martes, diciembre 11, 2012

El cartel de Quincemil


Ni de la sazón ni de la carta. Ni de los gustitos ni los sabores de la selva. De nada de eso tratará este texto que, dicho sea de paso, será breve, como fue la parada o escala en el pueblo de Quincemil, un bosquejo de urbanidad en las márgenes de la kilométrica vía que une las regiones de  Madre de Dios y Cusco.
Tampoco escribiremos o especularemos sobre si “El Rambo I”, el camioncito verde militar estacionado o abandonado al otro lado del asfalto interoceánico, todavía está operativo a pesar de su pinta de carcocha y su parabrisas roto. Y, bueno, también hay que decirlo, no relataremos ninguna historia de secos y volteados en el bar “El Amigo”.

No por falta de ganas, menos por una naciente vocación de abstemio del autor de estas palabras. Lo cierto es que dicho centro de diversión estaba cerrado, quizás porque era lunes, tal vez porque el reloj no marcaba ni las once de la mañana, hora inapropiada –salvo mejor parecer- para entregarse al empinamiento del codo.

Pero no inapropiada para darse un gustito gastronómico o, mejor dicho, un "Gustitos de la Selva". Esa era el nombre del restaurante que estaba en la misma acera, una acera de cemento y cascajo, compartida por el bar ya mencionado y una boutique sin nombre en la que se exhibían polos en unos maniquíes que eran puro busto.

Como dijimos al principio o en la entrada, no haremos una reseña de la sazón ni de los platos del citado restaurante; más bien, nos centraremos en su valla o cartel, colocada en una posición estratégica, visible para todos los conductores que van y vienen por la Interoceánica y tienen ganas de satisfacer un gustito.

El cartel no sorprende por su originalidad. Sencillamente es más de lo mismo. Letras grandes en rojo, negro y verde, un fondo boscoso, un par de papagayos, un plato bien servido de lomo saltado, y, claro, como no, la imagen de una señorita de sonrisa invitadora, vestida, o, mejor dicho, apenas vestida con un traje típico de la selva.

Pero siendo sincero, no es la señorita de las prendas escasas ni el platón de lomo saltado, los que resaltan en la valla. Al menos para el ojo de este viajero. Y no es que este pechito no le entre con entusiasmo a la comilona o se haga el bizco cuando tiene al frente, en persona o en foto, a una agraciada muchachita.

Aunque en esta ocasión, la atención cayó prisionera de un error ortográfico. Sí, una palabra mal escrita, se exhibía impunemente y sin que pareciera existir el más mínimo propósito de enmienda. Al verla, el gustito prometido se convirtió en un incipiente disgusto, generador de inapetencia y ganas renovadas de irrumpir en El Amigo.
O, en caso contrario, escapar a toda máquina en El Rambo I, bueno, si es que el camioncito verde encendía, lo cual era bastante complicado, tanto o más complicado que “escojer”, sí, “escojer” con “j” no con “g”, uno de los extras que se ofrecen en el Gustitos de la selva de Quincemil.

Y como no se qué es eso de “escojer", mejor ni entro al restaurante, mejor escojo la retirada, la partida, el viaje por esa carretera que une la Amazonia y los Andes. Esta travesía con falta de ortografía que, si me lo preguntan, la volvería escoger una y otra vez. Quizás para la próxima ya está corregido el cartel.   

lunes, noviembre 12, 2012

Clic de la semana


En la esquina de una plaza de Armas convertida en campo deportivo y bajo el amparo de unos arcos probablemente centenarios en los que nadie hace goles, un pintor le da los toques finales a su obra.

Ajeno a los mates puntos y a los jaques mates que todos los domingos se festejan en aquel rincón de urbanidad, el maestro se concentra en su tarea de perpetuar en un lienzo la estampa colonial, barroca y mestiza de la Catedral de San Antonio de Huancavelica. 

