importaba su pobreza secular, la carencia de escuelas, la desnutrición de su gente.

Hoy, cuando las autoridades de Pacaipampa, El Carmen de la Frontera y Ayabaca, proponen una consulta a sus pueblos para saber si están a favor o en contra de la mina Majaz, los antes pacíficos e ignorados comuneros se han convertido en enemigos del desarrollo, en lastres para el despegue económico del Perú.

El domingo, a pesar de la oposición del gobierno, se realizará la consulta. Sea cual fuera el resultado, el problema seguirá latente en estas tierras. El nombre de Pacaipampa seguirá en la prensa. Eso sí, al menos cuando los lectores de Explorando se refieran al tema, podrán decir que conocen la zona… aunque sea por foto.


Historias de buenos y malos

Del Castillo el cachascanista

Donde el autor se disfraza de editorialista y, recontra asadazo, mete su cuchara en la actualidad nacional.

Como si se tratara de una película de bajo presupuesto o un espectáculo de cachascán, el gobierno pretende llevar todos los conflictos sociales a una pelea entre buenos y malos, entre técnicos y rudos, entre patriotas que aman la libertad y apátridas renegados.

No hay más. Así de simple, facilito y sin entrar en disquisiciones mayores, total, con ese argumento basta y sobra para que amplios sectores de la prensa apoyen con fervor al presidente de la República y despedacen a los “malos” de turno con sus plumas viperinas o su verbo cáustico.

Todo sea por la democracia, el estado de derecho y la libre competencia. Y es por eso que Aldo Mariátegui ha olvidado su odio visceral al partido que alguna vez fue de Haya de la Torre, y ahora escribe –con pañuelo en mano y la marsellesa aprista como música de fondo- cenagosas editoriales en contra de los enemigos del país.

Y es por eso, también, que todas las noches desde su Ventana en la Casa del Pueblo, perdón, desde su Ventana Indiscreta en Frecuencia Latina, “Chichi” Valenzuela trata con delicadeza extrema a los “buenos” -¿vieron su entrevista a Jorge del Castillo?-, aceptando sus argumentos pueriles y justificando cualquiera de sus acciones: legales o ilegales. Eso es lo de menos.

Su defensa del status quo es tan ciega y ardorosa, que no saldrá ni a la ventana de su casa para pedir la reapertura de radio Orión de Pisco ni espetará su famoso uyuyuy de alerta o indignación, si le pasara lo mismo a la emisora piurana Cutivalú.

Y pensar que la periodista se rasgó las vestiduras y levantó el puño y protestó encolerizadísima frente a la embajada de Venezuela, por el cierre de RCTV. ¿Dónde quedó la consecuencia?

Por el contrario, “Chichi”, como ocurre con otros “líderes de opinión”, creen o fingen creer a pie juntillas la explicación legal de del Castillo, respecto al cierre de la emisora.


Ahora es conveniente aceptar sin chistar la verdad oficial, amén, oleada y sacramentada, amén, indiscutible e incuestionable, un amén más por si las dudas. En esta coyuntura la ética no sirve de mucho; lo que realmente importa es exterminar a los malos.

Sí, los malos, los retrógrados, los resentidos. Esos que protestan sólo por fastidiar, esos que siempre son manipulados por Sendero Luminoso o Patria Roja o los agentes infiltrados de Chávez o Castro o por cualquier otro comunista nostálgico o los temibles “caviares” de las ONG’S.

En la última semana los “rudos” andan más fieros que nunca y han conseguido que se arme un bochinche en Pisco, que se censure un aviso del gobierno en una radio piurana y se haga una consulta popular en Ayabaca, Pacaipampa y El Carmen de la Frontera (Piura), para saber si la gente está de acuerdo con la explotación minera del proyecto Río Blanco.

Esos hechos han puesto al borde del infarto al “señor gobierno” y a todos sus defensores de oficio; entonces, el premier se pasea por los medios de comunicación y se despacha de lo lindo contra los “verdes” que engañan a los campesinos pobres y los “curitas rojos” que le piden a Dios que la minería no se asiente en la sierra piurana.

Con histrionismo hollywodense, del Castillo pasa de la cólera a la angustia, de la enjundia a la aflicción, de la amenaza al sentimentalismo novelero, cuando dice que las minas ya no
dañan el ambiente (¿se habrá enterado que La Oroya es uno de los 10 lugares más contaminados del planeta) y sólo traen progreso y bienestar (habría que preguntárselo a los trabajadores de Casapalca o Marcona).

Pobrecito del Castillo. Es triste escucharlo argumentar que si Majaz no ingresa a Río Blanco, el Perú nunca será como Chile, nunca podrá superarlo (ya lo saben entonces: sólo Majaz salvará al país).


El curtido político asevera, además, que si la mina no entra, centenares de informales lo harán y ahí si que habrá contaminación como ha ocurrido en Tambo Grande (ya lo saben comuneros malcriados, ese será su castigo por andar de levantiscos).

Cuando entenderá el gobierno que la realidad no es blanca ni negra, que los supuestos “buenos” no son santos y los “malos” no son tan perversos como ellos creen. Las crisis tienen
matices y no todos los que protestan son enemigos del país ni comunistas recalcitrantes ni masa engañada.

La polarización no conduce a ninguna parte, tampoco la mentira y la satanización de quienes tienen un pensamiento distinto. El Perú no es un programa de Titanes en el Ring ni una película barata. Dejemos a los buenos y malos para los filmes de vaqueros y los espectáculos de lucha libre.


