miércoles, enero 28, 2009

El faenón norteño de Explorando

Sin “aceitar” a nadie hice un auténtico “faenón" en el norte, en la Huaca Rajada, donde hay un museo nuevo, un museo que se inaugurará mañana; aunque este pechito viajero, lo visitó antes que muchos, antes que casi todos.

Y no crean que entré subrepticiamente, amparado por sombras cómplices y andando de puntillas. No, nada que ver, entré por la puerta grande y observé con paciencia y deleite, cada una de las vitrinas que muestran los ornamentos, las joyas y hasta la osamenta del Sacerdote Guerrero, el cuarto personaje en importancia de la civilización Moche.

Eso me explicaría después, el arqueólogo Luis Chero, quien labora en la Huaca Rajada desde el célebre hallazgo de la tumba Señor de Sipán en 1987, quien está seguro que en este rincón lambayecano, queda tanto por descubrir que ocho generaciones de investigadores tendrán el trabajo asegurado.

Y no lo dice en broma. Queda mucho por investigar, mucho por hallar en las pirámides de adobe de los antiguos norteño. Eso quedó demostrado claramente en el 2007, cuando en la Tumba Catorce, se encontró al Sacerdote Guerrero, personaje importante, principal, que aparece siempre en la iconografía moche.

El Museo de Sitio –con un área de mil metros cuadrados- es, por ahora, la última morada del Sacerdote Guerrero. Cuando la recorrimos, varios obreros se encargaban de darle los toques finales a las paredes pintadas de rojo. Dejaban todo listo para la inauguración de mañana.

Pero el museo no es lo único que se inaugurará mañana. A pocos metros de allí, se ha levantado un centro artesanal, donde las diversas asociaciones de artesanos de los poblados adyacentes, ofrecerán sus productos a los turistas que visiten el complejo arqueológico.

Allí también ingresé. Allí también hice un “faenón”, conversando, enterándome, riéndome con las señoras que bordaban, con la mujer que me servía un vasito de algarrobina, con la señora que repujaba el cuero y, claro, escuchando esas voces esperanzadas que me decían que todo saldría bien, que ganarían un alguito más para parar la olla y darle una mejor educación a sus hijos.

El dictado de los tallares de capacitación, la construcción del centro artesanal y del museo de Sitio, además de la excavación de la Tumba Catorce, son algunas de las obras ejecutadas por Prodesipan, un proyecto de desarrollo impulsado por Cáritas del Perú, con el financiamiento del Fondo Ítalo Peruano.

Mañana será un gran día en Sipán. Habrá una ceremonia, abrazos, sonrisas llenas de orgullo; y si bien no estaré allá, me basta recordar lo que viví la semana pasada, para saber que será una linda fiesta, una celebración para todos los herederos del magnífico Señor de los moches.

*Si quiere leer más sobre el Museo, ingresé al suplemento Variedades del diario oficial El Peruano

lunes, enero 19, 2009

Primer clic, primera crónica.

Año nuevo, fotos y crónicas nuevas. Y es que se acabó el relajo en Explorando y nos pusimos a trabajar para no perder la costumbre. Eso sí, un poquito nada más, porque los excesos nunca son ni serán buenos, sobre todo cuando de laborar se trata.

Así que dejando a un lado la flojera y la pereza veraniega, empuñé la cámara y me fui a Huáncuo, para hacer algunas fotos que me habían solicitado. Primer viaje, primer clic del 2009: la iglesia de San Cristóbal, a pocas cuadras de la plaza de Armas de la Noble Ciudad de los Caballeros de León.

El templo no es lindísimo ni ostentoso, tampoco una joya de la arquitectura colonial, pero tiene cierta gracia y armonía. Además, es el más antiguo de esta región del país y, como es sabido en estas latitudes y me imagino que en otras también, antigüedad es clase.

Las que si no son antiguas aunque si tienen clase -al menos eso espero- son las fotos y el texto sobre el distrito de Torata (Moquegua) publicadas hoy en el suplemento Variedades del diario oficial El Peruano.

Dicha crónica e imágenes son las primeras que publico en un medio impreso en lo que va del año; es decir, estamos de estreno y lo comparto con ustedes, mis entrañables compañeros en las andanzas virtuales de Explorando.

