lunes, setiembre 14, 2009

Invitación a mi quinceañero

Señoras y señores, lectores y lectoras, amigos y hasta enemigos, a través de estas líneas, tengo el agrado de comunicarle que el autor de Explorando –es decir, este guapo viajero, ah, cómo, quien dijo huaco- viene conmemorando sus 15 años de desempeño periodístico o, dicho en otras palabras, “es mi quinceañero”.

Espero sepan disculpar mi última frase, bastante rosa para ser sincero. Aclaro, por si las moscas- que no habrá fiesta con bajadita de escaleras ni que estoy en busca de un “chambelán” –guarda ahí compadre-; eso sí, anuncio con bombos, platillos y hasta con rata blanca, que el programa de celebraciones se extenderá hasta fin de mes y no precisamente por querer emular a las grandiosas fiestas patronales que se realizan en el país.

La amplitud del homenaje está más bien relacionada con una falla en mi memoria, porque aunque no lo parezca, este servidor ya tiene sus añitos y una que otra cosa se olvida.


Una de ellas es la fecha exacta en que pisé por primera vez la desaparecida redacción de la revista Sí, con un cuaderno Minerva bajo el brazo, un horroroso cuaderno que fungió de libreta –o libretón- de notas, en mis primeras comisiones.

Lo que recuerdo es que fue en la segunda quincena de setiembre del 94 del siglo y milenio pasado. Desde entonces, con una terquedad acaso digna de mejores causas, no he dejado de trabajar como periodista. Me ha ido bien, regular y pésimo. He hecho de todo un poco, desde investigación hasta horóscopos, desde editoriales hasta sumarios, y, claro, crónicas de viaje, muchas crónicas de viaje.

La primera apareció en el 95 y trató acerca de unas ranas enanas que salían de contrabando por el aeropuerto de Tarapoto. La publicaron en Sí con llamada de portada y todo eso. La experiencia fue más que satisfactoria. Eso de viajar para escribir no estaba mal, era divertido, emocionante, te hacía -en cierta forma- un aventurero.


Fue en la selva donde me picó el bichito del periodismo viajero. Intenté encontrar un antídoto, pero ha sido inútil hasta hoy. El mal se agravó a finales del 2000, cuando me alejé de las "redacciones formales" para probar suerte en un portal de Internet dedicado al turismo; y se convertiría en una enfermedad incurable, cuando, tiempo después "debutara"... -ey, no sean malpensados- como free lancer.

Así que ya lo saben, señoras y señores, lectores y lectoras, amigos y hasta enemigos, estoy cumpliendo mis 15 años. Y aunque sé que vendrán muchos más, este mes voy a celebrar como se merece. Ustedes, por supuesto, serán mis invitados de honor. Eso sí, no habrán “chambelanes” ni bajaditas por escaleras, solo brindis, viajes y recuerdos. ¿Me acompañan?