En caso contrario, que Alan se enfunde de una buena vez la máscara del Santo, y del Castillo rete a duelo a los alcaldes de la sierra de Piura... sí, la "Chichi" sería una excelente madrina.

martes, setiembre 11, 2007

Vivencias en el Sur (II Parte)

Los goles que no hice en el Campín

Fin de semana en Chincha, la tierra de mi madre. Aventuras infantiles jugueteando en las polvorientas orillas de una acequia o viendo pelotear a mis hermanos y primos en el Campín, un terreno baldío convertido en mítico templo futbolero, en donde se disputaban ardorosas y apasionantes pichanguitas.

Y digo “viendo pelotear” porque por más que sea el autor de esta bitácora, no estoy dispuesto a falsear la historia ni a presentarme como un Maradona en ciernes o como un jugador capaz de embrujar con sus fintas y dejar mal parado -es decir tirando cintura, es decir dando pena- a los recios defensores chinchanos.
Nada de eso puedo contarles. Y es que nunca hice un quiebre ni robé una pelota ni siquiera me acuerdo muy bien si alguna vez jugué o vagabundeé en aquel terral convertido en cancha.
En el mejor de los casos, se podría decir que era un suplente de lujo.

Lo único malo es que no había entrenadores que ordenaran los cambios. Para colmo de males, yo era de lejos –y también de cerca- el menor y el más chato entre todititos los jugadores, entonces, era prácticamente imposible que alguno de esos grandullones se apiadara de mí y, de pura buena gente, me dejara ingresar al ahora ya urbanizado Campín chinchano, pariente lejano y pobretón del célebre Nemesio Camacho, el “Campín” de Bogotá.

Y es que adelantándose a la globalización, los palomillas de la “Cuna de Campeones” –así es llamada la ciudad de Chincha- bautizarían a su modesta cancha con el nombre del estadio colombiano, en el que se jugaría una de las tres finales de la Copa América de 1975.

Cuentan las crónicas futboleras (confieso que por razones de edad no recuerdo nada de ese partido) que aquel encuentro terminó 1 a 0 a favor de los norteños. En la revancha en el estadio Nacional de Lima, ganaríamos por un claro 2 a 0. El resultado obligó a un partido definitorio en Caracas, Venezuela.

En el enfrentamiento decisivo, el arquero colombiano Pedro Antonio Zape le atajaría un penal al talentoso Teófilo “Nene” Cubillas, estrella indiscutible del fútbol peruano, del fútbol mundial.


Pese a la sorprendente acción del golero –que repetiría su hazaña en las eliminatorias para España 82-, la bicolor se llevaría el título, gracias al golazo de Hugo “Cholo” Sotil.

Perú era campeón de América por segunda vez en su historia. Y, quizás de la pura emoción, mis primos y su collera decidieron bautizar como Campín a su estadio particular, acaso para recordarles a los colombianos que su triunfo en el Nemesio Camacho, sólo había servido para prolongar la agonía de su equipo.

Sea cual fuera la razón del nombre, el Campín existió y fue el escenario de partidos maratónicos que acababan cuando el sol se perdía o la madrecita del dueño de la pelota,
llamaba a su hijo con carácter de urgencia. En tono dictatorial.

El partido terminaba a la mala. No había tiempo para los descuentos ni la definición por penales, porque cuando uno es niño, las madres tienen cierto parecido con los árbitros. Ellas manejan las reglas, imponen la justicia –o la ¿injusticia?- y sus fallos son inapelables; ah, y cuando se molestan, te ponen la tarjeta roja, te expulsan, te mandan a tu cuarto hasta nuevo aviso.

Han pasado muchos años desde las jornadas en el Campín, de los viajes memorables en el Hillman familiar, del peregrinaje por las casas de todita la parentela, de la visita al cementerio para adornar con flores la tumba de mis abuelos, de los matrimonios y bautizos en los que se servían platazos de carapulcra y sopa seca y, también, del clásico seco de raya con pallares de la tía Lucha.

Tanta añoranzas andariegas en Chincha, con sus viñedos y bodegas, con su frijol colado y sus chapanitas, con su Verano Negro y su beata Melchorita… y, claro, con mi familia, con mis tíos y primos.

Sí, en las calles de esa ciudad devastada por el terremoto del 15 de agosto, se escribieron mis primeras anécdotas viajeras; anécdotas entrañables que se mantienen firmes en mi memoria, a pesar del tiempo y la furia del planeta, que borró en dos minutos muchos de los escenarios de mis recuerdos infantiles, mis recuerdos de siempre.

lunes, setiembre 03, 2007

Vivencias en el sur (I Parte)

La ruta del Hillman

Donde al autor, a manera de homenaje, recuerda sus viajes infantiles a Chincha, la tierra de su madre, una de las ciudades más golpeadas por el terremoto del pasado 15 de agosto.

Cuando era un niño mis andanzas viajeras se reducían a los 200 kilómetros de pocas curvas y mucha niebla que separan a Lima de Chincha; 200 kilómetros que recorríamos casi a paso de tortuga en el auto familiar, un Hillman verde del 66 que solía emberrincharse en plena carretera, dándole la razón a mis compañeros del CE 1100, que sin respeto alguno por aquel ¿bólido? europeo, le clavaron el deshonroso apelativo de “carcacha”.

