jueves, diciembre 22, 2005

Clic de la Semana


Llegó el verano y las miradas se dirigen al mar y sus playas primorosas, al mar y sus caletas de encanto que embellecen todos los rincones de la costa peruana, desde el caluroso Tumbes (en la frontera con Ecuador) hasta la patriótica Tacna (al ladito de Chile).

Sol y mar, arena fina, correr olas, mirar chicas en bikini (bueno, ya, no sé molesten, estimadas lectoras, también muchachotes fornidos), una cervecita helada, un cevichito de pescado, mixto o de conchas negras, el infaltable fulbito playero, noches de campamentos y romances, son algunas de las diversiones veraniegas que hacen olvidar la grisura del invierno.

Prepare el protector solar y busque la frescura costeña. En esta ocasión Explorando Perú le recomienda un chapuzón inolvidable en la caleta El Ñuro, en el distrito de Los Órganos (provincia de Talara, Piura), un espacio mágico, de gente amable y aguas tibiecitas. No se arrepentirá.

*Pinche aquí y sumérjase en una crónica playera

miércoles, diciembre 14, 2005

Vuelve el Clic de la Semana


De líneas más deportivas que un Ferrari y con mas tracción que una 4x4, los poderosos piajenos (burros), siguen devorando kilómetros de asfalto y tierras desérticas, en los pueblos y comunidades de la calurosa región Piura.

Económicos, silenciosos, sin emisiones de monóxido de carbono y con rebuznos en vez de bocinazos, los piajenos piruanos halan, desde hace muchísimo tiempo, carretas cargadas de productos del campo o pequeñas cisternas.

Su pintoresca presencia se ha convertido en una estampa clásica de piura. Sin duda, siempre es mejor viajar en "piajeno" que en "piepropio" y a falta de un moderno convertible, no está nada mal pasearse en un infatigable burrito.

martes, diciembre 13, 2005

Imágenes del Recuerdo

Nudos y Pasos para Recordar es el nombre de la exposición fotográfica que se inaugura hoy en la Gran Sala Temporal del museo de La Nación de Lima.

La muestra de 70 imágenes retrata los momentos más emotivos de la Caminata por la Paz y la Solidaridad, la gran cruzada en memoria de las víctimas de la violencia política que ensangrentó al Perú, en las décadas finales del siglo pasado.

Desde el 1ro de mayo hasta el 25 de agosto, cuatro jóvenes “chasquis de la paz” (Felipe Varela Travesí, Aydeé Soto Quispe, Nilo Niño de Guzmán Velásquez y Abel Simeón Solís), unieron el país con sus pasos a través del histórico Qhapaq Ñan (Camino Inca).

La travesía se inició en Ayabaca (Piura) en la frontera con el Ecuador y culminó en Desaguadero (Puno). Los chasquis modernos recorrieron 2,350 kilómetros, difundiendo un mensaje de solidaridad y levantando las banderas de las justas reparaciones, para los familiares de las 69,280 víctimas del conflicto interno, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Las fotografías de la exposición fueron captadas por los lentes de Renzo Giraldo (Somos), Yael Rojas (Perú.21), Jack Ramón y Pedro Cárdenas (El Peruano), Jaime Rázuri (France Presse), Solange Matheus y el autor de esta líneas, que viajó en representación de la revista Rumbos.


Todos los reporteros cubrieron diversos tramos de la ruta para sus medios de información, perpetuando las imágenes de una caminata que removió el corazón y la memoria de los pueblos andinos.

La exposición, organizada por la Defensoría del Pueblo, la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza y el movimiento ciudadano Para que no se Repita, estará abierta de martes a domingo (incluyendo feriados) hasta el 15 de enero del 2006. El ingreso es libre desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde. La invitación está hecha.

lunes, diciembre 12, 2005

De la puna al mar: relatos del camino (Final)


Bitácora de Viaje. Día 5 en la ruta del Chasqui, el Cóndor y el Guanaco.

Hora: 1 de la tarde.

"El camino no termina aquí. Sólo es una parada momentánea, una pausa andariega, un final que representa, en cierta forma, un nuevo principio para todos, una promesa de aventuras venideras por rutas ignotas, senderos inciertos y pueblos olvidados, dolientes, donde el progreso es una esperanza marchita y vacía, un sueño convertido en rutinaria pesadilla...

...Hemos llegado a San Fernando, el objetivo final de una ruta inédita que comenzó en Galeras, la pampa inacabable en la que reinan las vicuñas. Hoy estamos en el mar, cansados, sudorosos, con sueño y algo de hambre, pero todo se olvida ante las olas inquietas o al oír los gritos penetrantes de los lobos marinos o al ver el vuelo a plenitud de un par de cóndores, el ave carroñera más grande del planeta...

...Pero queremos ver más y nuestros ojos buscan al guanaco, el otro "huésped" andino que ha encotrado refugio en este rincón del Pacífico, hermoso, único, aún desprotegido a pesar de toda su riqueza ecológica; y, al recordarlo, siento cólera, ira, también impotencia y ahora comprendo aún más las quejas y la enjundia del biólogo Pablo Merino y del fotógrafo Alejandro Tello, dos de los más notorios defensores de la espléndida bahía...

...No tenemos mucho tiempo. El guanaco no aparece, se oculta, debe andar por las lomas cercanas. No lo vemos y nos vamos. Subir y bajar sin descanso. La aventura se prolonga, la aventura no termina, la aventura permanecerá por siempre en nuestras memorias viajeras. Será el motor que nos impulse a explorar otras rutas. Cierro la libreta, guardo el lapicero. Ahora sólo escribo pasos en la arena tibia, fina, reparadora...". (Rolly Valdivia Chávez)

viernes, diciembre 09, 2005

De la puna al mar: relatos del camino (IV)


Bitácora de Viaje. Día 4 en la ruta del Chasqui, el Cóndor y el Guanaco.

Hora: 4 la la tarde.

"Contemplo el mar, admiro sus olas enjundiosas y siento la brisa del Pacífico en mi rostro agrietado por el viento seco de la puna, entonces, me doy cuenta que ya falta muy poco, que la aventura agoniza y que la rutina urbana es una amenaza latente, un monstruo cercano, temible, devorador y gris. Melancólico...

...Estoy frente al mar de Marcona y sus acantilados y sus piedras con formas de animales. A mis espaldas está el desierto y sus arenas convertidas en playa, también las casas tapiadas de los trabajadores despedidos de Shougan Hierro Perú, el centro minero que "gobierna" e impone su ley en estas tierras, cercenando sueños, esperanzas e ilusiones con su omnipresencia y sus intimidantes carteles que anuncian su "propiedad privada" y sus "órdenes de disparar"...

...Mejor no voltear, mejor mirar el mar inmenso, libre, sin carteles y amenazas, sin hombrecitos vestido de marrón que piden documentos o permisos. Mejor pensar en San Fernando, la bahía de los cóndores y el guanaco. Anhelado destino al que llegaremos caminando, sí, otra vez al camino, luego de un día de descanso, de cómodos viaje motorizados entre Nasca y Marcona, de paseítos por playas benditas y sabrosos recorridos gastronómicos...

...Caminaré para sentirme libre. Para olvidar los carteles y amenazas. Ya no me importa la distancia: 20 o 30 kilómetros, me da lo mismo, sólo quiero estar en San Fernando y ver el vuelo de los cóndores y el misterioso andar del guanaco. Tengo que volver a andar, tengo que escapar del fantasma opresor de la mina y escabullirme, al menos por unas cuantas horas, de los monstruos urbanos y sus grises apetitos rutinarios..." (Continuará).

jueves, diciembre 08, 2005

De la puna al mar: relatos del camino (III)



Bitácora de Viaje. Día 3 en la ruta del Chasqui, el Cóndor y el Guanaco.

Hora: 12 del mediodía.

"No pienso dar un paso más. Estoy cansado, tengo ampollas, no hay agua y sólo he comido un pedacito de chocolate y un par de cucharadas de atún. Ya ni caramelos tengo. La situación es complicada...

...Mi mochila me sirve de almohada y de colchón. Quiero dormir y olvidarme del camino y sus parajes desérticos; el camino y sus estrecheces equilibristas; el camino y sus declives aterradores, pero es imposible, las voces de Felipe y Job -exigentes, fastidiosas, caray, me sacan de quicio- destrozan mis esperanzas, me recuerdan que debemos continuar y que aún falta un trecho largo hasta la mina Los Incas y sus camiones contaminantes que nos llevarán a Nasca...

...Debí acompañar a Efraín, me increpo, reniego, gasto mis últimas fuerzas al recordar a nuestro compañero que la noche anterior decidió volver a a Nasca en un camión entre milagroso y fantasmal, aparecido en Cañaypampa, nuestro lugar de pernocte; pero no lo hice y ahora estoy hecho un trapo bajo la sombra de un árbolito enclenque en la quebrada de un río seco que añora a la lluvia y sus gotas de vida...

...Las voces de Job y Felipe se imponen. Sólo faltan dos o tres kilómetros y debo continuar, aunque no quiera, aunque hace sólo unos segundos haya jurado -como tantas otras veces- que nunca más volvería a caminar y que sólo a un tonto como yo, se le ocurre convertirse en periodista andariego, en cronista itinerante, en pundonoroso "trotaperú", cuando podría dedicarse a cualquier otra cosa, menos cansada, más rutinaria y formal.

