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Visiones de un desafío



Azul intenso. Sombras que prolongan su dominio e imponen sus matices claroscuros sobre el mar de Paracas, en el inicio de un nuevo día que despierta tarde por la ausencia del sol.

Y en esa mañana que sigue vestida de amanecer, el viento corre con premura propagando en las orillas del desierto costero, el aroma salino del Pacífico.

Y en esa mañana de cielo sin brillo ni resplandores que se impone en la playa Atenas, aparece un mechón del arco iris... breve, fugaz, acaso milagroso.

Azul intenso que empieza a suavizarse. Sombras que se difuminan, se aclaran, desaparecen. Renace el sol, Paracas calienta. Se llena de luz, de brillos intensos.

Noche de campamento en las orillas de una Laguna Grande. Noche de vientos rumorosos, de carpas que flamean como banderas y de pequeños remolinos de arena.

Y en esa larga noche de sueños postergados en una laguna que no es una laguna, sino una sosegada orilla del Pacífico, un zorro del desierto se acerca, invade, se entromete al campamento con andar dubitativo, con pasos desconfiados.

Su presencia despierta el interés de los aventureros noctámbulos que esperan la llegada de los participantes del Desafìo Perú 8mil Paracas 2009.

Varias linternas se encienden, lo alumbran, lo desconciertan; entonces, se queda quieto, duda, huye sin espanto. Se pierde en la penumbra de esa laguna que no es una laguna.

Lejos de los zorros, los integrantes del equipo Patagonia - Pucón (Chile), estudian la carta geográfica de la reserva nacional de Paracas.

Ellos trazan o buscan el camino correcto hacia Lagunillas, uno de los puestos de transición del Desafío, una competencia de aventura y orientación que congregó a una decena de equipos nacionales y extranjeros.

Todo comenzó la noche del viernes 13 de marzo con una caminata nocturna. Después tuvieron que nadar y volver a andar la noche entera. En su intento por llegar al puesto de transición, varios de los equipos -conformados por tres hombres y una mujer- extraviaron el rumbo y pasaron por alto varias zonas de control.

Volver. Desandar lo andado. Retornar con cólera y frustración. Antes de hacerlo, los chilenos verificaron las coordenadas en el mapa. No querían desperdiciar su energía, esforzarse en vano, equivocarse de nuevo. Querían encontrar el rumbo y caminar hacia el triunfo. Y así lo hicieron. Ellos serían los vencedores.

Manos que se estrechan. Sonrisas compartidas tras una ardua competencia que empezó una noche de viernes y culminó el domingo en las afueras del Chaco.

Jornadas de treking, bicicleta de montaña, kayak y natación. Esfuerzos compartidos, solidaridad, emoción, también dramas y esperas.

Una gran aventura en el desierto y en el mar. "En una geografía de otro planeta, tan distinta a la nuestra", explicaría después un competidor de Costa Rica que está seguro de volver, para jugarse su revancha, para ocupar el primer lugar.

No dudamos que vuelva, porque Paracas... perdón, el Perú entero, es una tierra sorprendente que hay que recorrer una y otra vez. Eso lo sabemos de sobra en Explorando.

*Si quiere ver más fotos del Desafío Perú 8mil Paracas 2009, haga clic aquí.

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