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Entradas

Clic de la Semana

Con ojotas, chullos y ponchos , un grupo de comuneros de Qollana, distrito de Lares (Calca, Cusco) posa para la foto del recuerdo, antes de iniciar una ardorosa pichanguita entre solteros y casados, a más de 3,500 m.s.n.m. A pesar de los malos resultados, las eliminaciones constantes, las goleadas recurrentes y la costumbre nacional de involucrar a las matemáticas, para mantener vivas las esperanzas de triunfo, el fútbol en el Perú sigue siendo una auténtica pasión de multitudes. Se juega en todos lados y en cualquier cancha: una calle sin asfalto, un terreno abandonado, un patio comunal, entonces, el simple hecho de ver correr ese balón ¿de cuero?, ¿de plástico?, quizás sólo de trapo, se convierte en una fiesta, aquí, en Qollana, como en cualquier otro lugar del país, acaso en una caleta pesquera, en una chacra serrana, también en la espesura de la selva amazónica, donde comunidades enteras surcan los ríos en canoas, para jugarse un partidito con sus vecinos de la otra ribera. Y si bi...

Brevísimo comunicado

Hoy llegué al Cusco. La ciudad está sombría, melancólica, huérfana de su padre el sol. Llueve a ratos, con gotas robustas, rápidas y persistentes, como si el cielo estuviera ametrallando la ciudad. Felizmente esta vez no me olvidé del poncho impermeable, aunque ahora que lo uso, me doy cuenta que son pocos los cusqueños que llevan paraguas o buscan refugio bajo los balcones y aleros de las casas. La mayoría no se protege, sólo acelera el paso y anda rapidito por las calles humedecidas. Caminan resignados a mojarse. Será que ellos están acostumbrados a las lluvias inesperadas, a veces cortas, a veces inacabables de la sierra andina; yo, por mi parte, iré a todos lados con el poncho. Total, soy un hijo de la costa desértica. Fin del reporte...

Anécdotas del camino

Buenos días, malas noches Hoteles sin estrellas, sin encantos, sin más comodidades que una cama rechinante, un colchón exhausto y un par de frazadas traslúcidas y tan poco abrigadoras que, hasta los tigres que alguna vez las decoraron, ya se han marchado para buscar calor en otra parte. Cuartos compartidos, baños sin duchas, sin agua, también sin taza. Movimientos y ruidos sospechosos, pulgas, zancudos, mosquitos y una tarántula en hospedajes sombríos, cochambrosos, tórridos o gélidos, que espantan los sueños felices y convocan pesadillas, miedos, a veces sospechas, a veces hasta a la policía. Alojamientos que son o se convierten en el último o, quizás, el único refugio en una comunidad de la puna, en un pueblo minúsculo embriagado de fiesta, en una caleta de pescadores que se derrite de verano o en una villa amazónica en las riberas de un río torrentoso. Dormir donde se pueda, donde alcance el presupuesto; dormir sin dormir por culpa de las risas y los improperios de unas voces borra...

Pisco Sour...

No es que uno ande buscando o inventando motivos para brindar o empinar el codo, pero hay ocasiones en esta vida (digo en esta por si acaso hayan otras) en las que se presentan algunas señales tentadoras que, de una u otra manera, te incitan o te llevan por el “mal camino”. Y como uno no es un santo, cualquier indicio o señal para romper con la penosa rutina de viajero anclado -sólo temporalmente- a la gran ciudad, se convierte en un hecho prodigioso… más aún si es sábado, más aún si es verano, más aún si uno está que suda la gota gorda en una oficina con complejo de sauna. Así que aquí andaba de lo más aburrido peleándome con un texto sin pies ni cabeza y quejándome lastimeramente del calor, cuando de pronto se me ocurre chequear mi bandeja de correo, sin mayores pretensiones que las de eliminar los mensajes spam. Justo en lo mejor de mi faena de exterminador de basura publicitaria, aparece en mi pantalla una irresistible copa de pisco sour , acompañada de un titular que informa que ...

Cuándo aprenderemos...

Dejar hacer y dejar pasar, esa parece ser la consigna, el pecado original de todos los dramas y penurias que generan los desastres naturales en el Perú, especialmente en los meses de verano. Y es que siempre ocurre lo mismo, como si fuera parte de un espiral trágico, de un guión perverso que se repite constantemente y se inicia con el argumento simple y llano de culpar a la inclemencia brutal de la naturaleza. Sí, claro, la culpa es de la lluvia torrencial que ensancha los cauces de los ríos y debilita las quebradas; entonces, las aguas se desbordan beligerantes o se producen huaycos terribles que arrasan campos de cultivo, casas, comunidades enteras... Arrasan con la vida. Un pueblo, una ciudad, quizás una región colapsada. Lágrimas y dolor. Estado de emergencia, alertas naranjas y rojas. Conmoción. Autoridades que piden ayuda e invocan a la histórica solidaridad de los peruanos. Y mientras esto ocurre, los reportes de prensa muestran imágenes y fotografías de nuestros hermanos caído...

Lima... más vale tarde que nunca

Donde al autor pierde los estribos, olvida que es periodista y se pone bravo -con jergas incluidas- porque anda “misión imposible”. Y como después de toda tormenta viene la calma, confiesa mansamente su cariño por Lima, su cuidad, un día después de su 472 aniversario. Pucha , estoy casi seguro que otro patita ya les ha ido con el chisme y les ha dicho lo mismo que yo quiero contarles. Bueno, así lo sepan igual se los cuento, total, tengo que hacer hora mientras me animo o desanimo de llamar a un cuerito de buen puntaje al que hace ratón mickey quiero caerle, aunque ella ni pelota me da. Y así no es pe’ , así no juega Perú. ¿No les parece?, porque yo le estoy poniendo empeño a la flaquita y esta nada de nada… caray, tiene razón mi hermano cuando me dice que ninguna chica se deja enamorar con gaseosita y galletas de soda. Una vaina ser misio , por mi madrecita que quisiera invitarle otra cosa, llevarla a tonear a algún huarique del Barranco juerguero o al Yakana, un antro sombrío en...

El Último Clic del 2006

El sombrío panorama de Quito en una mañana sedienta de lluvia, fue la última imagen captada por nuestro lente viajero en el 2006, un año hasta cierto punto insólito, porque Explorando Perú cruzó las fronteras varias veces, para descubrir otros rincones de los Andes. Y estuve en la Mitad del Mundo y me crucé con un oso de anteojos en el bosque de Mindo , luego me encaramé en el techo de un tren serrano que llega hasta las narices del diablo y me acarqué al Pacífico en Manabí y Esmeraldas , rincones verdes de la costa ecuatoriana. Y volví a Tiahuanaco y Copacabana y navegué en las aguas del Titicaca , para desembarcar en la isla del Sol y de la Luna. Y vi ocultarse el sol y vi lucecitas trémulas en la noche que me recordaban que mi país, el Perú, estaba al frente, allacito nomás, señor. Y conocí el sur del continente. Y devoré un par de completos en la plaza de Armas de Santiago y cruce en ferry hasta la isla de Chiloé y recordé la vieja canción de los Iracundos en un atardecer en...