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Mostrando las entradas de septiembre, 2008

Antes del sueño

Dormiré en un cuarto de adobe que no logra exterminar al frío. Su piso es de madera y cruje al más leve movimiento.

El techo es a dos aguas y varias calaminas horrorosas impiden el paso de una lluvia ruidosa que no llega a ser tormenta en Canchacucho, un puñado de casas frente al Santuario Nacional de Huayllay.

Para enfrentar a la noche sólo cuento con un colchón, varios pellejos de cordero, un par de frazadas con tigres y mi siempre combativa –pero poco abrigadora- bolsa de dormir.

Nada más que eso en un cuarto que estaría completamente vacío, si no fuera por aquel colchón y unos cuantos objetos arrumados de olvido en una esquina sombría, empolvada, con telas de araña.

En esta habitación amplia y rechinante existen dos ventanas. A través de ella se ve el bosque sin árboles, pero con sus piedras enormes, raras, acaso de otro planeta.

También observo la carretera de asfalto que conduce al pueblo de Huayllay, aún más alto, tal vez más frío que el mismísimo Canchacucho.

Allí hay hoteles que n…

Llamas en el bosque

Y las llamas llamaron mi atención. No se trata de un trabalenguas como aquel de los tres tristes tigres que comen trigo, aunque nadie, jamás de los jamases, los haya visto comer trigo.Pero hoy no voy a filosofar sobre los hábitos alimenticios de los tigres, sino que escribiré de aquellas llamas impetuosas, monumentales y hasta me atrevería a decir felices y contentas (a diferencia de los felinos antes mencionados), que llamaron mi atención en el bosque de piedras de Huayllay (Pasco), escenario natural que el último fin de semana se llenó de vida por la celebración del Rural Tour.Baile, música, gente que iba y venía entre las piedras colosales. Tributos a la tierra y a las montañas, mate de coca para espantar el frío y pachamanca de varios sabores o truchitas a la parrilla para doblegar al hambre. Todo eso en tres días de fiesta y jolgorio, de brindis y sonrisas en uno de los parajes más extraños y alucinantes del país.Y entre toda esa vorágine de movimiento y festiva inquietud, aparec…

No hay primera sin segunda

Era la segunda vez que visitaba Tingo María. Aunque viéndolo bien podría decir que fue la primera.

Y es que en la ocasión anterior no conocí nada, excepto el aeropuerto y un puñado de chacras.

Allí un grupo de funcionarios y técnicos de no recuerdo bien que ONG o agencia internacional, se afanaban por mostrarme que la sustitución de cultivos era un exitazo en tierras tingalesas.

Aquellos hombres sonrientes y entusiastas no parecían darse cuenta o –mejor dicho- no querían darse cuenta que al ladito nomás, crecían vigorosamente varios plantones de coca. Ellos sólo tenían ojos para el cacao y el café, sembríos que, en su opinión, acabarían con el reinado cocalero.

Todo esto paso hace varios años, quizás en el 99, tal vez en el 2000. Bah, no lo recuerdo con exactitud, lo que si tengo muy en claro es que el día se pasó volando en las chacras y ya era hora de regresar, también volando, al mustio desorden limeño y a la amodorrada redacción en la que trabajaba.

Ida y vuelta nomás fue aquel viaje…

Quién da menos

Dónde el autor - a falta de chelas- se toma una licencia para describir brevemente, los penosos tira y afloja que tiene que enfrentar en su condición de colaborador y periodista libre.

Escribo contra el tiempo. Pronto alguien vendrá a visitarme. Hablaremos de negocios. No me gusta hablar de negocios. Me da sueño. Me aburre el tira y afloja. Me fastidia ponerle precio a mi trabajo.

¿A cuánto el kilo de palabras? ¿A cómo el quintal de fotografías, caserito? Mercado libre. Regateo. Pedirás X. Nunca querrán pagarte X. Siempre alguito menos. Siempre mucho menos. ¿Dónde está el comercio justo?

Me ofrecerán un sencillo. No aceptaré un sencillo. Diré que tengo experiencia. Me dirán que eso no importa, que fácil me reemplaza un aprendiz. Ellos no cobran. Ellos no exigen. Ellos se conforman con ir “agarrando cancha”.

Discutiremos por soles más y dólares menos. Tensión. Incomodidad. Ceder o no ceder. ¿Te convencen? ¿Lo convences? No hay humo blanco. Punto muerto. ¿Se frustra la negociación?

Continúo…

Sólo Andamarca

Volví a tus calles, a tu plaza y a tu iglesia. Vi tus casas de adobe, tus breves balcones de madera y guardé silencio frente al apu (montaña sagrada) que te protege desde siempre.

Volví para sentir simplemente la alegría del retorno y mostrarle a los lectores de Explorando Perú, cómo es Andamarca, ese pueblo entrañable del que siempre hablo y del que siempre escribo.

Más información en Viajar x Perú