sábado, marzo 31, 2007

La pregunta del millón

¿Cuál es el lugar que más te gusta? La pregunta es inevitable y siempre llega, indefectible, recurrente, categórica, cuando alguien se entera que uno se gana la vida o, mejor dicho, el derecho a sobrevivir honestamente -digamos con lo justo, más bien apretado- como periodista y viajero.

Me han hecho esa interrogante tantas veces que ya perdí la cuenta. Lo curioso del asunto es que nunca sé que responder, entonces, tengo la impresión que he vuelto al colegio y, para colmo de males, en plena prueba bimestral de matemáticas, experiencia traumática y peliaguda que, de en cuando en cuando, retorna convertida en pesadilla.

Cada vez que quiero absolver la pregunta que motiva este post, balbuceo con el mismo nerviosismo con el que años atrás, garabateaba los números en la hoja del examen, aferrado a la esperanza –dicen que es lo último que se pierde- de obtener un honroso 11 o un salvador 10.5, porque el medio punto favorece al alumno.

La única diferencia con aquella tortura de variables y ecuaciones, es que ahora, al terminar de responder, nadie me reprocha o me dice “que pasa Valdivia, ya te están malogrando”. Frase célebre con la que el robusto profesor Meza del Colegio Nacional de Varones Diego Ferré de Jesús María –a mucha honra-, trataba de explicar mi bajo rendimiento.

Malogrado o sano, nunca fui Einstein, así que no entendía porque el profe pensaba que mis desastres matemáticos, estaban relacionados con supuestos devaneos de conducta. Imagino que para él era más fácil achacarle la culpa a los “vándalos” afanados en llevarme por el mal camino, que aceptar que quizás, sólo quizás, él no enseñaba tan bien.

Pero la verdad era otra: soy un negado para los números, como ahora soy un negado para responder qué lugar de los que conozco es el más bonito. Juro que me gustaría tener una respuesta ingeniosa y contundente, decir tal sitio es el mejor y soltarme con una larga perorata sobre los atractivos turísticos de ese destino soñado que sació completamente mis inquietudes viajeras.

¿Qué lugar es el más bonito? Exprimo mis neuronas… sí, aún las tengo, no me he malogrado tanto como preveía el adiposo profe Meza. Pienso, reflexiono, ya casi lo logro y… nada, sólo un revoloteo incesante de recuerdos, de imágenes distintas y contrastantes de ese mosaico geográfico y cultural que es el Perú.

Y si digo Cusco con su maravilloso legado Inca… sí, puede ser, aunque también podría ser Yauyos con sus subyugantes caídas de agua o Andamarca con sus danzantes de tijera y su fabulosa fiesta del agua o el cañón de Cotahuasi con su atronadora catarata de Sipia o Tarma con sus alfombras de flores y el misterio insondable de la gruta de Guagapo.

Tantos lugares entrañables. Tantas anécdotas en la costa, en la sierra y en la selva. Cómo decidir qué lugar es el más bonito: ¿la exuberancia boscosa de Pacaya Samiria o del Manu?, ¿la comunión con las olas del Pacífico en la costa norte, ¿el baile infinito de la fiesta de la Candelaria en Puno?, ¿el trepidante descenso en la enhiesta duna de Cerro Blanco, en Nazca?, ¿las cumbres de nieve del Callejón de Huaylas?

Aquia, Iquitos, Lamas, Corongo, Paucartambo, Colca, Pampa Galeras… ¿Cuál de ellos? Todos o ninguno; uhm, tal vez sea Paracas, Trujillo, Chachapoyas, Satipo… y hay más, muchos más, porque en un viaje aventurero hasta el paraje más hostil puede convertirse en un paraíso, gracias a un gesto solidario, a una sonrisa, a un puñado de papas compartidas.

Las travesías están llenas de instantes mágicos y singulares que no se pueden comparar. Eso complica la elección, eso es lo que me hace balbucear y revivir la incertidumbre de mis odiados exámenes de matemática… No, profesor Meza, nadie me está malogrando. Al menos de eso estoy seguro.

lunes, marzo 26, 2007

Al fin... Perú clasifica al mundial Sub 17

"Nuestra fe está en la cancha
y te venimos a alentar,
con la camiseta pegada al corazón..."
El Aguante, Inspector

No es que me suba a la volada al coche del éxito. Quienes me conocen saben de mi devoción futbolera a prueba de balas y mi persistencia en ser hincha del fútbol en el Perú, a pesar de los pésimos resultados, las eliminaciones recurrentes, las catastróficas goleadas y las puyas de aquellos que no comprenden o no quieren entender lo que uno siente, vive, palpita.

Y ahora, cuando Perú ha clasificado por primera vez en su historia a un mundial Sub 17, me siento igual de futbolero que cuando soporte con estoicismo el vergonzoso 6 a 0 frente a Argentina en su mundial del 78’ y el 5 a 1 contra Polonia en España 82… ah, en ese entonces era niño y empezaba a darme cuenta que para ser hincha en un país como el mío, hay que tener aguante, resistencia, también esperanza.

