martes, agosto 18, 2009

Retratos de Puerto Inca


Rostros, miradas, gestos. Retratos de la selva. Gente del bosque. Nativos e inmigrantes. Yaneshas, ashaninkas y mestizos en Santa Teresa, hermanos de todas las regiones en Puerto Sira y hasta un descendiente de colonos tiroleses en un fundo ganadero.

Obviar el paisaje. Desdeñar el bosque, los quiebres del río, la cordillera que se dibuja en el horizonte, para fijar tu objetivo en los hombres barbados y pelilargos que adoran a Jehová, en las niñas que aprenden a rezar, en los jóvenes que le regalan melodías a Dios, con guitarras y un órgano electrónico.

Ofrendas y plegarias en Puerto Sira. Frontera viva, "lugar sagrado" para los israelitas del nuevo pacto universal, los seguidores del extinto Ezequiel Ataucusi, el "profeta" que reinterpretó las sagradas escrituras y los diez mandamientos. Él propagó su palabra en las zonas más deprimidas de un país doliente, sufrido, sin muchas esperanzas.

Se termina la luz, se avecina la noche. El jefe de la comunidad de Santa Teresa está molesto. "Los estábamos esperando, han llegado tarde", dice, refunfuña, espeta su cólera.

A su lado, un cazador con una cushma hecha de rafia, lo observa con absoluto respeto. Su rostro está pintado de rojo, como el de la mujer que aparece de pronto y nos da la bienvenida en su lengua materna.

El jefe se tranquiliza, se calma, pero jamás sonríe, sigue dolido mientras la mujer canta y baila, mientras el cazador tiempla su arco y exhibe sus flechas, mientras la gente sale a curiosear. Todos sonríen, saludan, no se molestan con las fotos.

Más rostros, más gestos. No en un "lugar sagrado" ni en una comunidad nativa, sino en un fundo ganadero, donde un descendiente de los colonos austro-alemanes -aquellos que llegaron a la selva de Pozuzo (región Pasco) hace 150 años- reposa en las cercanías de su casa con sus compañeros de faena.

También en Puerto Inca, la capital de la provincia del mismo nombre (Huánuco), donde una jovencita baila una danza tradicional cerca a una fogata, cuyas lenguas ígneas pretenden rasgar la oscuridad de una noche amazónica.

Sólo algunos rostros, miradas y gestos de los hombres y mujeres que habitan en el monte, en la selva siempre lejana, distante y olvidada. Siempre incomprendida.

2 comentarios:

Iván Acuña dijo...

Buena nota. La selva peruana es fascinante. Yo tambien tengo un blog de viajes espero que puedas darte una vuelta te dejo el link

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Saludos y gracias por la info

Explorando Perú dijo...

Gracias por el comentario Iván. Mantengamos el contacto.

Saludos,

r.v.ch.