...Pero a pesar de mis juramento tengo que volver al camino, quizás porque soy un tonto, tal vez porque estoy cerca del final. Sí, la mina está aquícito nomás y voy a llegar aunque sea gateando. Los caminos se han hecho para recorrerlos de principio a fin y ahora falta tan poco y siempre se encuentran fuerzas para dar un paso más, aunque a veces uno crea lo contrario... (Continuará).

miércoles, diciembre 07, 2005

De la puna al mar: relatos del camino (II)


Bitácora de Viaje. Día 2 en la ruta del Chasqui, el Cóndor y el Guanaco.

Hora: 7 de la mañana.

"Amanece temprano en Iliacancha, el minúsculo caserío ayacuchano en el que pasamos la noche. Hoy el sol será nuestro guía y eso me preocupa. Temo que sus rayos calurosos calcinen mis reservas de energía. Guardo silencio. No expreso mi temor a los compañeros...

...Desayunamos de prisa (galleta, atún y sopa de sobre, ¿una delicia verdad?) y levantamos un campamento en el que no hay mucho por levantar (me pregunto si debo escribir que deje las varillas de la carpa en Lima)... Autocensura, pienso, mientras reacomodo mi mochila, pesada, odiosa, torturadora. Me encantaría dejarla. Es imposible.

...Antes de partir nos despedimos de la familia de Edgar Cantoral, quien nos permitió pernoctar en su corral. "Son los primeros visitantes que llegan a mi tierra", nos había dicho la noche anterior, mientras compartíamos un reconfortante caldo de cordero en su penumbrosa casita de adobe. Me siento un pionero, un descubridor. Vale la pena tanto andar.

...Es hora de marcharnos. Apretones de mano, palabras de agradecimiento, ganas de quedarse, de seguir compartiendo con Edgar, su esposa y sus hijos, también con el vecino macerado en hojas de coca y alcohol que no se explica el por qué estamos caminando. Él está seguro que nuestro andar es un castigo...

..."Qué condenan están cumpliendo ustedes", pregunta con ebria seriedad. Le explicamos nuestras razones; entonces ríe, se burla, no nos cree, piensa que estamos locos...

..Abandonamos Iliacancha por un camino estrecho, por un desordenado sendero de piedras sueltas que bordean las faldas de una montañas fabulosas que encañonan un río seco, sediento, víctima del calentamiento global y la necedad del hombre.

...Los hijos de Edgar, pequeños, chaposos, silenciosos, encabezan la hilera de andariegos. Ellos recorren todos los días el camino de herradura -el único camino- que conduce al vecino caserío de Chilca, donde funciona una modesta escuela...

...Una hora de ida y otra de vuelta, a pie. Quiero acompañarlos pero no puedo, sus pasos son excesivamente rápidos, diestros, quizás artísticos. Ellos se alejan, se pierden en el horizonte. No podré olvidarlos..." (Continuará).

martes, diciembre 06, 2005

De la puna al mar: relatos del camino


Bitácora de Viaje. Día 1 en la ruta del Chasqui, el Cóndor y el Guanaco.

Hora: 11 y 30 de la mañana.

"Estoy perdido. No veo a mis compañeros, han sido tragados por la pampa inconmensurable. Grito, el eco alarga la agonía de mi voz. Nadie responde. Dónde estarán, me pregunto mientras peleo con un camino que no existe en pampas Galeras, la colosal reserva de vicuñas en las alturas de Lucanas, en Ayacucho...

...No sé que hacer. Me detengo, miro a todos lados. No hay nadie, ni un alma, ni un ruido, solo el rumor impetuoso del viento que pretende intimidarme con sus intensos soplidos. Hacia adonde ir. Esperar o buscar, dejar la mochila, correr, inventar un sendero, trepar las lomas y otear el horizonte en búsqueda de mis desaparecidos socios de aventuras, de mis cómplices en el desafio inédito de cruzar las alturas de Galeras para llegar a la bahía de San Fernando (Marcona), en una travesía de cuatro días de infatigable andar...

...Escucho mi nombre y el tronar del pututo de Felipe Varela, el Chasqui. Me buscan, me encuentran, me indican por donde debo ir. Acelero mis pasos, me agito, trastabillo. Me uno al grupo, me riñen -¿en broma?, ¿en serio?- por quedarme rezagado, por no seguir el ritmo, por volverme invisible...

...Otra vez juntos (Felipe, Job Rosales, Efraín Flores y este rezagado cronista), bajo el cielo azul y las nubes que parecen ser finos mechones de algodón... Caminamos y empiezo a sentir los albores del cansancio. La travesía será dura. ¿Aguantaré?. Dejo de escribir... (Continuará)

viernes, diciembre 02, 2005

Breve Reporte Aventurero

Estoy en Nazca. Hace calor y el cansancio apenas si me permite escribir estas palabras. He caminado durante tres días desde Pampa Galeras hasta la Mina del Inca (Ayacucho). Mañana iré a la bahía de San Fernando, en Marcona (Ica), donde terminará el sorprendente periplo.

Tengo tanto que decir, hay tanto por contar y describir, tanto personajes por citar, gente de corazón abierto que nos brindo su hogar para pasar la noche, que compartió con nosotros lo poco que tiene: un puñado de mote, unas papitas sancochadas, un caldito caluroso y reponedor.

Las imágenes están claras en mi mente y confieso que mis ojos se humedecen al recordarlo y es que el Perú nunca deja de sorprenderme, de enternercerme con el gesto afable y desprendido de sus hijos, mis hermanos, quienes siempre tienen algo que ofrecer: una sonrisa, una palabra de apoyo, un gesto de aliento...

Ese es el Perú que conmueve, el Perú que te llena de esperanza, el Perú que queremos descubrir en cada uno de nuestros pasos...Tengo que marcharme. Me gana el sueño y me abruma el calor.

La noche será corta, a las 6 partiré a San Fernando para encontrarme con el mar y, si tengo suerte, con los cóndores y guanacos que descienden de los Andes para buscar refugio en este pedacito del Pacífico.

*Explorando Perú agradece a Job Rosales Pacheco de Marcona Adventure, por habernos invitado a vivir esta aventura, en compañía de Felipe Varela Travesí, el Chasqui de la Paz.

lunes, noviembre 28, 2005

Viajo... luego existo


Llegar, reacomodar la mochila. Volver a partir. Dormir en el bus, despertar en otra ciudad: Piura, Lima, Ica o Nasca. Días movidos, inquietos, de ir y venir, de cambios de climas, de aire, de rumbos: del norte al sur, de la altura al llano. Viajar, disfrutar, explorar, cansarse... Vivir.

Imagenes que perduran, recuerdos que se atesoran. El amanecer en la laguna el Páramo en las alturas de Pacaipampa (Puira), un lugar que no aparece en el mapa ni en la carta nacional; entonces, te sientes un descubridor y te dan ganas de decir aquello de un pequeño paso para el hombre; pero no hay tiempo, tienes que volver al pueblo, caminando, bajando de los cerros tapizados de verdor, soportando el calor, el dolor de las piernas, la falta de agua. Igual llegas. Vences el cansancio. Eres feliz.

Hoy volverás a viajar. Al sur. Nazca, luego Lucanas y Pampa Galeras, la reserva nacional en la que se protegen miles de vicuñas. De allí hacia al mar, a pie hasta la bahía de San Fernando en Marcona. Decenas de kilómetros... no quiero pensar ni escribir cuántos. Son muchos y el físico es poco. ¿Llegaré?... Sólo el camino tiene la respuesta.

domingo, noviembre 20, 2005

De caminatas y exposiciones: Una semana movida

La aventura se muda a la sierra de Piura. De lunes a miercoles se realizará en el distrito de Pacaipampa (provincia de Ayabaca) el primer Trekking Extremo de Montaña Ruta del Rey Inca, que reunirá a fogueados caminantes de los grupos Montañista 4.0, Andex Perú, Aire Puro, quienes compentirán contra los recios ronderos del lugar.

Explorando Perú estará presente en el Trekking (sin calambres o ampollas, espero), para cubrir la competencia y, de paso, describirle a ustedes los encantos de Pacaipampa, una zona poco conocida, pero con grandes recursos turísticos.

Mas información en www.pacaipampa.org


Pero eso no es todo. Esta semana se presenta movida para Explorando Perú. El sábado, hemos sido cordialmente invitados por una serie de instituciones iqueñas, para dar una conferencia en el auditorio del Museo Regional, en la que contaremos algunas de nuestras experiencias en los caminos y, desde nuestra óptica periodística, formularemos algunas estrategias para difundir lugares turísticos.

La jornada iqueña se complementará con las disertaciones del "Chasqui de la Paz" Felipe Varela Travesí, que abordará el tema Capac Ñan, un legado cultural a conservar; y del licenciado Rubén García Soto, quien tratará sobre la Arqueología y Turismo en la Región.

Agradecemos la invitación y esperamos cubrir las expectativas de los asistentes. Los profesionales y estudiantes interesados en participar en las conferencias, deben acercarse a la sede de la Camára de Comercio de Ica, calle Tacna 178 o llamar al 23-4511.

jueves, noviembre 17, 2005

Simplemente Machu Picchu

Llego a Machu Picchu. Es la cuarta o la quinta ocasión que lo hago; pero hoy no quiero recordar las visitas anteriores. Quiero pensar, ilusionarme, creer que es la primera vez que mis ojos admiran al gigante de piedra y sus montañas de verdor.