En varias ocasiones defendí aguerridamente el “honor” del auto de los Valdivia o de los Rolly’s -así llamaban a nuestro clan cuando aparecía victoriosa y cansadamente en tierras chinchanas-, pero mis argumentos se estrellaron siempre contra la cruda realidad: la “carcacha” era una carcacha, aunque me desgañitara diciendo lo contrario o decidiera cortársela para la salida a todo el salón o a todo el colegio.

Con el paso del tiempo desistí a cualquier tipo de alegato verbal a favor de la “carcacha”; tampoco recurrí al famoso te la corto pa’ la salida.

Y no es que fuera el Ghandi de la educación primaria o creyera en aquello de poner siempre la otra mejilla. Nada que ver, en realidad, me sentía preparado para meter patadas, puñetes y hasta cabezazos, pero existía un inconveniente: no me sentía tan preparado para recibirlos.

Eso me preocupaba sobre manera, especialmente porque todos mis compañeros de la 1100 –que por esos enredos burocráticos educativos funcionaba en el local de las 1084- eran más grandes y fornidos que yo; y si bien la maña vale más que la fuerza, no me parecía correcto o admisible, poner a prueba la validez de ese dicho.

Además, tenía fundadas sospechas de que varios o muchos de mis compañeros podrían darme una auténtica paliza o propinarme una surra inolvidable, porque a ellos les importaba un comino aquello de la maña y la fuerza.

Luego de esas sesudas consideraciones, decidí guardar mis dotes boxísticas y de peleador callejero, para hechos y ofensa más graves, de esas que nunca faltan, de esas que no se pueden eludir, salvo que quieras convertirte en la “lorna” del salón.

Y es que en el colegio –al menos en el que yo estudié- un puñete bien dado o una paliza recibida con dignidad, te hacía merecedor al respeto. Te libraba de las burlas y las crueldades de los compañeros.

Pero lo de la “carcacha” no era una de esas ofensas graves. Al final, terminaría por aceptar el apelativo, total, lo que no mata engorda y más allá de las burlas de mi collera colegial, los Valdivia seguíamos yendo y viniendo de Chincha en el Hillman, recorriendo la antigua Panamericana Sur, esa que corre en paralelo a la actual autopista y pasa por Lurín y Mala. Chicharrones y pan.

Lima–Chincha-Lima. Siempre en el Hillman, nunca en el 511 (el Soyuz de la época) o en el Chinchano, tampoco en los autos colectivos que salían del centro. Íbamos en la “carcacha” así su capota se abriera de manera imprevista en plena carretera, así su llanta de repuesto se cayera en la mitad del camino, así la bomba de gasolina estuviera sucia y el motor cabeceara y sufriera como si estuviera agonizando.

Chincha, sólo Chincha, nada más que Chincha, como si la carretera o el Perú o acaso el mundo entero, acabara allí; en las casas de mis tíos –hermanos de mi madre- o en la iglesia donde se celebraba el matrimonio de algún familiar, también en esa playa solitaria que llamaban la “Ladrillera” o en el santuario de la Melchorita, donde los rezos sabían a picarones.

Nunca íbamos más allá y si fuimos no lo recuerdo. Tal vez era culpa del Hillman que no podía llegar al distrito de El Carmen ni a la hacienda San José ni a la huaca de la Centinela, el mayor resto arqueológico de la provincia; menos a la vecina Pisco o la calurosa Ica.


Esos lugares no estaban incluidos en la ruta de la “carcacha”, la ruta de mis primeros viajes, la ruta de mis viajes infantiles. (Continuará).

viernes, agosto 24, 2007

Último minuto

Ante las críticas generadas por la presentación del Pisco 7.9 –incluyendo mi furibundo post anterior- el ministro de la Producción, Rafael Rey Rey, tuvo que dar un paso atrás en su descabellada propuesta.

La rectificación es saludable y oportuna, aunque, como suele ocurrir en la política peruana, el ministro argumentó que su iniciativa había sido malinterpretada, es decir, la culpa es nuestra por considerar de pésimo gusto la ingeniosa denominación que él -o sus asesores o sus amigos o vaya uno a saber quién diablos fue- había acuñado.

Rey agregó que los cooperantes del exterior igual recibirían una botella de Pisco por su valioso apoyo, aunque esta ya no llevará el 7.9 en la etiqueta.


El nuevo nombre aún no ha sido anunciado, pero después de esta penosa experiencia, sólo queda pedirle a todos los santos que iluminen al devotísimo encargado del despacho de la Producción.

Para más información haga clic aquí.

El Rey de la ironía

Pisco 7.9: Descabellada propuesta ministerial

Al inefable ministro de la Producción, Rafael Rey Rey, no se le ha ocurrido mejor idea en estos momentos de emergencia nacional, que anunciar el lanzamiento del Pisco 7.9, una edición limitada de la entrañable bebida de bandera, que sería obsequiada a los gobiernos e instituciones del exterior que han brindado su ayuda solidaria al Perú.

No creo pecar de susceptible pero la iniciativa me parece una ironía macabra, una broma de pésimo gusto, una cachetada al dolor y la tristeza que hoy embarga a millones de peruanos.

