domingo, marzo 26, 2006

Breve comunicado desde Puno

No tengo mucho tiempo. Acabo de llegar a Puno y confieso que tengo sueño. Hoy la jornada empezó muy pero muy temprano. Tenía que subir al primer vuelo al Cusco y ni bien pisaba la antigua capital Inca, buscar un bus que me trajera a las orillas del Titicaca.

Así que estoy en Puno otra vez. Ya he caminado por el jirón Lima, la agitada vía peatonal que une la plaza de Armas con el templo de San Juan, que es el hogar de la virgen de la Candelaria la patrona del altiplano.

Pero mi estancia será corta, como este post. Mañana enrumbo hacia La Paz, es decir, aunque parezca un contrasentido, Explorando Perú se va a Bolivia, para iniciar un periplo por el complejo arqueológico de Tiahuanaco, el pueblo de Copacabana y la isla del Sol en el lago Titicaca.

Antes he estado en Bolivia y debo confesar que me he sentido como en casa, por los lazos históricos, culturales y étnicos que unen a ambas naciones. La frontera es solo una división política, quizás un capricho de los titiriteros del mundo, pero los pueblos aymaras y quechuas del lago Titicaca tienen una raíz común, una esencia que se mantiene a pesar de todo. Y eso es lo que los hermana.

En los próximos días espero subir algunas impresiones de mis andanzas por Bolivia. Espero sepan comprender esta licencia y que sigan en el camino con nosotros.

miércoles, marzo 22, 2006

Crónica de Barro

Arte del Norte

En Chulucanas los artesanos mantienen vigentes técnicas alfareras prehispánicas. Explorando Perú se acercó a ellos, para conocer algunos de sus secretos y descubrir la esencia de su arte.

Si no tienes paciencia ni lo intentes, recomienda Narcisa Cruz, cuando sus manos comienzan a trabajar la arcilla.

Aprendí de mi padre, de mi familia. Si quieres te adopto. Así aprendes, bromea César Alache, mientras ahoga un pincel en un vasito descartable.

Mi hijo me ayuda. Tiene 14 años y pule. Hace lo básico, dice Gerásimo Sosa, con el orgullo rutinario del maestro fogueado, admirado en su tierra y en otras tierras.

Sólo tres nombres, tres historias de barro y arcilla en un pueblo de alfareros: Chulucanas, capital de la provincia de Morropón (a 59 kilómetros de Piura), donde hombres y mujeres moldean su arte, crean su propio mundo de campesinas y chicheras redondas, regordetas, coquetamente sonrientes.

Hemos rescatados técnicas antiguas, prehispánicas, naturales. Es parte de nuestra herencia, recuerda don Gerásimo (52) quien aprendió de su padre Andrés, natural de Simbilá, otro pueblo de ceramistas y alfareros de la región Piura.

Me gusta crear, darle forma al barro. Esa es mi vida... Sí, soy un artista, confiesa César (32), en la calurosa penumbra de su modesta casa-taller, habitada por hombres de carne y hueso y gorditas horneadas de un metro de alto.

De niña hacía pititos, pajaritos. Un montón de cosas. Luego los vendía en el colegio, dice nostálgica Narcisa (32), al ver los pinitos artísticos del último de sus 3 hijos; un niño que, como jugando, aprende el trabajo de sus padres (la pareja de Narcisa, Santos Flores, también es ceramista).

En Chulucanas, los sueños creativos se moldean en barro y se cocinan en hornos rústicos alimentados con leña de algarrobo, como ordena la tradición, atávica y milenaria, surgida cuando estas tierras norteñas tenían otros nombres y sus pobladores hablaban otras lenguas y veneraban a otros dioses.

Las técnicas antiguas del paleteo y del decorado en negativo, ya se habían perdido, comenta don Gerásimo, quien se atribuye el redescubierto de los procesos utilizados por los Tallanes y Vicús, dos pueblos prehispánicos de gran influencia en la región (aproximadamente hace 500 años a.C.).

Otras voces aseguran que los “trucos” artísticos prehispánicos, fueron “revividos” por el fallecido maestro Max Inga, nacido en el cercano distrito de La Encantada.

Pero más allá de estas opiniones divergentes, hay algo en el que todos coinciden: la intervención providencial de la hermana Gloria Joyce, religiosa que trabajaba en la posta médica.

