domingo, marzo 22, 2009

Visiones de un desafío



Azul intenso. Sombras que prolongan su dominio e imponen sus matices claroscuros sobre el mar de Paracas, en el inicio de un nuevo día que despierta tarde por la ausencia del sol.

Y en esa mañana que sigue vestida de amanecer, el viento corre con premura propagando en las orillas del desierto costero, el aroma salino del Pacífico.

Y en esa mañana de cielo sin brillo ni resplandores que se impone en la playa Atenas, aparece un mechón del arco iris... breve, fugaz, acaso milagroso.

Azul intenso que empieza a suavizarse. Sombras que se difuminan, se aclaran, desaparecen. Renace el sol, Paracas calienta. Se llena de luz, de brillos intensos.

Noche de campamento en las orillas de una Laguna Grande. Noche de vientos rumorosos, de carpas que flamean como banderas y de pequeños remolinos de arena.

Y en esa larga noche de sueños postergados en una laguna que no es una laguna, sino una sosegada orilla del Pacífico, un zorro del desierto se acerca, invade, se entromete al campamento con andar dubitativo, con pasos desconfiados.

Su presencia despierta el interés de los aventureros noctámbulos que esperan la llegada de los participantes del Desafìo Perú 8mil Paracas 2009.

Varias linternas se encienden, lo alumbran, lo desconciertan; entonces, se queda quieto, duda, huye sin espanto. Se pierde en la penumbra de esa laguna que no es una laguna.

Lejos de los zorros, los integrantes del equipo Patagonia - Pucón (Chile), estudian la carta geográfica de la reserva nacional de Paracas.

Ellos trazan o buscan el camino correcto hacia Lagunillas, uno de los puestos de transición del Desafío, una competencia de aventura y orientación que congregó a una decena de equipos nacionales y extranjeros.

Todo comenzó la noche del viernes 13 de marzo con una caminata nocturna. Después tuvieron que nadar y volver a andar la noche entera. En su intento por llegar al puesto de transición, varios de los equipos -conformados por tres hombres y una mujer- extraviaron el rumbo y pasaron por alto varias zonas de control.

Volver. Desandar lo andado. Retornar con cólera y frustración. Antes de hacerlo, los chilenos verificaron las coordenadas en el mapa. No querían desperdiciar su energía, esforzarse en vano, equivocarse de nuevo. Querían encontrar el rumbo y caminar hacia el triunfo. Y así lo hicieron. Ellos serían los vencedores.

Manos que se estrechan. Sonrisas compartidas tras una ardua competencia que empezó una noche de viernes y culminó el domingo en las afueras del Chaco.

Jornadas de treking, bicicleta de montaña, kayak y natación. Esfuerzos compartidos, solidaridad, emoción, también dramas y esperas.

Una gran aventura en el desierto y en el mar. "En una geografía de otro planeta, tan distinta a la nuestra", explicaría después un competidor de Costa Rica que está seguro de volver, para jugarse su revancha, para ocupar el primer lugar.

No dudamos que vuelva, porque Paracas... perdón, el Perú entero, es una tierra sorprendente que hay que recorrer una y otra vez. Eso lo sabemos de sobra en Explorando.

*Si quiere ver más fotos del Desafío Perú 8mil Paracas 2009, haga clic aquí.

lunes, marzo 09, 2009

Clic de la Semana


Detrás de los muros zigzagueantes de Sala Punku, uno de los complejos arqueológicos del santuario histórico de Machu Picchu, aparecen como una contradicción los vagones del tren que se dirige a Aguas Calientes.

Su estridente paso quiebra el silencio, rompe la atmósfera que induce a la serena contemplación del legado incaico y de la inspiradora belleza de un valle sagrado.

Resistido por muchos, defendidos por otros, el tren es el principal medio de transporte para los turistas que visitan Machu Picchu.

En los últimos años, la frecuencias se han incrementado y, en los próximos meses, es bastante probable que una empresa más empiece a operar en la línea férrea.

Esta situación, más allá de lo comercial, debería llevarnos a pensar en los daños ambientales que el aumento del tráfico ferroviario podría ocasionar en la flora y fauna del santuario, espacio que se debe proteger no sólo por su riqueza natural, sino por sus monumentales complejos de piedra.

Explorando estuvo en la zona, recorriendo durante tres días varios tramos de camino inca que culebrean centenarios entre el kilómetro 82 y 88 de la línea férrea.

Así llegamos a Sala Punku, que habría sido una puerta de control para los viajantes que, en la época prehispánica, unían con la persistencia de sus pasos, la distancia que separa Machu Picchu y el Cusco.

Ahora no hay controles. Sólo varios obreros que trabajan en la restauración y, claro, ese tren querido y odiado que todos los días va y viene, se acerca o entromete, por las antiguas rutas de los Hijos del Sol.

*Si desea conocer más de Sala Punku y de otros complejos arqueológicos del Santuario de Machu Picchu, haga clic aquí.

*Más fotos de la ruta aquí.

martes, marzo 03, 2009

Como la primera vez

Donde el autor recuerda con cierta dosis de nostalgia su primera vez...en Pisac y Ollantaytambo por si acaso; o ustedes pensaban otra cosa.



No es la primera vez que estoy en Pisac y Ollantaytambo, pero extrañamente siento que nunca antes he estado frente a sus prodigiosos andenes, sus colosales recientos de piedra, sus extenuantes escaleras.

Es extraño, pero tengo la impresión que mis pasos me llevan por caminos nuevos y que mi vista se regocija ante panoramas aún desconocidos; entonces, nace la misma emoción, la misma energía revitalizadora que apareció en mi visita precursora al valle Sagrado de los Incas, cuando mis sueños de ser un periodista viajero estaban a punto de hacerse realidad.

Varios años han pasado desde aquella travesía, pero en este retorno extrañamente ataviado de primera vez, me acompaña una sensación de descubrimiento mientras asciendo por escaleritas casi infinitas o me pierdo con deleite por las calles estrechamente empedradas.

Camino sin prisas, lejos del bullir de los grupos de turistas que oyen las explicaciones mil veces repetidos por los guías. Ahora no busco detalles históricos ni pretendo interpretar el pasado.

Sólo tengo ganas de andar sin prestarle atención a las nubes ennegrecidas con sus amenazas de tormenta. De visitar con calma los magníficos recintos incaicos y de contemplar con respeto las montañas tutelares o el devenir torrentoso del río.

Y las horas pasaron sin que me diera cuenta. Se acercan las sombras. Gotas efímeras humedecn la tierra andina y acompañan mi adiós a Pisac y Ollantaytambo, dos pueblos, dos complejos arqueológicos que he visitado varias veces pero que, por una extraña razón, sentí que recién los conocía.

*Vea más fotos de Pisac aquí y de Ollantaytambo aquí.