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Que viva el circo

Donde el autor se aleja temporalmente de la puerta del pasado y arremete con patriótica indignación en temas de la coyuntura nacional.

Circo sin carpa. Funciones al aire libre y en varias pistas. Payasos, magos, malabaristas, encantadores de serpientes y hasta hombres invisibles. Un gran elenco. Un gran espectáculo señor-caballerito, digno de un país que se catapulta hacia el primer mundo –se alborota el anunciador-, que es la envidia de todos sus vecinos –agrega al borde del paroxismo-, que le saca cachita a la crisis planetaria –sentencia con voz imperial-.

Circo en vivo y en directo. Todos los días y para todo el territorio nacional, sin comprar entradas ni hacer largas colas. Vamos, anímese, prenda la TV, escuche la radio, deténgase y lea los titulares de los periódicos. Sea parte del show, diviértase, no sea amargado. Crea y aplauda con entusiasmo porque la función está buenaza. Siempre mejor que la de ayer.


Circo madeinPerú con congresistas que graban sus conversaciones “privadas”, para luego denunciar complots y tratos bajo la mesa (o por la mesa directiva).

Miren como se pelean, se irritan y hasta fingen indignación, y, mientras eso ocurre, las huestes de Luis Castañeda Lossio, hombre invisible y a la vez alcalde de Lima, siguen rompiendo pistas y veredas, sin importarle que el tránsito se enrede más que cabellera de loco.

Y ahora el escenario es del ministro de Defensa que indignadísimo pide la cabeza (o será el cuerpo enterito) de la patriótica Leysi Suárez que a falta de una silla apropiada para sus generosas curvas, utilizó el sagrado pabellón nacional como montura. Vítores para Antero Florez Aráoz, fenomenal y conmovedora actuación, ni Alfonso Ugarte sería capaz de defender a la bandera con tanto “ardor”.

Qué siga la función. Ahora aparece un grupo de policías –fieros, bien uniformados, aparentemente incorruptibles- en la Panamericana Sur. Operativo, señores y señoras, niños y niñas.

Tolerancia Cero. Esa es la voz estimado público que nos ve o nos escucha. Patrulleros y laptops. Ya fueron los chóferes imprudentes, los buses camión, las carcochas con lunas rotas y llantas remendadas. Inspección y papeletas. Adiós a los accidentes y a los robos en la carretera. Viaje tranquilo en Fiestas Patrias.

Sí, caballerito, una presentación magistral, un número excelente, con conductores redimidos que juran que andarán como angelitos en las pistas y periodistas anuentes que alaban el accionar de las fuerzas del orden. Pero esos ope… no, no, aquí no valen los peros.

Todo es alegría, optimismo, circo, pues, así que no se le ocurra estropear la jornada diciendo que esos operativos son puro cuento, que igualito nomás hay accidentes y robos en las vías. Tampoco piense en mencionar la frase engaña muchacho. No afee el espectáculo, por favor, más aún cuando ya viene el acto principal.
Fanfarria y redoble de tambores. Ya está en la pista la máxima estrella, el mandamás del circo, el que dice y hace lo que quiere bajo los reflectores.

Atención damas y caballeros, con ustedes el presidente de la República, el fabuloso creador de esos billetes dignos de un juego de monopolio llamados "intimillón", el hombre prodigioso que hizo desaparecer las reservas nacionales y batió todas los marcas mundiales de inflación en su primer mandato.

Expectativa general. Qué novedad traerá el sorprendente García. Hoy será mago o encantador de serpientes. Hoy destruirá a sus enemigos políticos con su verbo endemoniado o llamará comechados a los servidores públicos. Quizás baile o cante o cuente unos chistecitos.

Todo un artista, versátil, innovador y… ya está con nosotros. Momento cúspide. Alan García inaugurando viviendas en El Agustino. Discursea, habla, se empavona. Nada fuera de lo común. Todo normal hasta que menciona que hoy, gracias a la telefonía celular, los campesinos de Castrovirreyna (Huancavelica) pueden saber a cuánto está el kilo de papa en los mercados de Lima.

Así, dice él, ya no se dejarán engañar por los intermediarios. Perú moderno, carambas. El celular se impone en la ciudad y el campo. Eso es para aplaudir. Todos comunicados y hermanados. Y es que el país avanza por más que los quejones de siempre, escriban sobre puertas que conducen al pasado, a pueblos y comunidades donde reina el olvido.

Ellos, en opinión del presidente, ven el vaso medio vacío en vez de verlo medio lleno. Todo es una cuestión de percepción.

Y así como el presidente ve el vaso medio lleno y asegura que todo va viento en popa; aquí, en Explorando, no nos preocupan los vasos –a veces si las copas, debo reconocerlo- sino la actitud de muchos políticos, autoridades y líderes de opinión que pretendan convertir la coyuntura nacional en un circo, aprovechando que los peruanos estamos acostumbrados a andar por la cuerda floja y hacer miles de malabares para sobrevivir.

La rutina del presidente García continuó por varios minutos; aunque ya no le presté atención. Mientras él seguía con su discurso, traté de recordar cuántos de los campesinos que he conocido en los caminos de los andes, trabajaban la tierra con un celular al cinto.

Lo siento señor mandatario, o mi memoria es frágil o sus palabras son exageradas. Pero –ahora si valen los peros- todo es parte de la magia del circo.

Comentarios

Anónimo dijo…
Hay circo para rato. Pobre Perú.
Así es... El show debe y va a continuar.

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