El inspirado vaivén de su pincel atrae la atención de los transeúntes. Ellos aminoran sus pasos. Lo rodean. Lo admiran. Quieren que termine su obra, pero él demora y retoca una, dos, tres veces. Se detiene. Ve el templo. Mira el cuadro. Reflexiona. Reinicia su trabajo. 

Pero la gente se amodorra, se cansa, se aburre porque el maestro -con artística obstinación- insiste con sus retoques por más que el cuadro pareciera estar listo; entonces, se marchan a la feria dominical, a los baños de San Cristóbal o a solazarse en una de las bancas de la plaza.

Soledad momentánea. Ya llegarán otros transeúntes y lo observarán y esperarán su última pincelada. Cuando eso ocurra, el lente de Explorando Perú estará en otra calle, en otro barrio, en otro atrio centenario de Huancavelica, pintando con luz en el lienzo digital de su cámara viajera.

martes, octubre 02, 2012

Nostalgia periodística

Donde al autor -a falta de algo mejor o peor que hacer- se deja llevar por la añoranza y rescata de su memoria una anécdota del siglo y del milenio pasado, lo que demuestra, dicho sea de paso, que ya está bastante recorrido.

Aquel domingo mi cuadro de comisiones estaba cargado. Toda una novedad en mi apacible existencia laboral en la revista Sí, donde solo los días de cierre se presentaban vertiginosos. El resto de la semana transcurría apaciblemente, con escasos sobresaltos y esporádicos apuros.  

Pero esa jornada era especial por varios motivos. Más allá de las comisiones encomendadas, me enfrentaba a dos situaciones inéditas en mi naciente carrera: trabajaría un domingo –algo que nunca hacía- y me estrenaría profesionalmente en una justa electoral, con acreditación especial y pase de voto rápido.

Hoy, después de tantos años, no recuerdo con exactitud mi peregrinaje informativo. Me parece que estuve en algunos o en varios centros de votación, en el local de Transparencia y, después de los resultados, acompañé a dos colegas al comando de campaña de Javier Pérez de Cuéllar, el candidato derrotado por Alberto Fujimori.

De más está decir que allí primaba la tristeza y el desconcierto. Mucho silencio, pocas palabras. Lo mejor era volver a la revista para terminar la edición. Salimos. Tomamos un taxi. Mis colegas empezaron a conversar de los acontecimientos políticos, de sus dudas sobre la limpieza del proceso y del hedor que emanaba del gobierno reelecto.

La conversación andaba de lo más animada hasta que el auto se detuvo de manera intempestiva y a la vez injustificada. La calle estaba vacía y ninguna luz roja ordenaba el pare. De pronto, entre el desconcierto y la incertidumbre, la voz del chofer irrumpió con furiosa y amenazante certeza: “no hablen mal de mi presidente”.

Después, con mayor encono, ordenó que nos bajáramos de su auto. “De una vez, rápido, qué esperan”. Nuestro desconcierto era mayúsculo. Qué hacer. Apelar a la libertad de expresión, proponer un intercambio de ideas, iniciar un debate alturado o escapar de allí a la velocidad de un suspiro.  
Intentamos de todo un poco. Fue inútil. Nada funcionó. El conductor estaba ofendidísimo y nos miraba con una mezcla de cólera, desprecio y hasta odio. Sé que nos dijo más cosas, pero es imposible rescatarlas con exactitud de mi memoria. De lo que estoy seguro es que él no pensaba mover su vehículo ni un centímetro.

Y eso fue lo que ocurrió el domingo en el que me estrené como reportero en un proceso electoral. Respecto al final de la historia con el taxista, solo me queda agregar que esa noche descubrí que, en ocasiones, es recomendable caminar al término de una larga jornada periodística. Sirve para pensar y aclarar las ideas.

lunes, octubre 01, 2012

El despertar de la vocación

Un pálpito me llevó a estudiar periodismo. Digo un pálpito como podría decir que fue la casualidad o un auténtico champazo. 

