lunes, julio 28, 2008

Clic del 28


Repetir las palabras libertarias de San Martín o cantar el himno nacional no es nada original en estas fechas.

Por esa razón, obviaremos la histórica proclama y el vibrante somos libres, en este post que pretende ser un saludo de Fiestas Patrias.

Tampoco publicaremos un sendo mensaje a la Nación. Esos menesteres se los dejo al presidente de la República. Total, èl es ducho en las lides verborréicas, por lo que este humilde viajero prefirió dejarle la cancha libre al gobernante, que habló hasta por los codos en el Congreso de la República.

Así que pensando y buscando como celebrar las fiestas patrias, encontré esta imagen en la que una mujer de Huamachuco (La Libertad) luce un llamativo bolso con el escudo nacional.

Ojalá nomás que la fotografía no altere los nervios del ministro de Defensa, Antero Flores-Aráoz, quien en los últimos días se ha convertido en el algo así como el Supermán de los símbolos patrios.

En todo caso y dejando a un lado el sarcasmo, Explorando Perú le desea a todos sus lectores un feliz 28. Ojalá que el espíritu patriótico se mantenga vivo en nuestros corazones. Sólo así seremos capaces de construir un país más justo, más nuestro, más de todos.

jueves, julio 24, 2008

Que viva el circo

Donde el autor se aleja temporalmente de la puerta del pasado y arremete con patriótica indignación en temas de la coyuntura nacional.

Circo sin carpa. Funciones al aire libre y en varias pistas. Payasos, magos, malabaristas, encantadores de serpientes y hasta hombres invisibles. Un gran elenco. Un gran espectáculo señor-caballerito, digno de un país que se catapulta hacia el primer mundo –se alborota el anunciador-, que es la envidia de todos sus vecinos –agrega al borde del paroxismo-, que le saca cachita a la crisis planetaria –sentencia con voz imperial-.

Circo en vivo y en directo. Todos los días y para todo el territorio nacional, sin comprar entradas ni hacer largas colas. Vamos, anímese, prenda la TV, escuche la radio, deténgase y lea los titulares de los periódicos. Sea parte del show, diviértase, no sea amargado. Crea y aplauda con entusiasmo porque la función está buenaza. Siempre mejor que la de ayer.


Circo madeinPerú con congresistas que graban sus conversaciones “privadas”, para luego denunciar complots y tratos bajo la mesa (o por la mesa directiva).

Miren como se pelean, se irritan y hasta fingen indignación, y, mientras eso ocurre, las huestes de Luis Castañeda Lossio, hombre invisible y a la vez alcalde de Lima, siguen rompiendo pistas y veredas, sin importarle que el tránsito se enrede más que cabellera de loco.

Y ahora el escenario es del ministro de Defensa que indignadísimo pide la cabeza (o será el cuerpo enterito) de la patriótica Leysi Suárez que a falta de una silla apropiada para sus generosas curvas, utilizó el sagrado pabellón nacional como montura. Vítores para Antero Florez Aráoz, fenomenal y conmovedora actuación, ni Alfonso Ugarte sería capaz de defender a la bandera con tanto “ardor”.

Qué siga la función. Ahora aparece un grupo de policías –fieros, bien uniformados, aparentemente incorruptibles- en la Panamericana Sur. Operativo, señores y señoras, niños y niñas.

Tolerancia Cero. Esa es la voz estimado público que nos ve o nos escucha. Patrulleros y laptops. Ya fueron los chóferes imprudentes, los buses camión, las carcochas con lunas rotas y llantas remendadas. Inspección y papeletas. Adiós a los accidentes y a los robos en la carretera. Viaje tranquilo en Fiestas Patrias.

Sí, caballerito, una presentación magistral, un número excelente, con conductores redimidos que juran que andarán como angelitos en las pistas y periodistas anuentes que alaban el accionar de las fuerzas del orden. Pero esos ope… no, no, aquí no valen los peros.

Todo es alegría, optimismo, circo, pues, así que no se le ocurra estropear la jornada diciendo que esos operativos son puro cuento, que igualito nomás hay accidentes y robos en las vías. Tampoco piense en mencionar la frase engaña muchacho. No afee el espectáculo, por favor, más aún cuando ya viene el acto principal.
Fanfarria y redoble de tambores. Ya está en la pista la máxima estrella, el mandamás del circo, el que dice y hace lo que quiere bajo los reflectores.

