miércoles, abril 27, 2011

Clic de la semana

Esplendor 69 by Explorando Perú















No alardeaban quienes habiendo hecho la 69, describían su experiencia como fantástica y proclamaban entre sonrientes y exhaustos, su intención de repetirla, una, dos, muchas veces... todas las veces que pudieran.

De tanto escucharlos y para no morirme de la envidia o algo parecido, me despojé de todos mis temores y decidí hacer de una buena vez la famosa 69. 

Era justo y necesario. Uno ya no es un jovencito y si seguía dudando, fácil que cuando me decidiera a hacerla, ya no tendría el físico necesario o suficiente.

Y es que se necesita estar en forma o medianamente en forma, para llegar al ansiado objetivo sin estar dando pena o lástima o, lo que es peor, sin disfrutar absolutamente nada de la fantástica experiencia. 
 
Y aunque últimamente mi forma es... digamos media redonda, igual la hice y la disfrute y me sentí agotado, pero la intensidad de la 69 me cargaría de energías, tantas, que hoy me atrevo a decir y anunciar que volveré a hacerla,
porque no hay primera sin segunda y en la repetición está el gusto.

Claro, el gusto, el gustazo de caminar hacia la 69... sí, caminar, ¿qué estaban pensando? Este es un blog de viajes, caray, un blog serio, caray, jamás triple XXX, caray... aunque reconozco que lo de la 69 se presta a confusiones. 

Así que mejor disipo las dudas. La 69 que hice no fue ninguna pirueta, malabar o contorsión de esos que explica con lujo de detalles la tía Rampolla. 

Lo hasta aquí escrito, hace referencia a la ruta que conduce a uno de los espejos de agua más bellos del parque nacional Huascarán.

Sus aguas espléndidas se vislumbran al final de un sendero. Un nevado, el Chacraraju, copa el horizonte. Silencio. Soledad. Orillas que tientan al reposo y a la admiración de una laguna a la que únicamente se llega caminando. 

Tres horas de andar entre pendientes y velos cristalinos, entre lagunas sin número y glaciares que se derriten por el cambio climático. Esa es la 69 que hice, que vi, que fotografié. La 69 que tarde o temprano volveré a hacer sin contorsiones ni malabres. Solo con la fuerza de mis pasos.

viernes, abril 15, 2011

Un confuso adiós

Adiós. Me voy. Ya vuelvo. Hasta la vista. No me extrañen o mejor sí, extrañenme. Ya, ya, no pido mucho, que al menos alguien lo haga o, mejor, que solo ellas me extrañen; no, no, que digo, ella, el plural me hace quedar mal, como viajero conquistador que anda de pueblo en pueblo con inquietud y vocación de picaflor.

Sí, que me extrañe ella… pero quién es ella o cuál ella o será que, tal vez, no hay ninguna ella. Qué fastidio. Qué horror. Nadie notará mi ausencia ni esperará mi pronto retorno. Bah, qué importa. Igual me voy y vuelvo, sin decirles adiós ni hasta la vista a las ellas que conozco.

Mejor me reservo la despedida para ustedes, aguerridas lectoras y lectores de Explorando, que siempre están allí o supongo que están allí, siguiendo mis pasos andariegos, renegando porque a veces redacto medio o completamente enredado, o, lo que es peor, solo posteo a la muerte de un obispo como se dice.

Y no es que tenga algo contra los obispos, pero así se están dando o presentando las cosas. Y no es que no hayan itinerarios que contar, por el contrario, este 2011 ha empezado inquieto y… por qué estoy diciéndoles todo esto. Mi intención era la de despedirme, decirles adiós, me voy, ya vuelvo y no me extrañen, pero allí surgió el dilema entre unas ellas y una ella que jamás sentirán nostalgia por mí.

Quizás porque no existen o no sé si existen, porque mi única certeza por el momento es que esta noche me voy de viaje, hacia Huaraz, hacia Yungay, hacia Cebollapampa y desde allí caminaré hacia una laguna que no tiene nombre o, mejor dicho, cuyo nombre es un número: 69.

Ahora todo se vuelve número. Siete a ocho kilómetros de ida, los mismos de vuelta y ya tenemos 14 o 16 y por más que sumo no llegó a los 69. Y si le agrego los 30 que me han dicho que hay que recorrer en carro desde Yungay, me sigo quedando corto. 

Así que me olvido de la aritmética y empiezo a preparar mi mochila y a cerrar esta entrada que, como tantas otras, salió media disparatada.

Tal vez sea por eso de andar de disparate en disparate que ella ni ellas notan mi ausencia, pero, igual, como no hay peor gestión que la que no se hace, les digo o les pido que me extrañen.

jueves, abril 07, 2011

Trabalenguas de votos

Y otra vez la misma cantaleta. Que votar es tu derecho, que votar es tu deber, que hay que votar sin miedo. Que no debes votar en blanco, que no debes viciar tu voto, que te cae la multa si no votas.

Y te hablan sobre el voto de conciencia, sobre el voto democrático, sobre el voto por el Perú que ya nadie lo para; también sobre el voto perdido, sobre el voto estratégico, sobre el temible voto anti sistema.

Y esos que se la pasan hablando sobre los votos de otros, se complican tanto con esto de los votos que al final malpiensan su propio voto.

Y no faltan quienes te preguntan por quién vas a votar, quienes te discuten por qué vas a votar por ese, justo por ese, y quienes te aconsejan o te exigen que lo mejor es cambiar tu voto.

Y es que si votas así: “electarado”. Y es que si votas asá: resentido. Y es que si no votas así ni asá: capitalista o pituco; chavista o retrógrada.

También te alertan sobre que hay que cuidar el voto, que se pueden robar los votos, que los personeros anulan los votos, que los miembros de mesa no saben contar los votos, y hay tanto enredo con los votos que ya no sé para qué voto.

Pero, al final, igual voto o hago la finta de que voto y en verdad vicio mi voto. Mi voto que es secreto como millones de votos. Así que ya lo saben, no me pregunten por quién voto.

Y como nadie sumará suficientes votos, esta cantaleta de los votos no se acabará con mi voto. Mi voto dominguero. Mi voto obligatorio. Mi voto de ley seca. Mi voto de tinta indeleble.

Así que mejor guardo mi voto para la segunda ronda de votos, porque esta novela de los votos, de todos los votos, que son muchos votos, tiene para más votos, porque en esta fiesta de votos –como en todas las fiestas- una siempre es ninguna y no hay primera sin segunda.