No sería exagerado afirmar, también, que llegué por descarte a la escuela de Comunicación Social, o, para ponerlo en jerga electoral, me dedicí por el mal menor.

Claro, entre las profesiones llenas de cálculos, fórmulas y números o aquellas donde se diseccionaban cuerpos y se estudiaban virus, bacterias y todos los males habido y por haber, las letras y humanidades surgían como una esperanza y una salvación. 

En aquel momento de incertidumbre, ese era ya un tremendo avance. Pero aún quedaba un problema. Qué carrera de letras escogería. 

¿Sería de utilidad en estos casos echar una moneda al aire o apelar al desesperado de tin marín de do pingüé? Esas disquisiciones atribulaban mi existencia hasta que apareció el pálpito o la casualidad o el argumento del mal menor de los que les hablé al principio.

Eso sí, en aquel momento, la posibilidad de ser periodista parecía un tremendo disparate por varias razones fácticas que iban desde mi exagerada timidez hasta mi fobia de hablar por teléfono, además de mi renuencia casi insensata de hacer preguntas de cualquier tipo.

A pesar de eso y de otros cosas más que no les comento –por vergüenza y para no aburrirlos con mis traumas y taras- decidí arriesgarme y hacerme periodista, tal y como se me había ocurrido al escuchar una transmisión en radio Callao, la que "si corre toda la cancha".

Y la corre hasta hoy, aunque ya no la escucho, aunque ya no sé si estará por ahí Julio Julián Figueroa y Bruno Espósito Marzán o si continúan cerrando su programación con emisiones extranjeras, como lo hicieron esa noche de revelación, esa noche en la que pensé que podía hacerme periodista.

Fue una de esas emisiones las que me liberó de la moneda al aire y la elección al azar. Recuerdo haber escuchado una voz trémula, apasionada y anónima que narraba con exactitud los festejos de un equipo campeón.

Aquella voz me contagió su alegría, su emoción y hasta su nudo en la garganta, entonces, sentí que no estaría nada mal que yo, en algún momento y de alguna manera, pudiera conseguir algo parecido. 

Sí, caray, tenía que ser periodista, aunque fuera tímido, leyera poco y escribiera solo para los exámenes del colegio.

Con el tiempo me daría cuenta que mi vocación despertó esa noche. Desde ese  momento no se ha vuelto a dormir. Se mantiene vigilante, me acompaña en los caminos y se aparece súbitamente inspirada cuando estoy sufriendo frente al teclado y la pantalla en blanco.

Hoy, después de más 20 años de decidirme a ser periodista, sigo recorriendo la cancha de la información, igualito que radio Callao, la emisora que por esas cosas de la casualidad, los pálpitos y hasta los males menores, despertó mi vocación profesional.

lunes, setiembre 24, 2012

Allá voy Chimbote...



Y Explorando se va para Chimbote. No será la primera ni la última vez que sus pasos recorrerán las calles de ese puerto norteño, poco visitado, casi nunca elegido como destino turístico.

Eso no importa. El autor de este blog está convencido que viajar siempre es mejor que quedarse en casa, porque todo ciudad o pueblo tiene algo o mucho que mostrar. 

De lo que se trata es de saber buscar porque el que busca siempre encuentra. Así que ya veremos que hallamos en esta ocasión en la que vuelvo a Chimbote, no solo para recorrer sus calles, sino, también, para hablar de crónicas, viajes y de Relatos del Perú, esa aventura editorial en la que me embarqué el año pasado 

Allá voy Chimbote con la certeza de que la pasaré bien y que volveré con más de un relato en mi libreta de notas.

*Agenda chimbotana:
Martes 25, 11:00 horas, presentación de Relatos del Perú en el Centro de Convenciones de la Uladech - Católica, dentro del programa de actividades por el día mundial del turismo. (Ingreso libre).