Observo en silencio a la máxima expresión de la arquitectura inca. Es increíblemente hermosa y me emocionó y me invade el orgullo y también la pena, porque sé que nunca encontraré las palabras para describir tanta perfección ni la voz narrativa que explique la armoniosa conjunción entre la creación humana y la exuberancia caprichosa de la naturaleza, de los Andes que se convierten en Amazonia.


Me encantaría estar solo ahora, contemplando a mis anchas las fastuosas construcciones que fueron ajenas a los invasores españoles, sintiendo esa rara energía -vital, quizás liberadora- que parece brotar de cada piedra y que se concentra en el Intihuatana, ese extraño obelisco en el que los Incas pretendían amarrar al Sol, para no perder sus rayos de vida.

Pero eso no es posible. Desde que fuera redescubierta por el antrópologo norteamericano Hiram Bingham en 1911, Machu Picchu convoca, atrae, hermana a investigadores, turistas, viajeros y trotamundos.

Soy un peregrino más. Y camino por pasadizos angostos y me agito en los peldaños de las serpenteantes escaleras e ignoro las explicaciones de los guías. Hoy no me importa saber si esta obra monumental fue un templo, una ciudad remota o un lugar de descanso.

No busco explicaciones, sólo busco palabras que nunca encontraré y a pesar de eso escribo y no me gustan mis frases y oraciones. Vuelvo a intentarlo. Nada. Mis vocablos son chatos, mustios, sin brilo, incapaces de transmitir lo que realmente siento al visitar la impactante ciudadela.

"Sube a nacer conmigo hermano", recuerdo un verso de Pablo Neruda y me consuelo. Quizás la única manera de enteder realmente a Machu Picchu sea tocar sus piedras místicas, andar por sus vericuetos de altura y admirar su entorno geográfico, andino y amazónico. Sentirlo... esa es la clave. Ya no me importan las palabras. (Rolly Valdivia).




lunes, noviembre 14, 2005

Noche Cusqueña


Sombras y soledad en la plaza de Armas del Cusco, en una noche sosegada sin lluvia y sin frío, también sin turistas. En este instante mágico y silencioso, en el que las farolas pretenden remedar el brilo del sol, la llamada Ciudad Imperial se torna más imponente, entonces, sus piedras milenarias parecen susurrar o imitar las voces de otros tiempos, cuando el Inca gobernaba en el Ande y taita Inti era el ser supremo.



Las sombras de la noche se apoderan de un callejón de piedras incas y muros españoles en el Centro Histórico del Cusco. Al caminar por este rincón de la Capital Arqueológica de América, se logra interpretar o entender una pizca del drama andino, un pueblo, una cultura que los occidentales quisieron desaparecer al ¿colonizar? América.

Pero no lo lograron. Los muros incas de este callejón en el que se encuentra la famosa "Piedra de los 12 Ángulos", son, de una manera simbólica, la mejor muestra de la resistencia cultural de los Pueblos Andinos.

sábado, noviembre 12, 2005

Clic de la Semana


Ajenas al trajinar cosmopolita, dos mujeres almuerzan en una de las esquinas del tradicional barrio de San Blas, en pleno corazón turístico del Cusco, la antigua capital del imperio incaico.

Bajo la sombra protectora de un pintoresco alero de tejas rojas, las "mamachas" comen en silencio, esperando que algún transeúnte se anime a comprar las golosinas que ellas ofrecen en su pequeño cajón de madera.

Con esta imagen de la vida cotidiana en una de las ciudades más hermosas del mundo, Explorando Perú inicia la publicación de una serie de crónicas y fotografías, surgidas de nuestra última visita a tierras cusqueñas: milenarias, míticas, inolvidables.

viernes, noviembre 04, 2005

De Vuelta al Cusco

Tejas coloradas en el Centro Histórico del Cusco. La mítica capital Inca será el próximo destino de Explorando Perú. Partiré el domingo y de no mediar inconvenientes -leáse asalto, accidente, desperfecto o cualquier otro desliz motorizado, estaré pisando el "ombligo del mundo andino" la mañana del lunes, luego de una larguísima travesía de 20 horas por carretera.

Pero el tiempo no importa, tampoco las multitudinarias curvas del camino o las abras andinas a miles de metros sobre el nivel del mar. Lo primordial es viajar, ver la costa, los valles, las pampas y montañas del Perú dibujándose tras las ventanas del bus. Esa es la esencia, la piedra angular, la llama de aventura que impulsa a los viajeros.

De vuelta al Cusco y ya cuento las horas que faltan para sentir el influjo mágico e histórico de esta urbe entrañable a la que siempre quiero retornar; quizás, porque siento que parte de mis raíces, de mi alma y de mi ser, habitan en las calles y plazas de la vieja ciudad de taita Inti y Pachamama, de los Apus y los Wamanis. La ciudad de los Incas y su poderoso Tawantinsuyu.

Si quiere acompañarnos en nuestro recorrido cusqueño, no deje de visitar Explorando Perú. Aquí le contaremos nuestras andanzas por la Capital Arqueológica de América.

lunes, octubre 31, 2005

Homenaje a los Difuntos

Brindis de Nostalgia

El 1ro de noviembre los cementerios del Perú se llenan de vida, porque miles de familias visitan y recuerdan a sus deudos. Flores y rezos, velas y responsos, pero también música y baile, brindis y comidas en honor al pariente desaparecido, son escenas comunes en los camposantos de todo el país.

La añoranza por el ser querido se convierte en un motivo de reencuentro y reunión, entonces, las penas se aminoran y por un horas -quizás mágicas, tal vez inexplicables- el dolor se atenúa, las cicatrices del alma desaparecen y las penas se convierten en un vendaval de recuerdos alegres, en un torbellino de añoranzas festivas.

Un camino tortuoso y serpenteante. Un caos de cruces y lápidas anónimas. Agitación, desorden, pregones y letanías. Gente que llora, gente que ríe, gente que intenta recordar...ay, pero los recuerdos son como las flores, se marchitan con el tiempo.

Y nunca el arpa derramó notas más tristes. Y nunca la cerveza fue más amarga. Penas, congoja y dolor; también breves espasmos de alegría en un cementerio maquillado de feria dominical, con maquinitas de pompas de jabón, manzanas dulces y hasta un carrusel de caballitos desportillados.

Peregrinación, movimiento, ir y venir de deudos que esquivan charlatanes de prodigiosa verborrea, ollas humeantes repletas de chanfainita y torres de cajas de cerveza, para llegar a la tumba de su ser querido; entonces, ellos se arrodillan, musitan una oración, brindan por la memoria del familiar o el amigo ausente.

Sentimientos encontrados. Tristezas y alegrías en el cementerio Nueva Esperanza en Villa María del Triunfo (Lima), donde un hombre enjuto y desaliñado enciende una vela en memoria de su amada y un anciano ahoga las penas en un vaso de cerveza, mientras su hija le da una “manito” de pintura a la tumba de su madre.

Y una banda de músicos arremete con una movida marinera y un viejecillo entona responsos en latín, "para darle una ayudadita a las almas que aún no llegan al cielo", anuncia al ofrecer sus servicios profesionales al módico precio de cinco soles... "casi un regalo, señor; además, su difunto bien se lo merece".

Los músicos cargan sus arpas, violines y bombos y van de tumba en tumba. ¿Quién quiere agasajar a su ser querido?, dicen con el hilillo de voz que les queda después de subir y bajar por los senderos empinados de un cementerio que se extiende por las faldas de un puñado de cerros.

Algunos aceptan, otros los rechazan porque prefieren el silencio o están a la espera de los danzantes de tijeras Arruzcha y Pachacutec que, con sus inspirados y mágicos movimientos, son capaces de emocionar y estremecer hasta los muertos.

"Nos quedaremos hasta las 8 de la noche, como todos los años", arregla, sacude, desempolva su gastada indumentaria el danzante Arruzcha, quien desde hace 20 años baila con tijeras y se tutea con los difuntos y las ánimas.

Los vivos visitan a los muertos... y familias enteras rodean las rústicas sepulturas, para adornarlas con flores, enderezar las cruces a punto de caer y, claro hablar con el difunto, hacerle preguntas y contarle tantísimas cosas, buenas o malas, cotidianas o extraordinarias y por qué no, invitarle un vasito de cerveza, chicha o aguardiente. Brindar por su memoria.

Un reencuentro para regar los recuerdos que comienzan a marchitarse, a volverse difusos, esquivos, cada vez más lejanos... y es por eso que los deudos contratan a los músicos que tocan las canciones favoritas del difunto o preparan o compran su platillo favorito.

Las horas se escapan. La tarde agoniza, también los responsos y los cantos. Los deudos retornan a sus casas. El cementerio vuelve a quedar vacío. Se imponen las sombras, la tristeza, el silencio de la muerte. (Rolly Valdivia).

*Esta nota fue publicada en el diario oficial El Peruano.

sábado, octubre 29, 2005

El Clic de la Semana


Un camión turístico con destino a la Reserva de Biosfera del Manu, se detiene al lado de un montoncito de hojas de coca, puestas a secar en la berma de una carretera sin asfalto.

