
El sombrío panorama de Quito en una mañana sedienta de lluvia, fue la última imagen captada por nuestro lente viajero en el 2006, un año hasta cierto punto insólito, porque Explorando Perú cruzó las fronteras varias veces, para descubrir otros rincones de los Andes.
Y estuve en la Mitad del Mundo y me crucé con un oso de anteojos en el bosque de Mindo, luego me encaramé en el techo de un tren serrano que llega hasta las narices del diablo y me acarqué al Pacífico en Manabí y Esmeraldas, rincones verdes de la costa ecuatoriana.
Y volví a Tiahuanaco y Copacabana y navegué en las aguas del Titicaca, para desembarcar en la isla del Sol y de la Luna. Y vi ocultarse el sol y vi lucecitas trémulas en la noche que me recordaban que mi país, el Perú, estaba al frente, allacito nomás, señor.
Y conocí el sur del continente. Y devoré un par de completos en la plaza de Armas de Santiago y cruce en ferry hasta la isla de Chiloé y recordé la vieja canción de los Iracundos en un atardecer en Puerto Montt y caminé por las calles de Valdivia, sintiendo -o creyendo- que era mi ciudad, total, mi apellido es su nombre.
Las rutas y los caminos se ampliaron. Se multiplicaron las historias y las imágenes, la sonrisas solidarias y los sinceros apretones de manos... y, claro, también las ganas de continuar viajando en el 2007, para seguir con Explorando Perú y, quien sabe, por qué no, crear la bitácora Explorando los Andes.
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