
Y no es que seas preciosa, tentadora o deslumbrante. Tu belleza, si es que la tienes, es más que discutible.
Pero esa no es tu culpa, total, eres la obra de un creador sin demasiadas luces, de un autor que no debería ser anónimo, para decirle con nombre propio unas cuantas o muchas verdades.
Sabes, no deberías estar aquí pero lo estás. Seguro ya son varios años y quizas por falta de presupuesto o, tal vez solo por desidia, nadie, absolutamente nadie ha querido o podido borrarte.

Lamento decírtelo, pero eres una afrenta contra el patrimonio arqueológico y una evidencia clara y dolorosa de la ignorancia supina de algunos ¿ciudadanos?.
Y es que tus trazos de insinuante mujer fatal no son los únicos que laceran este legado incaico, singularísimo por ser erigido con materiales costeños como el adobe.
Eso sí, eres la más notoria y tu estúpido creador -disculpen el adjetivo- debió demorarse horas en darte forma y nadie interrumpió su supremo acto de "inspiración". Tampoco lo hicieron con aquellos que, a tu lado o muy cerca de ti, han escrito sus nombres o plasmado sus firmas con descarada impunidad.
Con razón que al ingresar al complejo, un cartel pide a los visitantes no hacer pintas en los recintos incásicos. El problema es que nadie los cuida ni los protege.
De eso puedo dar fe, porque la primera vez que estuve en Tambo Colorado -hará cinco años- ingresé sin que nadie me controlara, paseé solo, hice muchas fotos y cuando salía también solo, al fin apareció el guardián. Él volvía de pastear sus cabras.
En aquel entonces observé varias inscripciones en los muros, de esas que por desgracia existen en otras huacas del país. Eso sí, en ningún lado he visto una imagen que se parezca a ti.
Por eso eres inolvidable, tristemente inolvidable. Ojalá te borren pronto.
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