Miércoles 26: 16:00 horas, presentación de Relatos del Perú en el centro educativo Mi Segundo Hogar. (Ingreso libre).

domingo, setiembre 09, 2012

Crónicas virtuales II

Donde el autor, acaso inspirado por aquello de que no hay primera sin segunda y que en la repetición está el gusto, vuelve a echar mano de las actualizaciones que escribió en sus redes sociales, durante su último viaje a tierras cusqueñas.


Calle de Pomacanchi.
Partida 
Esperando el momento de partir o mejor dicho esperando que se llene el colectivo que me llevará al desvío... al desvío que conduce a Acomayo por si acaso. No sean mal pensados.
     *El colectivo se llenó tras media hora de espera aproximadamente.

Lección
Es profesor y tiene su carrito. En las mañanas, cuando va hacia su centro de trabajo, aprovecha para ganarse alguito recogiendo pasajeros. Si está perdiendo su particular lucha contra el reloj, el servicio no acaba en la Plaza de Acomayo sino en el colegio en el que enseña.
     
Salud
Dicen que las penas se ahogan con alcohol. No sé si será cierto, pero aquella señora no lo duda. Botella en mano se despide a vaso lleno del familiar que abandona Acomayo. Quiere hacer lo mismo con el conductor. “Manan”, responde él. Un policía está cerca y lo observa.
     *Es conveniente precisar que el copiloto –es decir este pechito- sí hubiera aceptado la cervecita. Lástima que no le ofrecieron ni una gota.

Puente
“Chuquicahuana” anuncia el conductor mientras con un trapo desaparece la tierra de su auto. Nadie hace caso a su grito. Nadie quiere viajar a esta hora; entonces, solo le queda seguir lavando y esperando.
     *Chuquicahuana es el nombre del puente que permite acceder a las vías que conducen a los distritos de Acomayo. Este se encuentra en la vía Cusco – Sicuani – Puno.

Destino
Se escucha el pregonar de los "llenadores". “Cusco, Puno” anuncian sus destinos en los alrededores del terminal de Sicuani. Más tarde me dejaré llevar por sus pregones.
     *El viaje entre Sicuani y Cusco dura menos de tres horas. Los buses cobran S/. 7.50.
Puente Chuquicahuana.

Intervención
En Pomacanchi me intervino un policía, en Sicuani me interroga un colega de una radio local. "Por qué tomas fotos. Eres del MTC o del INC", dice sin prepotencia. Le digo lo que hago. Me da la mano. Me recomienda un par de lugares para visitar.
     *No hay duda, este viajero tiene cara de sospechoso. Así de simple.

Centro
Siempre desde la carretera. Solo el asfalto y las casas a la vera del camino. Nada más. Nunca un paseo por la ciudad. Pero esta vez fue distinto. Me quedé en Sicuani y anduve por su centro plagado de casonas antiguas. Toda una sorpresa. Una grata sorpresa.
     *Sicuani es paso obligado en la ruta Cusco – Puno, la cual he recorrido varias veces sin detenerme nunca en la capital de la provincia de Canchis.

Carcocha
Plaza de Armas del Cusco.
Viajando como en los orígenes: en un bus carcocha, sin turistas ni “terramozas”, pero con varias mamachas. Solo falta el viejo walkman con sus casetes piratas.
     *Detalle del viaje Sicuani – Cusco.

Vueltas
Noche final, sin brindis ni excesos festivos-nostálgicos. Noche final recorriendo calles y plazas con avidez de recién llegado, como si mis pasos fueran los primeros en esta ciudad. Siempre me ocurre lo mismo en el Cusco. Siempre creo estar descubriéndola.

Danza
Y en la noche de la despedida, justo al frente del monasterio de Santa Teresa, chicas y chicos ensayan una coreografía. Me detengo. Los observo. Su baile me recuerda a la Candelaria de Puno y al Carnaval de Oruro. Tantos recuerdos, tantos viajes, tantas vivencias. 

