jueves, febrero 28, 2008

La ira de papá gobierno

Castigados. Unos por revoltosos, resentidos y comunistas; otros por timoratos y refugiarse en el silencio cómplice. Nadie está libre de culpa ni de pecado en el Cusco. Todos son dignos del berrinche y la ira gubernamental. Todos merecían un jalón de orejas y un certero coscorrón, para que aprendan de una buena vez que no se debe andar de levantiscos, cuando el país crece, progresa, va viento en popa.

Bajo esa perspectiva, los justos y los pecadores, los agitadores y los pacifistas, los que bloquean las carreteras y quienes sacan las piedras, fueron metidos en un mismo saco. Y así como Dios castigó a Sodoma y Gomorra, Alan García Pérez –que a veces se cree un ser supremo- decidió escarmentar a la Ciudad Imperial, quitándole la posibilidad de ser la Subsede de la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico.

La decisión fue anunciada ayer por el ministro de Defensa Antero Flores-Aráoz, quien aprovechó la oportunidad para hacer méritos con “su señor presidente”. Sólo así se puede entender sus desvaríos y frases insultantes hacia el pueblo cusqueño, al que calificó de cómplice de aquellos que impulsaron el paro regional y las protestas de la semana pasada.

“El resto de cusqueños han estado silentes, han callado en todos los idiomas, o sea, en lugar de expresar su protesta por los hechos de violencia, se han quedado callados, con ese silencio que le llamaríamos cómplice”, espetó el enjundioso Flores-Aráoz, quien aprovechando su racha de inspiración, agregó que los ciudadanos de la antigua capital inca, podían quedarse con su Machu Picchu.

Pero más allá de los dislates verbales de un ministro que desconoce su cartera -salvo que la defensa del Perú se sustente en el insulto y la ironía-, lo que realmente preocupa es el tufillo de reprimenda y venganza que encierra la medida. No es una decisión razonada. Es una respuesta hepática, impulsiva, basada en el principio del padre inflexible que quiere poner en vereda al hijo travieso y disoluto.

De lo que el gobierno no se da cuenta –o será que no le conviene darse cuenta- es que aquellos agitadores nacionales e importados de los que tanto habla (aunque nunca los identifica), son los únicos ganadores con esta situación. Ellos, si realmente existen, estarán saltando de puro contento con la noticia. Su objetivo de profundizar la situación de crisis y conflicto se ha concretado.

Ahora, muchos de aquellos “cómplices silentes”, usando la definición de Aráoz, podrían alzar su voz para protestar contra el gobierno; entonces, los “cuatro gatos” que según las versiones oficiales son los únicos que protestan en el Perú, podrían multiplicarse, repitiéndose con mayor intensidad los bloqueos y protestas producidas hace muy pocos días.

Con o sin revueltas, el Cusco es el emblema turístico del Perú. Por esa razón, en vez de andar vociferando que en la Ciudad Imperial hay infiltrados senderistas y chavistas, las autoridades estatales deberían de poner paños fríos a la situación. No más tormentas en vasos de agua. Calma y serenidad, señores del gobierno. No es tan difícil como a veces parece. Un buen inicio sería acabar con los adjetivos y los agravios.

Si realmente las autoridades están preocupadas por la imagen del país en el exterior, sería bueno que el presidente y sus ministros dejen de repetir hasta el cansancio que en el “ombligo del mundo andino” hay agitadores y terroristas malévolos que buscan desterrar a los extranjeros. Eso es igual de nocivo que un grupo de manifestantes tratando de tomar el aeropuerto o bloqueando una carretera.

Y mientras Antero Flores-Aráoz continúa paseándose por canales de TV y emisoras de radio, cumpliendo su patético rol de vocero de García y el APRA, en Explorando preferimos mostrar la cara carnavalesca del Cusco que descubriéramos en nuestra última visita. Un globito para Antero no estaría mal… ¿no les parece?

martes, febrero 26, 2008

Lomas... donde todo comenzó.



No es un error del sistema o la atrevida acción de un pirata informático, la que ha generado este post, que durante varias horas careció de texto.

La ausencia de frases y palabras fue responsabilidad total y absoluta del autor de esta bitácora, quien -contradiciendo su habitual verborrea- prefirió echarse una siestecita, antes que escribir una crónica sobre el distrito de Lomas, provincia de Caravelí (Arequipa),

El somnoliento escriba arguye, ahora, que parte de su cerebro -vaya, tenía uno- sigue colapsado, calcinado y hasta deshidratado, luego de la ardua y sofocante caminata "costero-marítima" que realizó la semana pasada, en compañía de Felipe Varela, "El Chasqui", Job Rosales, director de Marcona Adventure, y Jesús Guillermo Reaño, del club Montañistas 4.0.