Atención damas y caballeros, con ustedes el presidente de la República, el fabuloso creador de esos billetes dignos de un juego de monopolio llamados "intimillón", el hombre prodigioso que hizo desaparecer las reservas nacionales y batió todas los marcas mundiales de inflación en su primer mandato.

Expectativa general. Qué novedad traerá el sorprendente García. Hoy será mago o encantador de serpientes. Hoy destruirá a sus enemigos políticos con su verbo endemoniado o llamará comechados a los servidores públicos. Quizás baile o cante o cuente unos chistecitos.

Todo un artista, versátil, innovador y… ya está con nosotros. Momento cúspide. Alan García inaugurando viviendas en El Agustino. Discursea, habla, se empavona. Nada fuera de lo común. Todo normal hasta que menciona que hoy, gracias a la telefonía celular, los campesinos de Castrovirreyna (Huancavelica) pueden saber a cuánto está el kilo de papa en los mercados de Lima.

Así, dice él, ya no se dejarán engañar por los intermediarios. Perú moderno, carambas. El celular se impone en la ciudad y el campo. Eso es para aplaudir. Todos comunicados y hermanados. Y es que el país avanza por más que los quejones de siempre, escriban sobre puertas que conducen al pasado, a pueblos y comunidades donde reina el olvido.

Ellos, en opinión del presidente, ven el vaso medio vacío en vez de verlo medio lleno. Todo es una cuestión de percepción.

Y así como el presidente ve el vaso medio lleno y asegura que todo va viento en popa; aquí, en Explorando, no nos preocupan los vasos –a veces si las copas, debo reconocerlo- sino la actitud de muchos políticos, autoridades y líderes de opinión que pretendan convertir la coyuntura nacional en un circo, aprovechando que los peruanos estamos acostumbrados a andar por la cuerda floja y hacer miles de malabares para sobrevivir.

La rutina del presidente García continuó por varios minutos; aunque ya no le presté atención. Mientras él seguía con su discurso, traté de recordar cuántos de los campesinos que he conocido en los caminos de los andes, trabajaban la tierra con un celular al cinto.

Lo siento señor mandatario, o mi memoria es frágil o sus palabras son exageradas. Pero –ahora si valen los peros- todo es parte de la magia del circo.

martes, julio 22, 2008

Miradas tras la puerta


Rostros que asoman tras aquella puerta simbólicamente real que nos lleva a descubrir las alturas huanuqueñas. Hijos de los Andes, hombres y mujeres de altura, niños de mejillas cárdenas, quemadas por el sol y el viento. Gente que comulga con la tierra y las montañas. Pastores, arrieros, campesinos de manos sarmentosas. Herederos de una cultura legendaria.

Sombreros, ponchos, polleras. Colores intensos, vistosos, llamativos que contrastan con la orfandad cromática del uniforme escolar, tan opaco, tan gris, tan fuera de sitio en comunidades que resplandecen bajo los rayos de un sol vigoroso, liberado de nubes y de sombras.

Miradas, rostros, voces que nadie escucha. Palabras, sentires, inquietudes sempiternas que no rebasan aún, esa oprobiosa puerta de indiferencia y olvido que divide al Perú entre lo urbano y lo rural, entre lo moderno y lo antiguo, entre lo andino y lo occidental.

Cómo derribar esa puerta, cómo mantenerla abierta para que todas las miradas y voces sean importantes. La del niño que te observa con sorpresa en Pampa Florida, la del hombre que parece evocar el pasado en el complejo arqueológico de Susupillo, de las señoras que descansan sus trajines agrícolas en el atrio del templo de Tantamayo.

Sí, las miradas y las voces de todos. Sólo así podremos abrir la puerta.

lunes, julio 21, 2008

Clic de la Semana


Una puerta cerrada en Tantamayo. Una puerta vieja y gastada -también insegura- que se presenta como una revelación a los ojos del viajero.

Y es que al descubrirla después de varias, muchas, quizás demasiadas horas de andar motorizado por una trocha con sueños de carretera, se tiene la certeza -y, claro, la inmensa alegría- de haber llegado a un pueblo cargado de añoranzas.

