lunes, marzo 31, 2008

Clic de la Semana


Una balsa de totora se enfrenta a las olas del Pacífico en el mar de Áspero en Puerto Supe(provincia de Barranca, Lima), reviviendo -quizás- las travesías marítimas de las primeras poblaciones costeras del Perú, que se asentaron en este lugar hace cinco mil años.

Áspero, rescatada del olvido y la indiferencia histórica hace tres años, habría sido la ciudad pesquera de la civilización Caral, considerada como las más antigua de esta parte del mundo y piedra angular en el desarrollo del hombre andino.

El sábado, los experimentados pescadores de la vecina caleta de Vegueta (provincia de Huaura, Lima), navegaron desde el cercano asentamiento costero de Vichama (también de los hombres de Caral) hasta el de Áspero, para rendirle tributo a las aguas de la Qochamama (el mar).

En su dorada embarcación, los herederos de una cultura milenaria llevaban ofrendas para los dioses del pasado, aquellos que -tal vez, de repente, uno nunca sabe- guiaron a los profesionales del Proyecto Arqueológico Caral-Supe, para que empezarán a desenterrar los misterios de una ciudad perdica, profanada, convertida en pútrido basural durante más de 25 años.

Hoy, gracias al trabajo de los arqueólogos y -porque no-, a la tutela de los dioses, los primeros vestigios de la ciudad pesquera empiezan a vislumbrase, a conocerse, a ser parte del inmenso y maravilloso legado del Perú prehispánico. Una razón más para sentirse orgullosos.

martes, marzo 25, 2008

Purificación de Semana Santa

Dónde el autor -que no resalta precisamente por su religiosidad- se queja amargamente de la Semana Santa, sólo porque la pasó enclaustrado en su cuarto.

Me refugio en un cuarto saturado de desorden y carente de espacios vacíos. Me asfixio de aburrimiento. Prendo la TV. Hojeo un libro. Busco formas en las manchas de la pared. Intento dormir pero sigo despierto.

Las horas se alargan. Me fastidia el paso remolón de los segundos y minutos. Me aturde el calor. Me hartan las películas religiosas, los santurrones que me piden recogimiento y reflexión, también el cardenal Cipriani sermoneando sobre la verdad y la vida eterna. Bah, nada, no le creo.

Cambio de canal. Ruleta de imágenes: Judas traicionando a su maestro, Pilatos lavándose las manos, Barrabás siendo indultado por el pueblo, Jesús agonizando, Jesús volviendo a la vida. Me invade un hastío de connotaciones bíblicas.

Me olvido de la TV. Me acuerdo del libro. Lo abro, lo leo… me irrita el personaje principal, tan blandengue, tan buena gente, tan dispuesto a ser rechazado y seguir queriendo.


Suena el teléfono. Quizás mi última esperanza de escapar del cuarto y de la asfixia, de Cipriani y Barrabás. De salir de Lima en Semana Santa.

Aló, sí, claro, cuándo, dónde… Junín, Tarma, Huasahuasi, ya, chévere. Me apunto… ¿cómo?, ¿dentro de una hora confirmas? Bacán. Espero.

Ansiedad. Miro la mochila con ilusión. Una hora para abandonar el cuarto hasta nuevo aviso, una hora para olvidarme de la TV y sus películas de cristianos y romanos, del libro con su protagonista condenado a ser sólo un amigo especial, de la pared con sus manchas amorfas.

Ya no intento dormir. Sueño despierto con una nueva aventura. Imagino el camino, el zarandeo del bus, las curvas, las pendientes. Las sombras nocturnas cubriendo el horizonte y las estrellas titilando en el cielo andino.


Ahora el tiempo vuela y el teléfono sigue calladito, silencioso, mudo. No hay confirmación. Se frustra el viaje. Adiós Huasahuasi. Será para la próxima.

Se esfumó la última esperanza. Me quedo en casa para ver la calle desolada desde mi ventana, para pasar las hojas de un libro que no quiero leer, para mirar a Jesús repartiendo el pan en la Última Cena y escuchar a los curas que me exigen contrición y golpes de pecho.


Sólo me falta el bacalao para completar mi Semana Santa ideal… ¡Padre, por qué me has abandonado!

martes, marzo 11, 2008

Olas del recuerdo...

Donde el autor "desempolva" una crónica sobre la campeona Sofía Mulanovich, escrita en noviembre del 2007. Por esas cosas del Orinoco -esas que ustedes no saben y nosotros tampoco- la revista para la que preparó el material periodístico, nunca fue publicada. Hoy se saca el clavo y la postea en Explorando.

El retorno de la reina

Silente y concentrada, contempla el mar de Máncora con respetuosa curiosidad. Ambos se entienden y se conocen desde hace mucho, cuando ella –la deportista exitosa, la mujer admirada por millones de peruanos- era una niña a punto de correr la primera ola de su vida.