Así que por culpa de su estrés cerebral -ese fue otro de los calificativos que empleó para explicar su flojera-, ustedes, estimados amigos, tendrán que esperar un poquito más, para saber los pormenores de la caminata. Por lo pronto, disfruten con los imágenes de las playas, las calles y el puerto de Lomas.

sábado, febrero 23, 2008

Cansado pero no vencido...

Mi post anterior resultó ser una profecía. Escribí que me dolería la rodilla, me darían calambres y que en algún momento me preguntaría que demonios hago aquí.

Todo eso pasó en mi kilométrico andar desde Lomas hasta Marcona. Lo que no anticipé ni predije, fue las vivencias con los pescadores del balneario de Yanyarina (Arequipa), la contemplación de las formaciones rocosas que existen entre Lomas y Libertad y de las siluetas arenosas que preceden a Marcona.

Pero la aventura no termina. Hoy descansaré en Marcona, tratando de recuperar fuerzas y eliminar los dolores de mis piernas, tratando de mentalizarme para el tramo final de esta caminata.

Mañana, cuando el día comience a despertar, enrumbaré hacia la bahía de San Fernando. Quizás sean 15 o tal vez 20 kilómetros de recorrido. En realidad ahora no quiero pensar en distancias ni en horas, ni en ampollas ni en calambres. Sólo anhelo llegar a mi destino. Es lo único que importa.

martes, febrero 19, 2008

Pasos en la arena

Dentro de unas horar partiré. Iré hasta Puerto Lomas (Arequipa) para caminar a la bahía de San Fernando, en Marcona (Ica). Son muchos kilómetros que andaré por la costa. Más de 50 menos de 100, aún no lo sé. Mi única certeza es que estaré con la mochila en la espalda y los rayos del sol taladrando mi cabeza.

Sentiré calor y sed. Me cansaré. Probablemente me duela la rodilla y me den calambres. Sí, dormiré poco y caminaré mucho y cuando sienta que no puede dar un paso más, me preguntaré qué diablos hago aquí. Así, renegando, desfalleciendo, disfrutando, seguiré al ladito del Pacífico, con terquedad y obstinación, hasta llegar a mi destino.

Me voy pero volveré, como siempre, para contar mi travesía. No sé si la leerán muchas personas, sólo sé que quedará como un testimonio imperecedero de mi andar por los caminos del Perú. Con eso me basta para seguir viajando. Al menos por ahora.

jueves, febrero 14, 2008

Clic de la Semana

Ni la latente amenaza de lluvia ni el aliento gélido del aire andino, impidió que esta pareja de recién casados, posara con acaramelado nerviosismo en la plaza de Armas del Cusco, despertando la curiosidad de turistas, lugareños y del lente inusualmente casamentero de Explorando Perú.

Y es que el autor de esta bitácora, a pesar de la opinión generalizada, también tiene su corazoncito y hasta su lado romanticón, por lo que al ver a la valerosa pareja, se olvidó de su intensa búsqueda de "gringuitas afanables", para registrar al flamante matrimonio.

Con esta estampa cusqueña, Explorando rinde un sincero homenaje a todos aquellos que celebran el melosísimo día de San Valentín: con la esposa(o), la novia(o), la enamorada(o), la amiga(o) especial o con derecho y... bueno, con quien se pueda o se quiera.

Total, es sabido que todo vale en el amor y la guerra. ¿No es cierto?...

martes, febrero 12, 2008

De héroe a villano

Era de madrugada. Dormía malamente en un bus pintón pero con complejo de coladera, porque el aire se filtraba en todas direcciones. Y eso que las ventanas estaban más cerradas que puño de tacaño.

Bueno, decía que dormía congeladamente hasta que unos alaridos me sacaron de los brazos de Morfeo (eso suena algo amariconado, pero la culpa no es mía sino de los griegos). Somnoliento, legañoso, hecho un trapo, tarde unos segundos en recuperar la conciencia y descifrar esos chillidos y vociferaciones, pronunciadas en perfecto "argentino" por un par de "minitas" -vaya, que rápido me contagié-.

Una de las nenas denunciaba al terramozo (ya van dos en este viaje, soy recontra salado) que su mochila había desaparecido misteriosamente. Su compañera de asiento, le hacía la segunda voz en los reclamos, agrandando el barrullo y despertando a todos los pasajeros y quizás hasta el chofer. Total, uno nunca sabe.