Y mientras en Pisco se levantan los escombros y se sigue llorando a las víctimas del violento terremoto, el ministro Rey –famoso por su catolicismo fanático y sus aires de inquisidor colonial- piensa en botellas de colección con el fatídico 7.9 impreso en sus etiquetas, como si hubiera que conmemorar o estar orgullosos de que un sismo de esa intensidad, ocasionara la muerte de más de 500 personas.

Lleno de patriotismo, el “santurrón” ministro Rey cree, o al menos eso dice, que su “brillantísima” idea servirá, también, para promocionar y reafirmar la peruanidad del Pisco, el fino aguardiente de uva que se elabora, desde tiempos coloniales, en los valles de la costa sur del país.

Ojalá que alguien haga entrar en razón al ministro. Ojalá que en sus rezos y en sus jornadas de penitencia, algún ángel o demonio –todo vale en este caso- le haga notar que su propuesta es descabellada e indignante y que si sigue dándole rienda suelta a su “talento” marketero, jamás se ganará un lugarcito en el reino de los cielos, aunque se flagele días enteros, aunque se golpee el pecho hasta destrozárselo.


Ingeniero, miembro del Opus Dei y político de dilatada carrera, Rey es recordado por sus coqueteos con el fujimorismo, su “matrimonio” por conveniencia electoral con Lourdes Flores y su oportuno “divorcio” tras la derrota en la primera vuelta del 2006, que le permitió revelar sin pudor alguno sus condiciones de búfalo aprista, olvidándose de los pecados del primer gobierno de Alan García.

Espero que el dislate de Rey no se haga realidad. Se me escarapela el cuerpo de sólo pensar en la cara que pondrán quienes reciban el irónico regalito. También me pregunto si los bomberos y médicos españoles que fueron maltratados por el cada vez más irritable presidente Alan García, serán merecedores a la exclusiva botella 7.9.

Quizás se las manden, total, el gobierno o, algunos de sus miembros, parecen ser los “reyes” de la ironía.

sábado, agosto 18, 2007

No te quedes sin colaborar

Hay muchas formas de apoyar a los damnificados del terremoto del miércoles. Anímate y únete a esta gran cruzada.

Donaciones de víveres y prendas de vestir:

- Plaza Vea de Av. Javier Prado; TV Perú y Frecuencia Latina, puerta de la Universidad Católica del Perú, Asociación Civil Transparencia (Av. Belén 387 San Isidro), Universidad San Juan Bautista (Av. San Luis 1934), MHOL (Jr. Mariscal Miller 822, Jesús María).

Voluntariado:

-La Asociación Civil Transparencia convoca a voluntarios para ponerlos a disposición del Instituto Nacional de Defensa Civil. Interesados escribir al correo electrónico: piero@transparencia.org.pe.

-La Cruz Roja Peruana solicita su participación para su programa de voluntariado. Interesados acercarse a su sede central (Av. Caminos del Inca cuadra 21, esquina con la Av. Nazarena, distrito de Surco) o llamar al 2753566, preguntar por Encargado del Voluntariado: Hilda Fernández.

-La ONG Un Techo para mi País necesita de 300 voluntarios para la construcción de 100 viviendas en las zonas afectadas por el terremoto. Las labores empezarán a partir de la próxima semana. Interesados escribir al correo electrónico: emergencia@untechoparamipais.org.pe.

viernes, agosto 17, 2007

Hora de apoyar

Agradezco sinceramente las muestras de preocupación de colegas y amigos del Perú y el extranjero que se han comunicado conmigo (vía msn o correo electrónico), para saber sobre mi estado de salud y el de mi familia, y expresarme su solidaridad por los trágicos momentos que vive el país.

Como escribí en mi post anterior, Lima ha salido bien librada del terremoto. Más allá del susto, no se han producido derrumbes ni daños personales. Ahora, nos toca poner el hombro y, de una u otra manera, ayudar a nuestros hermanos que sufren en la región Ica.

Todo aporte es necesario e indispensable. Hay muchas formas de colaborar y no hay que quedarse al margen.

A continuación una relación de los lugares que reciben donaciones.

*Para donar sangre:
- Ministerio de Salud: Avenida Salaverry cuadra 8
- También puede hacerlo en los bancos de sangre de todos los hospitales del Ministerio de Salud (Dos de mayo, Loayza, etc.), Seguro Social de Salud - Essalud (Rebagliati, Almenara, Sabogal, etc.), Fuerzas Armadas, Policía Nacional y Hospital de la Solidaridad.

*Para donar víveres y ropa:
- Explanada norte del Estadio Nacional, en Santa Beatriz
- Grupo Aéreo Nº 8 de Lima, en el Callao
- Las parroquias del Perú recibirán, junto a Caritas del Perú, ropa, enseres y alimentos en todas sus sedes
- Municipalidad de San Borja: Avenida Joaquín Madrid, cuadra 2
- Circuito del Pentagonito: Avenida San Borja Norte con Boulevard
- Centro Comercial Ebony: Avenida San Borja Sur con Parque Sur, cuadra 1
- Supermercado Plaza Vea del Centro Comercial San Borja
- Para mayor información, se puede llamar al teléfono 612-5555 anexos 358, 312 y 236
- La Municipalidad de Jesús María ha instalado tres carpas de campaña en la cuadra nueve de la avenida San Felipe, para junto a los vecinos, empresarios y comerciantes del distrito, ayudar a recolectar víveres, alimentos no perecibles, medicinas y bidones de agua
-En Estados Unidos, está canalizando las donaciones y la ayuda. Los teléfonos son: (001) 202-462-1081 / 202-462-1084 y 462-1085. Además, las colectas que se harán en las misas del domingo de la Iglesia St. Matthew, de Washington DC., se destinarán íntegramente al Perú.