Entonces, aquella puerta desportillada que clama por una mano de pintura, se transforma en la entrada simbólica a un Perú distinto, ajeno a los afanes turísticos, ignorado por el creciemiento que anuncian con bombos y platillos -y, tal vez, sin verdad- los banqueros e inversionistas.

Una vez más, Explorando traspasó una de las tantas "puertas" del país, que te llevan a zonas de gran belleza pero de grandes olvidos, como Tantamayo (3,800 m.s.n.m.), en la provincia de Huamalíes, Huánuco, un distrito de geografía encrespada con casitas típicamente andinas y un magnífico legado arqueológico.

A lo largo de esta semana, narraremos algunas de nuestras vivencias al otro lado de la puerta, allí donde no se impone aún el fulgor globalizado y los pobladores conservan las costumbres de los antiguos.

sábado, julio 19, 2008

Correo con sorpresa

Hoy he vuelto de Huánuco, pero antes de contarles mis andanzas por aquellas tierras de los nobles Caballeros de León, quería compartir con Ustedes una breve crónica que hace algunos meses publiqué en la revista Cordillera al Límite del Ecuador.

No crean que es el cansacio y la pereza la que me llevan a "echar mano" al texto en mención. De ninguna manera. Es sabido por todos los lectores de Explorando
que en más de una ocasión me he autoproclamado como vago profesional o algo así, pero cuando se trata de contar un viaje -sobre todo por lugares poco conocidos como los que acabo de visitar- suelo ser bastante laborioso.

Así que mi proverbial vagancia no tiene relación con esta entrada. La causa es otra y trataré de explicársela en "dos papazos", porque este pechito viajero come papa, aunque no sé que hago escribiendo sobre papas, cuando debería estar contando que hoy, al abrir mi correo electrónico después de varias lunas, encontré un mensaje de la administradora del blog Rutas de Chaski.

En el correo en mención -vaya, parece que estuviera redactando un reporte policial- el remitente me indicaba que la crónica citada en párrafos anteriores -sigo con el lenguaje de comisaría- estaba al alcance de un clic, pero no el de Tula por si acaso... pucha ahora estoy farandulero. Cuídate Urraca.

Mil perdones. Creo que volver al llano me ha removido las neuronas. Bueno, decía que sólo necesitaba un clic para ver -por vez primera desde su publicación en abril- la crónica y las fotos que envié a Cordillera.

Confieso que al verla me sentí emocionado, sensación que es una constante desde mi primera publicación allá por el año 95. Mucha agua ha corrido desde entonces, pero esa mezcla de alegría con su pizca de orgullo, permanece intacta hasta ahora.

No es vanidad o un perverso egocentrismo el que produce esa sensación. Es otra cosa, quizás el saber que mi trabajo es valorado o el darme cuenta que decidí bien cuando empecé a viajar, escribir, hacer fotos del Perú.

Y es que vale la pena, siempre vale la pena jugárselas por lo que más nos gusta, más allá de las vicisitudes y los sinsabores que obstaculizan los caminos de un periodista freelancer.

Creo que estoy dándole muchas vueltas al asunto. Mejor los dejo con la crónica que motivo todo este parloteo que, estoy seguro, habría infartado a más de uno de mis profesores universitarios. Ellos no se cansaban de repetir que la concisión era una de las virtudes de un buen comunicador. No hay duda, nunca fui un gran estudiante.



miércoles, julio 09, 2008

El retorno del Chasqui

Hoy todos o casi todos hablan del Paro Nacional. Si hay transporte público en las calles, si la gente salió a trabajar, si se bloquearon carreteras o si ya se armó la grande, el pleito, la bronca en algún lugar del país.

Así se presentan las cosas esta mañana de protesta, convocada por la Central General de Trabajadores del Perú (CGTP), una jornada que, contra todos los pronósticos, ha tenido el invalorable e inesperado apoyo propagandístico del mismísimo gobierno y sus ayayeros de turno.

Y es que en esta ocasión, la célebre escopeta de dos cañones -compañera entrañable de muchos líderes apristas- falló de manera flagrante, disparando más de un tiro por la culata, como el "genial" spot publicitario en el que aparece Vladimiro Montesinos o el incomprensible llamado a las tropas del ejército, para que los uniformados pongan en vereda a los ¡cuatro comunistas! que quieren alborotar el país.

