domingo, agosto 14, 2005

Un Mundo de Nieve

Pasos Congelados en Pastoruri

¿Seguir o retornar?, es la pregunta que revolotea en la mente de un viajero amenazado por el soroche (mal de altura) que se aferra al efímero bienestar de los caramelos de limón, durante un tortuoso ascenso en el que alucina al Pastoruri -uno de los espléndidos nevados del Parque Nacional Huacarán, Ancash- como un vaso de raspadilla sin miel, rodeado por hormigas de varios colores.

Viajero: Rolly Valdivia Chávez

El corazón se encabrita, el aire es escaso y parece que no alcanza. Uno, dos, tres pasos más hacia la cima. Detenerse: Las piernas pesan una tonelada, las sienes palpitan, la cabeza retumba como el bombo en un desfile. ¿Continuar o regresar?... humm, caramelito de limón para espantar el soroche: efímero y ácido bienestar a miles de metros de altura.

Carpas escarchadas de nieve, una pequeña laguna de aguas oscuras, una cueva congelada que se deshace en gélidas lágrimas en la agonía de un sendero agreste y pedregoso. Límite entre una tierra opaca y un mundo de hielo. ¿Seguir o retornar?, ¿atacar la cumbre que se pierde en el cielo de nubes barrigonas? o ¿volver a la base, donde humean las ollas de caldo de cabeza y las tazas de mate de coca?De vuelta al camino.

Uno, dos, tres pasos más hacia esa cima -hermosa, distante, ¿inconquistable?- que vista desde lejos parece ser un vaso de raspadilla sin miel, rodeado por un batallón de afanosas hormiguitas rojas, verdes y azules. Sopor, oídos tapados, imágenes borrosas, alucinaciones de la altura: pulmones a medio llenar en búsqueda de un carrusel de balones de oxígeno.

“Señor, quiere que lo ayude con sus cosas”, propone, invita, tienta un chiquillo de ojos fulgurantes, cabellos azabaches, pómulos salientes, nariz de frijol y piel calcinada por el sol andino... “¿No quiere, está seguro?”, pregunta -quizás ofendido, tal vez con indiferencia- antes de marcharse en búsqueda de otro de los pretendientes de las blancas alturas del Pastoruri (5,220 metros de altura).

Ahora todo es de nieve. Ya no hay camino ni senderos. Los pies se hunden, se enfrían, se congelan en el hielo menudo. El viento se desata, se cuela entre los resquicios de la ropa, perfora los huesos y se apodera del cuerpo cuando el sol –esplendoroso pero tibio- es borrado del horizonte por una nube espeluznante, que amenaza con estallar en miles de gotas.

Volver, la palabra reaparece, se agiganta, se torna más persuasiva y convincente... de pronto, una voz apabulla al silencio: “Vamos, vamos, no podemos rendirnos”, es la arenga redentora de uno de las “hormigas coloradas” del Pastoruri y, en ese instante –conmovedor, extraño o mágico- deja de faltar el aire. Se esfuman los deseos de marcharse.

Sólo hay que mirar hacia delante y olvidarse de los senderos agrestes, de los caballos huesudos que sus dueños alquilan para los primeros tramos del ascenso. Sí, continuar con los pasos de nieve. La cumbre es la meta y se debe conquistar aunque la cabeza sea el bombo de una banda de guerra, aunque las piernas pesen una tonelada, aunque se hayan terminado los caramelitos de limón.

Muñecos de nieve
Se pierde la noción del tiempo. ¿Cuántas horas han pasado? Una o dos, tal vez son más. Quién sabe. Mejor no pensar, mejor no mirar el reloj y seguir en el ascenso, aún falta mucho para coronar la cumbre y no hay que perder fuerza en los recuerdos de esa travesía que empezó a las 6 de la mañana, cuando un ómnibus partió de Huaraz (capital del departamento de Ancash) con destino a Pastoruri.

Trayecto fascinante. El paisaje serrano se dibuja, cambia, se transforma tras la ventana humedecida del ómnibus. Nevados recónditos quiebran el horizonte, cerros pelados contrastan con el verdor de las tierras de cultivo, campesinos solitarios, casitas de adobe prendidas de la altura, retorcidos puentes de madera sobre ríos sedientos de lluvia.

Más adelante, cuando el sol despunta en las alturas, se descubre en la quebrada de Catac un bosque de puyas de Raimondi, una inflorescencia única en el mundo, porque cada planta alcanza los 10 metros de altura y tiene más de 3,000 flores y 6 millones de semillas. Su ciclo biológico bordea los 40 años y su nombre recuerda al sabio italiano que estudió está zona del Perú.

Prolegómenos de una gran aventura. Estampas espléndidas del Ande en un lugar engreído por la naturaleza... y ya falta sólo unos pasos para la cumbre. El último esfuerzo en ese mundo de nieve que, según dicen, está en peligro por los deshielos producidos por el efecto invernadero y la desidia de algunos visitantes que ensucian con botellas, bolsas y otros objetos, las faldas antes impolutas del Pastoruri.

La cumbre, al fin, es un propósito cercano. Agotamiento y felicidad. Los indicios del soroche se mezclan con la alegría infinita cuando la montaña de raspadilla está a punto de ser conquistada por una de las hormigas de color. Uno, dos, tres pasos más, ya falta poco, sólo queda seguir y seguir. No hay que detenerse...No hay que detenerse.

*Información aventurera de la Cordillera Blanca: http://www.aventurarse.com/turismo/cordillerablanca.html

*Más imágenes de Pastoruri: http://flickr.com/photos/27547235@N00/33951219/ y http://flickr.com/photos/27547235@N00/33951220/


1 comentario:

Anónimo dijo...

como llego a obrajillo que llevo y todo lo demas ayudameeeeeeee