Ella dio la idea de investigar las técnicas antiguas, para mejorar los trabajos y hacerlos más finos. Antes eran muy rústicos, explica Narcisa.

La iniciativa de la hermana fue recibida con beneplácito por los artesanos. Ellos, en aquel entonces, estaban dedicados a la fabricación casi exclusiva de cerámica utilitaria, piezas amenazadas ante la irrupción del plástico y el aluminio.

De esas investigaciones y redescubrimientos, surge la actual cerámica de Chulucanas, que se caracteriza por el uso de técnicas ancestrales como el paleteo (moldeo a mano y con golpes de paleta), el empleo de pigmentos naturales, la “pintura negativa” (método de decoración basado en la reducción del oxígeno en la cocción) y una segunda etapa de ahumado con hojas de mango.

En las piezas actuales predominan los tonos negros; además, las figuras ovaladas y los diseños geométricos, se han constituido en los sellos característicos de las vasijas e imágenes de los personajes costumbristas que se moldean en los talleres de Chulucanas, una tierra calurosa, una tierra de artistas ¿de barro?; no, de artistas de verdad.

lunes, marzo 20, 2006

Clic de la Semana


Enigmáticos y poderosos los guerreros-sacerdotes grabados en la epidermis de piedra del complejo arqueológico del Cerro Sechín, provincia de Casma (Ancash) son una evidencia más del valioso legado arqueológico del Perú, un país de antiguas civilizaciones y relatos legendarios.

Las paredes del edificio principal del templo de Sechín -descubierto por el arqueólogo Julio C. Tello en 1937- muestran una serie de personajes que son parte de una eterna procesión de vida y muerte, de huestes triunfadoras y enemigos derrotados, muertos, descuartizados.

Erigido probablemente en el año 1,900 a.C., las más de 350 imágenes del complejo arqueológico muestran grupos de hombres con trajes y atavíos ceremoniales y una serie de despojos humanos (brazos, piernas, ojos vísceras, entre otros), esculpidos a ambos lados del acceso principal al templo.

Mágico y revelador, Sechín es un interesante paradero arqueológico para todos aquellos que exploran el Perú.

miércoles, marzo 15, 2006

San Fernando... otra vez



Mis pasos me llevaron a la bahía de San Fernando a finales del año pasado. Escribí sobre la travesía, publiqué varias fotos, expresé mi satisfacción, mi alegría por llegar a un lugar tan impactante; pero también mi tristeza por el peligro que corre este espacio natural, todavía libre de la mano perversa y contaminadora del hombre.

En los últimos meses, los caminos me llevaron a otras geografía, entonces, los recuerdos de mar y arena empezaban a apaciguarse en mi memoria, hasta que el biólogo Pablo Merino, uno de los principales promotores de la conservación de la bahía, me envió estas imágenes que resaltan la belleza de este pedacito de la franja costera del distrito de Marcona, provincia de Nasca, Ica.

Con la autorización de Pablo Merino, Explorando Perú comparte estas fotografías con sus lectores y expresa una vez más su solidaridad y apoyo, a todos los defensores de San Fernando que, de una u otra forma, alzan su voz de protesta para conservar este refugio de cóndores y guanacos que debe ser respetado por la salud del planeta.


*Si desea saber más sobre el problema de San Fernando, haga clic aquí.

lunes, marzo 13, 2006

Clic de la Semana


Durante casi cuatro siglos los claustros del monasterio de Santa Catalina de Siena, en Arequipa, estuvieron cerrados para el mundo. Nadie, excepto las monjas de clausura que habitaban esta ciudad de sillar de más de 20 mil metros cuadrados, conocían sus primorosos rincones.

Silencio. Oración. Vidas consagradas. Desde su fundación en 1539, Santa Catalina fue y es el hogar de centenares de mujeres anónimas, ricas o pobres, con auténtica vocación o llevadas a sus claustros para acallar algún escándalo, algún desliz terrenal.

Promovido por María de Guzmán (una joven viuda adinera y religiosa), el monumental monasterio es la máxima expresión de la arquitectura colonial de Arequipa, la Ciudad Blanca, esa urbe orgullosa, tradicional y moderna que se extiende en las faldas tutelares del volcán Misti y sus acólitos el Chachani y el Pichu Pichu.

