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Juguemos a la Oca



El tablero está ahí. No luce impecable ni reluciente, pero todavía se ve, aún podría ser utilizado si alguien quisiera hacerlo, aunque eso no ocurre desde hace lustros. Quizás porque los tiempos de boato y esplendor son parte del pasado, tal vez porque nadie en la ciudad se acuerda de las reglas.

El último que las conoció no quiso revelarlas y ni siquiera se las contó a don Rolando Añasco, el propietario actual de la llamada Casa de la Oca, una de las tantas maravillas de Lampa, una ciudad que vivió envanecida por el animado derroche de hacendados y mineros de caudalosas fortunas.

En aquella época -siglos pasado, milenio pasado-, la casa de don Rolando, que pertenecía a la familia Valdez Carrión, fue el escenario de intensas jornadas del juego de la Oca, divertimento de raíces españolas en el que se formaban equipos, se lanzaba un dado y se avanzaba por un camino numerado en el que no escaseaban los castigos y los premios.

"Algo así como el ludo. Se formaban cuatro equipos: el cóndor, el perro, la liebre y el venado", comenta el propietario. No hay más explicaciones. Sólo queda imaginar las risas, el bullicio, la alegría desbordante de aquellas jornadas de relajo y distensión.

Pero la costumbre se perdería con los años; bueno, no es lo único. También se está perdiendo -poquito a poco- la prestancia de ese tablero gigante, único, vistoso, hecho con miles de piedrecitas blancas y negras.

Se calculan que son más de diez mil, perdón, eran más de diez mil. Muchas ya no están en su lugar. Se salieron. Culpa del descuido. Lo peor de todo es que seguirán "perdiéndose" sin que nadie haga algo para evitarlo. Y es que nadie quiere iniciar el juego de la restauración.

El tablero de la Oca de Lampa, la "Ciudad Rosada", va perdiendo la partida, sigue sin encontar la suerte. Ahora está deteriorado, maltrecho, en vías de desaparecer como los hacendados y mineros derrocharadores que recorrieron sus casilleros, como el hombre que jamás quiso revelar las reglas y se las llevó a la tumba.

Comentarios

Nila dijo…
Una pena que este recurso turístico y atractivo cultural no convoque a instituciones como el INC para su recuperación.
Gracias Rolly por contarnos de las otras maravillas de Puno, aunque las noticias que se tengan de ellas no sean de las más felices. Ojalá que este post pueda ser leida por alguna autoridad o institución que se interese en su conservación.
Así es, poco a poco se va deteriorando más. La familia que actualmente habita la casa está más que dispuesta a que se arregle el tablero. Ellos no tienen los recursos para hacerlo.

Saludos,

r.v.ch.

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