*Para donar dinero:
- Las donaciones monetarias se pueden depositar a dos cuentas en el Banco de Crédito del Perú: 193 199999998 0 15 (Moneda nacional -Soles), 193 199999999 1 16 (Moneda extranjera -Dólares). En el BBVA Banco Continental, las cuentas son: 0011-0444-4444444444 (soles), 0011-0444-4444444446 (dólares), 0011-0444-4444444447 (euros).
Asimismo, en el Scotiabank las cuentas son: 3022500(dólares), 5074657 (soles). En Interbank: 2000000001118(dólares), 2000000001119(soles).
- En España, se puede depositar dinero en la siguiente cuenta del banco La Caixa (Barcelona): 2100-0479-21-0200048852. Cualquier información, escribir al correo electrónico
centroperuanobcn@gmail.com o llamar a los teléfonos 93 265 07 20, 678 66 89 34 y 608 59 3656
- Defensa Civil informa que también se puede depositar dinero en la cuenta del Consulado General del Perú en Toronto, Sismo Perú 2007 Account, # 06702 113 - 4329 del Royal Bank of Canada (RBC)
- La Iglesia Católica realizará en todas sus parroquias a nivel nacional colectas los domingos 19 y 26 de este mes
-En Canadá, se puede depositar dinero en la cuenta Sismo Perú #06702 del Royal Bank of Canadá (RBC)
(Fuente: www.elcomercioperu.com).

jueves, agosto 16, 2007

Fuerza Perú, hoy más que nunca

Escribo con una extraña mezcla de tristeza y temor, de cólera e impotencia; escribo a lo que salga y sin pensar demasiado.

Espero que entiendan y sepan comprender que hoy no es un día normal, hoy es un día de tragedia, de malas noticias, de corazones y sueños rotos.

Sufre el Perú, porque ayer la tierra tembló con furia y encono. Terremoto. Dos minutos de espanto, dos minutos eternos, dos minutos de muerte en Pisco y en Ica, también en Chincha.

Horas de incertidumbre, de teléfonos que no funcionan, de familiares que no aparecen; horas de angustia e inquietud, de sentirse feliz por está bien, de tener ganas de llorar por los hermanos que sufren, por los hermanos que lo perdieron todo.

El terremoto se sintió en gran parte del país. En Lima, la capital, el remezón fue larguísimo y violento; pero, quizás por milagro, o, tal vez sólo de pura suerte, la ciudad resistió el embate de la naturaleza.

Hasta ahora no entiendo muy bien cómo las centenarias y vetustas casas del Centro Histórico, de los Barrios Altos y el Rímac, aguantaron a pie firme, soportaron con estoicismo la violenta acometida de la naturaleza. Eso evitó que la tragedia fuera aún más grande.

Nos salvamos los limeños, pero no ocurrió lo mismo en el Sur Chico. Allí no hubo milagro ni suerte, sólo dolor, lágrimas, desesperación. Y uno siente que no es justo y te indignas y reniegas, pero también te invade el temor por las réplicas. La tierra puede temblar en cualquier momento.

Ahora sólo queda resistir, luchar, recuperarse. Los peruanos, mal que bien, siempre salimos adelante. Esta vez no será distinto. De eso estoy seguro.

miércoles, agosto 08, 2007

¡Basta ya!

Veo a un hombre que dice que sobrevivió de milagro y a una señora que busca a un familiar entre los fierros retorcidos. Escucho a los reporteros que le preguntan ¿cómo se siente? a un herido con múltiples traumatismo y a una persona que acaba de enterarse que uno de sus seres queridos, encontró a la muerte en una noche de niebla en la Panamericana Sur.

Una tragedia más en los caminos del Perú. Una de tantas, una de aquellas que permite elaborar grandes titulares, si el “accidente” es cerca a Lima o en una carretera principal; o apenas
encuentra un lugarcito en la sección de noticias nacionales, cuando el ¿accidente? se produce en una sinuosa vía de penetración, sin asfalto, sin corresponsales de prensa.

Pero más allá de lo alboroto mediático, de los pedidos de investigación, de la exigencia a las autoridades a tomar medidas correctivas que impidan la aparición de más crucecitas fatídicas en las carreteras,
lo más probable es que ocurra lo de siempre, es decir: NADA; porque la prensa olvidará el tema hasta la próxima desgracia y los gobernantes y empresarios se esforzarán por lavarse las manos.

¿Acaso alguien lo duda? La lavada de manos empezó ayer, ni bien se informó sobre el accidente en el desvío hacia Acarí (Arequipa). El primero en hacerlo fue el representante de la empresa Civa, quien en el noticiero de América Televisión, aseguró, acaso con macabro orgullo, que en su bus no había víctimas. Todas son de Cueva, mintió por desconocimiento o descaro.

En este carrusel de acusaciones nadie está libre de sospecha o culpa. El ministerio de Transportes y Comunicaciones con su fallido plan Tolerancia Cero, los presidentes regionales incapaces de poner en marcha dicho programa, los policías de carretera que “dormitan” o “coimean” en las bermas de las vías, los empresarios que explotan a sus choferes y se olvidan del mantenimiento de sus máquinas.

