Ir al contenido principal

Crónicas virtuales II

Donde el autor, acaso inspirado por aquello de que no hay primera sin segunda y que en la repetición está el gusto, vuelve a echar mano de las actualizaciones que escribió en sus redes sociales, durante su último viaje a tierras cusqueñas.


Calle de Pomacanchi.
Partida 
Esperando el momento de partir o mejor dicho esperando que se llene el colectivo que me llevará al desvío... al desvío que conduce a Acomayo por si acaso. No sean mal pensados.
     *El colectivo se llenó tras media hora de espera aproximadamente.

Lección
Es profesor y tiene su carrito. En las mañanas, cuando va hacia su centro de trabajo, aprovecha para ganarse alguito recogiendo pasajeros. Si está perdiendo su particular lucha contra el reloj, el servicio no acaba en la Plaza de Acomayo sino en el colegio en el que enseña.
     
Salud
Dicen que las penas se ahogan con alcohol. No sé si será cierto, pero aquella señora no lo duda. Botella en mano se despide a vaso lleno del familiar que abandona Acomayo. Quiere hacer lo mismo con el conductor. “Manan”, responde él. Un policía está cerca y lo observa.
     *Es conveniente precisar que el copiloto –es decir este pechito- sí hubiera aceptado la cervecita. Lástima que no le ofrecieron ni una gota.

Puente
“Chuquicahuana” anuncia el conductor mientras con un trapo desaparece la tierra de su auto. Nadie hace caso a su grito. Nadie quiere viajar a esta hora; entonces, solo le queda seguir lavando y esperando.
     *Chuquicahuana es el nombre del puente que permite acceder a las vías que conducen a los distritos de Acomayo. Este se encuentra en la vía Cusco – Sicuani – Puno.

Destino
Se escucha el pregonar de los "llenadores". “Cusco, Puno” anuncian sus destinos en los alrededores del terminal de Sicuani. Más tarde me dejaré llevar por sus pregones.
     *El viaje entre Sicuani y Cusco dura menos de tres horas. Los buses cobran S/. 7.50.
Puente Chuquicahuana.

Intervención
En Pomacanchi me intervino un policía, en Sicuani me interroga un colega de una radio local. "Por qué tomas fotos. Eres del MTC o del INC", dice sin prepotencia. Le digo lo que hago. Me da la mano. Me recomienda un par de lugares para visitar.
     *No hay duda, este viajero tiene cara de sospechoso. Así de simple.

Centro
Siempre desde la carretera. Solo el asfalto y las casas a la vera del camino. Nada más. Nunca un paseo por la ciudad. Pero esta vez fue distinto. Me quedé en Sicuani y anduve por su centro plagado de casonas antiguas. Toda una sorpresa. Una grata sorpresa.
     *Sicuani es paso obligado en la ruta Cusco – Puno, la cual he recorrido varias veces sin detenerme nunca en la capital de la provincia de Canchis.

Carcocha
Plaza de Armas del Cusco.
Viajando como en los orígenes: en un bus carcocha, sin turistas ni “terramozas”, pero con varias mamachas. Solo falta el viejo walkman con sus casetes piratas.
     *Detalle del viaje Sicuani – Cusco.

Vueltas
Noche final, sin brindis ni excesos festivos-nostálgicos. Noche final recorriendo calles y plazas con avidez de recién llegado, como si mis pasos fueran los primeros en esta ciudad. Siempre me ocurre lo mismo en el Cusco. Siempre creo estar descubriéndola.

Danza
Y en la noche de la despedida, justo al frente del monasterio de Santa Teresa, chicas y chicos ensayan una coreografía. Me detengo. Los observo. Su baile me recuerda a la Candelaria de Puno y al Carnaval de Oruro. Tantos recuerdos, tantos viajes, tantas vivencias. 

Hogar
Lima, no te vayas. Espérame con tu niebla y tu cielo gris, así no tendré dudas, así sabré que estoy en casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Fiesta en Andamarca

Yaku Raimi Cuando las aguas están de Fiesta Texto: Rolly Valdiva Chávez Del polvo del archivo rescatamos una crónica sobre la fiesta del agua en Andamarca, que publicamos originalmente en septiembre de 1999 en La Última Página del diario oficial El Peruano. El texto rescata las costumbres de una celebración que se mantiene vigente en esta pequeña comunidad ayacuchana, conocida como la "capital de los Rucanas" (un aguerrido pueblo preincaico) y la "ciudad de los andenes", por la proliferación de terrezas cultivables esculpidas en los cerros por los ingenieros andinos. Al publicar esta nota, Explorando Perú quiere brindar un homenaje a los esforzados comuneros andamarquinos, quienes hasta en las épocas de mayor violencia política, siguieron respetando sus viejas costumbres, perpetuando una tradición de siglos. Fiesta de comuneros. Revolotear de trenzas y polle­ras. Oleadas de chicha de jora y calentito. Zapateo interminable. Pueblo con­quistado por un batallón de mági...

Oxamarca: una historia entre la niebla

Explorando sale del letargo o de su agonía -usted escoja el término que más le guste- con esta crónica en la que el autor relata su visita a Chocta, un complejo arqueológico del distrito de Oxamarca (Celendín, Cajamarca) que está cubierto por las brumas del olvido y la indiferencia. Estamos de vuelta, una vez más. Pasará . Es difícil saber si lo dicen por convicción o si se trata tan solo de un amistoso engaño, de esos que suelen acompañarse con una sonrisa condescendiente y un par de palmaditas en el hombro, aunque en este momento de niebla y frío, de lluvia indecisa y sol opaco, nadie se acerca con ansias de brindar consuelo; entonces, surge la duda: y si ellos realmente lo creen. Esperar . Es lo único que queda. Tal vez, como afirman los que nacieron aquí, el mal momento pasará, más temprano que tarde pasará, entonces, todo será igual que en las jornadas anteriores -despejadas, brillantes, luminosas-, ideales para descubrir, tras las espinosas marañas del verdor, los mur...

A brindar con masato

No es una insinuación, tampoco la expresión de un deseo velado de continuar con los festejos por el primer aniversario de Explorando Perú . En realidad es pura coincidencia, una de esas casualidades de la vida que nunca faltan la que me hace publicar este post, con la fotografía de una mujer asháninka de la comunidad de Coriteni Tarzo (provincia de Satipo, Junín), en plena faena de preparación del tradicional masato , la bebida infaltable en el verdor amazónico. A puro punche y con gran esfuerzo, el ollón con varios kilos de yuca y camote sancochado es molido, triturado, convertido en masa pastosa con un remo "disfrazado" de cucharón. El procedimiento es más que agotador y la señora lo realiza en silencio, totalmente concentrada y sin mirar a los curiosos que pululan por su minúscula comunidad, perdida en el exuberente follaje que tapiza las orillas del río Tambo. En la selva se masatea de día y de noche, cuando hay fiesta o hace calor, cuando llega un visitante o se van los...