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Reporte a la volada desde Huánuco

Llegué. Estoy en Huánuco. Llueve. No mucho, pero igual: gotas y gotas. Cielo gris. Sigo en Lima, pienso.

Pregunto por la plaza de Armas. Cuatro cuadras. Camino. Me mojo. Hay poca gente en la calle. Aún es temprano: 7 y 30.


Encuentro la plaza o la plaza me encuentra a mí. Escucho una banda que sale del municipio. Un grupo de gente, unas muchachas que cargan un moisés o una cuna. No se bien qué es. Sólo veo a lo lejos que al centro hay una imagen del niño Jesús. Estallan cohetes.

Sigo caminando y buscando. Tengo sueño. Tengo que ir a la Catedral. Sigue lloviendo, sigue la banda, sigo andando.


Llego. Un desastre. Obreros arreglan la pista. Frente al templo han levantado un toldo para guardar sus cosas. Hay camiones y máquinas. También cerros de hormigón.

Lo estropean todo. Mala suerte y, para colmo, la iglesia no es linda, no tiene gracia. Su torre gris parece cualquier cosa menos un campanario. Creo que Dios no vive aquí.

Algo tendré que hacer. Algo tendrá que ocurrírseme. Pero será más tarde. Ahora busco otra iglesia: San Cristóbal, la más antigua de Huánuco.


Le pregunto a un policía. Está cerca, dice, camine derechito, nomás. Y no miente. Cuatro cuadras. Estoy en un templo que si tiene pinta de templo. Al frente hay un parquecito y varios gallos. Una señora los cuida.

Busco un ángulo o varios ángulos. La lluvia amaina, el cielo sigue gris, pero debo hacer la foto. Estoy contra el tiempo. Era para ayer. Sacó la cámara. Apunto. Disparo. Una, dos, muchas veces. Listo. Sólo falta la Catedral.

Retorno. Plaza de Armas. Ya no hay banda.
Si existieran los milagros todos los obreros se hubieran ido; pero no hay milagros. Ellos siguen trabajando. Uniformes naranjas que van y vienen.

Me acerco. Me agacho. Me empino. Busco en encuadre que salga más o menos decente. Lo encuentro... uhm, no me convence del todo.

Me voy a la otra cara de la iglesia. Está más bonita. La torre sale mejor. Disparo. La imagen sale simpaticona, quizás si hayan milagros en esta jornada.

Empiezo a guadar la cámara. Escucho una banda. Levanto la mirada: un grupo de Negritos se acercan. Ya no guardo nada.
Voy por ellos. Los veo danzar, girar, hacer sonar sus campanitas.

Vistosidad, colorido, imposible no fotografiarlos, imposible no retratarlos. Lo hago, me emociono, presiento que será provechoso este día en Huánuco. La jornada será larga. Recién a las 10 de la noche emprenderé el retorno a Lima.

Mejor me olvido del sueño. Total, no tengo donde dormir.

*Si desea ver más imágenes de Huánuco y sus Negritos, haga clic aquí.

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