Ir al contenido principal

Entradas

El abogado del diablo

Dónde el autor, para evitar los sapos y culebras y cuidar su hígado, funge de abogado del diablo y -con ironía, desvergüenza y argumentos falaces- trata de justificar un hecho sencillamente injustificable. No son delincuentes ni vándalos, sólo chicos traviesos. Total, lo que hicieron no es tan malo, muchos lo hacen y quedan impunes. Su único error -el mismo que demuestra su inocencia e ingenuidad- fue el de filmar su divertidísima hazaña y, luego, llevados por la emoción y deseosos de difundirla en el mundo entero, la colgaron en la Internet. Eso es todo. Mucho barullo por tan poco. Y, lo más grave, es que la gente insidiosa, en vez de mostrarse indulgente y aceptar que la juventud a veces es alocada, atrevida y hasta un poco tonta, se les prende y los llena de agravios e insultos. Qué no les han dicho a los pobrecitos. Para colmo de males, quieren castigarlos como si fueran narcos o terrucos; como si meterle patadas y tirarle piedras a una de las paredes de adobes de la huaca Dragón, ...

Relajo de diciembre

Donde el autor se revela contra las crónicas de viaje y, vaya uno a saber por qué, se manda con una larga añoranza sobra las raíces del espíritu de vagancia que lo embarga en diciembre... Nunca he tenido ganas de hacer grandes cosas en diciembre. Me pasa desde el colegio, donde el aroma a las vacaciones próximas era una abierta invitación al relajo, avalada por los salvadores 42 puntos que convertían a los exámenes del cuarto trimestre en pura rutina porque levantar mi promedio o buscar un inédito diploma, no eran parte de mis planes de escolar mediocre. Como los equipos chicos en el fútbol, mi único objetivo en las aulas era el de salvar la categoría, para jugar las últimas fechas con absoluta tranquilidad, sin sentir el acoso del fantasma de la baja. Libre de él, carecía de sentido tener el cuaderno al día, hacer las tareas y asignaciones con excesiva pulcritud o estudiar hasta el desvelo para los exámenes finales. Aquellos trajines eran para los chancones impenitentes o los alumnos ...

Un pedido al niño Manuelito

Niño Manuelito regálame muchos viajes pero haz que siempre vuelva a casa sano y salvo. Lo demás corre por mi cuenta. No te pido mucho... sólo que me libres de los choferes sin brevetes y sin experiencia, de los conductores cansados o demasiado achispados que pestañean en la noche o después de almorzar, de los que pisan con entusiasmo el acelerador y rebasan camiones en las curvas cerradas, de los que se detienen a recoger pasajeros en la mitad de la vía, sin orillarse ni salirse del carril. Sé que puedes alejarme de los buses sin frenos y con llantas a punto de reventarse, de las carcochas sin luces para la niebla y de las que se malogran en las curvas o subiendo una pendiente. Sálvame de las empresas piratas que carecen de permiso de circulación, de los policías que se hacen de la vista gorda o quedan cegados por el brillo de unos cuantos soles. También de los inspectores de tolerancia cero que al final lo toleran todo, de los viajeros inconscientes que siempre exigen ir más rápido, d...

Voces contra el cambio climático

Voces que te hablan de una tragedia que muchos no quieren ver o prefieren ignorar. Voces de tristeza en un campo yerto que siempre fue fértil y en las orillas de un gran lago que extraña la lluvia. Voces de indignación en un bosque de árboles quemados y en las faldas ahora grisis de una montaña que fuera de nieve. Voces del campo y el monte, de los valles y las cordilleras. Voces que no mienten porque narran lo que viven, lo que sienten los hombres y mujeres de un país que cambia dramáticamente. Voces que te llevan a pensar en un futuro incierto: sin agua en los ríos y lagunas, sin tierras que sembrar, de naturaleza enferma. Voces que escuchas y no olvidas. Voces que dicen: antes no era así, todo era verde... El agua llegaba hasta acá arriba, mire dónde está ahora... Cuando era joven había harta nieve, lindo se veía... Jamás caía granizo en esta época, el clima está loco... Ya debería venir la lluvia, sino nada crecerá en las chacras. Tantas voces expresando lo mismo. Tantas voces que...

Clic de la semana

La esplendora belleza del Titicaca se ve mancillada por la contaminación que afecta a la bahía de Puno. Descuido y desidia, daño ecológico que no se castiga ni se remedia, que se observa impune y dolorosamente en las orillas lacustres de la ciudad principal del altiplano peruano. Una terrible tragedia, un artero atentado contra la fuente generadora de vida en esta región del país. Evidencia clara de la ingratitud del hombre frente a su entorno, de su incapacidad de preservar su medio ambiente, de cuidar sus recursos naturales y económicos. El Titicaca está enfermo en Puno. Lo saben quienes viven en la ciudad, lo descubren con congoja los miles de turistas que zarpan del puerto, que recorren la bahía, que llegan hasta el hotel Sonesta Posada del Inca, para visitar el buque Museo Naval Yavarí, uno de los colosos de la llamada "flota de hierro", la poderosa escuadra que la Marina de Guerra mantuvo en las aguas del lago navegable más alto del mundo. La contaminación está en todos...

Clic de la semana

Nace el día. Se impone el sol. Las sombras se repliegan creando panoramas distintos, entonces, una cruz de camino "sembrada" en un pequeño promontorio, se convierte en una silueta insinuante que constrasta con la luz del horizonte, con su propio reflejo en un espejo de agua. Lugar de descanso para los andariegos, en este paraje que está detrás de un bofedal y al final de un senderito medianamente tortuoso, se realizan rituales cargados de sincretismo, para pedir la protección del apu Allincapac (5,877 m.s.n.m.), la montaña más alta de la cordillera de Carabaya, un deslumbrante ramal de la cadena oriental de los Andes. Durante el solaz y la reflexión casi mística, el camino regaló esta imagen al "lente cordillerano" de Explorando que despertó antes del alba, que partió antes del amanecer de Macusani, la capital provincial, para arribar motorizadamente a la pampa de Antajahua, donde inició su periplo -no muy largo, no muy corto- hacia el macizo congelado. Se termina e...

Tata Pancho, perdóname

No es fácil Tata Pancho. Entiéndeme, perdóname… todavía soy un alma débil. Créeme que lo intenté con todas mis fuerzas, que luché con férrea decisión y que, durante horas, resistí heroicamente los provocadores embates de aquellas huestes demoníacas que, valiéndose de sensuales argucias, buscaban afanosamente guiarme y perderme por el mal -¿o buen?- camino. Sabes que no miento. Tú lo ves todo desde tu anda florida y bendecida, esa que ahora está en el atrio de un templo que jamás será tuyo, aunque seas la imagen más querida, la que todos veneran y engríen en la primera quincena de octubre, cuando tu fiesta es lo más importante en la provincia fronteriza de Yunguyo (Puno) y centenares de hombres y mujeres te rezan, te cantan y hasta bailan en tu honor. A pesar de eso, la iglesia no lleva tu nombre sino el de Nuestra Señora de la Asunción. Ella ocupa el altar mayor. Quizás sea injusto… bah, pero tú eres un santo y no sientes ni celos ni envidia, tampoco te molestas. Y no creas que ...