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Reflexión Viajera

En los caminos uno va sembrando afectos. Encuentros casuales y efímeros intercambios de palabras, se convierten -quizá sin darnos cuenta- en las semillas de una amistad que se robustece en cada paso, en cada aventura, hasta volverse entrañable, sólida, también viajera.

Y así uno va teniendo amigos y conocidos por todos lados: en un rinconcito del desierto, en la puna más inhóspita, en el caluroso olvido de una comunidad nativa; entonces, uno agradece al camino y a su gente por recibirte con los brazos abiertos, por compartir su sabiduría, por enseñarte que el corazón del Perú seguirá latiendo, mientras alguna señora comparta su puñado de mote y su papita sancochada, con ese desconocido -sudoroso, extraño, hijo de otras geografías- que visita su pueblo.

Hoy escribo esta líneas, para agradecer a todos mis amigos que de una u otra forma, han apoyado mis andanzas periodísticas. Sé que la memoria es ingrata y por eso evito citar sus nombres.

No quiero omitir a nadie, todos son importantes, todos son mis patas, mis compañeros, mis aliados en esta travesía, siempre inconclusa, siempre fascinante, de explorar el Perú.

Comentarios

Gracias por dedicarme este post, mi estimado viajero. Sabía que algún día lo harías jajaja...
Fuera de bromas, la gratitud que expresas a tus "patas" es un buen detalle que siempre debemos tenerlo en cuenta.

Saludos,
Hola Sandro...
Qué rápido te subes al coche. No recuerdo haber viajado contigo ni siquiera a Chosica; pero en fin, también eres "pata" y eso es lo que importa.

Saludos,

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