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Clic de la Semana


Una balsa de totora se enfrenta a las olas del Pacífico en el mar de Áspero en Puerto Supe(provincia de Barranca, Lima), reviviendo -quizás- las travesías marítimas de las primeras poblaciones costeras del Perú, que se asentaron en este lugar hace cinco mil años.

Áspero, rescatada del olvido y la indiferencia histórica hace tres años, habría sido la ciudad pesquera de la civilización Caral, considerada como las más antigua de esta parte del mundo y piedra angular en el desarrollo del hombre andino.

El sábado, los experimentados pescadores de la vecina caleta de Vegueta (provincia de Huaura, Lima), navegaron desde el cercano asentamiento costero de Vichama (también de los hombres de Caral) hasta el de Áspero, para rendirle tributo a las aguas de la Qochamama (el mar).

En su dorada embarcación, los herederos de una cultura milenaria llevaban ofrendas para los dioses del pasado, aquellos que -tal vez, de repente, uno nunca sabe- guiaron a los profesionales del Proyecto Arqueológico Caral-Supe, para que empezarán a desenterrar los misterios de una ciudad perdica, profanada, convertida en pútrido basural durante más de 25 años.

Hoy, gracias al trabajo de los arqueólogos y -porque no-, a la tutela de los dioses, los primeros vestigios de la ciudad pesquera empiezan a vislumbrase, a conocerse, a ser parte del inmenso y maravilloso legado del Perú prehispánico. Una razón más para sentirse orgullosos.

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