Ajeno a los mates puntos y a los jaques mates que todos los domingos se festejan en aquel rincón de urbanidad, el maestro se concentra en su tarea de perpetuar en un lienzo la estampa colonial, barroca y mestiza de la Catedral de San Antonio de Huancavelica.
El inspirado vaivén de su pincel atrae la atención de los transeúntes. Ellos aminoran sus pasos. Lo rodean. Lo admiran. Quieren que termine su obra, pero él demora y retoca una, dos, tres veces. Se detiene. Ve el templo. Mira el cuadro. Reflexiona. Reinicia su trabajo.
Pero la gente se amodorra, se cansa, se aburre porque el maestro -con artística obstinación- insiste con sus retoques por más que el cuadro pareciera estar listo; entonces, se marchan a la feria dominical, a los baños de San Cristóbal o a solazarse en una de las bancas de la plaza.
Soledad momentánea. Ya llegarán otros transeúntes y lo observarán y esperarán su última pincelada. Cuando eso ocurra, el lente de Explorando Perú estará en otra calle, en otro barrio, en otro atrio centenario de Huancavelica, pintando con luz en el lienzo digital de su cámara viajera.
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