La siembra de la coca es uno de los temas más controversiales en el Perú. La sombra perniciosa del narcotráfico y la producción de cocaína, la han convertido en un cultivo sospechoso y proscrito en muchos valles de la ceja de selva, lo que genera constantes disputas entre el gobierno y los agricultores.

Pero más allá de su "mala fama", la hoja es fundamental en los rituales del mundo andino. Con ella se paga a la tierra y se lee el futuro, también espanta el hambre, el cansancio y el frío, a través de la vieja costumbre del picchado o chacchado, que consite en colocar un puñado de hojas en uno de los carrilos de la boca y mantenerlo ahí durante horas.

La solución al problema parece aún muy lejana. El accionar dubitativo y la falta de ideas concretas por parte del gobierno, colisiona con la actitud beligerante de los agricultores, expresada en el lema "coca o muerte".

Mientras todo esto ocurre, los montoncitos a la vera del camino son un ineludible atractivo para los turistas que se dirigen al Manu.

jueves, octubre 27, 2005

Apunte Gastronómico

Al Pan, Pan y al Vino, Vino

Breve reflexión sobre un supuesto potaje “emblemático”

Con sorpresa acabo de enterarme que el quinotto de pato, es uno de los platos emblemáticos de la gastronomía peruana.

Luego de leer tan “reveladora” información, he empezado a preguntarme si realmente todos estos años he vivido en las antiguas tierras de los Incas, porque, en honor a la verdad, al “emblemático quinotto” no lo he oído mentar ni en pelea de perros, como decían antaño.

Y no es que uno sea un consumado sibarita, pero soy peruano –aunque los gastrónomos y sus quinottos quieran ponerlo en duda- y no recuerdo haber comido en la costa, sierra o selva, en carretilla, mercado, fiesta popular o restaurante, potaje de nombre tan extraño.

No pongo en tela de juicio las virtudes y bondades del platillo. Sí, debe ser riquísimo, pero lo que no me convence es que, de buenas a primeras, se le coloque la etiqueta de emblemático. Ese un despropósito, un auténtico sancochado, un exceso de entusiasmo de un voraz redactor.

Después de leer dicha información, consignada en una nota de prensa envida por la
Comisión de Promoción del Perú (PromPerú), traté de investigar que era el famoso quinotto; entonces, descubrí que el quinotto es similar al risotto pero de quinua y como no soy italiano tuve que buscar también que era el risotto.

Felizmente que al pato si lo conozco bien, sino la búsqueda por descifrar qué era el bendito plato, hubiera continuado por muchísimo tiempo más, amenazando la existencia de este post.

Al finalizar la pesquisa, llegué a la conclusión de que el refinado platillo es una especie de arroz con pato a la italiana, pero no con arroz de verdad sino con quinua disfrazada de arroz.


Lo bueno del asunto es que el pato si es pato, sino fuera así se armarían las de "san quintín" y la receta, más que una receta, sería un trabalenguas. Más enredado que solitaria en estómago de pigmeo.

Bueno, como decía al principio, todo esto comenzó con una nota de prensa sobre las Clases Magistrales de Gastronomía Peruana que el chef
Cucho La Rosa, dictó del 17 al 19 de octubre a los alumnos de las más importantes escuelas de cocina de París. La iniciativa fue impulsada por PromPerú y nuestra representación diplomática en Francia.

Más allá del incidente quinnotto y su exagerada clasificación como plato emblemático, nos parece excelente que se difundan los sabores y aromas de nuestra tierra. Ojalá, nomás, que los muchachones franceses no se hayan comido el cuento ese del “platillo emblemático”. Podría darles una tremenda indigestión si alguna vez visitan el país o si encuentran con un peruano de pura cepa, devoto del cevichito, la pachamanca, el lomito saltado, entre otras delicias.

Imagínese la escena, el francés ufanándose de sus conocimientos de comida peruana y el compatriota con cara de dolor de estómago, respondiéndole o pensando “que se ha fumado este franchute”, porque más allá de los entusiastas de la llamada
cocina novoandina, la mayoría de los paladares de nuestra tierra, no ha probado los refinamientos de esta tendencia culinaria.

No estamos en desacuerdo con la creatividad de los chef peruanos. Al contrario, es muy loable sus esfuerzos por “reinventar” o “estilizar” la carta gastronómica; pero al “pan pan y al vino vino” y en estos tiempos, los quinnottos –por más exquisitos que puedan ser- no deberían ser presentados como un potaje emblemático. Así de simple.

*Foto: PromPerú.

martes, octubre 25, 2005

El Clic de la Semana


Vestidas con trajes tradicionales andinos, estas simpáticas muchachas esperan su turno para bailar en la plaza de Armas de Urubamba, en pleno corazón del Valle Sagrado de los Incas (Cusco).

El colorido de sus atuendos, sus tímidos mohínes, la frescura de sus voces y risas, despertaron la curiosidad fotográfica de Explorando Perú, en aquella mañana llena de luz y de fiesta.

La imagen es un tributo a los jóvenes peruanos que de una u otra manera, se esfuerzan por mantener las costumbres atávicas de sus pueblos y comunidades; un valioso legado cultural amenazado por el avance avasallador de la globalización.

lunes, octubre 24, 2005

Entrevista con Qori Sisicha (Parte II)

Los Misterios de las Tijeras

Hace varios años –quizás en el 99, tal vez en el 2000- Qori Sisicha (La Hormiguita de Oro), me contó una historia de connotaciones mágicas sobre un danzante que se escurría entre los estrechos agujeros de un arpa, durante las pruebas de valor o pasta del atipanakuy, el duelo entre los maestros de las tijeras.

¿Usted me está engañando?, o algo así le dije en tono de broma. Él no se molesto, sólo me miro con ojos de profundidad y certeza.

Ahora no recuerdo bien lo que me contestó, sólo recuerdo que le creí; como le volví a creer en esta entrevista realizada en la grisácea Lima, durante la preparación de un artículo sobre la Danzas de Tijeras, para la revista Rolling’s Stone Cono Norte.

En ambas ocasiones todo comenzó con una inocente pregunta:

-¿Cuál es la prueba que a usted lo ha impresionado más?
Recuerdo una en la zona de Huamanga. Era un maestro viejo, tendría unos 60 o 65 años, vino, muy delgadito, bailó la danza y luego se acercó al arpa y como las arpas tienen dos huecos, se metió por ahí y salió por el otro. Se metió como una culebra, así… Eso comúnmente no lo puede hacer una persona.

-¿Pero el hueco del arpa es bastante pequeño?
Claro, no entra ni la cabeza del danzante.

-Entonces ¿cómo lo hizo?, ¿hay alguna explicación?
Nosotros que conocemos el mundo oculto no soltamos nuestros secretos así nomás. Para mí este maestro conocía bastante. Por eso es que me impresionó. Otra cosa es que se pongan un sable, eso es común; pero hacer lo que hizo ese maestro lo veo bien difícil.

-¿Cómo aprenden las pruebas de valor o pastas?
Desde 1930, en la zona de Huancavelica, se comienza a recrear a los fakires. Ahí empezaron las pruebas. En realidad, la danza de tijeras en su contexto, no se centra en las pruebas.

Hoy por hoy se está destrozando la danza porque los jóvenes no conocen la otra parte (la ritual). Este es un problema delicado, porque los ejecutantes que están acá, en Lima, no conocen, son hijos de emigrantes y ellos simplemente ven la televisión, escuchan la radio, un disco y están ensayando.

No están conociendo la fuente en sí ni su contexto, entonces qué hacen: agarrar un sable y atravesárselo,

-Entonces ¿antes no habían pruebas de valor?
Sí, anteriormente hacíamos las pastas, pero no con esas cosas. Hacíamos la parte mágica, por ejemplo, jugar con la inercia. Por decirte, subíamos a la cima de la torre, poníamos una cuerda y caminábamos por la cuerda bailando con las tijeras; o, por ejemplo, agarrábamos dos calabazas, las colocábamos en el centro de la plaza y, cuando las señalábamos con las tijeras, estas calabazas se destrozaban por si solas.

También hacernos un daño como cargar cuatro barretas en la espalda o poner un huevo encima del arpa y que empiecen a romperse, abrirse y salir pollitos. Esas cosas se hacían pero no lo otro: comer sables, meterse cosas. Eso no.

-¿Ha hecho alguna de esas pruebas “nuevas”?
No, generalmente nunca he trabajado así, porque a mí los mayores me han dicho que hay que cuidar la danza en su contexto. Si yo hago eso, estoy invadiendo un espacio que no es el mío.

-¿Estas pruebas son una distorsión de la danza?
Sí, porque antes se jugaba más con todo lo que es de la naturaleza, por ejemplo, las espinas. Uno está educado dentro de la danza para no sentir el dolor, entonces una persona te tira desde lejos una espina, te cae y no pasa nada, sigue igual. Ni sangras. Cosas así. Todo es un dominio de la mente, es una preparación, pero, en los otros casos, es sólo una recreación de una costumbre foránea.
Lo que ocurre ahora es una deformación pues. Nosotros andamos cuidando esas cosas porque es nuestra responsabilidad. Si no la cuidamos nosotros, quien la va a cuidar.

-¿Cuál es la comunidad más exigente?
He andado en casi toda la provincia de Lucanas. Hay muchos lugares: Sucre, Querobamba, Puquio, Chilques, San Cristóbal, aquí no te dejan descansar, la gente es bastante exigente y la fiesta dura 7 días y 7 noche y hay que bailar. Tu periodo de descanso será media hora, una hora máximo, pero hay que seguir bailando.