Cuántas cosas han pasado desde aquellos tiempos en los que pararse sobre una tabla era únicamente un fantástico entretenimiento. ¿Añoras esos momentos?, ¿extrañas los días de tu infancia en los que sólo surfeabas por diversión?... sin gente, sin prensa, sin guardaespaldas que te protejan.

Ahora te persignas y vas en busca de las aguas. Una multitud corea tu nombre, vibra, se emociona porque tú, Sofía Mulanovich o Sofi o simplemente “la Gringa”, ya estás en el mar –en tu mar- desafiando a las olas con esa calidad y atrevimiento que te harían campeona mundial de la Asociación de Surfistas Profesionales (ASP), en el 2004.

En esa campaña memorable, la asombrosa Layne Beachley, ganadora del título por seis años consecutivos, fue destronada por una aguerrida peruana nacida en Lima. A sus 21 años, Sofía se coronaba como la campeona más joven de la historia del World Championship Tour (WCT) y la primera deportista sudamericana en lograr semejante proeza.

Y fue así que todos o casi todos supimos de ti. Nos hiciste sentir orgullosos, porque en esta tierra bendita que el sol ilumina porque Dios lo manda –y lo escribo así, en valsecito criollo- escasean las victorias deportivas. Gracias a un exitazo como el tuyo, pudimos sacar pecho y gritar ¡arriba Perú! hasta quedarnos roncos.

El triunfo trajo la fama. Te volviste popular no sólo por ser la mejor del planeta, sino por tus sonrisas que parecían develar a la niñita que aprendió a surfear a los nueve años. Y, claro, también, por tus respuestas cortas, sencillas, “bravazas, Sofi”.

“Aquí tengo más presión, pero de hecho me siento bien. Es mi casa, es mi país y me gustan estas olas. Las conozco”, nos dices a los periodistas al clasificar a los cuartos de final del Máncora Perú Classic, la antepenúltima fecha del WCT 2007, realizado en Máncora (región Piura), los primeros días de noviembre.

Rodeada de camarógrafos y reporteros, me das la impresión de ser una persona tímida, que prefiere infinitamente la adrenalina de las competencias que los rituales mediáticos. Eso no es lo tuyo, pero eres una profesional y allí estás respondiendo con cortesía, ajena a las poses y engreimientos.

En tu encuentro con los medios, admites que en ocasiones te pones súper nerviosa y no sabes cual tabla usar. Luego, comentas que a veces eres media paranoica y que por andar esperando una buena ola, casi pierdes tu serie.

Dices todo eso con una naturalidad y frescura sorprendentes; entonces, tengo la impresión de estar escuchando a una amiga del barrio, a una vieja conocida, y no a la triunfadora que en julio de este año, grabó sus manos y pies en el Hall of Fame en Main Street, en la playa de Huntington, al sur de California.

Al día siguiente vuelves al mar, pero las olas te juegan una mala pasada. Te eliminan en semifinales. Se derrumba tu ilusión de ganar en casa y ascender en el ranking. Sales, te quiebras, lloras. Y en ese instante de tristeza, te veo más campeona que nunca.



*En el 2007, Sofía ocupó el segundo lugar del WCT. Este año debutó con un triunfo en Australia, por lo que lidera la competencia.

viernes, marzo 07, 2008

Clic de la Semana


De manera sorprendente, los gobiernos de Perú y Bolivia han sido conminados a dictar medidas que prohíban la práctica de masticar (chacchar o picchar) hojas de coca y el uso de la planta en la fabricación de productos destinados a consumo masivo.

Este pedido, exhortación, exigencia o capricho, es realizado por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), una dependencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que parece desconocer la importancia de la coca -la hoja, no la cocaína por si acaso- en las comunidades andinas.

En Explorando rechazamos el pronunicamiento de la JIFE, por ser invasiva y emanar un desagradable tufillo neocolonialista. El chacchado -por si aquellos iluminados no lo saben- es una costumbre muy arraigada en Perú y Bolivia y cualquier intento por proscribirla -además de inviable- generaría serios conflictos sociales.

Presumo que los miembros de la JIFE nunca han compartido un puñado de hojitas de coca con un campesino. Nunca han sentido su revitalizadora energía. Nunca hicieron un pago con ella a la bendita pachamama o a los apus sagrados.

¿Será por eso que no entienden? ¿Será por eso que confunden lo tradicional con lo delictivo y a la coca con la cocaína?

Imagino, también, que ni siquiera han espantado al soroche y al frío con un matecito filtrante e industrializado, tampoco han probado un caramelo o brindado con un macerado o un coca sour... No, perdón, qué barbaridad. Ellos no van más allá de la Coca Cola que, por no ser andina, está libre de toda sospecha.