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Amenaza de retorno

Me acerco a Lima otra vez. Ahora estoy en Trujillo, ciudad a la que llegué a las cuatro de la madrugada desde Huamachuco, después de varias horas de curvas y remezones, cortesía de una carretera a medio hacer que parece debatirse entre el asfalto y el afirmado polvoriente, entre la comodidad y la tortura.

Lo bueno del asunto es que mi sueño viajero es cada vez más resistente, digamos que a pruebas de baches, asientos desfondados, vecinos gordos, niños berrinchudos y demás situaciones que atentan contra el merecido descanso en un vehículo interprovincial.

Así que el peregrinaje de la sierra a la costa liberteña, apenas si lo sentí, lo que hoy me permite estar lúcido, bueno, tampoco debo exagerar, me permite estar despierto y escribir estas líneas, mientras hago tiempo para el tramo final Trujillo - Lima, un viajecito de 8 horitas nomás, en el que espero que mi sueño se imponga -como tantas otra veces- a los avatares del camino, para llegar fresquito a la capital.

Bueno, se acaba mi tiempo. Tengo que preparar la mochila y dar unas vueltas por la ciudad que, espero, me regale un solcito acogedor, un solcito que me convenza de que Trujillo es la "Ciudad de la Eterna Primavera".

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