Atractiva y fascinante, esta ciudad de la fe impresiona por sus líneas arquitectónicas, el colorido de sus calles y sus innumerables ambientes que transpiran paz y sosiego, como la plaza Zocodover -el escenario que inspiró este post- donde las siervas de Dios se reunían los domingos para intercambiar los objetos que ellas mismas fabricaban.

viernes, marzo 10, 2006

La Vendimia Iqueña

La Fiesta de la uva, el vino y el pisco

Cosechar y pisar las uvas bailando en un lagar, es una antigua tradición que perdura en las bodegas del sur del país. Todos los años, en marzo, Ica (a 305 kilómetros al sur de Lima) se convierte en la capital de la vendimia, fiesta colorida en la que se le rinde tributo a los frutos de la vid, un cultivo tradicional enraizado en el alma y la idiosincrasia de los pobladores de esta región del país. Explorando Perú estuvo alli en el 2005 y la siguiente nota es fruto de ese viaje.

Una finca en la campiña, varias botijas en el patio, un lagar “alfombrado” con racimos de quebranta (un tipo de uva). Escenografía de una noche tentadora. Un cajón estridente, dos bailarinas quimbosas, un puñado de espontáneos que hacen lo que pueden. Ritmo y cadencia en la pisa de la uva. Unas copitas de pisco, muchas botellas de cachina y hasta un tamal para agasajar al apetito. Sabores y aromas de la vendimia iqueña.

Algarabía y alguito más en una bodega en la que tres catadores evidencian que “toman” demasiado en serio su trabajo (‘y por eso, caballerito, nuestra cachina es la mejor’); enredo en un lagar invadido por muchachitas y muchachotes que bailan sobre la uva para extraer su jugo (mosto); frenesí en el patio de las botijas, con hombres y mujeres que machetean un árbol preñado de regalos.

Y la noche tentadora se vuelve vértigo, torbellino de movimientos, ir y venir de vasos que se alzan para brindar, de rondas bailarinas fervorosas e interminables; entonces, el aire se carga de un aroma fresco y dulzón, porque el viejo lagar sigue transpirando ese jugo de uva que se convertirá en cachina suave pero trepadora, en vino selecto que seducirá los paladares, en pisco puro y penetrante. Peruanísimo.

Se baila y se ríe. Se bebe y se pisa uva, fruto bendito que se encariñó con la tierra iqueña, incluso desde antes de la fundación de la ciudad, cuando nadie había oído el canto lastimero de la princesa-sirena que hasta hoy pena su amor en el oasis de la Huacachina; en un tiempo sin relatos sobre las legendarias brujas de Cachiche, maestras del brebaje, señoras de los artilugios.

Y es que la historia de la vid en el milagroso y fértil valle iqueño –un trozo de verdor en la epidermis del desierto- se remonta a la mitad del siglo XVI. En esos años inciertos y terribles de invasión o conquista, don Francisco de Caravantes –seguramente indignado por el elevadísimo costo del vino traído desde España- decidió que ya era hora de sembrar vid en el nuevo mundo.


Deseoso de concretar la idea que lo “embriagaba”, Caravantes envío a un emisario a tierras ibéricas, para que trajera algunas cepas de vid. El encargo fue cumplido con éxito, y, según el inca Garcilaso de la Vega, el primer vino se produjo en la hacienda Marcahuasi en el Cusco; versión que no coincide con la del padre Bernabé Cobo quien, en su "Historia del Nuevo Mundo", consigna que fue en Lima.

Y como siempre hay un tercero en discordia, los autores Lilia Osorio Osorio y Juan Rivera Tosi, en su libro Ica… Tierra del Sol, aseguran que fue Nicolás de Ribera, apodado El Viejo, quien fabricara en su fundo de Tacaraca, los primeros litros de vino del continente, con una variedad de uva llamada “aloque”; pero la bebida no agradó a los ibéricos. Fue una decepción.

Tiempo después, cuando Jerónimo Luis de Cabrera fundara la ciudad de Ica el 17 de junio de 1563, la tradición vitivinícola ya había echado sus raíces en el tórrido valle; raíces que hasta hoy se mantienen sólidas, raíces que se entrelazan con la historia y la idiosincrasia de un pueblo que se emociona cuando sus campos están cargados de uvas.