También son culpables los conductores imprudentes y temerarios, los pasajeros –usted o yo- que exigen más velocidad o se suben al bus más barato, al más viejo, al más informal. En fin, nadie se salva de las acusaciones, ni los perros taimados que cruzan como suicidas las carreteras ni los pastores que llevan despreocupadamente sus rebaños por las vías asfaltadas o polvorientas.

Mal de muchos, consuelo de tontos. Y mientras todos levantamos el dedo acusador, las carreteras no dejan de teñirse de sangre. Ayer fue un choque frontal entre dos ómnibus, la semana pasada, un conductor de Civa perdió el control al tratar de cerrar la puerta; hoy, el despiste de un bus de Unión Molina en la carretera de Los Libertadores, según dicen, por la voladura de una llanta.

Las tragedias continúan. Más de 200 muertos en las carreteras peruanas en lo que va del año. Tantos vidas truncadas, tanto dolor, tantas familias destruidas, tantos hermanos que no llegaron a su destino. Lamentablemente, esas imágenes y voces que todos escuchamos con espanto y tristeza, no nos han llevado a enfrentar seriamente este problema.

De nada servirán los golpes de pecho, las lágrimas, los gestos de indignación, los titulares sensacionalistas, mientras todos nos lavemos las manos, mientras nadie asuma sus culpas. Hasta que eso ocurra, las carreteras seguirán llenándose de crucecitas.

viernes, julio 27, 2007

Feliz Día Perú

Sin bandera ni escarapelas. Sin desfiles ni discursos. Sin cantar el himno ni brindar con pisco; hoy, en Explorando, festejamos al Perú -con un día de adelanto por si acaso- de una manera distinta, mostrando los rostros de su gente, nuestros hermanos, nuestros compatriotas que hacen patria al ladito del Pacífico, en las faldas de los Andes, en las islas del Titicaca, en las riberas de los grandes ríos Amazónicos.

Los rostros del Perú, rostros de peruanos retratados en mis andanzas por las caminos de mi tierra, nuestra tierra; aquella que no deja de sorprendernos por su belleza y su diversidad cultural, aquella que no deja de dolernos por sus desigualdades e injusticias.

El país es así. Hermoso y doliente. Depende de nosotros conseguir un cambio que nos permita integrarnos y consolidar nuestros objetivos como nación. Hay esperanzas. No todo está perdido. Eso lo aprendí en los caminos, eso me lo han enseñado los miles de rostros del Perú.




miércoles, julio 25, 2007

Reflexiones de escalofrío en una couster limeña (II)

Como no hay primera sin segunda y además una es ninguna, el autor cumple con publicar la parte final de sus larguísimas reflexiones de escalofrío, con la única pretensión de calentar en algo el ambiente limeño.



Exijo una explicación
Al verme rodeado de tanta gente con frío, me doy cuenta que mi estrategia para enfrentar el invierno no es muy popular, quizás, porque solamente a un bicho raro que ve musas en las cousters, se le puede ocurrir que la mejor receta contra las bajas temperaturas, es la de no pecar por exceso ni por omisión.

Sé que se lee complicado y que más de uno exigirá una explicación, al mejor estilo de Condorito. En realidad, el asunto no es tan confuso y se puede sintetizar como un esfuerzo por no caer en los extremos, es decir, no abrigarse con severidad de esquimal ni andar medio culuncho como gringo en el Caribe.

La estrategia funciona bastante bien en Lima, pero es un auténtico fiasco en las alturas andinas. Y es que en más de una ocasión he estado a punto de convertirme en una estatua de hielo, por mi peregrina idea de no pecar por exceso ni omisión, máxima que en asuntos viajeros puede o debe traducirse, como la acción de no llevar muchas ni pocas chompas o casacas en la mochila.

Sólo lo justo o lo que uno cree que es lo justo para no morirse de hipotermia. Pero a veces los cálculos fallan y en ese paraje que uno imagino tibiecito y hasta querendón, hace un frío criminal, inédito e inesperado; entonces, empiezas a extrañar a ese polar que se quedó en el armario.

En esas circunstancias, mi preocupación mayor ya no es el “exceso” de peso sino el “exceso” de frío, porque ahora me falta abrigo… maldita sea mi suerte o mi necedad o mi falta de musculatura que me impide cargar una de esas mochilazas en las que entra una casa completa, con mascota incluida, por si acaso.

Confieso que en más de una oportunidad, el exceso y la omisión me han jugado malas o, mejor dicho, frías pasadas. Noches largas. Noche congelada en el interior de esa carpa frágil, delgada, apenas playera, en la que busqué refugio y protección en una noche de viento lacerante en los dominios del Coropuna, en la ruta a Cotahuasi (La Unión, Arequipa), el cañón más profundo del mundo.

Temblé y mis dientes castañearon. Angustia. Qué hacer o qué no hacer. ¿Aguantar?, ¿esperar resignadamente al sol?, ¿pedir ayuda?... ¿a quién?, a mis compañeros que roncaban de lo lindo en esa carpa convertida en tugurio, en dudoso bastión contra las inclemencias de la puna.

Pensar o intentar pensar. Nada, sólo los escalofríos y el “tac-tac-tac” irrefrenable de los dientes hasta que uno de tus compañeros se despierta, te mira, te atiende, te cubre con un papel plateado de apariencia interplanetaria. Dices gracias o intentas decirlo. Cesa el temblor de tu cuerpo, el castañeo, la angustia. Ya sabes que hacer: dormir, soñar y roncar hasta que aparezca el sol.