Ahora sí, bienvenido 2009 con sus nuevos clics y sus nuevas crónicas.

*Salvo contratiempos de última hora, una vez al mes publicaré una crónica viajera en el suplemento Variedades de el Peruano, donde, como siempre, contaré mis travesías por el Perú.

viernes, enero 16, 2009

Reporte a la volada desde Huánuco

Llegué. Estoy en Huánuco. Llueve. No mucho, pero igual: gotas y gotas. Cielo gris. Sigo en Lima, pienso.

Pregunto por la plaza de Armas. Cuatro cuadras. Camino. Me mojo. Hay poca gente en la calle. Aún es temprano: 7 y 30.


Encuentro la plaza o la plaza me encuentra a mí. Escucho una banda que sale del municipio. Un grupo de gente, unas muchachas que cargan un moisés o una cuna. No se bien qué es. Sólo veo a lo lejos que al centro hay una imagen del niño Jesús. Estallan cohetes.

Sigo caminando y buscando. Tengo sueño. Tengo que ir a la Catedral. Sigue lloviendo, sigue la banda, sigo andando.


Llego. Un desastre. Obreros arreglan la pista. Frente al templo han levantado un toldo para guardar sus cosas. Hay camiones y máquinas. También cerros de hormigón.

Lo estropean todo. Mala suerte y, para colmo, la iglesia no es linda, no tiene gracia. Su torre gris parece cualquier cosa menos un campanario. Creo que Dios no vive aquí.

Algo tendré que hacer. Algo tendrá que ocurrírseme. Pero será más tarde. Ahora busco otra iglesia: San Cristóbal, la más antigua de Huánuco.


Le pregunto a un policía. Está cerca, dice, camine derechito, nomás. Y no miente. Cuatro cuadras. Estoy en un templo que si tiene pinta de templo. Al frente hay un parquecito y varios gallos. Una señora los cuida.

Busco un ángulo o varios ángulos. La lluvia amaina, el cielo sigue gris, pero debo hacer la foto. Estoy contra el tiempo. Era para ayer. Sacó la cámara. Apunto. Disparo. Una, dos, muchas veces. Listo. Sólo falta la Catedral.

Retorno. Plaza de Armas. Ya no hay banda.
Si existieran los milagros todos los obreros se hubieran ido; pero no hay milagros. Ellos siguen trabajando. Uniformes naranjas que van y vienen.

Me acerco. Me agacho. Me empino. Busco en encuadre que salga más o menos decente. Lo encuentro... uhm, no me convence del todo.

Me voy a la otra cara de la iglesia. Está más bonita. La torre sale mejor. Disparo. La imagen sale simpaticona, quizás si hayan milagros en esta jornada.

Empiezo a guadar la cámara. Escucho una banda. Levanto la mirada: un grupo de Negritos se acercan. Ya no guardo nada.
Voy por ellos. Los veo danzar, girar, hacer sonar sus campanitas.

Vistosidad, colorido, imposible no fotografiarlos, imposible no retratarlos. Lo hago, me emociono, presiento que será provechoso este día en Huánuco. La jornada será larga. Recién a las 10 de la noche emprenderé el retorno a Lima.

Mejor me olvido del sueño. Total, no tengo donde dormir.

*Si desea ver más imágenes de Huánuco y sus Negritos, haga clic aquí.

jueves, enero 08, 2009

Imágenes del 2008 (edición III)

En Explorando seguimos recordando el año que se fue. Por esa razón, publicamos más fotos viajeras del 2008. Esta será la última entrega. Ya es hora de cambiar de calendario y empezar a planificar nuevas aventuras.



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martes, enero 06, 2009

Imágenes del 2008 (edición II)

Como lo prometido es deuda, Explorando publica la segunda edición de sus imágenes del 2008.

Y aunque el dicho popular asegura que las segundas partes nunca fueron buenas, nos hemos esforzado para demostrar todo lo contrario.

El esfuerzo ha sido tan reconfortante que nos tienta elaborar una última entrega; bueno, si el calor y la pereza del verano nos lo permiten.