Y de esa unión entrañable nació la vendimia. Una fiesta del campo que se entromete en la ciudad, una celebración peculiar en la que el sencillo hecho de cosechar los viñedos o de pisar la uva en el lagar (similar a un estanque) se convierte en una explosión de alegría que se desborda, se contagia, se expresa a través del baile y del canto.

“Sólo cosechamos en febrero y marzo. El resto del año no hay uva. Es ahora o nunca”, comenta con una jarrita de pisco en la mano, don Jesús Hernández Álvarez, “El Charro”, el orgulloso propietario de la bodega Yanquiza, uno de los lugares en los que se realizan las pisas del Festival Internacional de la Vendimia, que se realiza todos los años en la primera quincena de marzo.


La pisa es la actividad más importante del programa. Es la perpetuación de una vieja costumbre, el tributo a los primeros y legendarios productores de vino y pisco, cuando no existían máquinas para procesar los frutos de la vid y todo se prensaba con la fuerza de los pies desnudos. Ahora la ceremonia tiene un carácter simbólico. Es un motivo de reunión y hermanamiento.

Eso fue lo que comprobamos en la bodega Sotelo, localizada en el caserío Quilloay, en las afueras de Ica. Sábado en la noche. Ambiente animado, con gente que conversa, con gente que ríe, con gente que recién se conoce en los bordes de un lagar. Se oyen los primeros latidos de un cajón criollo.

Pisar con fuerza y con gracia. Pisar sin zapatos y sin medias. Pisar las uvas y los racimos. Pisar y no resbalar. Pisar y no caerse. Pisar ignorando el calor. Pisar y tomar cachina… rica, dulce, engañosa, y se bebe un vaso y otro y otro y ¡zas! uno se marea, es víctima de los mazazos etílicos de este delicioso licor que se fermenta un promedio de 8 días.

Después vendría el tamal con su pisco y más cachina. Las rondas inquietas de la yunza y más cachina; y de vuelta la pisa, ahora con un grupo de turistas extranjeros llegados de quién sabe dónde y, para variar, más cachina, la bebida oficiosa de la vendimia, la que se vende a mares en la feria vitivinícola (baratito y hasta con yapa), la que se invita en las bodegas “resaqueadas” de tantas conmemoraciones.

“Sírvase, señor”, invita José Legua, el administrador de la bodega Lazo. Aquí todo se prepara de manera artesanal desde 1809, por eso hay botijas de barro y arcilla “que le dan un saborcito especial a nuestros productos”. Y probamos y nos gusta y queremos otro vasito. Salud con cachina, salud por la vendimia.


¡Basta!, ni un trago más, todavía falta el Gran Corso de Carro Alegóricos en el que la reina de Festival, derrocha gracia y belleza al lado de su corte de inspiradoras princesitas. Fin de fiesta en las principales calles de Ica. Luces, color y fantasía en una noche pletórica de magia en la que todos aplauden, en la que todos parecen haber abandonado sus casas.

Se acaba la Vendimia, la cosecha en las parcelas de vid, el prensado de las uvas –con o sin baile-, también la cachina. El mosto fermentará en las botijas y toneles hasta convertirse en vino; entonces, se cerrará el círculo, se complementará el ciclo en los campos y en las bodegas… también en el alma y el corazón de los iqueños.

miércoles, marzo 08, 2006

Homenaje a la mujer peruana

Corajudas, trabajadoras, bondadosas, sonrientes, también sabias. La mujer peruana, esté donde esté, demuestra su valía y entereza a pesar de las carencias económicas de su entorno social,la desigualdad secular y la prepotencia de algunos "hombres" de ideas cavernarias.


Mujer campesina, mujer madre, mujer luchadora que alza su voz para protestar, como lo hicieron estas comuneras cusqueñas que, portando banderas blancas, pidieron justicia y reparación para las víctimas de la violencia terrorista en la antigua capital del Tawantinsuyo, durante la Caminata por la Paz y la Solidaridad, travesía que recorrió los antiguos caminos del inca el año pasado.