Pero me estoy saliendo del tema. No iba escribir sobre el paro, menos de la escopeta de dos cañones y sus tiros por la culata. Hoy quería contarles otra cosa, informarles sobre los trajines aventureros de Felipe Varela Travesí, el Chasqui, quien realiza una travesía inédita, kilométrica, extenuante de sólo pensarla: recorrer 7 mil kilómetros de senderos Incas.

Viejo conocido de Explorando Perú, Felipe inició su aventura el 19 de mayo en Pasto (Colombia), con el objetivo de llegar en diciembre a Copiapó (Chile), luego de atrevesar a patita nomás los territorios de Ecuador, Perú, Bolivia y parte de Argentina.

Hoy, 9 de julio del 2008, cuando todos hablamos, escribimos o pensamos en el paro, Felipe se alista a cruzar la frontera, a volver al país luego de un trayecto de 950 kilómetros por tierras ecuatorianas. Bienvenido Chasqui, sigue con tu sueño itinerante, sigue descubriendo el Qhapaq Ñan. Ya nos reencontraremos en la ruta.

viernes, julio 04, 2008

Espejismos costeros

Como si se tratara de un espejismo salvador o la afiebrada visión de un delirio, la mar irrumpe amplia y majestuosa detrás de la rigurosa sequedad del desierto costero del Perú; entonces, las dunas se convierten en orillas insinuantes, en playas que seducen y cautivan con el vaivén refrescante de sus olas.

Esa extraña conjunción entre el desierto y el mar, es uno de los rasgos característicos de la costa peruana, una estrecha franja geográfica de 250 kilómetros de ancho a los pies de la cordillera de los Andes, que cobija un rosario de pueblos pintorescos, una sucesión de deliciosas caletas pesqueras y un sinfín de playas serenas o de olas beligerantes, propicias para los retos de adrenalina de los deportes náuticos.

Más de tres mil kilómetros de norte a sur, desde la frontera con el Ecuador hasta los límites con Chile. Más de tres mil kilómetros de baños prolongados y siestas en la orilla, que hacen del antiguo país de los Incas, un auténtico deleite para los admiradores del océano.

Las opciones playeras son variadas, tan variadas como las leyendas e iconografías prehispánicas que revelan la estrecha relación del hombre peruano –los de ayer, los de siempre- con la mamacocha, la madre de todos los lagos y lagunas, como llamaron al mar los hijos de la cordillera, quizás sorprendidos, seguramente atónitos al descubrir su vigorosa inmensidad.

Y fueron esas aguas, con su vaivén eterno, las que trajeron a Naylamp y Takaynamo, los ¿dioses?, los ¿hombres? que sembraron la semilla civilizadora en el norte del Perú, cuando los incas ni asomaban en el espectro cultural andino.

Con el tiempo, la semilla germinó y en los valles milagrosos de la costa –lunares de verdor en la piel del desierto- se hicieron fuerte los moches y los chimus, dos de las grandes culturas de la América precolombina.

Hoy, cuando los pescadores norteños de los pueblos de Huanchaco y Pimentel se enfrentan al oleaje en sus ancestrales embarcaciones hechas de totora (anea oriunda de las lagunas andinas), reviven –quizás sin saberlo- la travesía de aquellos personajes reales o mitológicos que surcaron el océano en esas barcas que los antiguos llamaban muchic (pez dorado) y los españoles bautizaron como caballitos.

Por su aura legendaria, su trascendencia histórica, su kilométrica amplitud, su geografía contrastante, sus paisajes irresistibles y hasta por su fabulosa gastronomía, el mar es un escenario perfecto para bañarse de libertad bajo los abrasadores rayos del sol y las relajantes caricias del océano.

Las opciones playeras son amplísimas como un abanico veraniego. Norte o sur. ¿Hacia a dónde ir? Piense, sueñe, imagine el canto del viento y el rumor de las olas y... aún sigue leyéndonos. Que espera para partir en busca del Pacífico, para disfrutar -aunque sea invierno- del espejismo salvador que se convierte en realidad tras el desierto costero del Perú.