¡Ay, qué frío!
Ahora ya entiendo que es lo que buscaba mi musa. Ya sé cual era su propósito al proponerme aquel minuticidio. Ella quería que recordara esos instantes fríos, esas anécdotas invernales. Así tendría algo que contar hoy, algo que quizás, quién sabe, porqué no, podría servir para calentar el ánimo de los limeños y limeñas que hoy se sienten dentro de una nevera.

Anímense conciudadanos, total, aquí no hace tanto frío como en Pampas Galeras (Lucanas, Ayacucho), donde, después de achispar la conciencia con unos calentitos, se me congeló hasta el alma al retornar a mi refugio, el sencillo cuarto de una base militar abandonada.

Me tumbé en la cama. Una, dos, tres frazadas. Frío intenso, frío penetrante. Urgencia. Desenrollar la bolsa de dormir como último recurso. Nada, ni un poquito de calor; entonces, quieres salir en busca de más botellitas. Es tarde. La fiesta de la víspera del chaccu (esquila de la vicuña) ha terminado.

Sólo quedaba aguantar como los machos. Así lo hice en Galeras y también lo haría en Pacaipampa (Ayabaca, Piura), donde pecaste por omisión al no llevar nada de abrigo, en la creencia que dormirías en el pueblo y no al ladito de una laguna que estaba demasiado cerca al cielo.

Y lo volverías a hacer en el abra Málaga, en un azaroso viaje de retorno al Cusco, desde la verde y cálida Quillabamba. En aquella ocasión, este sector de la carretera había sido bloqueado por la nieve, con rapidez, destreza y contundencia que causaría la envidia de los piquetes huelguistas del Sutep.

“No hay pase”, dijo el conductor del bus a golpe de dos de la tarde. Esperar. Ver correr el reloj. Sentir hambre. No encontrar un lugar donde comer. “No hay pase”, repite a las seis. Sombras. Oscuridad. Frío. Acomodarse en el asiento y tratar de dormir como sea, cruzando los brazos, usando una delgada camiseta como manta, porque en Quillabamba hace calorcito. La ropa de abrigo se quedó en un hotel del Cusco.

A las doce de la noche, una figura fantasmal ofrece café caliente a los pasajeros. ¿Un sol o dos soles? Negocio redondo. Dame uno, por favor. Muy tarde, se acaba. Piña, recontra piña. Ya vuelvo, se compromete la señora. No lo hace. Nunca más aparece. Y te quedas con las ganas y te quedas con sed y hambre. Te quedas en un bus anclado en medio de la noche.

Despiertas. No hay pase, tampoco desayuno; pero si hay nieve, mucha nieve y vehículos detenidos. Tiempo de decisiones. Hora de arriesgarse, de bajar, de echarse a andar, de encontrar la punta de ese enredo motorizado y tirar dedo o seguir caminando hasta que aguanten las fuerzas, hasta que alguien se apiade de ti, viajero empapado y hambriento. Muerto de frío.

Y avanzas con pasos humedecidos. Una o dos horas. Ves una camioneta. Gritas, alzas los brazos. Te hacen caso. Agradeces. Subes a la tolva. Te sientas. Cierras los ojos, piensas en un caldo humeante y en la ropa abrigadoramente seca que te espera en el Cusco.

“Permiso, voy a bajar”, rompe el encanto del minuticidio, la voz del pasajero del mp3. Salgo de esa especie de trance al que me había conducido mi musa microbusera, mi musa escapista que se fue sin decir adiós. “Así son todas”, sentencio con tonito de amante resentido o de afanador fracasado al que le han dicho mil veces “sólo quiero ser tu amiga”.

Desaparece la inspiración. Ahora ya no hay pasajeras que parezcan modelos del polo norte ni voces enamoradas que pidan abrazos de osos para abrigar la mañana. Todo vuelve a su gris y fría cotidianeidad… “Habla chino, vas”.

martes, julio 24, 2007

Reflexiones de escalofrío en una couster limeña (I)

Donde el autor reconoce que se le fue la mano y redactó más de la cuenta, por obra y gracia de una musa microbusera. Consciente de su exceso y con la intención de no aburrir a sus pacientes lectores, publicará su “inmenso” relato en dos partes. Eso sí, no le pregunten cuál es el tema, porque ni el mismo sabe muy bien que cosa ha escrito.

De un tiempo a esta parte, la inspiración se me aparece de súbito en las combis y cousters. Sé que no es el lugar más apropiado para entrar en un trance creativo, pero en estos tiempos en los que todo parece andar de cabeza, no puedo darme el lujo de desdeñar a las musas, por más que estas sean microbuseras. Total, necesito de su ayuda para elaborar un buen texto.

Admito que no es fácil concentrarse y escucharlas entre los “habla chino, vas” del cobrador, la estridencia reggetonera o cumbiambera de la radio o el fastidioso “chucuchuchún” o algo parecido, que se escapa de los audífonos del pasajero de a lado, convertido en una especie de zombi gracias a su mp3.

Ah, claro, también, te desconcentran las vocecillas empalagosamente enamoradas que cuentan su día entero por el bendito celular o, lo que es peor, las evoluciones de esas parejas que creen que los asientos –casi siempre desfondados y estrechísimo- son equivalentes a las bancas de un parque sombrío o a la última fila de un cine solitario, de barrio, nunca de estreno.