-¿De dónde sacan tantas fuerzas para seguir bailando?
Por eso el danzante debe de prepararse. Si no puede hacerlo no es un buen danzante. Ahí solo van los danzantes que conocen todas las secuencias de la danza. No conozco jóvenes que hayan ido ahí.

-¿Por qué la danza de tijeras tiene tanto éxito fuera del Perú?
Particularmente y luego de haber visto representaciones artísticas de 90 países, me he dado cuenta que esta manifestación tiene un aura muy mística dentro de su forma de expresión, en los pasos, en la propia música. En la mirada.
Es ceremoniosa, no tan rápida ni tan lenta, sino un término medio. Cada paso que se da no deja de conjugar con el ritmo de la música, cada movimiento que se da es un movimiento que se hace para la tierra, el lago, el apu, al sol.

-¿Sigue acercándose a la tierra, al apu, para pedirle permiso cuando baila?
Cada año tengo que ir, sino no estaría siguiendo en esta tarea.

-¿Usted no es cristiano?
He sido cristiano por mi mamá, pero me doy cuenta que cuando uno va conociendo más su verdad, es otra cosa. Yo respeto el catolicismo, entiendo que lo sucedido es parte de la historia, pero acá estamos presentes nosotros, nuestras almas, nuestras vidas siguen fuertes.
En este aspecto más me voy hacia la profundidad, hacia los apus, hacia los wamanis. Todos los pueblos tienen su apu, en el caso de mi pueblo es apu Chunta es el protector de la zona de San Antonio, ahí fui a hacer la entrega.

-¿Cómo nació la danza?
Hay varias versiones. Hasta cuatro o cinco. Los maestros viejos hablan una y otra cosa, también los investigadores académicos. En ese aspecto hay cosas que poner en claro, sin ánimo de revanchismo con la parte académica, pero el problema de sus análisis de su investigación, desde mi punto de vista, es que no pueden expresar algo que no sienten, simplemente lo miran como una parte de estudio.

El acercamiento más cercano de los investigadores, es el de Luis Millones cuando plantea que surge del movimiento Taqui Onkoy (enfermedad de la danza). Hay algunas cosas rescatables, otras no.

En esa época el movimiento Taqui Onkoy era otra cosa, no era de danzantes, era un movimiento de rebeldía. Las tijeras, el acero, no las conocíamos en la época del inca. Hay que tener bien en claro eso.

Por otro lado, la denominación Danzante de Tijeras es reciente, estamos hablando de 40 años y fue José María Arguedas quien planteó esto. La denominación varía, en Ayacucho son danza’q, galas en Huancavelica; en Apurímac sajras o huanaquillos, en Cotahuasi y La Unión en Arequipa son los villanos.

Sobre las raíces de la danza hay muchas cosas en discusión, porque nuestros viejos o nuestro mayores siempre han dicho que no se conocía el acero, sino el haqtirumi, que son las piedras alargadas de los ríos, con esas se hacía música; tampoco se conocía el arpa ni el violín que acompaña al danzante, sino el tojro, un instrumento que ha desaparecido y el pinkullo.

Hay una versión de que esto nace del zorrillo. En la época de febrero -y esto se da comúnmente-, los zorrinos bailan, agarran la bosta de la vaca, se la ponen como sombrero y comienzan a hacer sonar sus dientes. Ellos bailan agarrándose de las manos (patas). Dan vueltas y vueltas y uno entra y sale y entra otro, como si fuera una competencia. Hay versiones que dicen que por ahí nació la danza de tijeras.

-¿Esa es la única versión de los mayores?
No, otra versión recogida en la zona de Parinacochas es la del niño leñador. Dicen que había un niño que era hijo de una madre soltera que iba a recoger leña a un lugar que es el río Huanca Huanca Apumay. Repentinamente, en la orilla del río aparece un niño misterioso que empieza a bailar unos pasos encima de la piedra.

Los niños se hacen amigos y cada vez que él iba a la leña volvían a danzar. Hasta que un día le dijo sabes qué, a partir de ahora no quiero que comas sal, en tu alimento no debes comer sal, toma agua todo lo que quieras, pero no sal, porque eso puede ser fatal para ti.

Una tarde cuando regresa a la casa de su mamá, ella la había preparado su comida, su saralagua (sopa de maíz) y que ha pasado, este chico le dice mamá no puedo comer y se escapa al lugar donde se encontraba con el otro muchacho y comienzan a bailar otra vez y su mamá va a ver donde está su hijo y lo ve bailando; entonces, el niño misterioso se da cuenta que esta la señora y se avienta al río.

La madre vuelve a casa con su hijo. Este no dejaba de bailar, bailaba, bailaba y de ahí comenzó a proliferar por los pueblos de que había la danza de tijeras.

-¿Hasta que edad puede bailar un danzante, pero bailar bien, como lo exigen en las comunidades?
Generalmente hasta los 60 años, pero hay que saber cuidarse. Si no te cuidas vas a termina de acá a mañana.

-¿Cuántos años tiene usted?
Tengo 43. Todavía hay para rato

-¿Qué siente usted cuándo baila?
Yo le bailo a mi apu, al pueblo. Cuando estoy ejecutando la danza estoy pensando en ñahuinpuquio que es el agua, en mis chacras, en mi gente, para ellos estoy bailando yo. Me siento como si fuera uno de ellos.

-¿Alguna vez ha sentido que se le iban las fuerzas en una larga jornada de baile?
No, por el contrario, mientras más constante es, te sientes más capaz. Si dejas de bailar ahí pierdes espacio.

-¿Se necesita una alimentación especial para ser danzante?
En las competencias generalmente se come saralagua, sopa de maíz molido -no es el mote- con su haba, a veces con su arveja y con su quesito. A parte de eso, dentro de la secuencia de la danza de Ayacucho hay una que se llama el tipay tipay o wallpa huajay, momento en el que van a morir un montón de gallinas. Solamente el caldito tomas; pero mejor que la gallina es la perdiz que cazan para los danzantes. Esa es una vitalidad fuerte.

-¿La danza de tijeras se ha convertido en un negocio?
Negocio no podría decir. La danza no es negocio. No da dinero, si daría dinero pues estaría con un edificio, como usted (la entrevista se realizó en una oficina en Miraflores). El ejecutante del arte popular o de la cultura viva no está bien protegido o tratado. No hay una ley que lo proteja.

-¿Me imagino que muchos danzantes han abandonado la actividad por problemas económicos?
Por supuesto que sí. Pienso que nuestros hermanos danzantes de tijera tienen que sobrevivir en Lima haciendo actividades aparte de la danza. La migración es tan terrible que un montón de danzantes han dejado sus comunidades.

Son muy pocos los que viven allá, en las comunidades, porque acá hay más trabajo por parte de las instituciones regionales con sede en Lima. Son tan numerosas que cada semana vas a encontrar en 20 sitios bailando a danzantes de tijeras; entonces, faltan danzantes para que vayan a bailar a las comunidades.

-¿En las comunidades los niños tendrán el mismo interés en la danza que usted tuvo?
No creo, los pocos que quedan no se si les estarán enseñando. Cada vez que voy me siento más ausente, es un problema, es el caso del maestro Máximo Damián y de otros que hemos tenido que migrar.

Nuestra preocupación es proteger esta manifestación y es una tremenda responsabilidad; porque la danza tiene historia, tiene 500 años de resistencia, de permanencia. Es la danza peruana más representativa en el mundo y tiene muchas raíces, no es una expresión pasajera.

miércoles, octubre 19, 2005

Entrevista con Qori Sisicha (Parte I)

La Voz de las Tijeras

Nuestra danza no tiene ninguna relación con el diablo. Eso dicen los que quieren tergiversar las cosas, generalmente los curas, explica con severidad Rómulo Huamaní Janampa o Qori Sisicha (La Hormiguita de Oro), un conspicuo maestro de las tijeras que enfrentó al mismísimo Lucifer en las alturas andinas.

Sereno y parsimonioso, este hombre nacido en la comunidad de San Antonio, distrito de Chipao (Lucanas, Ayacucho), nos cuenta sus inicios en el arte, su entrega al apu (cerro sagrado) y su lucha por desvincular a la danza de sus sombras demoníacas.

-¿Cómo se hizo danzante de tijeras?
Cuando era muy pequeño, mis padres entraron a hacer la fiesta patronal costumbrista. Mi papa era el carguyoc de la fiesta del agua que se realiza en septiembre en mi comunidad.


Mi papá contrató un danzante de tijeras muy reconocido en esa época, hace más de 34 años. Este danzante no cumplió, el pueblo desmereció, lo repudió, porque los músicos estaban, pero no estaba el danzante. Mi papá quedó mal.

A raíz de esto mi papá dijo que iba a volver a entrar de cargo, porque no podía quedar mal ante el pueblo. Ese año empiezo yo la danza.

Además en la familia por parte de mamá, teníamos un danzante que no era completo, sino un chagua, medio frío, crudo, que no frecuentaba las fiestas patronales. A él empiezo a pedirle las pautas para ser danzante.

