miércoles, diciembre 14, 2011

Clic de la semana

Negocio soñado
Estimado señor Rodolfo, aunque no tengo el gusto de conocerlo y ni siquiera estoy seguro de su existencia, porque los carteles, como el papel,  aguantan todo y de todo. Y si bien en esta imagen se lee claramente el nombre Rodolfo, eso no asegura que un Rodolfo sea el dueño del negocio.

Tal vez sea en honor al padre querido del fundador o de un esposo devoto y fiel -sí, existen algunos-. Siendo un poquito mal pensado, podría tratarse de algún lejano amor, de un vecino demasiado cariñoso, o de un dependiente siempre atento y servicial a los pedidos o caprichos de la dueña, si es que se tratara de una dueña. En fin, vaya uno a saber.

Quién le dice que al propietario o propietaria no se le ocurrió nada mejor. Es más, de repente en todo puerto Callao y en las orillas habitadas de Yarinacocha -con sus caseríos y comunidades nativas-, no vive ni un solo Rodolfo, por lo que el inicio de esta entrada no tendría ningún sentido o al menos no el sentido que se le ha querido dar.

Así que para evitar la "patinada", utilizaremos la vieja y eficaz fórmula de a quién corresponda, para expresarle merecidamente a quién corresponda, mi más sincera felicitación por su ingenio, visión y olfato empresarial que lo ha llevado a crear el novedoso concepto comercial de Licobrería.

Un negocio singular, desconocido y por qué no, hasta soñado, al menos para este viajero que no arruga cuando se trata de uno o varios brindis y que, por otro lado, más de una vez, se ha sentido embriagado con la lectura de un buen libro (¿quién dijo Relatos del Perú?).

Le confieso, señor Rolando, digo señor o señorita a quién corresponda, que su negocio en la calle Aguaytía del distrito de Yarinacocha, provincia de Coronel Portillo, región Ucayali, me sorprendió por esa extraña, atrevida e inusual mezcla entre botellas y libros.

Y no es que las letras no puedan llevarse bien con las bebidas espirituosas. Todo lo contrario. Leer y tomarse una copita es más que inspirador, pero, de allí a vender libros, útiles de escritorio y textos escolares con cerveza, ron, pisco y otras bebidas espirituosas y nada santas, hay una diferencia terrible y abismal que, probablemente, ha causado indignación y ataques hepáticos a más de uno.


Pero lo más curioso del asunto, es la de haber bautizado este nuevo concepto como Licobrería y anunciarlo con un colorido cartel, el cual acaparó la atención del acalorado y sediento lente de Explorando que, ahora, está tentadísimo de cambiar de rubro laboral y dedicarse a administrar su propia Licobrería. 

¿Negociamos la franquicia con quién corresponda?...

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