Pilares y baluartes de las familias urbanas y rurales, la mujer andina, costeña y amazónica -a pesar de las dificultades y la discriminación de género- se gana a pulso su espacio en la sociedad.
Con estas sencillas líneas e imágenes, Explorando saluda y felicita a las mamachas y niñachas de todo el Perú, en el día Internacional de la Mujer.

lunes, marzo 06, 2006

Clic de la Semana


Mercado playero en el balneario de Pimentel, cuando los pescadores y sus legendarios caballitos de totora, vuelven a la orilla luego de sus intensas y esforzadas faenas en las olas del Pacífico, para vender los frutos de mar que cosecharon en sus redes.

La agitación que genera la llegada de los pescadores, contrasta con el relajado sosiego de los bañista que tuestan su piel en la arena o se refrescan en el mar tibio y bendito.

El uso de los caballitos de totora se remonta a la época prehispánica. Se dice que Naylamp y Takaynamo, los fundadores de las grandes civilizaciones del norte, llegaron a la costa en estas embarcaciones, para organizar la sociedad e impulsar el desarrollo.

Los hombres de mar de Pimentel -hermoso puerto, balneario y "establo" de caballitos de totora en la región Lambayeque, a 770 kilómetros al norte de Lima- y Huanchaco (La Libertad), conservan la tradición y siguen retando a las olas en sus estilizadas embarcaciones, como lo hicieron los antiguos peruanos. La historia vive en estos rincones costeños.

viernes, marzo 03, 2006

Reflexión Viajera

En los caminos uno va sembrando afectos. Encuentros casuales y efímeros intercambios de palabras, se convierten -quizá sin darnos cuenta- en las semillas de una amistad que se robustece en cada paso, en cada aventura, hasta volverse entrañable, sólida, también viajera.

Y así uno va teniendo amigos y conocidos por todos lados: en un rinconcito del desierto, en la puna más inhóspita, en el caluroso olvido de una comunidad nativa; entonces, uno agradece al camino y a su gente por recibirte con los brazos abiertos, por compartir su sabiduría, por enseñarte que el corazón del Perú seguirá latiendo, mientras alguna señora comparta su puñado de mote y su papita sancochada, con ese desconocido -sudoroso, extraño, hijo de otras geografías- que visita su pueblo.

Hoy escribo esta líneas, para agradecer a todos mis amigos que de una u otra forma, han apoyado mis andanzas periodísticas. Sé que la memoria es ingrata y por eso evito citar sus nombres.

No quiero omitir a nadie, todos son importantes, todos son mis patas, mis compañeros, mis aliados en esta travesía, siempre inconclusa, siempre fascinante, de explorar el Perú.

miércoles, marzo 01, 2006

Granizo en las alturas


Llueve y truena en la laguna Sacrococha en Huánuco. Caen pelotitas de granizo y el viento se arremolina; entonces, la incertidumbre se apodera de los caminantes. Surgen dudas: continuar o detenerse. Caminar o correr, respirar el aire congelado, sentir el agua que se filtra por los resquicios de la ropa y los pies que se hunden en el barro.

Hace frío y llueve, hace frío y falta mucho y no hay donde cobijarse, ni una casa ni un establo: nada, sólo pampa y esa laguna hermosa que se nutre de tormenta. Todo está lejos y el granizo cada vez es más grande... de pronto, las llamas que acompañan a los caminantes detienen su andar, se paran, se entercan, se sientan. Deciden esperar. Esperamos con ellas.

Quietos, agazapados, a merced de la naturaleza y crees que fue inútil ofrendar hojas de coca a los apus (montañas sagradas) y te molestas por la tenue esperanza que sentiste cuando aquel hombrecito aparecido quién sabe de dónde, anunció con total desparpajo que ya no llovería hasta el domingo.

Lo dijo hace unos 20 minutos y quisiste creerle porque era miércoles y no te venía nada mal que todo estuviera seco hasta el fin de semana... sí, para el domingo ya estarías en la costa, bañándote de sol en la arena reconfortante de Huanchaco y Pimentel, espléndidos balnearios costeros de La Libertad y Lambayeque.

No recuerdas cuánto tiempo esperaste, pero la cólera del viento y las nubes amainó. Las brumas desaparecieron y el horizonte volvió a vestirse de luces. Empapado, reiniciaste tu andar por el Inka Naani, en una tarde de miércoles que se disfrazó de domingo, bueno, al menos para el hombrecito de las predicciones frustradas.