-¿Cómo se llamaba?
Celestino Janampa, ya falleció. Era mi tío. De ahí como veía que me gustaba mucho la danza, mis padres me dicen "vamos a buscarte un maestro". Se llamaba Qori Jayto (pita de oro), un hombre fornido, alto, de mi pueblo. A él me encomendaron para estar un año completo aprendiendo. Es ahí que me hago danzante. Sólo tenía 8 años.

-¿Usted siempre se sintió atraído por la danza?
Sí, como te digo, durante todo un año se espera la fiesta para que llegue el danzante. Durante ese año para que no muera la danza, uno va a pastear sus ovejas, a cuidar las vacas y de juego en juego uno siempre danza, porque allá uno no puede recrearse con otras cosas. No hay juegos mecánicos, cosas así. No hay nada, sino tu ichu y tus ovejas y, bueno, a tu alrededor tu perro.
Con dos chicos, uno simula ser el violinista, el otro el arpista y el otro el danzante. Por ahí que empiezo.

-¿Cómo es el proceso de aprendizaje?
Uno tiene que convivir con el maestro. Yo vivía en su casa, él tenía que darme la alimentación, también el estudio. Soy como un hijo más de él y, en las tardes, cuando van a ensayar con el maestro, uno tiene que seguir los pasos.

Se reúnen entre músicos, el arpa, el violín y el maestro danzante una vez a la semana, pero los otros días practicas los pasos, aprendes a tocar la tijera y todo eso.

-¿Es muy complicado?
Para un hombre andino no creo. Rápido lo he asimilado yo.

-Hace un rato usted habló de un danzante no completo, ¿qué significa eso?
Es un danzante que no ha hecho todo el proceso de la ritualidad, es un danzante que se ha quedado a medio camino.

-¿Podrías ser más específico?
Sí, cuándo no toca bien la tijera, no baila bien... El danzante tiene que ser completo, en la forma de mirar, de ejecutar la danza, en su movimiento, sus gestos, en su compás de la música. Si se sale del compás de la música no está completo, ese no es un danzante. Falta práctica.

-¿Qué es lo principal en la danza?
Uno debe conocer todas las secuencias de la danza. Una fiesta patronal está dividida en víspera, antealba, día alba, doce alba, ricuy-ricuy, que es la despedida, y el despacho.
Dentro de estas secuencias hay 144 tonadas en la zona de Ayacucho y 300 pasos. Todo eso debe saber el dazante.

Además, tiene que conocer la ritualidad, la misma que está en función de conocer los 105 elementos de las plantas medicinales. Así puede hacer el rito a la hoja de coca.

-¿Entonces el danzante es alguien que conoce muy bien el mundo andino?
Claro, su pregunta me permite entrar a un tema muy interesante. El danzante de tijeras anteriormente era un sacerdote, el protegido por los waminis (espíritu de las montañas) y él, a su vez, protegía a la comunidad de las enfermedades y otras cosas. El danzante tenía que conocer todo. Era como una especie de shamán, un laica, un yacha.

-¿Usted habló de entregarse al apu, en qué consiste, a qué edad se hace, qué requisitos debe cumplir un danzante para llegar a ese momento?
Primero conocer la secuencia y los elementos de la naturaleza y del mundo andino. Sólo así se hace el “entrego” al apu.

Para este “entrego” uno tiene que ir a un lugar que nosotros le decimos Chiqni Orcco, una cueva tenebrosa, un cerro tenebroso. El danzante de tijeras y su maestro van en febrero, esa es la fecha indicada para hacer este “entrego”.

El maestro y su discípulo tienen que estar viviendo ahí tres días y tres noches, en ayunas completas. Y las hojas de acero de las tijeras que van hacer entregadas, tienen que ser colgadas en una soga de maguey, para que reciban la bendición del apu y el viento.

Recién ahí se hace el “entrego”, es decir depositar el pago a la madre tierra, para que ya este danzante sea un danzak’s para la fiesta.

El pago se hace antes de entrar a la cueva, después no tendría sentido. Primero es pedirle permiso a la madre tierra, al apu, para poder hacer esta ceremonia de ritualidad.

-¿Usted pasó por esta ceremonia?
Sí, eso lo hice a los 14 años.

-¿Cuánto tiempo tiene usted bailando?
Tengo 30 años bailando.

-Usted me dice que antes los danzantes eran sacerdotes. ¿Cree que de esa condición haya nacido la idea de que tenían cierta relación con el diablo?
En este contexto tengo que decirle que cuando España procede -no a la conquista, sino a la invasión- ellos buscan destrozar todos nuestros centros sagrados; entonces, estas personas extrañas querían que nosotros seamos católicos. Una imposición total del catolicismo y nosotros nunca aceptábamos eso.

Por ello es que a nosotros nos han satanizado los sacerdotes, los curas. En las comunidades campesinas las iglesias le dicen: ese danzante de tijeras tiene pacto con el diablo, debes de tener cuidado. No tienes que acercarte. Haciéndole odiar al danzante como si fuera un demonio; un poco para opacar su cultura, para que la mate un poco. Por esa razón lo hacen.

Ellos dicen que tenemos pacto con el diablo cuando hacemos nuestros rituales o pedimos permiso a un apu; cuando vamos a bailar y mucho más cuando nosotros subimos a la torre de la iglesia.

Nosotros no estamos subiendo a la cima de la torre para venerar al Dios católico, sino para venerar a los apus, desde ahí se hace la tinka, se hace la ofrenda para poder darle vitalidad, porque los cerros viven y ellos también necesitan beber.

Y es más, subimos para pisotear la torre, para decir que el hombre andino sigue permanente y fuerte. Ese es el simbolismo.

-¿El pacto es con la naturaleza, entonces?
Es el entendimiento entre el hombre y la naturaleza. No es un pacto que se hace para ser el mejor, sino es un entendimiento con los apus, los wamanis, la mamapacha, taita inti, con el agua que uno bebe. Para ellos bailamos.

-¿Pero hay danzantes con nombre demoníacos, como Lucifer?
El problema es que en la zona de Huancavelica, comenzaron a hacer cosas satánicas, meterse espadas y eso. No lo digo porque sea de Ayacucho, sino porque así están sucediendo las cosas. Yo he bailado ahí un montón de veces, en un montón de pueblos me conocen. Sé lo que pasa.


Los viejos danzantes tenían nombres que se relacionaban con la naturaleza, pero desde la década del 80 para adelante, encontramos Lucifer, Jarjaria (incestuoso), por qué, porque hay documentos que dicen que tenían pacto con el diablo.

Un día nos sentamos: vamos a ver que pacto tienes con el diablo, hablemos las cosas como son. Si tú tienes un pacto con el diablo vamos a la competencia, nos vemos allá en tu pueblo. He ido a Rantay su pueblo de Lucifer, que es mi contemporáneo.

Ya en la competencia le dije: "si tienes pacto con el diablo, pues tírate esas doce barretas. Vamos a hacerlo". Ahí le he demostrado a él; entonces le pusimos en claro. (Continuará).

*Esta entrevista fue realizada para un reportaje sobre la danza de tijeras pubiclado en la revista Rolling's Stone Cono Norte.

lunes, octubre 17, 2005

Click de la Semana


El azul del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo (3810 m.s.n.m), contrasta con los colores urbanos de la entrañable ciudad de Puno, una tierra de aymaras, quechuas y mestizos, en las alturas altiplánicas del sur del Perú.

De estas aguas dormidas, habrían emergido Manco Capac y Mama Ocllo, quienes, según las versión difundida por Garcilaso de la Vega, fueron enviados por su padre el Sol, para fundar la civilización Inca.

Más allá de la leyenda, el Titicaca es un espacio mágico compartido por Perú y Bolivia. En su quieta y fría inmensidad, hay un rosario de islas pletóricas de tradición, como Los Uros, Taquile y Amantaní, pueblos antiguos que conservan sus costumbres ancentrales.

sábado, octubre 15, 2005

Las Crónicas sin Final



“Disculpa hermanito, ya no hay espacio. Tu texto no va”, con esa frase odiosa, certera, siempre inapelable, más de un editor ha frustrado varios intensos romances con mis musas inspiradoras.

No es justo, lo sé, pero muchas veces no hay más remdio que alejarse de los brazos ardientes de las musas y romperles el corazón con una frasecita del tipo “sabes, flaquita, hasta aquí nomás llegamos” y a otra cosa mariposa.

Y el texto –que en estos casos siempre “estaba saliendo bien bonito”- queda inconcluso, porque la frase lapidaria del director/editor frena los impulsos creativos de un solo porrazo.

Las neuronas se niegan a seguir escribiendo algo que jamás será publicado; entonces, esas crónicas pasan a una carpeta bautizada eufemísticamente con el nombre de “Borradores”, la cual es en realidad un cementerio de notas a medio hacer, de notas sin final.

Hace un par de días me puse a navegar en ese limbo de relatos y encontré unos cuantos párrafos que, en mi opinión –poco objetiva, claro está- merecieron mejor suerte.

Demás está decir que volvieron los sapos y culebras, las imprecaciones contra aquellos directores/editores que echando manos del edulcorado y meloso disculpa hermanito, rompieron mi romance con una diosa inspiradora que, dicho sea de paso, estaba muy pero muy buena.

Como en Explorando Perú no hay directores ni editores (¿habrán lectores?), vamos a publicar estas líneas que hasta hace algunos días estaban condenadas al olvido y, lo que es peor, a la extinción, la próxima vez que un ladino virus informático arrasara con información de mi disco duro.