Ignorando el entorno desfavorable, bullanguero y terriblemente hostil, la inspiración se me presentó -de lo más osada- mientras viajaba por “toda La Marina, Javier Prado, Camino Real…” y un sinfín de lugares cuya sola mención me bastaría para llenar de cabo a rabo esta pantalla, posibilidad realmente tentadora que me evitaría exprimir aún más a mis ya gastadas -pero heroicas- neuronas.

Pero hoy ando iluminado o al menos eso creo, así que no tendré que recurrir al recurso pueril de describir todo la ruta, para darle una ayudadita a mi inspiración que, al menos hasta ahora, se mantiene vigorosa a pesar de las piruetas de kamikaze del chofer, los achorados “sube-sube” del cobrador y los mimosos “ay, mi amorcito” de la vocecilla empalagosa. ¡No, no soy un picón!

En medio de aquella batahola urbana, me entendí a la perfección con mi musa. Fue así que ella, de manera inexplicable, me pidió que buscara un método inofensivo y práctico de matar el tiempo, actividad en la que -dicho sea de paso- tengo una vastísima experiencia (si lo duda haga clic aquí).

Lima antártica
Sin presentar objeción alguna, acepté la extraña sugerencia de la musa, mi musa. Vamos a ver que pasa, pensé, mientras declaraba el inicio del minuticidio con una certera mirada a esa muchachita con rigidez de momia, que parecía ser prisionera de sus tupidas y recias prendas invernales.

Alejada totalmente del romanticismo y la impudicia, mi mirada como que se congeló al descubrirla, porque aquella señorita -¿acaso una modelo del polo norte?- se había puesto todo el ropero encima. Sí, el de ella y el de su hermana, caray, el de toda la familia.

Una chalina con amplitud de frazada, un gorro de bailarín de kasachov, unos guantes de andinistas, un pantalón térmico debajo del cual se presumía la existencia de una malla, unas medias de lanas que debían llegar hasta las rodillas, un polar delgado, otras más grueso y, para terminar la envoltura, un peruanísimo poncho multicolor, eso sí, este último caía a pelo con el ambiente patriótico de estos días.

Con aquel arsenal de prendas, se protegía del frío casi “antártico” de la vieja Lima, bueno, “antártico” en la percepción de la gran mayoría de los habitantes de esta tres veces coronada villa, que se sienten en pleno proceso de criogenización, cuando los termómetros marcan los 12° centígrados (sobre cero, por si acaso) y la sensación de humedad alcanza niveles submarinos.

Dejo constancia que no me incluyo entre los limeños “antárticos”. Mal que bien, soporto sus “gélidas” temperaturas sin mayores excesos de vestuario (para alivio de mis bolsillos). Nunca un gorro o un chullo, jamás una chalina o un guante en mis andanzas por las calles. Esas tenidas las guardo para las punas y cordilleras, en las que el agua se convierte en hielo sin necesidad de refrigerador.


Y si bien el invierno capitalino dista mucho de esas rigurosidades, los limeños se lo toman muy en serio, demasiado en mi opinión. Me basta con ver a la muchachita de indumentaria polar y escuchar a la vocecita cursilona que le dice a su amor que “está congeladita” y necesita con urgencia un apapachador abrazo de oso –¡me apunto como voluntario!-, para darme cuenta que mi pensamiento no es exagerado.

Mi opinión se fortalece al ver a una señora con cabellera de plata que busca el calor ausente en un par de guantes, a un niño que se frota las manos mientras su mamá le acomoda un gorro de lana y a un hombre con pinta de don Juan trasnochado, que estira las mangas de su saco y entierra el mentón en el cuello de su chompa Jorge Chávez, para protegerse del airecillo traicionero que se filtra por la ventana. (Continuará)

miércoles, julio 18, 2007

Clic de la Semana

Dos sombras viajeras se proyectan diminutas sobre los espléndidos muros exteriores de la fortaleza de Kuelap, un ciclópeo legado prehispánico que se yergue, enorme y majestuoso, en las encrespadas alturas del distrito de Tingo, (provincia de Luya, Amazonas).

Con entusiasmo y motivación marketera, Kuelap es llamada por algunos como el otro Machu Picchu o el Machu Picchu del norte, con la intención de captar el interés de los viajeros, aprovechando la fama de la ciudadela inca.

Sin embargo, Kuelap no es Machu Picchu; ni siquiera se le parece, ni siquiera fue erigida por los Hijos del Sol, sino por los shashapuyos, un pueblo aguerrido que se adaptó a la enrevesada geografía del nororiente peruano, donde las cadenas montañosas coquetean con la selva, con la Amazonia.

Las comparaciones siempre serán odiosas. Lo mejor es olvidarse de las etiquetas y las frases clisé, para contemplar los frisos, los ambientes circulares, las terrazas y esos muros asombrosos que alcanzan hasta los 20 metros de altura; entonces, te convertirás en una sombra diminuta que disfruta de Kuelap y su monumental singularidad.

Y es que la gran fortaleza que los shashapuyos construyeron con piedra caliza en el siglo VIII d.C. y que fuera descubierta en 1843 por Juan Crisóstromo Nieto, nunca será ni se parecerá a Machu Picchu, aunque los marketeros digan lo contrario.