Lo cierto es que el terramozo hizo detener el bus, para unirse a la búsqueda del morral perdido... pero era inútil, no aparecía por ningún lado... y la angustia y los gritos y los improperios se multiplicaban, como si estos fueran palabras mágicas capaces de materializar el bolso o, en caso contrario, sensibilizar al supuesto "ladrón".

A pesar del "quilombo" -sigo con el lunfardo- logré entender que la "gaucha" -sentada frente a mi asiento- tenía la mochila debajo de sus piernas. Eso me hizo sospechar -con austicia y perspicacia que enrojecería al mismísimo 007-, que aquel bulto que entre mis dormires y despertares había golpeado mis pies más de una vez, podía ser el extraviado.

Y no me equivoqué. Debajo del asiento de mi vecino estaba la mochila intrusa. Asunto aclarado, sentencié con voz de fogueado sabueso y, luego, le comuniqué mi hallazgo al nerviosísimo terramozo y a la casi infartada "víctima".

Confieso que esperaba un gracias o una sonrisa en señal de agradecimiento, pero ocurrió todo lo contrario. En cuestión de segundos pasé de la gloria a la incertidumbre, porque la dueña del morral espetó un fulminante y furibundo "mirá vos, ahora tengo que ver que todo este completo".

No pues. Así no es. Acaso crees que te voy a robar, le respondí entre bostezos de indignación, mientras ella abría, buscaba y encontraba. Ah, eso sí, no pidió disculpas ni dijo gracias, tampoco le sonrío al terramozo... menos a mí, el supuesto culpable de su desgracia. ¡Qué difícil es ser un héroe!.

**Moraleja viajera: cuando recorras un camino sinuoso, no dejes tu mochila o bolsa de dormir en el piso. Suelen resbalarse y escabullirse a otros asientos.

domingo, febrero 10, 2008

Brevísimo reporte cusqueño

Todas las cabinas de Internet que he visitado en el Cusco, tienen el teclado en inglés. Incluso las que no están muy cerca del Centro Histórico y sus centenares de turistas.

Así que para poner las tildes, debo recurrir a la fórmula mágica del alt 130, 160, 162, 163 y 161, lo único malo es que casi siempre le acierto a la segunda ocasión, como acaba de ocurrirme con la O, ya que por error puse 160 en vez de 162; es decir, un auténtico enredo de cifras que se vuelve en un fastidio, ya que para este modesto viajero, todo lo que tiene que ver con números es una tortura.

Ante tanto enredo, me pregunto si alguién se animará a abrir una cabina de Internet para peruanos (si ya hay un tren a Machu Picchu, solo para los hijos de esta hermosa tierra del sol) o será que a nadie le interesan los tildes bien puestos.

Se acaba el reporte. Mejor dejo de renegar y me voy a la plaza, donde habrá un desfile carnavalesco. Eso sí, espero que no mojen porque no hay quien planche.

sábado, febrero 09, 2008

Cartón lleno...

Después de varios años y luego de muchísimos viajes, al fin gané en el bingo de Cruz del Sur. Confieso que no tenía ninguna expectativa, más aún cuando los tres primeros números dictados, no aparecían en mi cartón. Pero la suerte cambiaría a partir del cuarto. Desde ese instante, mi avance sería irrefrenable y victorioso.

Mis repetidos fracasos en el bingo, me llevaron a sospechar de mi aparente fortuna. Quizás los demás pasajeros andaban en una condición parecida a la mía. Para sacudirme de las dudas, empecé a mirar de soslayo el cartón de mi compañera de asiento, una señora con apenas un par de aciertos. Ocurría lo mismo con los muchachones ubicados al otro lado del pasillo.
Mi pesquisa fue alentadora. Ellos estaban más salados que el agua del mar.

Eso me levantó la moral. El triunfo era posible y cada vez estaba más cerca. Era cuestión de esperar, para que mi estertóreo, bronco y varonil grito de bingo, remeciera el primer y el segundo piso del bus. "Parece que hay un ganador, señores" o algo así, dijo el terramozo. Ahora, sólo faltaba verificar si realmente mi cartón estaba lleno.

Fueron segundos angustiosos, en los que imaginé las sonrisas cachacientas de los jóvenes, el murmullo de alivio de los demás pasajeros, las palabritas de consuelo del terramozo, la alegría de todos aquellos a los que les faltaban dos o tres numeritos... en fin, el roche tremendo y apocalíptico que tendría que soportar -estoica y calladamente- si la emoción me había llevado a cometer un error.


Pero mis temores no se hicieron realidad. Todo estaba orden. Sí, era el orgulloso ganador de un pasaje de retorno a Lima. Un gran ahorro, un tremendo alivio para mis casi siempre afligidas arcas viajeras.