La fe interrumpida

Pasos tortuosos, pasos fatigados, pasos descalzos. Peregrinos exánimes, lívidos, torturados por un calor insensato, persisten en su andar parsimonioso, en su andar en cámara lenta por esa senda de esperanzas, en la que cada movimiento se vuelve una plegaria, en la que cada gota de sudor sirve para borrar algún pecado o saldar una antigua deuda de fe.

Falta mucho para el final del camino. Eso no importa. Los peregrinos no descansan, no sonríen, no hablan, tampoco beben, sólo se acomodan la banda de letras amarillas que confirman su condición de devotos, de fieles agradecidos, de hombres atormentados que buscan un milagro; o el enterrado morral donde llevan su austero equipaje: una chompa, tal vez un pantalón, siempre una frazada.

“Tengo una deuda de fe”. Sudor, cansancio, un cirio apagado comienza a derretirse en una mano apergaminada por las arrugas: “lo prenderé allá arriba, va a brillar muchísimo, va a iluminar mis plegarias”…

*Relato inconcluso sobre la Fiesta de la Cruz de Motupe o Chalpón, una de las expresiones religiosas más conmovedoras del norte del Perú.

La Fe en el turismo

De aquí para allá, con prisa y sin descanso… una pestañeadita más, por favor… No, no hay tiempo, la distancia es larga y la agenda recargada. Vamos, vamos, todos a la combi… “nooooo, otra vez no, duele, golpea, tortura”. Se enciende el motor, primera y arranca: otra vez al camino desnudo de asfalto… qué horror, qué espanto, seguro lo trazo un ingeniero que sufría del pulso.

Combi licuadora –quiero bajar-, combi epiléptica –ay, me golpeé la cabeza- combi que nunca llega -¿falta mucho?- Mejor no quejarse, mejor ver el paisaje: verde y ondulante; mejor escuchar la historia del ingeniero enamorado que… ¡Llegamos!, al fin, bravo, hurra, yupi. Bajar, acercarse, mirar y preguntar, pero rapidito no más. No hay mucho tiempo.

¿Qué está haciendo señora?, ¿le gusta su labor?, ¿desde cuándo crea maravillas en el telar?... ¿me podría enseñar?... risas relampagueantes, abiertas, sinceras, también nerviosas-, “qué preguntas raras hace usted”… clic, una foto; una queja: “ay, joven, me agarró desprevenida”; una excusa: así sale más guapa, más natural; “pero al menos una peinadita, pues, hubiera avisado”, protesta final.

Vuela el tiempo como quincena en casino. Otra vez a la combi… ¡noooooo!; otra vez el camino, los golpes, la epilepsia y el paisaje: ah, simplemente bello, te reconcilia con el mundo, alivia la incomodidad… caramba, vale la pena tanto zarandeo. ¿Adónde vamos ahora?... ¿cómo?, ¿una faena comunal?... ah, hum, ohh, bacán, chévere compadrito. Ojalá lleguemos pronto.

Parada número… ¿qué parada es?: quinta, sexta, tal vez ¿la séptima?... bueno, disculpen, traten de comprender, cualquiera se equivoca con tantas vuelta, menos Dios, claro, si es que existe, pero en todo caso él está en los cielos, aunque en este azaroso viaje por la selva norte –pesado, extenuante, sufrido… caray, pero qué hermoso es- parecía estar más cerca que nunca.

*Hasta aquí llegó el relato de un intenso recorrido por varios pueblos de la costa norte del Perú (regiones Amazonas y San Martín), donde Caritas del Perú impulsa el llamado Turismo Solidario. La noticia de que la nota no sería publicada, impidió que escribiera sobre lugares como Kuelap, el monumento prehispánico que grafica este post.

Protesta Aventurera

Si fuera una marcha de protesta los deportistas gritarían –con el puño en alto y parapetados tras una bandera enormemente rojiblanca- “que aquí y allá el miedo se acabo”; pero, algunos, quizás los más osados o los más precisos, clamarían: “aquí, en Huaraz, el miedo se acabo”.

Y la proclama sería tan justa, que los mismísimos policías encargados de custodiar -o reprimir- el orden, dejarían sus varas de goma, sus escudos protectores y hasta sus bombas lacrimógenas, para unirse al improvisado y desentonado coro que decreta el fin del miedo con total desparpajo.

Y después se plegaría todo el pueblo. El taxista que farfulla día y noche que no es justo, el bodeguero que masculla tras su mostrador que alguien quiere hacerles daño, el hotelero que se entristece de los pies a la cabeza al ver sus habitaciones vacías.

Pero como no es una marcha de protesta no hay gritos ni banderas rojiblancas; aunque si hay deportistas que levantan sus puños en señal de triunfo y policías que cambian las armas por alargados remos y, claro, también taxistas, bodegueros y hoteleros que hoy se muestran más optimistas y hasta sonríen un poquito.

Quizás porque todos se han dado cuenta que no hay mal que dure cien años, y que los estragos causados por aquella inesperada noticia, irían atenuándose de a pocos. Sin marchas, pero con acciones contundentes como la de aquellos chicos y chicas que llegaron a Huaraz a pesar del miedo.

Fue una cachetada al temor. Así se podría bautizar a la Semana del Andinismo 2003, porque días antes de su realización, la prensa difundió una nota informativa alarmante: una laguna amenazaba con desbordarse y ocasionar una terrible tragedia en Huaraz, la capital del Callejón de Huaylas.

*La laguna Palcacocha nunca se desbordó, pero la noticia espantó a los turistas que pensaban visitar Huaraz, y, aparentemente, también a los afanes creativos del redactor de esta nota. Quedó inconclusa. Gajes del oficio.

jueves, octubre 13, 2005

Entrevista a Máximo Damián (Parte Final)


El violinista de los Andes

Antes cada violinista sabía como dos mil tonadas, cambiaban de una a otra. No se repetían. ¿Ellos cómo sabían?, ¿de dónde sacaban tanta tonadas?, se pregunta Máximo Damián Huamaní, en la mañana sombría en la que el viejo maestro habla sobre su música sin pentagramas, su amistad con el célebre José María Arguedas y su molestia por la pérdida de muchas costumbres.

-Y dígame ¿de dónde la sacaban, don Máximo?
Eso estoy diciendo yo, salen de acá (don Máximo se toca el pecho a la altura del corazón)

-¿Sólo del corazón o de todo lo que uno escucha en el campo?
De acá sale (ahora se toca la cabeza y el corazón). Nosotros vamos escuchando a los pajaritos, escuchando cataratas, ríos y de ahí nomás sale, de ahí nomás tocamos sin pentagrama, sin nada, de oído, todo oído.

-En entrevistas anteriores, usted decía que hay gente que llora con su música.
Sí, gente un poco antigua, escuchar su recuerdo antiguo que están tocando, entonces comienza a llorar.

-¿Y usted alguna vez ha llorado al tocar?
No, yo toco nomás. Cuando me pegaban mi papá o mi mamá lloraba, pero no al tocar.

-¿Usted ya se siente cansado de tocar el violín?, ¿hasta cuándo seguirá haciéndolo?
No, si me gusta. Hasta 200 años. Sin el violín mi vida sería otra cosa. Violín nomás me gusta.

-¿De niño usted pensaba que se haría conocido tocando el violín?
No pensaba. Tocaba nomás. Tocaba en la sierra. Después vine a Lima, tocando también coliseo, después me encontré con José María Arguedas, ahí ya lo invito para fiesta costumbrista para que vea con la gente.
Él iba todos los domingos a varios coliseos, iba, cuando ya desapareció eso ya no iba, sólo a fiestas costumbristas, a tal pueblo, a tal pueblo.
Cuando el tenía reunión cualquiera, ahí también estoy yo, en su casa o otra casa.

-¿Extraña al señor José María?
Sí, siempre iba a verlo al cementerio, pero ahora lo han llevado a Andahuaylas. Lo visitaba, le iba a tocar, a él le gustaban huaynos, danzantes, varios costumbristas ha visto. Yo le he enseñado bastantes pueblos cuando iba a tocar. Conoce todas las costumbres de provincia Lucanas, el señor Arguedas.

-¿Para quién toca usted?
Yo toco para las comunidades, para todos los pueblos, para toda provincia de Lucanas, para el exterior, para todos pe’s.

-¿Cuándo toca en el exterior cómo lo recibe la gente?
Bastante me quieren el exterior. Más que acá. Algunos extranjeros lloran cuando toco algo triste y no sé como entienden.

-¿Qué tan importante es la música dentro de la danza de tijeras?
Danzante tijeras tiene que llevar violín y arpista. Los violinistas tienen que sacar tono, arpa sigue, danzante sigue.

-¿La música le marca el ritmo al danzante?
Comienza violín, después arpa, todo de oído. Violín tiene que cambiar, sin mirar, él sabe ya, todo oído, danzante también oído nomás.

-¿Por qué la gente en las comunidades no aplaude a los danzantes?
Así es, pues. Es costumbre. Nunca aplaude aunque sea el mejor, nada. Solamente adentro alaba, es bueno y ya están mirando para contratar para otra fiesta. Escogen ahí nomás. Acá en Lima nomás me aplauden, allá no aplauden; pero ahora jóvenes ya están empezando a aplaudir (en los pueblos), tanto que van de acá.

