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Esplendor 69 by Explorando Perú















No alardeaban quienes habiendo hecho la 69, describían su experiencia como fantástica y proclamaban entre sonrientes y exhaustos, su intención de repetirla, una, dos, muchas veces... todas las veces que pudieran.

De tanto escucharlos y para no morirme de la envidia o algo parecido, me despojé de todos mis temores y decidí hacer de una buena vez la famosa 69. 

Era justo y necesario. Uno ya no es un jovencito y si seguía dudando, fácil que cuando me decidiera a hacerla, ya no tendría el físico necesario o suficiente.

Y es que se necesita estar en forma o medianamente en forma, para llegar al ansiado objetivo sin estar dando pena o lástima o, lo que es peor, sin disfrutar absolutamente nada de la fantástica experiencia. 
 
Y aunque últimamente mi forma es... digamos media redonda, igual la hice y la disfrute y me sentí agotado, pero la intensidad de la 69 me cargaría de energías, tantas, que hoy me atrevo a decir y anunciar que volveré a hacerla,
porque no hay primera sin segunda y en la repetición está el gusto.

Claro, el gusto, el gustazo de caminar hacia la 69... sí, caminar, ¿qué estaban pensando? Este es un blog de viajes, caray, un blog serio, caray, jamás triple XXX, caray... aunque reconozco que lo de la 69 se presta a confusiones. 

Así que mejor disipo las dudas. La 69 que hice no fue ninguna pirueta, malabar o contorsión de esos que explica con lujo de detalles la tía Rampolla. 

Lo hasta aquí escrito, hace referencia a la ruta que conduce a uno de los espejos de agua más bellos del parque nacional Huascarán.

Sus aguas espléndidas se vislumbran al final de un sendero. Un nevado, el Chacraraju, copa el horizonte. Silencio. Soledad. Orillas que tientan al reposo y a la admiración de una laguna a la que únicamente se llega caminando. 

Tres horas de andar entre pendientes y velos cristalinos, entre lagunas sin número y glaciares que se derriten por el cambio climático. Esa es la 69 que hice, que vi, que fotografié. La 69 que tarde o temprano volveré a hacer sin contorsiones ni malabres. Solo con la fuerza de mis pasos.

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