
Parapetado tras un carretillón con apariencia de tanque y con montones de conchas sin abrir, limones con todo su jugo y cebollas a la espera de ser picaditas, el experto cevichero aguarda con paciencia a sus potenciales comensales: turistas, mochileros, surfistas, rastras, serenos y parejitas de enamorados, esposos y hasta de amantes.

Un rículo platito de ceviche. Poca cebolla, menos pescado. Un chaufa de mariscos que estaba en algo aunque que no llegó a ser contundente. Ocho luquitas al agua, malgastadas en un restauracinto de buena pinta pero de escasa sabrosura, a solo unos metros de la carretilla salvadora de Hermes, quien a punta de cevichazos, ha ido conociendo y trabajando en varias ciudades del país.

Ahora está en Máncora, cerquita a su tierra natal, contentado paladares conocedores y otros que recién descubren la seducción de ceviche de conchas negras, con su canchita serrana, su rocoto picantito, su cebolla menudita y la irremplazable acidez del limón norteño.
Y con su chifle de cortesía, se promociona Hermes al terminar su obra y antes de agasajarse con una refrescante cervecita negra, jamás rubia, como la suelen pedir quienes llegan a su carretilla tanque, a sus mesas de plástico, a su local al aire libre entre la carretera y el mar, en pleno malecón turístico y, sobre todo, lejos de Mistura y sus colas interminables.
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Saludos!
Saludos
Saludos,
r.v.ch.
http://www.youtube.com/watch?v=cVAsGt3IqQY