-¿A usted le sigue gustando la danza?
No me gusta tanto ya, cuando voy a la fiesta ya no lo veo. Ya no es como antes. Ni siquiera para copiar.

-Usted acompañó a muchos danzantes ¿desde qué año lo hizo?
Desde el año 50 hasta ahorita, pues. Acompaño a danzantes que en la sierra han aprendido y viven acá, como Basilio Pichigua, Carlos Medina Flores, entre otros.

-¿Qué es lo más impresionante que usted ha visto en la danza de tijeras?
En la sierra he visto cosas lindas. Acá en Lima las acrobacias que están haciendo cualquiera lo hace. Allá en la sierra, baile, baile nada más.

-Las pruebas de comer sapos vivos, clavarse espinas o comer vidrios, ¿son nuevas o siempre se han hecho?
Siempre se ha hecho, eso es el contrato de diablo, los que hacen contrato son los que hacen este tipo de pruebas.

-¿Un danzante es un personaje especial dentro de la comunidad?
Es un comunero, siempre está como comunero, él también está pasando cargo y trayendo a otro danzante, también, al mejor danzante para hacerlo bailar para él. Pasa cargo, va a faena, se junta con el cabildo. Todo va. Es normal, sólo cuando hay contrato es distinto.

-¿Qué pueblos son los mejores para ver danza de tijeras?
La gente exigente para hacer bailar, hay un pueblo que se llama Andamarca (Lucanas), Huacaca en Parinacochas, no te dejan ni dormir, tienes que bailar, tiene que bailar todo el día, aunque estés enfermo, tienes que bailar, para eso hacen la fiesta

-Y si uno no baila… ¿qué pasa?
No pagan.

-O ¿te sacan del pueblo?
Ja ja ja, ahí todo lo ven plata. No te pagan.

-¿Si yo llevo muchas veces al mismo danzante, la gente comienza a reclamar?
La gente siempre insulta, habla. Habrás traído con cebada, trigo, así nomás. No has pagado.

-¿Hay diferencia entre la danza de Huancavelica y la que se baila en Ayacucho?
Huancavelica ha copiado la vestimenta de Ayacucho. Ellos tienen más que tres música nomás, ahora tienen como Ayacucho, como Ayacucho ya están tocando bastante, ya. Se han copiado.
Pasos es diferente de Huancavelica. Música también, yo he ido cuando estaba más chico y era distinto, distinto. Ahora igualito de Ayacucho, vestimenta, algunas músicas están metiendo de Ayacucho. Únicamente diferente es su tijera, que tocan alto, nada más. La ropa es de Ayacucho.

-¿Tiene miedo que las costumbres se pierdan?
Ya está perdido ya, mucho se ha perdido. No debe ser eso. La música se pierde también, huayno ya no es huayno. Todo lo que tocan es otra cosa. Eso me molesta.

martes, octubre 11, 2005

Entrevista a Máximo Damián



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A fines del año pasado, mientras preparaba un reportaje sobre la danzas de tijeras para la revista Rolling’s Stone Cono Norte, entrevisté a Máximo Damián Huamaní, un respetado violinista y profuso conocedor de esta colorida estampa folclórica, cuyos orígenes mágicos y telúricos se remontan al tiempo de los mitos y leyendas.

Damián, nacido el 20 de diciembre de 1940,en el caserío de San Pedro de Ishua (Ayacucho), fue amigo de
José María Arguedas, el célebre antropólogo y escritor peruano, que una mañana de 1969 se quitó la vida de un balazo, atormentado por las contradicciones de su mundo interior: el andino y el mestizo. Ambos irreconciliables.

En la primera parte de esta entrevista, el maestro del violín nos habla sobre los supuestos pactos y contratos entre los
danzas’k y el diablo. En la trascripción, hemos tratado de respetar la forma de hablar de don Máximo. Una licencia que nos permite enriquecer el valor del personaje.

De Danzantes y Diablos

Reflexiones y recuerdos de Máximo Damián, el violinista de Arguedas

El danzante diablo es. El danzante lleva atrás una cola, por eso no puede comer en la mesa, asegura don Máximo Damián, un maestro de las cuerdas, un hombre de las serranías ayacuchanas que se hizo violinista a pesar de los berrinches y estallidos furiosos de su padre.

Sí, diablo es, repite y su voz, bajita pero certera, no deja resquicios para la duda, en su casa carente de maquillaje en el distrito limeño de San Miguel, cerquita del puerto del Callao y su mar Pacífico, lejos de los Andes y sus montañas sagradas, enhiestas, mil veces añoradas.

-¿Por qué los danzantes no comían en la mesa?
Ellos no están en la gracia de Dios, por eso no se acercan a la mesa. Tampoco pueden acompañar a la procesión ni oír misa.

-¿Y porque no están en la gracia de Dios bailan en la torre de la Iglesia?
Eso es sólo una prueba para que le digan mejor danzante. Ellos tienen contrato con el diablo, y cuando tienen contrato tienen que ser el mejor bailarín, el mejor músico.

-¿Cómo se hace ese contrato?
El danzante lleva un señor que sabe llamar al diablo, con rezo nomás. Y el diablo le hace caso a ese señor, a cualquiera no le hace caso. Él sabía su palabra, qué palabra será, entonces, sale ahí mismo (el diablo) y el hombre le dice: te presento a danzante, quiere hacer un contrato.
Ahí uno se puede equivocar, puede decir voy hacer 30 años el mejor maestro y mejor danzante, pero para ellos 30 años es 3 años nomás… Todo eso ya no hay nada, eso ya se ha perdido. Pero la idea queda.

-¿Para el diablo 30 años son tres años…?
Sí, entonces usted dice 30 años –yo hubiera dicho 100 años siquiera- pero a dicho 30 años; 3 años pasu mejor bailarín, mejor músico, a todos gana. Sube torre, hasta torre hace andar. Hace cosas increíbles.

-¿Cómo se paga ese contrato con el diablo?
Ese señor sabe, se entiende con el diablo. Deja un pago, un cuy, cigarro, papa, un montón de cositas, pues. Ahí lo dejan. Ese es el pago que recibe.

-¿Y usted ha participado en esa ceremonia?
No, nunca. Mi papá tampoco (el padre de Damían también fue músico de danzantes), porque más antiguos es que había eso.

-¿Y ahora se hace alguna ceremonia antes de bailar?
Sí, van, pero por gusto nomás. Van a dónde iban los danzantes antiguos, se ponen a bailar. Yo también he ido a tocar a las 12 de la noche, pero no, ya no es lo mismo ahora.

-¿Los danzantes que hacen pacto con el diablo, no creen en el Dios católico?
No, pero cuando no baila danzante, nada, nada, no tiene compromiso, nada, se va a la iglesia.

-¿Desde qué edad ha visto danza de tijeras?
A los siete años ya estaba viendo a los danzantes.

-De los danzantes de esa época a los de ahora ¿ha habido muchos cambios?
Sí, ha cambiado todo, todo. Ahora, por ejemplo, allá en el pueblo ni va la gente a ver, para que vamos a ver payasos, dicen, esos músicos… hasta los cargontes (los que organizan las fiestas) nomás van y ahí están bailando. Cuando son buenos danzantes vienen de otros pueblos, gente cualquier cantidad, cuatro días, cinco días bailando.

-¿A qué se debe que haya bajado la calidad?
Por la música de la televisión, los bailes de Michael Jackson. Hay montón que de ahí están tocando, ahora.

-¿Qué danzantes recuerda usted?
Paulo Sulca (Lalapaulo), él era de mi pueblo; Cicilio Sulca, también. Paulo creo que ha hablado con diablo.

-¿Hay mucha rivalidad entre los danzantes?
Sí, bastante, cuando hay buenos, buenos, también tiene que contratar otro bueno, aunque sea tres días, cuatro días, también; y traen para competir el otro, quien gana, quien toca bien, pero mientras tanto también hay envidias, brujerías entre ellos. Al danzante brujería, al violinista brujería, al arpista brujería.

-¿A usted le han hecho?
Acá en Lima me hicieron, pero allá (en su pueblo) no. Se ha parado mi mano, no quería tocar. No tenía dolor nada, solamente no podía tocar, y los otros iban ganando. Y yo no podía, con arpa nomás bailaba el danzante. Estuve varios días mal.
En la sierra, cuando están tocando el arpa, rompen con toditita, solita cuando están tocando. Se rompen las cuerdas. Danzante, también, se quedan dormidos; ya no levanta, ni más, hasta un día y medio o dos días. Eso es brujería. Esa es la rivalidad. (Rolly Valdivia) (Continuará)

*Lea la Agonía de Rasu Ñiti, un cuento de José María Arguedas sobre la muerte de un danzante de tijeras.

sábado, octubre 08, 2005

Click de la Semana

Balsas y lanchas reposan en la arena de Yacila (Paita, Piura), luego de una ardua jornada en las aguas del Pacífico. "El mar es nuestra vida", aseguran los pescadores artesanales de esta pintoresca caleta.

En los meses de verano, Yacila se convierte en un concurrido balneario por su cercanía a la ciudad de Piura, la capital regional; entonces, la caleta se llena de risas, juegos e inquietud.

"Viene mucha gente de la ciudad. Pobres y ricos. Todos vienen. Se divierten, nadan, se tiran en la arena. Nosotros no, nosotros seguimos pescando, ganándonos la vida", sentencian los curtidos hombre de mar.