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Una presentación imaginaria

Donde el autor pierde la cordura y, al relatar un suceso imaginario, tiene la desfachatez de describirse como alto, guapo y elegante. ¡El colmo!... Quiero pedirles un favor. Imaginen una noche cálida y un cielo estrellado. Piensen en un estrado al aire libre aún con los reflectores apagados. Escuchen el redoble de un tambor, el estallido de las bombardas, el aplauso y los vítores cuando un rayo luminoso irrumpe en la oscuridad despejando las sombras. El estrado resplandece. Alguien se acerca al micrófono. Sonríe, saluda, dice buenas noches. Se acallan las bombardas, se apaciguan los aplausos, se agranda la expectativa. Ahora, el personaje del micrófono se dirige a la anhelante multitud. Habla de exploraciones y destinos, de crónicas y fotografías viajeras, de aventuras por caminos virtuales y globalizados; entonces, llega el momento del gran anuncio, ese que convocó a las masas que usted y yo nos esforzamos en imaginar, para que este escrito tenga sentido. Y se escucha el último redob...

Clic de la semana

No sólo el Cusco ostenta espléndidos muros incaicos. El legado arquitectónico de los "Hijos del Sol" se mantiene en pie -a pesar del descuido y la desidia de las autoridades- en diversos lugares del país, evidenciando la grandeza de los antiguos peruanos. Piedra sobre piedra. Muros perfectos, vistosos y de apariencia indestructible en Huaytará, la "Capital arqueológica de Huancavelica", una región olvidada y sumida en la pobreza, que podría encontrar en el turismo, una oportunidad de desarrollo económico, sustentada en la conservación del ambiente y de las tradiciones de sus pueblos originarios. En Huaytará, a sólo 112 kilómetros de Pisco, resalta la iglesia colonial San Juan Bautista, erigida sobre las paredes del templo del Sol. Hoy, en las hornacinas prehispánicas, reposan las imágenes de santos y vírgenes católicos, aquellos que llegaron con los hombres de occidente. Es extraño, contradictorio, es el Perú sincrético, diverso, con su crisol de colores y creencia...

Más que baños termales

Viajé a Churín. Pensé en baños termales. Agua tibia y relajante. Aguas que curan. Pero como soy un mal pensado o, mejor dicho, siempre pienso mal, al final no estuve mucho tiempo en Churín. Apenas recorrí sus calles, visité sus famosos baños de la Juventud y, sólo al caer mi último día, pude conocer el velo de la Novia y la gruta de la legendaria Mama Warmy. Y como estuve poco en Churín (la capital del distrito de Pachangará) pude librarme de la seducción de sus aguas querendonas; entonces, me escabullí por los caminos de la provincia de Oyón, en busca de lagunas, iglesias, nevados y pueblos pletóricos de quietud. Llegué a los espejos de agua de Surusaca y Guengue, a los pantanos de Rumbro. Bromeé con una niña de Quichas, sentí el viento frío proveniente de varias cumbres de nieve, caminé por las calles pacíficas de Andajes que, en otros tiempos, conocieron del terror de la guerra interna. Hoy todo está tranquilo en el "Balcón de los Andes". Hoy endulzo mi tarde con manjar ...

El arte de lavarse las manos

Nadie reconoce sus culpas. Todos dicen que son inocentes y señalan al otro, al opositor político, al que piensa distinto. Se fijan en los errores ajenos, jamás en los yerros propios. Y dicen que sienten dolor por las víctimas, aunque terminarán convirtiéndolas en una mera estadística, en un argumento útil para fustigar al contrario. La consigna es lavarse las manos, conservar el cargo y salvar su futuro político. Lo demás no importa demasiado, son cosas que pasan o, mejor dicho, les pasan a otros, no a ellos, no a quienes gobiernan, no a quienes dirigen. S e habla de la defensa de la democracia, del orden interno, del imperio de la ley; también de terroristas, de infiltrados, de hordas manipuladas. Son los argumentos de siempre. Pretextos trillados para justificar la violencia y la muerte. Y hoy se dice, con absoluto descaro, que fue un operativo exitoso. La carretera se desbloqueó, comentan, se ufanan y hasta casi sonríen. La triste conclusión de una jornada dolorosa que pudo evitarse...

Mujer fatal...

Tú no estabas aquí la primera vez que vine. No soy tan desmemoriado ni ha pasado tanto tiempo. Además, sería difícil que pudiera olvidarme de una imagen como la tuya. Y no es que seas preciosa, tentadora o deslumbrante. Tu belleza, si es que la tienes, es más que discutible. Pero esa no es tu culpa, total, eres la obra de un creador sin demasiadas luces, de un autor que no debería ser anónimo, para decirle con nombre propio unas cuantas o muchas verdades. Sabes, no deberías estar aquí pero lo estás. Seguro ya son varios años y quizas por falta de presupuesto o, tal vez solo por desidia, nadie, absolutamente nadie ha querido o podido borrarte. O será que tu existencia es un mal irreversible. Un tatuaje imborrable en la piel de adobe del Palacio Inca de Tambo Colorado (Humay, Pisco). Lamento decírtelo, pero eres una afrenta contra el patrimonio arqueológico y una evidencia clara y dolorosa de la ignorancia supina de algunos ¿ciudadanos?. Y es que tus trazos de insinuante mujer fatal no ...

Verón y Riquelme en Lampa

L a primera vez que estuve en Lampa conocí a Verón. No recuerdo la circunstancia del encuentro ni como se inició la conversación. Quizás fue en la plaza Grau con sus queñuales o en el atrio de la fabulosa iglesia de Santiago Apóstol; tal vez en las afueras de la casa que habitó el libertador Simón Bolívar o en ese patio colonial en el que los principales de la ciudad se divertían jugando a la oca. Sea donde fuere, Verón se unió a nuestro grupo y empezó a mostrarnos su tierra y a contarnos su vida. Si la memoria no me falla, nuestro guía espontáneo mencionó que era torero. También nos dijo que Lampa era la “Ciudad Rosada”, apelativo que no merecía mayor explicación. Bastaba con echarle un vistazo al color de las fachadas para comprenderlo todo. Luego nos habló de las “7 maravillas”, punto que sí mereció un profundo esclarecimiento porque varias de esas maravillas no eran tan maravillosas como uno podría pensar. Por el contrario, la lista incluía algunos lugares de irónico atractivo, co...

Visiones del Titicaca...

Titicaca, una vez más. Sol, altura, viento, frío nocturno. Aguas azules, brillantes, resplandecientes, a veces mansas, otras encrespadas... furibundas. Lago sagrado, legendario, pletórico de historia y cultura. Vestigios prehispánicos, pueblos antiguos en un espacio geográfico compartido, binacional, peruano y boliviano. Retorno a Taquile. Sus arcos de piedra, sus escaleras y caminos, sus hombres tejedores, su paisaje impactante. Descubrir Titilaka. Bahía de Chucuito, otra visión del lago: sembríos, una playa, un hotel encantador, muchos totorales y un pequeño islote. Aventurarte hasta Anapia. Lancha colectivo. Dos horas de viaje entre cajas de cerveza y bultos de todo tipo. Ver la cordillera Real de los Andes, navegar entre islas bolivianas y peruanas. Llegar a una isla pequeña, silenciosa, solidaria. Aquí no hay hoteles ni restaurantes. Sólo casas hospedajes, casas familiares donde siente calor de hogar, donde se aprende y comparten experiencias. Salir al campo, sembrar o cosechar, ...