
La cola de una ballena jorobada emergé prodigiosa de las aguas oceánicas de la costa norte del Perú. El paso de estos gigantes marinos se repite todos los años entre agosto y octubre, permitiendo o tentando a los viajeros a surcar las aguas, para ser testigos de uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta.
El lente de Explorando no podía quedarse en tierra y, hace unas semanas, zarpó temprano del muelle artesanal de Los Órganos (Talara, Piura), en la búsqueda de estos enormes cetáceos. Y fue emocionante surcar el Pacífico. Navegar entre la expectación y el relajo, aguzando siempre la vista, escudriñando el horizonte y respirando a plenitud los vientos marinos.
La travesía fue exitosa. Un chorro de agua expulsado con fuerza -como si se tratara de un géiser hirviente- anuncia la presencia -una y otra vez- de las ballenas. La embarcación despierta, acelera, se acerca. Todo pasa con prisa. El corazón se desboca, pero hay que mantener o tratar de mantener la calma y el pulso firme a pesar del bamboleo de las olas.
Y las ballenas vuelven a sumergirse. Sus colas salen del agua como si se tratara de un ritual de despedida. Disparas. Aciertas. Tienes algunas imágenes. Quieres más. Hay que seguir esperando, tratar de verlas una vez, quizás más cerca o capturarlas en pleno salto, para perpetuar ese momento con un clic memorable.
"Setiembre es la mejor época", explicaría el capitán de la nave al volver al muelle. "Están con sus crías. Es espectacular", diría también, como invitando a repetir la experiencia el próximo año... y por qué no, el lente de Explorando quiere más clic's, para compartirlos con ustedes en esta bitácora.
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