Hogar
Lima, no te vayas. Espérame con tu niebla y tu cielo gris, así no tendré dudas, así sabré que estoy en casa.

viernes, setiembre 07, 2012

Crónicas virtuales

Donde el autor, acaso por pereza, o, tal vez, por querer dársela de innovador y modernista, recopila algunos de las actualizaciones que escribió en sus redes sociales, durante su último viaje a tierras cusqueñas. Tanta alharaca para poner en evidencia que ya no tiene un celular bruto.  

Incertidumbre
Mañana en plena madrugada enrumbaré a Pomacanchi. Desde ahí continuaré camino a Waqrapukara. Serán varias horas pero no me pregunten cuántas. Cansa de solo pensarlo.
     *Al final fueron tres horas de camino (ida) partiendo de la comunidad de Santa Lucía.

Panorámica de Pomacanchi.
Matrimonio
En el hospedaje de Saúl, quien será mi compañero en la travesía de mañana, se celebra un matrimonio. La fiesta es en el patio de una vieja casona, ubicada al final de la calle Procuradores, una vía inquieta y movida.
     *Saúl –por motivos ajenos a la fiesta- no participaría de la travesía. En la ruta a Waqrapukara me acompañaría el "Chino" Godofredo, insigne hijo de Espinar.   

Policía
En Pomacanchi, provincia de Acomayo, la noche se anuncia con el viento. Hay poca gente en la plaza, una hilera de taxis y varias tiendas. Felizmente no está el policía que hace un rato me preguntó a qué se debía mi visita.
     *A su vez, este escriba le preguntó educadamente si era intervenido por tener cara de delincuente.

Futboleros
Dos niños pelotean en el centro de la Plaza. Su balón va y viene por encima de la pileta. Está viejo y desinflado, pero eso no importa. Igual se divierten.
     *Se debe consignar que de pura chiripa no le cayó un pelotazo al autor de este blog.

Educación
Mauro, a quien conocí en la tolva de una camioneta, dice que la educación en su comunidad es pésima. Los profesores se relajan demasiado. Por eso él tiene a sus hijas en un colegio privado de Pomacanchi. “Vale la pena y no tengo quejas”, sentencia en la ruta.
     *La conversación se dio en el retorno a Pomacanchi desde Santa Lucía, después de la visita Waqrapukara.

Teléfono
Qué pasará hoy en Pomacanchi. La agenda está abierta. Ya veremos qué, mientras tanto, una voz de mujer perifonea que una ciudadana tiene una llamada urgente. Ella debe acercarse rapidito para contestar en el local municipal.
     *Desconocemos mayormente si la comunicación llegaría a concretarse. 

Diablo
Lagunas de altura.
Acabo de enterarme que en abril nació el Anticristo en Ilave. Tiene cachos y cola y, ante la estupefacción de los doctores, profetizó un terremoto y tsunami en Lima. "Los curas y el gobierno lo han secuestrado", asegura la voz grave de un vídeo que se transmite en una tienda de Pomacanchi.
     *Varios jóvenes observaban con atención el vídeo, acaso con el mismo interés con el que en la noche anterior, hombres y mujeres miraban las aventuras del "Cholo Juanito y Richard Douglas".

Recorrido
Cinco lagunas, varias tropillas de vicuñas y una visita a Tungasuca, la tierra de Tupac Amaru. Quién dijo que Cusco es solo Machu Picchu.
     *Ruta viajera por el circuito de las Cuatro Lagunas y la reserva de vicuñas de la localidad de Pomacanchi, donde también existe una laguna. 

Vicuñas en las alturas de Pomacanchi.
Planes
Últimas horas en Pomacanchi, un lugar que no estaba en mis planes de viaje. Mañana partiré a Acomayo. No sé si pernoctaré ahí o en el Cusco. Quizás al final decida irme a Sicuani. Mi única certeza es que el jueves vuelvo a Lima.
     *Sicuani fue el destino elegido.

Clima
Del Sol que achicharra al viento congelado que siempre encuentra un resquicio para filtrarse. Contrastes climáticos en Pomacanchi.