domingo, setiembre 09, 2012

Crónicas virtuales II

Donde el autor, acaso inspirado por aquello de que no hay primera sin segunda y que en la repetición está el gusto, vuelve a echar mano de las actualizaciones que escribió en sus redes sociales, durante su último viaje a tierras cusqueñas.


Calle de Pomacanchi.
Partida 
Esperando el momento de partir o mejor dicho esperando que se llene el colectivo que me llevará al desvío... al desvío que conduce a Acomayo por si acaso. No sean mal pensados.
     *El colectivo se llenó tras media hora de espera aproximadamente.

Lección
Es profesor y tiene su carrito. En las mañanas, cuando va hacia su centro de trabajo, aprovecha para ganarse alguito recogiendo pasajeros. Si está perdiendo su particular lucha contra el reloj, el servicio no acaba en la Plaza de Acomayo sino en el colegio en el que enseña.
     
Salud
Dicen que las penas se ahogan con alcohol. No sé si será cierto, pero aquella señora no lo duda. Botella en mano se despide a vaso lleno del familiar que abandona Acomayo. Quiere hacer lo mismo con el conductor. “Manan”, responde él. Un policía está cerca y lo observa.
     *Es conveniente precisar que el copiloto –es decir este pechito- sí hubiera aceptado la cervecita. Lástima que no le ofrecieron ni una gota.

Puente
“Chuquicahuana” anuncia el conductor mientras con un trapo desaparece la tierra de su auto. Nadie hace caso a su grito. Nadie quiere viajar a esta hora; entonces, solo le queda seguir lavando y esperando.
     *Chuquicahuana es el nombre del puente que permite acceder a las vías que conducen a los distritos de Acomayo. Este se encuentra en la vía Cusco – Sicuani – Puno.

Destino
Se escucha el pregonar de los "llenadores". “Cusco, Puno” anuncian sus destinos en los alrededores del terminal de Sicuani. Más tarde me dejaré llevar por sus pregones.
     *El viaje entre Sicuani y Cusco dura menos de tres horas. Los buses cobran S/. 7.50.
Puente Chuquicahuana.

Intervención
En Pomacanchi me intervino un policía, en Sicuani me interroga un colega de una radio local. "Por qué tomas fotos. Eres del MTC o del INC", dice sin prepotencia. Le digo lo que hago. Me da la mano. Me recomienda un par de lugares para visitar.
     *No hay duda, este viajero tiene cara de sospechoso. Así de simple.

Centro
Siempre desde la carretera. Solo el asfalto y las casas a la vera del camino. Nada más. Nunca un paseo por la ciudad. Pero esta vez fue distinto. Me quedé en Sicuani y anduve por su centro plagado de casonas antiguas. Toda una sorpresa. Una grata sorpresa.
     *Sicuani es paso obligado en la ruta Cusco – Puno, la cual he recorrido varias veces sin detenerme nunca en la capital de la provincia de Canchis.

Carcocha
Plaza de Armas del Cusco.
Viajando como en los orígenes: en un bus carcocha, sin turistas ni “terramozas”, pero con varias mamachas. Solo falta el viejo walkman con sus casetes piratas.
     *Detalle del viaje Sicuani – Cusco.

Vueltas
Noche final, sin brindis ni excesos festivos-nostálgicos. Noche final recorriendo calles y plazas con avidez de recién llegado, como si mis pasos fueran los primeros en esta ciudad. Siempre me ocurre lo mismo en el Cusco. Siempre creo estar descubriéndola.

Danza
Y en la noche de la despedida, justo al frente del monasterio de Santa Teresa, chicas y chicos ensayan una coreografía. Me detengo. Los observo. Su baile me recuerda a la Candelaria de Puno y al Carnaval de Oruro. Tantos recuerdos, tantos viajes, tantas vivencias. 

Hogar
Lima, no te vayas. Espérame con tu niebla y tu cielo gris, así no tendré dudas, así sabré que estoy en casa.

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