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sábado, enero 03, 2009

Imágenes del 2008 (edición I)

No es un ranking ni nada que se le parezca, sólo un intento de reflejar en imágenes el año viajero de Explorando. Y es que el 2008 nos llevó, guió y mostró -una vez más- la diversidad geográfica y cultural del Perú, un país vasto y colorido, un país que jamás conoceremos del todo... pero igual lo seguiremos intentando en el año que empieza.


*En los próximos días mostraremos una nueva selección de fotos del 2008.

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viernes, enero 02, 2009

El último es el primero

Iba a escribir un mensaje de fin de año. Es más, ya estaba peleándome con las palabras y hasta había redactado un par de párrafos –no muy festivos ni optimistas para ser sincero-, cuando una copa de vino inocentemente dulce, se interpuso en mis afanes de escriba.

Se supone que sería un brindis de compromiso. De esos que no van más allá de las sonrisas de ocasión y de los buenos deseos que se dicen casi de paporreta. Era cuestión de tener paciencia, mostrarse afable y darle curso a la copa lo más rápido posible. No tardaría mucho en volver al teclado.

En quince minutos o a más tardar en 30, estaría en mi puesto de combate, frente a mi vieja y aguerrida “lentium” con su disco duro empachado de fotos digitales y documentos de todo tipo, desde mis insufribles y enrevesadas crónicas universitarias, hasta unos textitos cursis y melosos que siempre me llevaron al fracaso.

Tal como lo había previsto, el vino duró menos que las esperanzas peruanas de ir al mundial de Sudáfrica. Dos o tres copas y listo. Entonces creí que podría
volver a mi amarga y quejumbrosa letanía contra el moribundo 2008, un año que llegó y se fue sin pena ni gloria.

Pero estaba equivocado. Y es que cuando ya alistaba mi honrosa, sonriente y educadísima retirada, apareció en mis manos –como si se tratara de un milagro- una botella enterita de pisco. El brindis continuaría. Eso sí, ya no sería inocente y dulzón, sino de alto “octanaje”, porque la bebida de bandera es contundente, eficaz, se sube rápido a la cabeza.

Ya era tarde para correr. Puse el pecho y no arrugué. Total, no tenía grandes planes para la noche y mi mensaje de fin de año lo acabaría más tarde, bueno, si es que seguía consciente y no me ganaba la hora.

En todo caso, era cuestión de apurar el pisco y entrarle con entusiasmo, no por borracho o algo así, sino para ponerle el punto final al texto que había empezado antes de la aparición del vino.


Pero mis cálculos y presunciones fallaron otra vez. Bebimos a buen ritmo y el pisco duró menos que un suspiro.

Sin duda me alcanzaría el tiempo para volver a mi “lentium” y darle el puntillazo final a mi entrada. En eso andaba precisamente, cuando uno de mis compañeros de brindis -ya les dije que estaba acompañado de los amigos con los que comparto mi espacio de trabajo-, propuso tomarnos las del estribo en un bar cercano.

Su idea fue aceptada por aclamación. Fuimos en busca del clásico parcito. Y, como siempre ocurre, fue más de un parcito. La tarde se convirtió en noche y mi texto definitivamente se quedaría inconcluso. El año nuevo ya estaba a la vuelta de la esquina y yo no estaba precisamente a la vuelta de mi casa.

Tenía que retornar en la primera couster que pasara. No quería que el año me encontrara rodeado de desconocidos. Y recorrí una ciudad que se preparaba para la fiesta y me di cuenta que no podía ni debía entristecerme por los problemas cotidianos, las travesías que se postergan, los pagos que no se cumplen.


Mi vida es más que cualquier enredo urbano o crisis globalizada. Mi vida es explorar, conocer, buscar nuevos rumbos y compartirlos con ustedes. Eso es lo que hago, eso es lo que me gusta, eso es lo que me hace sentir periodista y viajero.

No debo dejarme abatir por nada ni por nadie, porque mi camino –para bien o para mal- está trazado desde hace tiempo: andar por el Perú, hacer fotos y escribir, aunque esta vez mi verdadero mensaje de fin de año, haya quedado trunco por la culpa de un inocente brindis.