sábado, octubre 27, 2007

De lluvias y tierras fecundadas

Se extinguen los colores y la luz vivaracha del sol. Llueve con furor o con furia en la selva de Tambopata (Madre de Dios), imponiéndose sobre el cielo límpido y de ensoñadoras nubes esponjosas, un velo plúmbeo que convierte al follaje, a las aguas laberintosas y a las canoas que surcan el río, en siluetas borrosas, espectrales, acaso fantasmagóricas.

Lluvia, tormenta, aguacero, chaparrón o chubasco; jamás una tímida garúa o una ridícula llovizna. Las gotas -gruesas, rápidas constantes- nutren el caudal de los ríos y refrescan las raíces de los árboles... un aroma a vida, una fragancia de tierra fecundada se expande en el ambiente.

Ahora, el cielo de nubes nigérrimas parece estar a punto de venirse abajo, de caerse a pedacitos o de estar derritiéndose; entonces, sólo queda esperar, refugiarse bajo el toldo de la canoa y contemplar maravillado el espectáculo de la lluvia amazónica.

Los animales se espantan, desaparecen, algunos acallan sus voces. La selva se hace distinta, se vuelve sombría y gris, pero no pierde su encanto, su feracidad, su rostro salvaje. Avanzamos con la lluvia, surcamos el río bajo la metralla de sus gotas. No se extraña ni al sol ni a la luz. Por ahora nos basta con las sombras, la humedad y la fragancia de la tierra fecundada.

jueves, octubre 18, 2007

La envidia de Tarzán

No soy Tarzán ni pretendo serlo, pero por unos días me internaré en la selva, la amazónica no la africana, por si acaso, ya que el “presupuesto” de Explorando Perú –qué buena broma ¡cuál presupuesto!- no llega para tanto, con decirle que hay ocasiones en las que apenas si alcanza para pagar una chinita en la combi.

No gritaré ¡ooooooohhhhhhoooooo! ni estaré acompañado de ninguna muchachita con vocación de Jane, tampoco andaré medio calato por las trochas ni buscaré lianas para pasear por las copas de los árboles.

No tengo espíritu de exhibicionista ni quiero asustar a los animales que ya tienen suficiente con los peligros de extinción y las amenazas constantes de los hombres y las mujeres, porque en lo bueno y en lo malo, hay que aplicar la igualdad de género.

Así que durante varios días andaré perdido –o, mejor dicho, más perdido que de costumbre- en la selva calurosamente tupida de Tambopata, en Madre de Dios, buscando encuentros cercanos o lejanos, en fin, de cualquier tipo, con fieras que meten miedo y alimañas de todos los tamaños, con especimenes ponzoñosos y bichos horripilantes… con la naturaleza en todas sus formas, con toda su explosión de vida.

Así que mañana partiré hacia a Puerto Maldonado, donde me embarcaré hacia la espesura amazónica, en búsqueda de emociones y aventuras para envidia de Tarzán, que jamás reinó en la selva peruana.

viernes, octubre 05, 2007

Volver y partir

Volví. Sólo traje recuerdos y fotos, también un libro. Parece poco o casi nada, pero es más que suficiente, al menos para un viajero cuya única pretensión es la de descubrir y conocer.
Por ahora no le pido más a los caminos. Me conformó con estar en ellos, yendo y viniendo, atesorando añoranzas, sembrando amistades, cosechando sonrisas, como ocurrió en Huamachuco, la capital de la provincia Sánchez Carrión, un rinconcito inspirador de la sierra liberteña.

Volví pero no sé por cuanto tiempo. Volví pero anhelo retornar pronto al camino. Cerca o lejos, al norte o al sur. No lo sé. Por ahora, es mejor pensar que sigo en Huamachuco...

lunes, octubre 01, 2007

Amenaza de retorno

Me acerco a Lima otra vez. Ahora estoy en Trujillo, ciudad a la que llegué a las cuatro de la madrugada desde Huamachuco, después de varias horas de curvas y remezones, cortesía de una carretera a medio hacer que parece debatirse entre el asfalto y el afirmado polvoriente, entre la comodidad y la tortura.

Lo bueno del asunto es que mi sueño viajero es cada vez más resistente, digamos que a pruebas de baches, asientos desfondados, vecinos gordos, niños berrinchudos y demás situaciones que atentan contra el merecido descanso en un vehículo interprovincial.

Así que el peregrinaje de la sierra a la costa liberteña, apenas si lo sentí, lo que hoy me permite estar lúcido, bueno, tampoco debo exagerar, me permite estar despierto y escribir estas líneas, mientras hago tiempo para el tramo final Trujillo - Lima, un viajecito de 8 horitas nomás, en el que espero que mi sueño se imponga -como tantas otra veces- a los avatares del camino, para llegar fresquito a la capital.

Bueno, se acaba mi tiempo. Tengo que preparar la mochila y dar unas vueltas por la ciudad que, espero, me regale un solcito acogedor, un solcito que me convenza de que Trujillo es la "Ciudad de la Eterna Primavera".