Los años traerían otras derrotas. Muchas, quizás demasiadas en todas las canchas y en todas las categorías. Ví crecer a Colombia y Ecuador, a Bolivia clasificar a Estados Unidos 94’, a Chile sacarnos por goles de Francia 98. Y mientras eso ocurría, el Perú no era capaz de sacudirse de sus recuerdos setenteros.

Y a pesar de los fracasos y tristezas, seguí haciendo fuerza, creyendo o tratando de creer que todo o al menos algo, cambiaría en el próximo partido, en el siguiente campeonato.

Con esa esperanza, siempre renovada, siempre invicta, entretuve una tarde dominguera con el Perú – Brasil, el sorprendente 2 a 1 con el que la selección se estrenó en el Sudamericano Sub 17 de Ecuador.


En este torneo, culminado ayer, Perú logró una clasificación inéditas tras empatar a uno con Argentina. Éxito parecido no se alcanzaba desde 1981, cuando la blanquiroja empató a cero con Uruguay en el estado Nacional de Lima, obteniendo el boleto para España 82.

Se logró el objetivo. Perú irá al mundial y los periodistas dicen que nadie creía en esa selección. Sus comentarios me parecen injustos, porque los hinchas, los verdaderos hinchas, siempre creemos que la suerte puede cambiar, total, en el fútbol no hay lógica y son 11 contra 11 y nuestro fútbol es gitano y tantos otros argumentos o excusas que nos sirven y nos motivan para seguir viendo los partidos.

Confieso que estoy contento y quería escribirlo, no como periodista, sino como un hincha sufrido y mil veces golpeado por la derrota, que hoy siente –quizás con demasiada pretensión- que algo de ese triunfo le pertenece, por su fidelidad a la selección y por haber estado siempre ahí, en las buenas y en las malas.

De eso se trata esta pasión. De alentar y hacer fuerza por tu equipo, aunque gane poco, aunque casi nunca clasifique. Así es el fútbol.

martes, marzo 20, 2007

Clic de la Semana


Ajenos al bullir turístico del verano, estos niños mancoreños jugueteaban en las calles polvorientas de su pueblo, hasta que descubrieron el lente viajero de Explorando Perú, entonces, entre risas y alaridos, pidieron o exigieron que les tomaran una fotografía.

"Ya pe' tío, no sea malito", le insistían una y otra vez a ese tío venido quien sabe de dónde, que paseaba o se perdía por el corazón de adobe y tierra de Máncora (provincia de Talara, Piura), una zona playera que a pesar del trajín turístico, todavía conserva su sencillo rostro de caleta pesquera.

Ante la insistencia de sus nuevos sobrinos -alegres, traviesos, dicharacheros- el viajero accede con gusto a su pedido, trayéndose de recuerdo una imagen distinta de Máncora, lejos de su mar y su arena, de su sol portentoso y sus olas retadoras, también de sus hoteles suntuosos que incitan al relajo.

Se acaba el verano. Las playas quedarán desoladas, los balnearios perderán su calurosa agitación, pero los "sobrinos de Explorando", seguirán allí, correteando en su pueblo de calles polvorientas y escuchando las voces del mar, de su mar.

miércoles, marzo 07, 2007

Mujeres, las de mi tierra

Con este sencillo mosaico de imágenes, Explorando saluda cariñosamente -con besito en la mejilla y un abrazo respetuoso- a las chicas y no tan chicas de todo el Perú, en la víspera del Día Internacional de la Mujer.

Mucho se ha escrito sobre la mujer peruana. Inteligentes, abnegadas, lúcidas, trabajadoras, solidarias, en fin, un rosario de adjetivos que resaltan sus cualidades y virtudes; ah, claro, también se ha verseado sobre su belleza y zalamería...

Como no hacerlo cuando en la plaza de Armas de Trujillo, el lente de tu cámara se enamora de una linda bailarina de marinera, la danza nacional del Perú.

El flechazo se repite en las alturas ancashinas de Corongo. Fascinación al retratar a las pallas, esas damas de belleza legendaria que, según la tradición, salvaron de la muerte a los hombres de su tierra, al calmar la cólera implacable del Inca con las elegantes evoluciones de su danza.


Y mientras las pallas perpetuan su arte en la fiesta de San Pedro de Corongo (29 de junio), esta mujer del altiplano ofrece sus artesanías en el archipiélago flotante de Los Uros.
Con sonrisas y palabras tiernas, ella se da maña para convencer a sus clientes, turistas de todos los continentes que visitan su pequeño mundo de totora en el grandioso lago Titicaca.

A pesar de las dificultades, la pobreza, la exclusión y la violencia insensata de algunos cobardes que se ufanan de su supuesta hombría, la mujer peruana -aquella que casi siempre recibe con ternura a los viajeros- no deja de luchar. Lo hace por ella, por el futuro de sus hijos, por el futuro del país.

Feliz día...