Lo único malo del asunto, es que más de un conocido me ha recomendado -abierta y casi descaradamente- que el dinero destinado para el viaje de regreso, lo invierta en comprarles recuerdos o souvenires.

La propuesta no me tienta demasiado, sobre todo porque estoy en Cusco y es sábado y ese billetito extra puede -o debe- ser utilizado en algún pub, discoteca, cantina o antro. Es duro admitirlo, pero caeré en las tentaciones nocturnas. Ojalá que salga premiado como en el bus: ¡Bingo!.

martes, febrero 05, 2008

Verdades a medias

Cuando las autoridades se apresuran en decir que todo está tranquilo y no hay de que preocuparse, lo más recomendable es abrir bien los ojos y ponerse en guardia. Y es que las versiones oficiales nunca dicen toda la verdad o, mejor dicho, tienen muy poco, poquísimo, casi nada de ella.

Experimentados cultores del perjurio y las mentirillas piadosas, los gobernantes, sus voceros y hasta sus “ayayeros” de turno, son -o pretenden ser- auténticos maestros en el arte de “dorar la píldora”. Desde esa perspectiva, al ciudadano común y corriente sólo le queda ver para creer.

Y no es que todos seamos devotos de Santa Tomás, pero la experiencia enseña y en estos tiempos los engaños… lo siento, las versiones oficiales, se encuentran más devaluadas que los soles e intis del primer mandato de Alan García.

Los ejemplos sobran y no hay que esforzar demasiado la memoria, para recordar la retahíla de verdades a medias que algunas autoridades han querido convertir –de tanto repetirlas- en verdades completas.

Una de las últimas “mentirillas piadosas” está relacionada al trágico derrame de petróleo en el mar de Zorritos (región Tumbes). El hecho se produjo el pasado 30 de enero, tras la explosión y posterior hundimiento del Supe, una embarcación de la Armada Peruana que transportaba 1,300 barriles de crudo, para la empresa estadounidense BPZ Energy.

Después del luctuoso acontecimiento -que ocasionaría la muerte de uno de los tripulantes-, las autoridades se apresuraron en decir que la situación no era grave y que cualquier riesgo ecológico sería evitado con una barrera de contención. En otras palabras, no había de qué preocuparse, porque un poquito de petróleo es el océano es como un lunarcito en el cuerpo de un gigante.

Los días han pasado y la “inofensiva manchita” sigue “navegando” sin mayores contratiempos en las aguas del Pacífico. Ya pasó por la hermosísima Punta Sal y hace unos instantes acabo de escuchar en la radio, que se acerca peligrosamente a Máncora (región Piura). Mientras esto ocurre, se continúa negando el daño ecológico y se insiste en que todo está controlado. ¿Alguien puede creerlo?

En vez de las versiones edulcoradas, se deben poner manos a la obra, convocar a los especialistas y, sobre todo, no menospreciar la inteligencia de la población. Sólo así se podrá enfrentar la emergencia ambiental de manera efectiva. En caso contrario, la mancha de petróleo se mantendrá boyante en la costa norte, contaminando, dañando, destruyendo.

Y eso no hay que verlo para creerlo, con la ayuda de Santo Tomás.

viernes, febrero 01, 2008

Clic de la Semana


Con un sencillo ritual, Felipe Varela, "El Chasqui", se encomienda a las divinidades andinas antes de comenzar su nueva aventura andariega. "Así voy protegido, hermano", afirma con absoluta certeza.

Caminante infatigable, la constancia de sus pasos le ha permitido investigar buena parte de la red de Caminos Incas, que serpentean majestuosos por los valles y serranías del Perú milenario.

Hoy, cuando el sol aún no despertaba en las afueras sureñas de Lima, Felipe ofrendó hojas de coca frente a la legendaria isla Cavillaca (se cree que es cuerpo petrificado de una mujer y su hija) y el complejo arqueológico de Pachacamac, uno de los mayores oráculos de la época prehispánica.

Con la protección de los dioses antiguos, "El Chasqui" recorrerá los más de 100 kilómetros que separan Pachacamac de San Pedro de Casta, provincia de Huarochirí, Lima, una comunidad de altura (3350 m.s.n.m.) en las faldas del enigmático bosque de piedras de Markahuasi.

"Llegaré el martes. Ese día habrá fiesta en el pueblo y entregaré el agua de la mamacocha (el mar) que tengo en esta botella", revela Felipe al despedirse, al echarse andar como tantas otras veces. Y lo veo partir con cierta nostalgia. Esta vez no podré acompañarlo. Esta vez debo quedarme Lima.